Entrevista al periodista Leonardo Haberkorn, 13 de junio de 2016
Haberkorn presentó en la mañana de la CX 36 su último libro “Gavazzo: Sin piedad”, para el cual realizó tres largas entrevistas y mantuvo un último encuentro con el terrorista de Estado -que supuestamente estaba detenido- mientras estaba internado en el Hospital Militar. “.Transcribimos parte de la entrevista
Efraín Chury Iribarne.: ¿Alguna razón especial para hacer el abordaje de este libro “Gavazzo, sin piedad”?
Leonardo Haberkorn: Sí, hay como tres cosas que se juntaron para que me metiera en esto.
Una es que para la gente de mi generación que crecimos en una dictadura, que hicimos el liceo en la dictadura, cuando empezamos a tener alguna noción de política, Gavazzo fue una de las primeras palabras, de los primeros apellidos, que uno captó, digamos. Siempre tuve esa curiosidad.
Gavazzo esto, Gavazzo lo otro. Eso ya estaba desde hace muchísimo tiempo, desde que empecé en el periodismo o mucho antes, desde que empecé a interesarme por las cosas del país, porque era un apellido que se repetía y se repetía casi como el símbolo de la dictadura o el símbolo más perfecto de lo peor de la dictadura.
Entonces, ¿ese símbolo está bien ganado? ¿Está bien ganado que ese apellido haya quedado? Esa duda estaba como latente.
Después, cuando hice el libro “Milicos y Tupas”, el libro tiene un eje en el cual hay dos tupamaros y un oficial del Ejército que hoy es Coronel retirado, en aquel momento de la historia era Capitán- es el coronel Luis Agosto y los integrantes del MLN son Armando Miraldi y el contador Carlos Koncke.Ellos cuentan sus historias en ese libro. Son tres historias que se entrelazan y donde coinciden, es como el centro del libro, es cuando los dos integrantes del MLN están presos y el coronel es un oficial, un Capitán, en el cuartel de Artillería Nº1 en La Paloma en el año ’72. Y ahí está la tregua, ellos cuentan toda su peripecia. Los tres coinciden en decir esto: todo ese período que ellos cuentan, se cortó cuando desde el mando del Ejército se mandó a (José ‘Nino’) Gavazzo como a intervenir el cuartel, cortar la tregua, redistribuir tanto a los tupamaros que habían participado en la tregua para otras unidades; también a los oficiales los mandan para otro lado. Y en palabras de Agosto ‘cambia el clima en el cuartel’.
Y si bien uno puede atribuir que Gavazzo y Agosto no se llevaban bien ni se llevan bien hoy, uno podría decir estas declaraciones se basan en tirrias personales o rencores; había un hecho claro: hasta ese momento -si bien por ejemplo Agosto admite que torturó en los interrogatorios- no había muerto nadie adentro del cuartel. Hasta ese momento, hasta que llega Gavazzo, no había muerto nadie.
Gavazzo en el libro discute, dice que llegó 15 después, pero todas las pruebas y los testimonios indican que cuando él llega hay dos muertes en poco tiempo. Entonces más allá si los demás lo acusaban de recrudecer la tortura por rencores, por esto o lo otro, hay un hecho claro, llegó y murieron dos personas.
Entonces, para mí cuando saqué “Milicos y Tupas” me quedó eso de seguir adelante, averiguar que pasó en el cuartel una vez que llegó este hombre.
Esto se juntó con aquella curiosidad mía con el personaje.
Y ahí tenemos dos de los factores que me llevaron a meterme.
El tercero fue que estando ya con este proyecto en la cabeza un día se me presentó una mujer que era la hija de un oficial del Ejército, del coronel Gómez, que me dijo ‘mi padre está preso acusado de haber matado a un integrante del MLN, Roberto GOMENSORO, pero yo creo que como se sugiere en “Milicos y Tupas” Roberto GOMENSORO no murió en Paso de los Toros como están acusando a mi padre sino que murió en Artillería Nº1, en La Paloma’, y ahí me pedían mi ayuda en el sentido que si yo las vinculaba con la gente que había estado en La Paloma ella podía conseguir testimonios que ayudaran a sacar a su padre. Me dijeron ‘mi padre fue un milico de la dictadura pero no mató a nadie’, con esas palabras se me presentaron.
