CONTRIBUCIÓN 4
(Estas notas surgen de discusiones entre compañeros desarrolladas a partir de las notas que publiqué bajo el título: “Persistencia de la impunidad y terrorismo de Estado democrático”)
APORTES COMPAÑEROS
Tupamaros: ¿fueron la izquierda o la derecha del movimiento obrero?
“…Mirá, Ricardo ya te dije hace tiempo que el origen de toda la confusión sobre los Tupamaros es muy vieja y que por eso, ese fenómeno sigue confundiendo a tanta gente. Si no aclarás las cosas desde el principio ellos seguirán siendo las estrellas revolucionarias, los muchachitos de la revolución, los Superman… y después es tarea imposible explicar que se hayan podrido tanto.
Todos los que escriben en estas polémicas parten de que en algún momento los Tupamaros fueron revolucionarios y después se pudrieron. Para mí nunca fue así…, sino que se subieron a un carro que no les pertenecía (que fueron las luchas obreras de los años 60) gracias al cartel que les dio algunas acciones espectaculares y luego desde que manejaron el carro lo hicieron escrachar [1]
Dentro del movimiento sindical no eran nada radicales, al contrario eran reformistas y en casi todos los casos apoyaban a los socialistas y a los comunistas conciliadores. Eran los oportunistas, que se subían al carro empujando a los más jóvenes a tirar piedras y molotovs porque en la época la radicalidad era sinónimo de violencia, pero que en la orientación del gremio siempre estaban a la derecha, nunca se jugaban en la crítica al reformismo, se callaban la boca
En las grandes luchas ideológicas algunos apoyaban la bronca que venía de la base, pero los históricos (o mejor dicho quienes más seguían la línea oficial) se llamaba a silencio “para no descompartimentarse”. Quienes actuaban como tendencia junto a nosotros no eran los oficialistas Tupas sino los buenos locos sueltos desalineados, lo oficial era siempre componendas políticas entre los jefes que coqueteaban con los bolches y los socialistas. Es mentira que habían roto con la izquierda tradicional, siempre había conciliábulos entre los jefes de todos los partidos burgueses, ellos mismos decían que solo los dividía una cuestión de método. Por eso a mí no me extrañó nada cuando me fui enterando de la connivencia entre la vieja guardia y los militares.
Además ellos no criticaban al reformismo desde el punto de vista revolucionario porque aceptaban todo lo que venía de los socialistas y comunistas, solo que querían hacerlo por la “vía armada”, por eso era normal que mientras la ruptura en la calle era total ellos siguieran dialogando con los dirigentes políticos de todos los partidos burgueses desde los Bolches a Ferreira Aldunate. Por eso tampoco nos pareció tan raro que se hicieran compañeros de los oficiales en los cuarteles.
Con quienes luchaban y no aceptaban el verticalismo fueron siempre muy botones, los amenazaban, los perseguían, los “arrestaban” y en muchos casos esgrimían las “medidas especiales” (amenaza de muerte). Bueno exactamente como los bolches. Si ibas un poco más lejos te inventaban cosas contra vos y pasabas a ser un indeseable, un “tira”, un agente de la CIA. Siempre secundaban la represión sindical que hacían los bolches, muchas veces eran más reaccionarios que ellos.
Para hilar más fino hay que distinguir entre dirección y base, o mejor todavía entre los “comandantes” y los pichis. La mística de la Orga estribaba en la diferencia total de unos y otros. Los consagrados, los “cuadros”, los comandantes y subcomandantes se llevaban el mundo por delante pero hacia abajo, hacia la base, hacia el laburante o el estudiante. Tenían el cartel del aparato, eran de “La Orga” con mayúscula y con eso bastaba para ser importantes” Cuanto más se hacían populacheros y más hablaban de proletarización[2], más actuaban como jefes separados de las bases. Con los de arriba eran totalmente diferentes siempre “dialogaban”, siempre andaban en conciliábulos. Pero a los pichis los despreciaban y usaban, no les interesaba lo que pensaban solo quería utilizarlos como periféricos, como fuerza de apoyo…, todo, absolutamente todo en función del aparato… Por eso no leían, no se formaban, solo estaban para “la concreta”; con decirte que la teoría era considerada una desviación microfraccionalista.
