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La epidemia de cólera que la ONU dejó en Haití

New York Times - El consejo editorial

Mientras los haitianos sufrían por el devastador terremoto del 12 de enero de 2010, las tropas de paz de Naciones Unidas agravaron su situación, sin quererlo, al traer el cólera a la isla. Se estima que 10.000 haitianos han muerto por la enfermedad. Ésta se difunde rápidamente en lugares con mal saneamiento.

Las Naciones Unidas no han reconocido su responsabilidad y han enfrentado vigorosamente los esfuerzos legales para compensar a las víctimas. Esto recuerda su lenta respuesta a las acusaciones de que las tropas de paz habían abusado sexualmente de docenas de menores en África.

La semana pasada un grupo de los dos partidos integrado por 158 miembros del Congreso intimó al Secretario de Estado John Kerry para que presionara a las Naciones Unidas para que monte una respuesta efectiva contra el cólera y compense a la gente afectada. “Cada día que pasa sin una respuesta adecuada de ONU es una tragedia para las víctimas del cólera en Haití y una mancha en la reputación de la ONU”, escribieron los legisladores.

A menos que haya un cambio en la aproximación al problema la epidemia manchará el legado del Secretario General Ban Ki-moon, el cual dejará el puesto a fin de año. Hay medidas básicas que puede tomar antes de irse.

Para comenzar, la comunidad internacional debe redoblar sus esfuerzos para luchar contra esta enfermedad prevenible y curable. En 2012 las Naciones Unidas se propusieron liberar del cólera a Haití y su vecina República Dominicana por la vía de expandir el acceso al agua potable y mejorar el deteriorado sistema de salud haitiano. La iniciativa ha sido inadecuada y además pobremente financiada. El cólera sigue enfermando a la gente.

Más allá de ello, las Naciones Unidas deben reconocer su papel en la epidemia. Sólo de esa forma podrán establecer medidas de seguridad sólidas para próximas operaciones de paz. Los expertos creen que las tropas nepalesas de paz que se instalaron en campamentos con mal saneamiento introdujeron el cólera en Haití. Esto pone en duda el control de la salud de las tropas de paz así como los estándares de saneamiento que utilizan.

Por último el Sr. Ban debería seguir las recomendaciones de los observadores de la organización que le intimaron el año pasado para que compense a las víctimas. Ellos afirmaron que: “las Naciones Unidas tienen una responsabilidad particular en evitar que un gran número de víctimas de violaciones de derechos humanos cometidas por tropas que operaron bajo la autoridad de ONU queden sin auxilio”. No es demasiado tarde para que el Sr. Ban se tome en serio estas palabras.

Nota: Difundimos este artículo que nos envía gentilmente William Yohai, suponiendo que tres cosas podrían pasar

1. Algunos parlamentarios uruguayos afectos a EEUU podrían imitar esta conducta y presionar a Nin Novoa para que Uruguay plantee desde ese famoso sillón conseguido en el CS-ONU que se dejen de evadir su responsabilidad en la epidemia del Cólera, y encaren el combate a la epidemia, la reparación de las víctimas, y juzgar a los responsables.

2. Los antiimperialistas, detrás de Fernández Huidobro, dirán que de ninguna manera, y así como nuestras tropas están para impedir una invasión yanqui, lo correcto acá es exigir a EEUU que mantenga el pacto de impunidad de Naciones Unidas, porque los pactos se hacen para cumplirse, porque es su compromiso por ocupar un sillón en el CS, y porque este problema se terminará cuando se mueran todos, que no falta mucho.

3. Sin embargo creo que la mayoría se inclinará a decir que este problema es demasiado complicado para sus humildes mentes, y esperan un gesto de Tabaré Vázquez para acatar la disciplina partidaria