Yo al principio dudaba mucho, no tenía por qué ser verdad, aparte había un fallo de la Justicia, estaba procesado con prisión. Por eso, al principio lo tomé con mucho recelo, aunque yo sabía por “Milicos y Tupas” que yo también tenía la sensación que (Roberto ‘Tito’) GOMENSORO había muerto justamente al llegar Gavazzo al cuartel. Pero les pedí el expediente para leerlo y cuando lo leí fue la tercera cosa que se me juntó: Vi que ahí había una historia porque efectivamente yo estoy convencido -y el libro aporta pruebas- de que GOMENSORO murió en La Paloma en los tiempos de Gavazzo.
Es el primer muerto, el primer desaparecido.
Yo en el libro hablo de Gavazzo pero también cuento tres historias. La de Gavazzo, la de Tito Gomensoro y la de Eduardo Pérez Silveira ( el Gordo), que son las dos personas que murieron en La Paloma en ese período.
EChI: ¿Cómo fue el abordaje tuyo a Gavazzo para manifestarle el propósito de escribir esto?
LH: Ahí hubo como dos períodos.
Primero a la primera que contacté fue a la hija Rosana Gavazzo, la abogada, de las hijas es la que lo defiende en los Juzgados. Le propuse que quería hacer este libro y en aquel momento me dijo que no, que nadie de la familia iba hablar conmigo, y ante esa negativa -difícil hacerlo sin ningún acercamiento ni a él ni a la familia- hice otro libro, “Liberaij”.
Suspendí este tema pero lo tenía muy picando en la cabeza, lo tenía como que quería hacerlo. Así que un tiempo después volví y el proceso fue el mismo, volví hablar con Rosana Gavazzo le dije yo quiero hacer un libro sobre esto, puedo dar la versión de ustedes pero voy a dar las otras, voy hablar con todo el mundo. Pero si tienen algo para decir tú o tu padre, al principio yo no estaba muy seguro si hablar con él, porque eso que tú me estás preguntando, está implícito en tu pregunta, está bravo sentarse hablar con Gavazzo.
En este segundo intento de hacer el libro lo que había pasado en el medio es que Gavazzo había publicado su autobiografía. Un grueso volumen que está en las librerías, donde él cuenta su vida desde su punto de vista. Entonces yo decía capaz que no es necesario que hable con él, con sus víctimas y todo; y la palabra de él tomarla de su autobiografía.
Esa fue como una primera idea que estaba equivocada porque después me empecé a quedar corto. No lograba. Había muchas preguntas que quería hacer y no estaban respondidas en la autobiografía, yo había hecho una entrevista con Rosana Gavazzo que esta vez sí había aceptado, todo el resto de la familia no había aceptado, ni la esposa ni las otras hijas, nadie quería hablar; pero Rosana si aceptó. Y en esas entrevistas que le estaba haciendo ella me dijo pero esto que me estás preguntando pregúntaselo a él; le pregunté si él aceptaría responder, me dijo vamos a preguntarle y a través de ella fue que me dijo que sí aceptaba. Y tuve -como cuento en el libro- tres entrevistas largas y luego, una cuarta charla en la que él me dijo que no me daba más entrevistas -para mí sorpresivamente- porque lo que habíamos acordado era charlar indefinidamente.
Hay un testimonio de Esther Gatti de Islas que cuenta que una vez se le metió en el apartamento para decirle déme datos de mi gente y él lo cuenta en un libro, yo lo cito. Él la trataba muy amablemente, muy simpáticamente, no le dio la más mínima pista de nada, le negó todo, pero parecía un abuelo bueno. Y es así, al principio de los encuentros es una persona que parece simpática, pero la cosa se empezó a tensar porque él primero había pedido un ‘off de record’. Imaginen un ‘off de record’ con Gavazzo, si apagás el grabador y te dice ‘yo maté a fulano’.