Por eso mientras los pichis luchaban a brazo partido contra los fachos y los burócratas ellos eran amigos de estos últimos. Con los bolches por ejemplo que los laburantes tenían que enfrentar en los sindicatos, en la calle, dado que eran una fuerza represiva brutal contra los intereses del pueblo, ellos siempre estaban dialogando y después te enterabas que los habían ayudado con locales, con armas. También se escondían en sus casas y hacían grandes comilonas.
Toda la mística de la Orga era empleada para silenciar la crítica de los bolches diciendo que ese no era el método, que lo mejor era ignorarlos y desarrollar la Orga. Bastaba con la mención de “la Orga” para que todo el mundo debiera ponerse boca abajo, era lo sagrado, era la mística misma. En concreto solo les interesaba reclutar para el aparato y en la lucha de todos los días ayudaban a los bolches a parar el movimiento. Según ellos lo que importaba no era el movimiento social sino la Orga. Ojo, incluso cuando declaraban ir a las masas hacían exactamente lo mismo: buscaban apoyo, logística, periferia…, pero en vez de aportar fuerzas en el combate contra la burocracia sacaban esa fuerza hacia el aparato.
En la cárcel con sus acuerdos con los milicos, lo que hicieron los de la dirección, fue más de lo mismo. Siguieron con el reformismo y se plegaron al reformismo de los milicos, pero sobretodo actuaban como oficiales, hablaban con ellos, tomaban con ellos, como siempre habían hecho con los dirigentes burgueses del país. Sí, es verdad, a muchos dirigentes del MLN los molieron a palos como a los otros presos, pero ellos siempre fueron como otra clase social dentro de la cárcel.
Tenían toda una estructura de hombres de confianza y de fagineros que alcahueteaban todo, controlaban todo y vigilaban todo. De más está decir que como esa estructura colaboraba con los milicos, de lo que se enteraban ellos se enteraban los milicos y si te agarraban en todo lo que estaba prohibido…temprano o tarde te caía una sanción o una miliqueada, un interrogatorio…
No, no todos fueron así hubo en todos los cuarteles, planchadas, barracas…compañeros tupas consecuentes, que no alcahueteaban, que no te denunciaban, pero fueron los menos. La estructura misma oficial laburaba con los milicos y miraba a los pichis desde arriba… El MAU MAU lo ha dejado clarito…, estaban los comandantes y luego estábamos los pichis…, los comandantes se arreglaban entre ellos…, los pichis fue diferente”.
Joaquín
Es un buen aporte a la discusión. Lo primero que debiera decirse siempre es eso “NO, los Tupamaros no fueron una expresión radical, en el sentido primero de la palabra, de ir a la raíz del asunto: la destrucción de la sociedad capitalista”. En la teoría y en el programa fueron vulgares reformistas socialdemócratas.
Pero eso no logra explicar bien el proceso en su globalidad. Porque no explica porqué fueron los Tupamaros los que más reclutaron proletarios en lucha y fueron tan importantes en conducir el proletariado a la ruina. Justamente, si hablamos obligadamente tanto de los Tupamaros, no fue por su protagonismo clasista como organización, sino por el contrario, porque terminaron encuadrando la lucha revolucionaria del proletariado, para encaramarse ellos en el Estado. En cambio, si hablásemos de ruptura proletaria y de afirmación revolucionaria en el Uruguay (¡por algo hoy se ha olvidado todo eso!), tampoco hablaríamos de otras organizaciones como el OPR (¡aunque sí tuvieron un programa más radical!), sino más bien de un conjunto muy grande de agrupaciones informales como la Tendencia Revolucionaria, el FER, comités barriales, “el nocturno del IAVA”, gremios combativos como los cañeros, FUNSA, Bancarios, algunas fábricas ocupadas (Bao, Tem, Decovic, Galileo…), los becarios universitarios, etc. Es en esas estructuras informales adonde más se avanzó teórica y prácticamente en una concepción realmente revolucionaria, que realmente luchaba por destruir el capital.
Pienso que, objetivamente y a nivel internacional, se fue confundiendo cada vez más radicalidad con violencia, revolución con “lucha armada”; cuando en realidad en el mundo entero ya habíamos asistido, y seguíamos asistiendo, a que la socialdemocracia leninista se armase, que el reformismo armado se impusiese en el poder y se mostrase como la mayor potencia contrarrevolucionaria de la historia.
