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Venezuela : Aniceto resucitado

Cuba que linda es cuba....

La guerra económica librada contra el pueblo venezolano por la corruptocracia del PSUV, la oligarquía local y en mínimo grado el imperialismo yanqui dieron al traste con el “Proyecto Bolivariano”

Habrá que luchar contra el colonialismo cubano !!

Llegaron aquí mamando. Se aprovecharon de un Presidente sin instrucción ni escrúpulos y una izquierda admiradora del Cuartel Moncada, la conspiración en México, la incorporación del Che, el desembarco del Granma, los sobrevivientes, la lucha en la Sierra, Radio rebelde, la entrada en La Habana, la declaratoria socialista, el bloqueo, Cuito Canabale, Bolivia y El Che. 

Revendieron aparatos Siemens, trajeron empresas de construcción palurdas, maestros de enseñanza del cuatro, optometristas, oftalmólogos, cirujanos, deportistas.

El 80 % desertó de la mamazón en la isla y se venezolanizó. Se casarón rápido con feas y feos para obtener residencia. Chapearon con su historia. Utilizaron al Comandante Guevara, dieron cátedras de todo: desde trasplante de embriones hasta ensaladas de chayota. Cobraron carísimo en dólares. 

El G2 no hizo el favor de seguir la infiltración paramilitar desde Colombia. Ni un datico de los corruptos dentro del gobierno.

Estos hijos de puta ahora están aquí bien adentro. Trafican con medicamentos esenciales que les llegan de primero porque han copado el sistema de salud primario. Se casan, desertan, chapean. Ahora descubrieron el "bachaqueo" y aprovechan la infraestructura de salud para negociar alimentos. 

Mientras, la corruptocracia del PSUV y Maduro hablan de la Revolución Socialista Marxista y se enfrentan al imperialismo yanqui, Raúl abre campos de entrenamientos y recluta a los equipos de Major League Basseball.

Fin de mundo.

Es un asco. Solo eso

Comandante Aniceto

Los marines de Obama – La carta democrática.

Las verdades de Miguel Edición 569 11 Mar 2016

A propósito del Decreto Obama y la solicitud de aplicación de la Carta Democrática de la OEA. Nunca como ahora Venezuela había estado a merced de las pretensiones estadounidenses.

A propósito del Decreto Obama y la solicitud de aplicación de la Carta Democrática de la OEA. Nunca como ahora Venezuela había estado a merced de las pretensiones estadounidenses. Extrañamente, ahora cuando Cuba restablece relaciones con Washington, augurando cierta estabilidad y apertura económica para la isla, Venezuela (panacea de los antillanos) atraviesa no sólo su peor momento económico, sino que, además, su diplomacia con los Estados Unidos puede medirse con una temperatura bajo cero. Sumado a ello, hay sector radicalizado ha logrado encauzar a la oposición por el camino que habrá de justificar una intervención militar. Se trata de una compleja situación donde abiertamente, ese elemento opositor conspira abiertamente usando sus medios de comunicación sin dar ni pedir cuartel

El 25 de octubre de 1983, tras ser derrocado y asesinado el presidente Mauricio Bishop en Granada, los Estados Unidos intervinieron mediante una operación militar: Código Fury Urgente. Seis años después, el 20 de diciembre de 1989, las tropas estadounidenses volverían a incursionar en América Latina en Panamá, a través de la Operación Causa Justa. En esa oportunidad, detuvieron a Manuel Antonio Noriega, presidente de la nación istmeña. En nada se parecían Noriega y Bishop, el primero era un militar turbio y el segundo un esclarecido civil. Las premisas de la invasión a Panamá fueron: proteger la vida de los ciudadanos estadounidenses; defender la democracia y los derechos humanos y detener a Noriega para enfrentar delitos de tráfico de drogas. Mientras, en Granada, las relaciones de Mauricio Bishop con la URSS y Cuba hicieron que los Estados Unidos calificaran al país insular como un enemigo potencial de Washington. Esta intervención fue avalada por la OEA dando como razón la inestabilidad política de Granada; esta invasión es frecuentemente expuesta como un caso de aplicación por Estados Unidos de la llamada Doctrina de Seguridad Nacional.