Entonces, yo protesté, él se tensó y luego el tema fue que él pretendía ver las transcripciones de las entrevistas que íbamos teniendo. Leerlas antes. Y yo no quería. Le di largas al asunto pero en un momento me dijo me las vas a traer o no me las vas a traer y cuando quedó claro que yo no sé las llevaba se suspendieron las entrevistas.
EChI: ¿Fueron las últimas o lograste reenganchar?
LH: No. Esa última charla de despedida, la cual me anunció que no me daba más entrevistas, se transformó como en otra entrevista porque se despidió hablando. Pero cuando nos despedimos quedó claro que ya no habría más charlas.
EChI: Lo que se ha publicado de Gavazzo en cuanto a su papel en la tortura y en la violencia del Estado, llegó a ser estremecedora en algunos momentos; pero además tuvo algunos otros problemas con la Justicia que no estaban vinculados a esto.
LH: Si. En democracia.
Él, una vez recuperada la democracia, es procesado por un caso que la primera carátula es extorsión, luego se rebaja a violencia privada, pero es procesado y condenado por eso. Es decir que tiene una condena por la justicia civil en democracia.
Es un caso en el cual otro represor conocido, (Ricardo) el ‘Conejo’ Medina que va a una imprenta y pide que le impriman una plancha de moneda falsa brasileña. El imprentero no lo quiere hacer y en un momento lo secuestran, lo meten en un auto, Medina y una persona que finalmente es identificada como Gavazzo, que nunca dijo que era él pero el auto era de la familia Gavazzo y finalmente un Juez lo condena.
Por supuesto que en su autobiografía niega todo y en las entrevistas que yo le hago básicamente, su recurso ante todo es decir que todos mintieron. Y ahí el que mintió fue el imprentero, pero el auto en el que fue secuestrado el imprentero, está comprobado que era de su familia.
EChI: Llegan“¿Él reconoce su papel? ¿Lo dejaron al periodista solo con Gavazzo? ¿Dónde fueron las entrevistas?”,
LH: Vamos por partes.
Las entrevistas fueron en el Hospital Militar, en el período en el que él estaba con prisión pero por problemas de salud en el Hospital Militar. Se lo veía bien de salud, él decía que había tenido unos desvanecimientos producto de problemas cardíacos, pero nunca lo encontré en la cama, siempre lo encontré -sí de pijama porque estaba en un sanatorio- pero leyendo, o escribiendo o parado en la puerta viendo la actividad del hospital mismo, bien, digamos.
La otra pregunta era si estaba solo con él. Sí, no había ninguna vigilancia notoria y uno podía entrar al Hospital Militar prácticamente sin que nadie te preguntara qué hacías, llegabas a ese piso donde estaba Gregorio Álvarez también por ejemplo, y la verdad que parecía que si Gavazzo hubiera querido irse en ese momento a la calle, creo que le hubiera bastado vestirse y salir. No había ningún oficial de la policía ni nada. Incluso Gavazzo para que no se cortaran las entrevistas cerraba la puerta, si venía alguna enfermera por algún motivo le pedía que lo dejara. Y así fue.
Y la otra pregunta que era si él admite su papel.
Eso fue lo más complicado, porque qué sentido tenía sentarse frente a él y que volviera a decir todo lo mismo que había dicho en su autobiografía en la cual no reconoce nada, niega todo.
Entonces sí, termina admitiendo cosas, no fue fácil.
Cuando empecé este trabajo llamé a un especialista en temas militares y me dijo te metes en un baile complicado porque esta gente está entrenada en Contrainteligencia, en el arte de mentir y más complicado todavía; es decir, te dicen cosas que sí ocurrieron pero que llevan a lugares equivocados, que son callejones sin salida o te llevan al lugar falso, digamos.
Entonces es complicado hablar con él porque empezás a darte cuenta de esas cosas, lo ve el que lee su autobiografía.