Como prueba viviente de todo eso, teníamos, ante nuestros ojos el resultado efectivo del nacionalismo burgués, las consecuencias reales de la tan cacareada liberación nacional. Cuando el proletariado en el Cono Sur y el Uruguay comienza su fase más radical en la década del 60, ya la “liberación nacional”, ahí adonde había ganado, había mostrado su carácter contrarrevolucionario, como en Asia o el Norte de África, liquidando toda referencia clara a la destrucción de la sociedad mercantil, alineándose en la guerra imperialista.
Solo algunas minorías denunciaban la contrarrevolución en Rusia o China, todos los regímenes “nacionalistas”, desde Egipto a Argelia, desde Camboya a Vietnam, se concentraban en el crecimiento del capital nacional y se aliaban con una u otra burguesía imperialista, Rusa, China… El “tercerismo” de Perón o Stroessner se había hecho mucho más “pragmático”, gracias a Mao Tse Tung o el albanes Enver Hoxha, pero su preocupación central seguía siendo aumentar más la cantidad (tiempo e intensidad) de trabajo de la nación, y por lo tanto la explotación capitalista. Su programa siempre es la toma del poder y el progreso en base a reformas del capital. ¡Y ese reformismo leninista termina siempre en el terrorismo de Estado!
Sin embargo, Cuba y el Che Guevara, en plena ola revolucionaria internacional que se fue afirmando en la década del 60, aparecieron como una opción muy diferente. Fue la época en que, hasta desde el Estado en Cuba, se denunciaba la línea contrarrevolucionaria de los PC del mundo, la infiltración policial junto con los PC locales (informe Raúl Castro), el papel imperialista de Rusia, etc.
También se hablaba del hombre nuevo, la supresión del dinero…y hasta se construyeron proyectos locales limitados en ese sentido. Guevara, que nunca se había distanciado mucho del estalinismo más brutal, se lo vio coqueteando con el trotskismo y se colocaba a la izquierda de Mandel y la Cuarta Internacional en las polémicas sobre la economía de la transición y la planificación. También se llegó a esbozar la crítica de los Frentes populares y de la liberación nacional, gracias al impulso revolucionario que había en la época. Se conformó la Tricontinental que llegó a presentarse como una continuidad con las Internacionales proletarias del pasado y como Partido de la Revolución mundial.
Pero como se sabe, no pasó de ahí, sino que eso se concluyó con una nueva oposición interimperialistas; en la que se realineó a todo eso de uno de los lados de la guerra imperialista y gradualmente se abandonó toda veleidad de destruir el trabajo asalariado. En la propia Cuba, se aceptó el mito leninista, de llamar “socialismo” al sistema generalizado de campos de concentración ruso. Se disciplinó a todo el mundo en el bloque Ruso y en el mito de la “izquierda”.
Ni el propio Guevara denunció el leninismo y sus campos de concentración, ni combatió los PC. A pesar de sus críticas sobre la “burocracia rusa” y la autonomía financiera de las empresas (plan Liberman), murió creyendo que algo de “socialistas” todavía tenían los bolches (¡hasta último momento creía que Monje y los PC lo ayudaría!) y que eran “compañeros”. En lo oficial, los cubanos se realinearon hacia Rusia y, por si quedaron dudas, el régimen cubano oficializó su alcahueterismo pro ruso condecorando con honores, no al guerrillero Raúl Sendic, sino al secretario general y oficial del PC uruguayo: Arismendi. Es decir, al único representante de un “PC” que no había aplaudido al “caballo desbocado” (Fidel), cuando éste se atrevió a denunciar la práctica contrarrevolucionaria de los PC de América y particularmente el PC venezolano. O sea a quien era el “mejor teórico” y representante oficial del PC ruso en la región. Desde entonces la sumisión al capital y al imperialismo (vía Rusia) fue total.