Hay ciertas características semejantes entre la Venezuela de ahora y la Granada (1983) y Panamá (1989) intervenidas. Hoy emerge el Decreto Obama declarando a Venezuela como una amenaza para los Estados Unidos. Claro que hay similitudes. El gobierno de Maduro aparece casi inerme; la situación del Presidente es preocupante; mientras, algunos de sus voceros claman asumiendo una pose anti  norteamericana como ayer lo hizo Noriega en Panamá. Entretanto, Maduro se perfila como una versión de Bishop atrapado entre Bernard Coard y Hudson Austin (los radicales de su partido que lo derrocaron y asesinaron)

No exagero si afirmo que la solicitud de invocar la Carta Democrática puede ser el preludio de transpolar la visión de la madrugada del 25 de octubre de 1983, aquella de los paracaidistas apareciendo como puntos entre las nubes del cielo de Saint George, la capital de la isla granadina. Cada día que pasa se fortalece la opción de una intervención militar norteamericana que habrá de mostrar un desenlace similar a la Yugoslavia desmembrada de la era post Josip Broz Tito. La responsabilidad de la tragedia que se avecina la tienen por igual los sectores extremistas, sean de derecha o de izquierda, opositores o chavistas. Todos los caminos conducen al golpe militar y en consecuencia al escenario inestable que espera el Pentágono para desplazar a sus marines sobre Venezuela.

MUTILACIONES. En abril de 2015 fue denunciada en México la desaparición de 43 normalistas. Entonces se dijo que fueron asesinados y quemados por el narcotráfico. Hoy en Venezuela tenemos el Caso Tumeremo; una denuncia acerca de la desaparición y mutilación de 28 mineros en esa localidad del Estado Bolívar abrió un áspero debate entre Francisco Rangel (gobernador) y Américo De Grazia diputado AN). Llama la atención la poca cobertura que la prensa ha dado al caso. También levantaron suspicacias las declaraciones del gobernador de esa entidad adelantándose a negar la especie. Este último episodio me llevó a recordar cuando en 1976 el entonces ministro del Interior Octavio Lepage se apresuró a decir que Jorge Rodríguez había muerto infartado en un calabozo de la DISIP. ¿Cómo desconocer una denuncia de familiares de los desaparecidos con nombres y apellidos? Extraoficialmente conocimos que las desapariciones de mineros no es un asunto nuevo y la población de Tumeremo es tierra de nadie

ABDICACIÓN. Una fuente calificada de Miraflores nos afirmó que de comprobarse las desapariciones de los mineros en Tumeremo, el gobernador Rangel será conminado a dimitir

DETENCIÓN. En un tribunal de control de Caracas preparan una medida de privación de libertad que afectará a Henrique Capriles Radonsky. Entretanto, en Miraflores estudian la libertad de los estudiantes que permanecen detenidos por las manifestaciones violentas ocurridas en febrero de 2014. Otro liberado es el arquitecto Lessy Marcano, quien pasó largo tiempo preso en el SEBIN tras dar a conocer un tuit donde presagiaba luto en la AN; poco tiempo después asesinaron al diputado Robert Serra.

LA HISTORIA DE LOS MINEROS DESAPARECIDOS

SEBASTIANA SIN SECRETOS/ Sebastiana Barráez

11/3/16

MINEROS. Es el caso de Tumeremo, a unas tres horas de Ciudad Guayana, luego de pasar por Guasipati y El Callao. Están desaparecidos y se presume asesinados 28 mineros tras la fiebre del oro. Familiares reclaman sus cuerpos. “Por 8 kg de oro empezó la matazón”, comentan entre los sindicatos. Cientos de mineros se fueron hacia la mina Atenas, tras un hallazgo de oro (conocido como bulla, por el ruido que hacen los mineros celebrando). Algunos fueron interceptados en alcabalas que serían de la banda de El Topo, quien controla las minas de Sifontes. Pero otros habrían sido asesinados