Por ponerte un ejemplo, desde su infancia, su barrio, su liceo, todo eso, aparecen muy pocos nombres, uno no puede decir voy a llamar a fulano o mengano a ver qué se acuerda, qué dice de eso. Te da muy pocas pistas y las que te da no llevan a ningún lado, son nombres que se murieron muy jóvenes o se fueron del país o se los tragó la tierra, no los encontrás, no llevan a ningún lado.
Luego buscando sí encontré, pero respecto a lo que él admite yo creo que hay dos o tres momentos claves. Por un lado él niega todo y a su vez él me decía: ‘yo estoy acá para contarle la verdad porque todo el mundo miente con la historia reciente y yo al revés no quiero ser un mentiroso más, por eso lo recibo para decir la verdad’.
Veníamos muy bien pero la verdad era que casi no había habido torturas, entonces le dije: Bueno Gavazzo usted me dice, pero yo tengo que ser honesto con usted, yo no creo lo que me está diciendo, creo que hubo muchas torturas.
Y me dice: Tengo que decirle algo, yo le quiero decir la verdad pero si usted me pregunta usted torturó o usted mató a alguien le voy a tener que mentir.
Creo que esa frase es muy importante.
EChI: Sí lo será.
LH: Y lo otro importante creo que es que por primera vez admite su participación en el caso de una muerte y una desaparición, que es la de Eduardo Pérez Silveira, el otro caso del que yo me ocupo, en la cual Gavazzo termina admitiendo que tiró una granada de gas en la celda donde estaba recluido.
Es una versión que muchas veces ha circulado, que estaba dicha siempre como una de las posibles causas de la desaparición de Eduardo Pérez Silveira, y él termina admitiendo que él personalmente tiró esa granada, que llevaron muy mal a Pérez Silveira al Hospital Militar y que de ahí en más no se sabe más nada. Hay testimonios que lo vieron morir en el Hospital Militar.
Así que por primera vez admite su participación en una muerte y creo que es muy importante. Yo quedé impactado cuando lo dijo y hay varios momentos en que se termina refiriendo a eso.
Eso con respecto a Pérez Silveira.
Y en cuanto a la tortura, él cuenta cómo era la picana, hay un momento que hizo una cosa muy increíble, negaba y yo le digo pero fulano lo vio a usted con GOMENSORO colgado en el cuartel, un propio oficial del Ejército cuenta eso que lo vio a usted. Y dice: ‘No, eso no es posible, no se colgaba a la gente’. Le respondía que hay decenas de personas que cuentan haber estado colgadas, por ejemplo Rodríguez Larreta dice que usted también lo colgó en Orletti y me dice: No, todos mienten.
Le reiteré: Pero Rodríguez Larreta lo contó apenas salió, lo escribió, lo dejó por escrito.
Y me dice: Bueno, pero al fin y al cabo, colgar a alguien en la escala de la tortura, es nada
Yo creo que si bien no fue fácil entrevistarlo, si bien su ánimo es más bien el denegar que el de sincerarse; hay frases que han quedado ahí escritas que son fuertes.
EChI: Uno tiene la sensación que la Justicia de mi país ha sido más benevolente con Gavazzo que con otros. ¿De eso no hablaron? Porque él tiene ciertas licencias que otros no tienen.
LH: Si hablamos. Eso es evidente.
Esta pieza en el Hospital Militar está en un piso que se llama Piso de Jefes donde las comodidades son más o menos como las del Británico o un sanatorio de primer nivel; una habitación muy grande con dos camas pero para él solo, muy cómoda, con escritorio, con heladera, con televisor, tenía las fotos de la familia en la pared. Realmente estaba muy cómodo, sin vigilancia militar, no parecía un preso, porque en ese piso había gente enferma nomás no todos eran presos y no había ninguna diferencia entre su habitación y la de los demás. Ahí no había ningún oficial, no había policía, cualquiera entraba, yo iba y entraba, creo que ahí en eso hay algo medio raro. Hay algo que no es normal.
