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ORGULLOSAMENTE RASCADORES DE LOMOS

Tampoco me faltan males
y desgracias, le prevengo;
también mis desdichas tengo,
aunque esto poco me aflige:
yo sé hacerme el chango rengo
cuando la cosa lo esige

El gaucho Martin Fierro de José Hernández

Será justo culpar entonces a quien le rasca el lomo al chancho?

¿O es que el chancho maneja otra versión de esta historia  flechada para el lado de los “buenos”  que  son persuasivos muy poderosos y se manejan  con destreza cómplice  y la habilidad de la mística autoconstruida?

No es fácil laudar sobre esto, el chancho también  puede tener la culpa pero la responsabilidad sigue siendo compartida, no alcanza con señalar a aquel que nos vienen diciendo, que era el traidor,  ya que nadie podría haber impuesto esa única verdad si el resto no lo hubiése permitido

Desde ya que seguiremos brindando el espacio este para el debate lo más amplio y plural que se pueda, tratando  de escuchar  para debatir y no para hacer un discurso; porque si en una buena  nos toca hacernos  la del chancho rengo, lo decimos... ya que en este caso nos sentimos orgullosos de ser rascadores del lomo, de un chancho al que encontramos rascándose solo contra un árbol

Ricardo porteño (redacción)

Tinelli y Macri: dos potencias negocian

El país entero pone su mirada hoy en la Quinta de Olivos

Macri buscará hoy armonizar su relación con el zar del ráting.

Por supuesto, eso será mediante algunas concesiones recíprocas: las que haga el Cuervo serán renuncias a poner en pantalla escenas que la teleaudiencia seguramente apreciaría.

Los favorcitos que Macri pondrá sobre la mesa, en cambio, los pagaremos nosotros con nuestro pe-culio, como es norma.

Marcelo es un hombre accesible al mejor postor, se sabe.

Por ejemplo, más ignominioso que lo de Macri hoy fue lo de Krisabelita haciendo repetir en la capilla ardiente de su marido, ante las cámaras, el abrazo de condolencias de Tinelli, porque el verdadero había sido en privado. Recalco que esto lo ordenó la presidenta cuando, a la vez, pretendía dar la imagen de estar arrasada por el dolor.

Pero, ¡atentos!: estas cosas no pasan solo aquí, aunque entre nosotros rocen extremos inauditos.

Marshall McLuhan ya las describió en su libro de 1967, y nada menos que en el país que se presenta como el faro de la democracia.

Por eso, no es cuestión de personalizar en Macri y en Tinelli, ni siquiera en la salteadora de caminos que entronizamos y que reelegimos: es el sistema, amigos.

Y el sistema —no busquemos a nuestro alrededor— somos nosotros.

Tinelli tiene 8.510.000 seguidores en Twitter: ¿eso no nos dice nada?

Juan del Sur

@juandelsur2

Muchísimas gracias colegas de Posta Porteña

Por la constante tarea periodística que me hacen llegar
Gracias por la perseverancia en el periodismo serio y responsable, y por saber aceptar incluso algo más que un detalle, las diferencias de enfoques y criterios en algunos asuntos de la Ciencia Política.

Saludos

 Ruben Muyano

 

Haciendo boca

Búsqueda Nº1876 - 21  JULIO DE 2016

Por Darwin Desbocatti

 La Tercera Planta Procesadora de Celulosa es una epifanía. Además de ser un respirador artificial para nuestra economía, un grito en contra de los agoreros de la crisis y un poroto de Tabaré y Astori que se la pusieron de sombrero al PIT-CNT y al Frente Amplio B un día antes (Astori) y un día después (Tabaré) del paro general

No solo es lo más parecido a una política de Estado que hemos tenido en estos últimos 30 años, o el punto de unión de los uruguayos más sólido después de la selección de fútbol, la noche de los descuentos y los veranillos; también es la demostración de que el Uruguay Industrial es posible; lo único que precisamos son industrias sin uruguayos adentro. Por fin lo entendimos. ¡Eureka!

Las pasteras son mucho más que un dedo en el culo a los argentinos, una avivada de Batlle que nos permitió ventajear a los porteños casi por única vez en 200 años de historia, junto con la vez que Jorge Rama le afanó la chequera a Susana Giménez, y las dos Copas América en que los eliminamos de local, son de las pocas que podemos contar como ganadas. Las mal llamadas papeleras son nuestra identidad y nuestro futuro. Han venido a justificar nuestra existencia como país que puede mostrar algo parecido a una industria y han marcado el camino de lo que debe ser el Uruguay Industrial.

La verdad es que hasta que no llegaron las plantas de celulosa, esto de los eucaliptos no se parecía mucho a nada que pudiéramos llamarle Uruguay Industrial; con la mano en el corazón, era difícil de sostener eso de “la Industria de la Forestación”.

Considerar una industria a plantar eucaliptos no es validado en casi ningún lugar del mundo. Uno la tiraba delante de extranjeros e inmediatamente venía la pregunta: “¿Y qué hacen con esos eucaliptos después?”. Ni caramelos. Ni pomada para despejar las vías respiratorias. Nada.

Los cortamos un poco y los mandamos pa fuera. Ahí estaría la parte industrial: venderlos al exterior en lugar de vendérselos a una barraca de leña (donde siempre hay una gorda atendiendo el teléfono —y si ya no hay una es porque las gordas han perdido esa fuente de trabajo de manera injusta y espero que se plantee en el próximo debate de cuotificación inclusiva). Convengamos que no era algo muuuy sostenible como evidencia de nuestra industrialización. Un poco flaqueábamos en lo que sería el proceso industrial, que en general es lo que permite hablar de industria: cuando uno transforma una cosa en otra cosa —llámenme retrógrado pero para mí eso es la clave de la industria—, un rasgo que en la acción de plantar eucaliptos, cortarlos y subirlos a un barco mucho no se puede decir que estuviera presente. Pero incluso, siendo benevolente y moderno en la concepción de proceso industrial, y considerando eso como parte de nuestro emprendimiento de País Industrial, había que admitir que en general los que vinieron a plantar eucaliptos eran gente del exterior.

Pero lo que verdaderamente le dio aspecto industrial a la forestación fueron las plantas de celulosa, unas megaindustrias extranjeras sofisticadas y eficientes, que funcionan gracias a la ausencia de uruguayos.

¿Cuáles son nuestros aportes realizados como País Industrial?

1. Darle ventajas impositivas a gente que supiera hacer algo que nosotros no sabíamos hacer del todo: plantar eucaliptos.

2. Marcar en un mapa: acá sí se puede plantar eucaliptos, acá no, acá sí, acá no, mejor que acá no planten, acá préndanle de punta nomás que está buenísimo.

3. Desmalezarle la zona a BOTNIA para que instalaran la pastera que después pasó a ser UPM y Dios quiera nunca quede en manos uruguayas.

Fin de la participación de Uruguay en la Industria de la Forestación.

Y por eso es un éxito. Nuestro éxito. Ese es el camino para un Uruguay Industrial. Por fin lo entendimos.