Hubo alarma porque los mineros de la mina Hoja de Lata(a una hora de Tumeremo), no regresaron. Se desató la histeria. Habría sobrevivientes asegurando que los mineros fueron descuartizados y llevados en un camión volteo hasta el sector Pozo el 51, en la vía a Ana Coco, en la frontera. El diputado De Grazia fue el primero en denunciar el hecho. El Gobernador Rangel Gómez lo llamó politiquero y lo desmintió.  El Topo dirige una de las cuatro bandas más poderosas que controlan las minas al sur del estado Bolívar y su área de influencia está hacia la zona en reclamación. Muchos mineros aseguran que militares y policías son cómplices de esas bandas. Ellas imponen la ley: El del 88 es el pran GuanchoColombo es el más temido y domina desde  Upata  hasta  Icabarú. Desde hace tiempo los 28 mineros que sacaban oro, donde unos chinos lograron una concesión, habían sido amenazados. “Eso habría causado la masacre”. Las minas administradas por Minerven están invadidas.  En ese territorio, donde el Estado y la Fuerza Armada perdieron el control hace rato, hacen luchas como en los antiguos circos romanos: pelean hasta morir por altas sumas de dinero en apuestas. Hay una complicidad macabra entre militares, delincuentes comunes, paramilitares, guerrilla y funcionarios gubernamentales. El gobernador demostró una gravísima irresponsabilidad. Quizá apostó a que ocurriera como con otras desapariciones: silencio.

De los 28 mineros y las dos muchachas, una de ellas embarazada, no se sabe nada. El ministro de la Defensa fue más prudente, aunque se molestó porque hay quienes involucran a militares en la desaparición de los mineros. “Tenemos más de mil hombres buscando, actuando, hablando, conversando con el pueblo, con las familias de las supuestas víctimas”. Lo que a Padrino no debe sorprenderle es que aparezcan militares involucrados, como ocurre a todo lo largo de la frontera con la extorsión, el contrabando y otros hechos delictivos. También el presidente Nicolás Maduro fue receptivo y ordenó “zona militar especial” para proteger el Arco Minero del Orinoco.

La Masacre de Tumeremo y la tragedia del extractivismo

Víctor Álvarez 11/3/16

PROVEA :Programa Venezolano de Educación - Acción en Derechos Humanos

La masacre de 28 mineros en Tumeremo no es la primera que ocurre en Venezuela. La búsqueda del oro comienza con la Leyenda de El Dorado, según la cual los conquistadores y colonos incursionaban selva adentro buscando una ciudad hecha de oro, donde el cotizado metal era tan abundante y común que los nativos le daban poca importancia y por eso lo cambiaban por espejitos y otras baratijas. Tras la codicia del oro, millares de indígenas que se resistieron a la dominación y el saqueo fueron masacrados y los pueblos originarios terminaron diezmados.Después de más de cinco siglos de extractivismo minero, la muerte sigue tiñendo de sangre la extracción de oro y los asesinatos de indígenas, campesinos y mineros se repiten con frecuencia.

A raíz del colapso de los precios del petróleo, el gobierno de Nicolás Maduro se ha declarado en una búsqueda intensiva de divisas. Y no podía ser otra su suerte. Al acabarse la bonanza petrolera más grande que haya disfrutado Venezuela en toda su historia y no haber ahorrado nada para encarar los tiempos de escasez, Maduro se ha visto obligado a decretar la emergencia económica y su sobrevivencia pasa por reconciliarse con las transnacionales mineras para que retomen los proyectos extractivistas que habían sido suspendidos por Chávez

Con ese fin, firmó el decreto para cuantificar y certificar las reservas mineras contenidas en el Arco Minero del Orinoco y en un reciente encuentro con 150 empresas nacionales e internacionales de 35 países realizado en BCV, ofreció facilidades para la extracción del oro, cobre, diamante, coltán, hierro, bauxita y otros minerales de alto valor industrial.