EChI: Que no ha cesado y que hasta aumenta en la intensidad de la concesión de favores que otros no tienen.
LH: Verdad.
Y al caso, otra cosa que es importante y está en el libro, es que como yo cuento el caso Gomensoro Hoffman fue el primer desaparecido, pero como no sabían hacer desaparecer gente lo desaparecieron “mal”. Y lo tiraron a Rincón del Bonete atado a una malla de alambre y piedras y 8 días después el cuerpo emergió. Esa es la historia triste de Tito GOMENSORO.
Y por su muerte el caso se reabrió en 2001 a instancias de SERPAJ y la Intendencia de Tacuarembó hace una denuncia para que en el Cementerio de Tacuarembó se busque es cadáver que había emergido en el lago del Rincón del Bonete, el cadáver no aparece, entonces se hace la denuncia por el faltante de un cadáver y termina siendo procesado este coronel Gómez -el que la hija me había buscado- porque aparece un testigo que dice que había visto a Tito Gomensoro vivo en el cuartel de Paso de los Toros y que había visto como Gavazzo lo torturaba y Gómez lo mataba. Pero es un único testigo que contradice todo lo otro que había de evidencia que había muerto en La Paloma y la Justicia le cree a este testigo, que se contradice en muchas cosas, que tiene muchos errores; y por creerle no se investiga a la gente de La Paloma.
Gavazzo era el Segundo Jefe en La Paloma, el Primer Jefe era el coronel Rubio. Y por seguir toda esta línea nunca se investigó a Rubio, nunca se lo llamó a declarar por más que el fiscal pidió. Finalmente Rubio falleció y nunca declaró, nunca pisó un juzgado.
Entonces creo que la Justicia también queda interpelada allí en el libro porque fue muy desprolijo todo esto que pasó en el caso Gomensoro, que sigue pasando. Y no tengo una explicación de por qué, no tengo, pero hay cosas en que la Justicia no está trabajando bien.
Es la sensación que me queda a mí.
EChI:.. ¿Y al periodista lo revisaban cuando entraba a ver a Gavazzo?,
LH: No. Yo podía haber llevado un revolver y dárselo, realmente no había ningún tipo de vigilancia y él se podía haber ido.
Hoy en día teniendo prisión domiciliaria tiene la tobillera puesta. Creo que hoy está más controlado porque tiene esa tobillera que le marca el límite de donde puede moverse que en aquel momento que estaba en el hospital que se podía ir caminando sin duda
EChI: le creiste algo a Gavazzo.
LH: Algunas cosas que él cuenta, cuando no está implicado él, cuando no hay un crimen de por medio, son cosas que sí le creo por cosas que cuenta.
En cuestiones colaterales o de operaciones militares que le tocó hacer, por ejemplo, hay una constante en su discurso que es “esto me tocó”, “esto lo hice porque me tocó”, “me tocó que me enviaran a cortar la tregua en artillería, el general Cristi me mandó y yo tuve que cortar con todo eso porque era un relajo ese cuartel”, etc.
Antes del golpe de Estado, (el coronel Ramón) Trabal lo manda a re interrogar la cúpula presa del MLN a Paso de los Toros con un doble objetivo: aclarar algunos casos de sangre que no estaban aclarados -creo que Pascasio Báez, lo del Jeep, no recuerdo exactamente cuáles ahora- y que confesaran los vínculos con políticos, como buscando ya la excusa para el golpe de Estado. Bueno, también “le tocó” esa misión.
Cuando se da el golpe de febrero en el ‘72, cuento una cosa que hasta ahora no se sabía. Se acuerdan que Bordaberry designa como Ministro de Defensa al general (Antonio) Francese que no era golpista y fue el último intento de Bordaberry por no sumarse al golpe, digamos.
Los mandos del Ejército no lo aceptan porque ya están jugados a la dinámica de tomar el poder. Entonces se rebelan. Y Francese sabe, se da cuenta, y en un intento por asumir el cargo decide ir a una unidad militar a hacerse fuerte ahí donde lo respaldaban. Pero los otros ya sabían, entonces la cúpula encabezada por Cristi, el Goyo y Trabal lo van a esperar a esa unidad para detenerlo y le ordenan a Gavazzo que sea él quien lo lleve detenido a la Escuela de Armas y Servicios.
