LAS ELECCIONES DEL 71
Esta nota, como otras anteriores, forma parte de nuestro comentario sobre el libro de Jorge Zabalza “La experiencia tupamara”. Luego de haber destacado lo que consideramos positivo y principal en su libro (ambas cosas, porque lo principal es lo positivo) hemos comenzado a señalar en esta sección que llamamos “Los puntos flacos del Flaco”, algunos aspectos que consideramos parcialmente equivocados, o al menos insuficientes o con limitaciones. Aportamos esta crítica para enriquecer, precisamente porque vale la pena hacerlo.
Voy a referirme a un tema que toca Zabalza, las elecciones de 1971, el papel del Frente Amplio, la actitud del MLN-T ante esa situación. Y tiene esa doble condición, lo que dice Zabalza en general ESTÁ MUY BIEN, pero también hay aspectos que en una obra de este tipo no podrían dejar de mencionarse.
Está bien en su planteo macro. En las elecciones de ese año se manifestaron muchas tendencias contradictorias que vienen de la historia previa.
El Uruguay batllista estaba muriendo, pero no quería reconocerlo. El proceso autoritario estaba ya muy avanzado en su aspectos político y militar. Las elecciones fueron usadas por la clase dominante de muchas maneras, para organizar su frente político-partidario, llevar la violencia al borde de la ruptura institucional, y para peinar fino en las organizaciones visibles de la izquierda y ubicar las puntas hacia las partes no visibles. La polarización política y social se mostró crudamente en la polarización electoral, el clima se enrarecía día a día. La ilusión reformista tuvo entonces su canto del cisne, y aun dando un paso adelante trascendental en el desarrollo político de la izquierda con el nacimiento del Frente Amplio, objetivamente fue usado para contener y mediatizar la radicalización popular en ascenso. Y es cierto, al mismo tiempo, que la izquierda combativa pudo encontrar allí un espacio para su desarrollo político en condiciones de extrema tensión, de cara a la dictadura que se cernía, en el sub-lema Patria Grande que juntó 70 mil votos dentro del FA.
Además de mostrar todos esos contradictorios elementos de contexto, Zabalza presenta vivamente las disyuntivas del MLN-T y las decisiones que se tomaron.
Todo esto está bien como ensayo histórico, y sería más que suficiente si nuestro objetivo fuese interpretar el mundo. Pero se supone que estamos hablando de otra cosa, de comprender los problemas de nuestro intento de transformar el mundo. Entonces no podemos dejar de lado la pregunta: ¿Qué significado político tuvieron los resultados electorales del 71, qué nos dicen?
Vamos a aterrizar esto en tres preguntas concretas
1. ¿Fue prematuro el lanzamiento de la guerrilla en Uruguay?
2. ¿Fue correcta la metodología de la propaganda armada?
3. ¿Era correcta la actitud ante la democracia burguesa planteada en Documento 1 del MLN-T?
Y por sobre todo. ¿Tenemos o no tenemos que hacernos esas preguntas, tenemos o no tenemos que contestarlas? Después de haber leído el libro de Zabalza no encuentro forma de evitar hacerlo.
El comienzo de la acción preparatoria de la guerrilla en Uruguay suele fijarse en 1963, la derrota en 1972. Son nueve años. El primer enfrentamiento ocurre en forma fortuita en 1966. El Documento 1 del MLN-T es de junio de 1967. Pero lo que puede entenderse como acciones armadas comienza en 1968. Las elecciones de 1971 se ubican en la víspera del desenlace. Las condiciones políticas ambiguas que todavía existen, legalidad formal y recrudecimiento represivo real, abren toda una discusión a propósito de si “las condiciones están dadas” o no. Discutir en función de textos teóricos es absurdo, en función de las impresiones de la realidad que se tuvieron en el momento, también. Acá hay que discutir con el diario del lunes
Sin eso no tiene sentido. Aquí no pretendemos juzgar, condenar o absolver a nadie, sino sacar una conclusión sobre los hechos ocurridos. Las elecciones del 71 son una medida del grado de desarrollo alcanzado en la conciencia popular; una medida parcial, recortada, sesgada, pero una medida; que se puede relativizar o ponderar, pero no se puede ignorar. Las cifras no son todo, pero aunque no lo sean en este caso son contundentes.
Si pensamos que la lucha armada debería contar, si quiere pelear con alguna probabilidad de triunfo futuro, con un mínimo de base popular y de desarrollo de la conciencia política en un sector de la población, aunque pueda resultar complicado establecer criterios para determinar ese mínimo, de alguna manera hay que hacerlo.
La lucha armada fue derrotada. Son las causas de la derrota lo que está en discusión
No podemos hablar de las elecciones del 71 pasando por alto lo que los resultados nos dicen sobre el grado de conciencia de nuestro pueblo en ese momento, que es el momento clave
· La primera conclusión es que el pueblo uruguayo seguía considerando válido el camino de las urnas, casi un 90% de participación (aun teniendo en cuenta la introducción del voto obligatorio).