Ante la urgencia de sobrevivir, Maduro desanda el camino recorrido por Chávez y reactiva el extractivismo minero con el argumento de que así se podrán generar los ingresos necesarios para financiar la inversión social y productiva. Si bien es cierto que los anticipos que reciba por las concesiones mineras significan una máscara de oxígeno para sortear la crisis que lo agobia, en esencia se trata de una huida hacia adelante y no representa una verdadera alternativa al modelo extractivista-rentista. Por el contrario, por esta vía se estará comprometiendo la renta que debería corresponder a las generaciones futuras. Será “pan para hoy y hambre para mañana”.

Si bien con la nacionalización del oro se reivindicó frente a las transnacionales mineras la soberanía nacional sobre los yacimientos auríferos, la falta de vigilancia y control convirtió las áreas mineras en tierra de nadie, cuestión que incrementó vertiginosamente la actividad ilegal, con el brutal impacto ambiental que se expresa en miles de hectáreas de reserva forestal que fueron arrasadas y acuíferos contaminados. Y lamentablemente, los trágicos sucesos de Tumeremo nuevamente vuelven la mirada sobre la depredación y masacres que siguen ocurriendo en la Amazonía venezolana, tal como comenzó hace cinco siglos con la irrupción de la conquista y la colonización.

El extractivismo minero: camino a la indigencia

La crisis ambiental que se expresa en el cambio climático y recalentamiento global, el derretimiento de los glaciares, la acidificación de los suelos, el agotamiento de las fuentes de aguas y de muchos recursos naturales, impone redefinir las estrategias economicistas y productivistas de desarrollo que han terminado por comprometer seriamente la esperanza de vida en el planeta, toda vez que representa un grave peligro para las generaciones futuras.

Al asumir la defensa de la vida no podemos limitarnos única y exclusivamente a la vida humana. Se impone también defender a la naturaleza de la cual formamos parte inseparable, y cuya protección es una condición imprescindible para garantizar la existencia de todas las personas. Por tanto, implica reconocer los derechos de la naturaleza por encima de los objetivos y metas de desarrollo económico.

Venezuela es uno los principales reservorios de recursos naturales, con las reservas de petróleo más grandes del mundo, además de gas y minerales, fuentes de agua dulce, bosques, biodiversidad y ecosistemas, tierras aptas para la producción agrícola, fuentes primarias de energía y un gran potencial para la producción de energías limpias. Un país que tiene todo lo que se necesita para lograr la soberanía alimentaria y productiva. Pero tiene pendiente aún concertar políticas y estrategias de interés común que le permitan convertir el aprovechamiento racional de esas riquezas, en la condición básica para erradicar las causas estructurales del desempleo, la pobreza y la exclusión social.

Importamos porque no producimos y no producimos porque importamos

Una y otra vez se ha planteado que nuestra mayor riqueza son los recursos naturales y que debemos explotarlos para luchar contra el hambre. Para justificar la intensificación del extractivismo se nos dice que no podemos seguir como el mendigo sentado sobre un saco de oro. Ante la urgencia de obtener los recursos financieros que permitan financiar los programas destinados a reducir el desempleo, la pobreza y la exclusión social, se justifica el modelo extractivista-rentista, pero se corre el riesgo de caer en un círculo vicioso del cual resulta cada vez más difícil salir.

Ciertamente, la renta captada por la exportación de recursos naturales ha permitido financiar la inversión social, pero no ha estimulado un crecimiento económico de calidad ni una distribución progresiva del ingreso. Por el contrario, ha traído como consecuencia un proceso de reprimarización de la economía. Como la renta no la pagan los productores ni consumidores nacionales, sino que la pagan los consumidores internacionales, la misma constituye la captación de un plusvalor internacional que luego es distribuido a favor de los factores económicos, políticos y sociales internos.