Y Francese era el mejor amigo de su padre y era casi su padrino, y él dice que dijo “no me hagan hacer esto”, pero “le tocó” y lo hizo.
Yo creo que eso es como una marca, si cuando la cosa empezaba fue capaz porque “le tocó” llevar preso a su padrino, al mejor amigo de su padre y lo hizo; yo creo que después quedó claro que lo que le tocara lo iba hacer.
EChI: Lo iba hacer.
LH: Así que en algunas cosas, ese relato por ejemplo, se lo creo.
Ahora en muchas otras no le creo, me mintió muchas veces. Cuando las cosas que lo implican directamente a él, por ejemplo, dice “en Orletti estuve y era horrible, yo escuchaba los gritos desgarradores, eso era algo espantoso pero yo nunca participé, yo estaba en un cuartito donde Aníbal Gordon me tenía ahí e intercambiábamos información. Yo le daba un sobre y estaba horrorizado porque oía el horror que era eso, era gente desalmada, que solo quería el dinero, delincuentes”.
Obvio, me mintió.
Hay decenas de testimonios que lo describen, que cuentan con detalle que él estuvo ahí, que participó en los interrogatorios, que estuvo en las negociaciones por dinero, que es otro tema del libro, el afán de hacerse con el dinero del MLN como del PVP en Argentina.
Entonces cuando la persona pregunta si le creía, alguna cosa le creí siempre con la duda porque realmente es una persona que la información que da la manipula tanto que hace dudar. En todo tengo la duda. Pero en alguna cosa tiendo a creerle cuando son cosas más colaterales o militares.
Ahora las cosas que le implican…
Está la frase que hablábamos al principio, él mismo dice: “Si usted me pregunta usted mató o torturó a alguien, no puedo decirle la verdad, le voy a mentir”.
Así que él mismo lo dice.
EChI: Él mismo declaró. Leonardo ¿preguntaste sobre la coordinación con los militares argentinos? ¿Surge algún dato más de allí?
LH: Sí.
Él ya en su autobiografía se niega a llamarlo Plan Cóndor, lo llama ‘Sistema Cóndor’ y sostiene todo el tiempo que nunca implicó acciones conjuntas sino intercambio de información nomás.
Pero los testimonios son abrumadores en su contra. Habla un poco de eso pero en ese caso son cosas que yo pienso que me mintió, que miente. Hablamos pero no dice la verdad.
EChI: ¿En algún momento Gavazzo es crítico con alguna de las acciones de sus propios compañeros de carrera en lo que fue el operativo dictadura o en eso es cuidadoso y se limita hablar de lo de él?
LH: Es una buena pregunta también.
Me resultó completamente distinto por ejemplo a entrevistar a Agosto para ‘Milicos y Tupas’, en el cual Agosto hay cosas que dice en esto estoy arrepentido o esto pasó pero hubiera sido mejor que no pasara.
Gavazzo no, él está cien por ciento orgulloso, está convencido.
Bueno cuando cuenta que le tiró la granada de gas a un prisionero en un ambiente cerrado y eso termina en la muerte de ese prisionero, no lo cuenta desde el arrepentimiento sino desde la justificación porque ‘el hombre estaba sublevado’.
EChI: Como que existen todas las razones para liquidarlo.
LH: Exacto.
Y dijo, ‘bueno, lo llevamos al Hospital Militar’.
¿Y luego que pasó?, le pregunté, ¿No se preocupó, era consecuencia directa de algo que había hecho usted?
‘No, yo no averigüé más porque no me importaba’, respondió.
Le dije: ‘Mire el hijo todavía lo está buscando, Eduardo Pérez Silvera – ‘el Gordo Marcos’- tiene un hijo que hasta hoy lo está buscando’.