Pausa, voy a aclarar dos cosas. Una, yo no creo en el camino de las urnas y no es un problema de opinión política personal, en esas elecciones aun con Frente Amplio, sub-lema Patria Grande y tutti quanti, fui de los que anulamos el voto. Dos, yo no soy anarquista, no rechazo la utilización de los espacios electorales, en absoluto, lo rechacé en ese momento porque no creí que sirviese para nada en esas circunstancias concretas. De modo que esta valoración que hago en función de los resultados objetivos constatados, que el pueblo uruguayo seguía considerando válido el camino de las urnas, es una conclusión que saco, que no tiene nada que ver con lo que estaba pensando y haciendo en ese momento, pero es una conclusión indiscutible.
Luego vienen otras dos valoraciones políticas inevitables sobre el estado la conciencia de la gente en esas circunstancias
· La polarización se expresa en el voto conservador por un lado, y el nacimiento del Frente Amplio por el otro. Aquí hay que distinguir claramente dos cosas. En la dimensión estratégica el nacimiento del Frente es un hecho fundamental, y eso es así aun (o precisamente por) sus limitaciones y su condición de “amortiguador” al modo de una especie de nuevo batllismo. Pero en la coyuntura del momento bisagra que estamos analizando es evidente que la consolidación momentánea del frente político reaccionario era de enorme importancia, y que el resultado electoral del Frente (sobre todo por su baja penetración en el interior) muestra que las expectativas en el crecimiento de la izquierda habían sido desmedidas. Los actos de masas de cierre de la campaña y la caravana final daban la impresión de una fuerza política mucho mayor, ese es el peligro de dejarse guiar por impresiones.
- A su vez, el sector de izquierda combativa era solamente el 27% del FA y el 4% del electorado. A este aspecto cuantitativo hay que agregar las debilidades cualitativas, no era un sector político organizado sino un aglutinamiento a las apuradas y con una ambigüedad deliberada en muchos aspectos
Por supuesto, todas estas debilidades coyunturales en su aspecto general eran conocidas por la izquierda al momento en que inician las acciones armadas. No solo se sabían, por algo la idea central de la fundación del MLN-T (1) es que aunque no todas las condiciones estén dadas, el foco guerrillero puede crearlas.
Esa es la metodología de la PROPAGANDA ARMADA, se supone que la acción armada despertará la simpatías de la población, atraerá nuevos militantes que podrán ser reclutados por la guerrilla, ese crecimiento posibilitará nuevas acciones, y esa realimentación permitirá un crecimiento exponencial.
Pues bien, la segunda conclusión que salta a la vista es que esa metodología fue un error garrafal. No vale la pena agregar ni una palabra a esto.
Y nos queda una tercera cuestión, la estrategia de provocación, de precipitar los hechos consumados, la estrategia extorsiva que plantea con total cinismo y soberbia el Documento 1. No solo fue un error y una catástrofe que salió al revés, fortaleció a los sectores reformistas más que a los combativos como surge de las cifras del 71. Además, fue una inmoralidad. Y tampoco vale la pena una palabra más.
Necesito mencionar otra cosa antes de terminar. Freud tiene un famoso ensayo, “Recordar, repetir, reelaborar”. A partir de su concepto de “trauma” Freud dice que la repetición neurótica tiene debajo un recuerdo que se rechaza. Es un acto perpetuo que remplaza la reelaboración del recuerdo traumático.
Hoy vemos instalado en algunos sectores de la militancia un estilo de provocación repetitiva, una reivindicación de la política de los hechos consumados como forma de “inclinar la balanza” hacia posturas supuestamente “revolucionarias”
ES UNA POLÍTICA DE MIERDA.
Si el recuerdo es un primer paso, bienvenido el libro de Zabalza.
1) Documentos del MLN-T
http://www.archivochile.com/America_latina/html/americalatina_jcr_tupa.html
Agregado sobre una estupidez
No vale la pena hacer una nota aparte sobre esto y tal vez ni mencionarlo pero todo suma. Una persona que firma Héctor Amodio Pérez dice que el libro más solicitado en el penal de Punta Carretas era la novela de Mario Puzo “El Padrino”.
No tuve la oportunidad de estar en el penal y no puedo decir si es cierto o no. Solo sé lo siguiente. The Godfather de Mario Puzo fue publicado en inglés en Estados Unidos en junio de 1969. A fines de ese año la misma editorial publicó una traducción al español, pero solo en Estados Unidos. En 1970 Grijalbo Barcelona publicó la primera edición española de los circuitos editoriales que llegan a Montevideo. Pero la que verdaderamente se conoció acá es Grijalbo Argentina, 1972, cuando se rodaba la película de Francis Ford Coppola. El libro se conoció masivamente luego de estrenada. En Estados Unidos se entrenó en marzo de 1972 y en Uruguay al año siguiente. ¿Pasaban películas de estreno en el penal?
No puedo decir que HAP esté mintiendo, si algún otro que haya estado en el penal -ya que, como dije, yo no estuve- puede aclarar el punto, se lo agradecería. Ya tuve en otro momento que salir a desmentir afirmaciones de este señor totalmente falsas, calumniosas y además insostenibles y con una línea del tiempo incoherente, sobre Saúl Feldman y otros compañeros. Eso sí era importante.
Dice HAP que no me conoce. ¡Para mi fortuna, dejá así!
Prefiero resultar incapaz de atestiguar lo que pasaba en el penal.