Mientras más crece la población y el consumo, mayores son las necesidades de importación y mayor el imperativo de extraer más recursos naturales para captar la renta que permita financiar las importaciones que el precario aparato productivo interno no está en capacidad de sustituir. Al no contar con una economía fuerte que garantice la soberanía alimentaria y productiva, se intensifica la extracción y exportación de recursos naturales. Pero a medida que se capta una más renta y se inyecta a la circulación doméstica, mayor suele ser la propensión a importar toda clase de productos, con lo cual se frena la producción nacional.

No se puede seguir apostando al extractivismo con el falso argumento de que éste financiará el crecimiento económico y la redistribución del ingreso. La renta derivada de las actividades extractivas no podrá financiar una verdadera estrategia de desarrollo. El extractivismo genera una abundante fuente de recursos que se destina a importar y, por lo tanto, desestimula el esfuerzo productivo nacional. Importamos porque no producimos y no producimos porque importamos.

En defensa de una economía emancipadora y soberana

El aprovechamiento de los recursos naturales y su incidencia en las condiciones sociales y la vida humana constituyen un aspecto crucial en la construcción de una sociedad libre de pobreza, donde la reproducción de las condiciones materiales haga posible la reproducción de la especie humana. Una condición básica para derrotar la pobreza es superar la visión extractivista que explota a gran escala los recursos naturales para exportarlos sin mayor grado de transformación, sin generar ningún estímulo para el fortalecimiento de la industria ni de las capacidades tecnológicas e innovativas locales.

La soberanía es la capacidad de ejercer el dominio y disposición del territorio, por encima de cualquier otro poder. En esta noción, los recursos naturales son parte integrante del territorio y, en consecuencia, representan una base importante para el desarrollo económico y social. Pero aun cuando su explotación sea realizada por empresas estatales o nacionales, el extractivismo refuerza la dependencia de los centros de poder mundial y reproduce los mecanismos de colonización y explotación económica que nos impusieron desde la colonia. La soberanía productiva solo se podrá lograr si la vieja práctica de exportar materias primas se sustituye por su transformación interna en productos de mayor valor agregado que permitan sustituir importaciones, diversificar la oferta exportable y generar trabajo digno y bien remunerado para nuestros pueblos.

Como apuntamos al comienzo, desde la leyenda del Dorado han transcurrido más de cinco siglos de extractivismo minero y ningún país que transitó esta ruta alcanzó su bienestar social. Aumentar la exportación de recursos naturales sin valor agregado prolonga la frontera del extractivismo y refuerza la mentalidad rentista que induce a apoyar la liquidación acelerada de los yacimientos como fuente de las rentas que se destinan a aliviar la pobreza, más no a erradicar las causas estructurales que la generan. Al no invertirse en la agricultura, industria y demás sectores productivos, a la larga se genera más pobreza, toda vez que al agotarse los yacimientos, las fuentes de agua, la biodiversidad, destruir las culturas ancestrales y generar pasivos ambientales, el extractivismo deja una herencia de desempleo, pobreza y exclusión social.

El extractivismo minero es el camino a la indigencia de las naciones que quedan sometidas a ser simples proveedores de materias primas de los grandes centros industrializados, los cuales las transforman en productos de mayor valor agregado y luego nos las venden a un precio infinitamente superior. Con la reactivación del extractivismo minero seguiremos exportando la harina para importar la arepa.

Esta fatalidad solo se podrá erradicar a medida que se impulse la construcción de una nueva economía emancipadora y solidaria bajo el control de los trabajadores directos, la comunidad organizada y la iniciativa privada que pongan límites al estatismo depredador, cuyas empresas expropiadas y estatizadas terminan secuestradas y quebradas por el burocratismo, el pseudosindicalismo y la corrupción. Pendiente sigue superar la cultura extractivista-rentista y sustituirla por una cultura del trabajo, centrada en la creación de valor, como fundamento de un nuevo modelo productivo capaz de distribuir equitativamente la riqueza generada por todos, integrando así las actividades económicas a la vida social, en función de producir los bienes y servicios básicos y esenciales que resultan imprescindibles para satisfacer las necesidades materiales, intelectuales y espirituales de la sociedad