Y respondió: Ah tiene un hijo…
Pero nada más. No hay el más mínimo arrepentimiento.
Lo que hay es orgullo y convencimiento. Y yo creo que hay también un no entender lo que ha cambiado todo. Hay como una cosa de falta de inteligencia política, no darse cuenta que todo cambió mucho y ese negar todo y seguir aferrado al silencio a ultranza, ya no es creíble.
EChI: Aferrado a lo que hizo aunque lo que hizo fuera lo tan malo como lo que estamos hablando.
LH: Exacto.
Hay un episodio -que no está en el libro porque no me coincidió con el relato pero creo que viene al caso- es que hay un momento que el ‘Pajarito’ Silveira -el coronel Jorge Silveira, que es otro represor con muchas acusaciones muy graves, gravísimas- sale a la prensa diciendo que está dispuesto a colaborar de alguna manera, a contar alguna cosa -creo que en el caso de Gelman sobre todo- y Gavazzo le publica una carta en Búsqueda la cual es de una agresividad total, diciendo que esa noticia debe ser mentira pero si fuera verdad… y ahí le dice traidor, lo amenaza.
Realmente es el arquetipo del que no tiene el arrepentimiento y que se aferra totalmente a eso.
EChI: Se sabe que hay más de 400 militares y civiles implicados ¿no sirven los datos de tu trabajo y de otros para que la Justicia indague? Y si se habló algo de pactos con integrantes del MLN o algo por el silencio que tu recién mencionabas
LH: De la primera pregunta yo creo que se aportan datos en estos dos casos en el de Gomensoro y en el del Gordo Marcos, Eduardo Pérez Silvera.
Creo que este último es un caso que nunca tuvo un avance judicial, hubo una denuncia pero no hay prácticamente nada avanzado. Y ahora Gavazzo admite que tiró esa granada que terminó con la muerte de Pérez Silvera, yo creo que ahí se puede actuar, no soy un experto judicial, pero parecería que sí.
La segunda pregunta, obviamente que el fin abrupto que tuvieron las entrevistas tuvo que ver. Cuando me dijo que ya no me daba más entrevistas porque no le mostraba las transcripciones, ahí consideré que era importante al menos mantener estas pequeñas cositas que hemos logrado y se corría el riesgo que -una vez que yo le mostrara las transcripciones- me dijera yo no quise decir esto lo que yo quise decir era tal otra. Y se iba a perder todo.
Entonces preferí quedarme acá y rescatar lo que emergió a riesgo de que muchas preguntas nos quedaran y esa nos quedó.
Lo que sí cuenta es que a él le tocó esa misión de interrogar a la cúpula tupamara y ahí tuvo contacto con toda una cantidad de gente importante, Mujica, (Henry) Engler, (Mauricio) Rosencof, Wasen Alaniz; (Antonio) Mas Mas que está fallecido, pero no cuenta más allá de eso de que él logró la misión y es felicitado por Trabal.
Yo trabajé con el legajo de él.
EChI: Entonces él trabajó en buenas condiciones con Trabal, es lo que cuenta él.
LH: No sólo eso sino que del legajo de él -donde se anota todo lo que un oficial hace desde que se recibe de Alférez hasta que pasa a retiro- en el caso de Gavazzo lo obligaron a pasar a retiro porque hizo un complot contra el Goyo Álvarez y le salió mal.
Y en el legajo lo que aparece, es que así como mucha gente conoce cosas de la dictadura tiene esa imagen, Gavazzo malo, malísimo, lo peor, Trabal bueno o más o menos bueno; había ese matiz. Pero en el legajo es todo lo contrario. Lo que aparece es que Trabal fue el que lo promovió, fue su padrino en el Ejército y los juicios que apunto en el legajo de Gavazzo son…
EChI: Laudatorios.
LH: Si. Totalmente.
Y hay una cosa muy curiosa que para mí fue otro de los hallazgos del libro: Cuando el parlamento le ordena a las Fuerzas Armadas ocuparse de la lucha de la guerrilla, Gavazzo estaba en la Región Militar IV como ayudante de (el general Julio César) Vadora que era el Comandante de esa Región. Ahí Vadora organiza la lucha contra el MLN en su Región y le da misiones a Gavazzo.
Gavazzo va a los cuarteles a interrogar gente y ya hay denuncias de tortura ahí. Y según uno de los testimonios, incluso provoca uno de los escándalos del Jefe de un cuartel que cuando se iba decía ‘qué disparate este tipo las cosas que está haciendo’. En fin.
Bueno, cuando vence su período con Vadora le dan un destino a la Escuela Militar para dar cursos. Lo sacan de la guerra y él dice ‘no, yo quiero seguir’; pero Vadora le dice ‘el Ejército lo mandó a la Escuela Militar que es un destino de lo más honorífico que hay, vaya y dé las clases’. Y él dijo que no.
Su protesta llega al Comandante en Jefe que era (el general Florencio) Gravina en ese momento quien lo cita. Le pregunta si quiere ir a la guerra, él dice ‘si, esto es lo que yo quiero por eso soy militar’.
Entonces en vez de mandarlo a la Escuela Militar lo manda más abajo, a la Escuela de Armas y Servicios, que es otro lugar para dar clase pero es menos prestigiosa.
Cuando llega a la Escuela de Armas y Servicios, le dice al Coronel que estaba a cargo: ‘mire que yo no quiero estar acá voy a dar clase pero a regañadientes porque yo lo que quiero es estar en la guerra’. Y el Coronel le dice: ‘no joda Gavazzo, lo mandaron acá, no rompa más’.
Ahí está unos meses molesto, hasta que quien lo saca de ahí y lo mete en Inteligencia es Trabal. Unos días después del 14 de abril. Se ve que la violencia que generó el 14 de abril le dio argumentos a Trabal para sacarlo de ahí, lo pone de lleno y nunca más salió.
EChI: Eso sí es una revelación comparado con lo que teníamos hasta el momento de Trabal.
LH: Claro.Y eso se suma a todos los juicios que Trabal anota en el legajo de Gavazzo que son todos muy favorables
EChI: la gente tal vez busque en el libro que haya una explicación respecto a por qué la Justicia le hace concesiones a Gavazzo.
LH: Sí, en ese caso el libro es inquietante porque todo el relato del caso judicial de Gomensoro muestra algo que no está funcionando bien y que hoy que me preguntaban de los pactos, ahí aparece un integrante marginal del MLN que desvía totalmente con un testimonio lleno de contradicciones -que podrá ser producto de un error o producto de una traición de la memoria, pero también puede ser producto de otras cosas-, lleva la investigación a un lado equivocado y queda gente que no fue enjuiciada, que no va hacer enjuiciada y manda a la cárcel durante 3 o 4 años a un oficial que no tenía nada que ver.
Entonces uno queda muy preocupado, se pregunta por qué apareció ese testimonio, ¿fue algo voluntario o alguien habló para que ese testimonio apareciera? Es complicado.Yo quedo preocupado por todo eso.
Y si le sumamos la reclusión de Gavazzo, las condiciones en que estaba; después, al poco tiempo que yo termino las entrevistas pasa a la casa; después viene el tema de la fiesta, que es como más incomprensible todavía. Porque el argumento para pasar a la casa uno puede estar de acuerdo o no pero de algún modo está en la Ley, que los presos mayores pueden tener prisión domiciliaria. Uno puede aceptarlo o no.
Pero ya ir a una fiesta no entraba en la cabeza de nadie. Y eso salió también.
Hay cosas por las que uno queda preocupado
EChI: Sí. Ahora de toda la conversación es un agente vernáculo no estuvo ni siquiera en la Escuela de las Américas.
LH: En su legajo -que yo lo pongo- aparece un viaje de dos meses a Estados Unidos que no quedan aclaradas las razones.
Eso está en el legajo y yo lo pongo en el libro. Ahora, no pude preguntarle como tanta cosa que quedó pendiente, al suspenderse las entrevistas