Es verdad que ni siquiera en ese cuarto de hora, pintado de “revolucionario”, el oficialismo Tupamaro se mostró radical. Al contrario, siguieron coqueteando con Arismendi, diciendo que “el partido nos salvó cuando mataron a Flores” y en otras ocasiones, que “son compañeros” aunque reformistas, lo que por otra parte todo se fue reduciendo a la crítica de los que “no aceptaban el método de la lucha armada”.
Mientras la juventud en lucha peleaba a brazo partido contra ellos y denunciaba en todas partes el papel contrarrevolucionario de los PC y de Rusia, los dirigentes Tupas se aguantaron en el molde.
Ni siquiera repercutían las críticas correctas que hacían otros sectores militantes, como Ariel Collazo que, independientemente de muchos otros problemas, no tuvo pelos en la lengua para hacerlo. Otro ejemplo fueron, en esos años, los materiales denunciando el carácter capitalista e imperialista de la URSS que hacía Abraham Guillen, para no hablar de los materiales de clase que denunciaban el terrorismo del Estado y el capitalismo ruso. Todo eso confluyó en publicaciones que dejaban claramente establecido que en Rusia no había socialismo, sino una sociedad de explotación del hombre por el hombre que además funcionaba imperialistamente, apropiando internacionalmente plusvalía en el intercambio comercial con los otros países que se decían “socialistas”. La oposición no podía ser más clara entre una tendencia revolucionaria y los reformistas.[3]
Me consta que ese impresionante movimiento de crítica social profunda del capitalismo que incluía Rusia y el imperialismo Ruso, que se fue generalizando en las luchas en todo el mundo y particularmente en el Cono Sur, penetró en todas las estructuras proletarias, en lucha, en el Uruguay, pero que siempre, desde arriba, vino una tendencia burocrática y paralizante de la misma: desde los sindicatos, desde los partidos, desde la CNT, desde la FEU, desde la dirección de las organizaciones guerrilleras. En los Tupamaros todo lo que venía de arriba paralizaba y reprimía ese avance crítico: en nombre de la acción, del “estilo tupa”, del fierro, de “La Orga”…., no se podía criticar a “los camaradas”.
Estoy de acuerdo con Joaquín en que con otros temas importantes para la revolución también sucedía lo mismo, como decían los viejos anarcos de los barrios obreros. “Los Tupas son conservadores, reaccionarios en lo social, en lo moral, en lo religioso”. Por oportunismo no critican la religión, ni la moral religiosa porque querían reclutar curas, pero a nosotros, que considerábamos que las “iglesias hay que quemarlas”, siempre nos pareció mal. Cuando toda la juventud criticaba la propiedad privada de la mujer, el machismo, el matrimonio y proclamaba el amor libre, ellos, como buenos oportunistas, se plegaron a la ola, que no podían frenar porque venía de la juventud, pero nunca desarrollaron esa tendencia ni criticaban la moral burguesa. Al contrario, había algunos que hasta defendían el casamiento, que compraban su casa, y se fabricaban un molde de buen ciudadano que iba a votar. ¡Sí, aunque hoy no se crea, incluso defendían el voto y las elecciones!
En esas cosas de la vida corriente, y no por su composición, sí se puede decir que los Tupamaros estaban dominados por lo pequeño burgués, por la oscilación permanente en todas las cuestiones sociales decisivas, es decir seguía prisioneros de la ideología y la moral burguesas. Para ellos, la revolución se reducía a “tomar el poder” y hacer algunas reformas, como las nacionalizaciones, las estatizaciones, la redistribución de la tierra y el ingreso. Es decir reducían la revolución a una cuestión de poder político y de distribución del producto, no cuestionando para nada el modo de producción generalizado de mercancías que subsumía todo.
Hoy, que nadie habla de revolución, es difícil entender una época en donde todos hablaban de “revolución”, incluidos los viejos líderes socialdemócratas y leninistas. Pero dejémoslo muy claro, la socialdemocracia y el leninismo llama revolución a controlar el poder político. Ese también era el horizonte de la mayoría de los dirigentes tupamaros. No veían un gran problema en el capitalismo mismo, sino en que no se progresaba y que no se repartían cosas. Por eso, su proyección no iba nunca más lejos que imaginar un cambio en el modo de distribución, dejando intacto el modo de producción mercantil. El movimiento revolucionario internacional se caracterizaba, entonces, por un cuestionamiento profundo de toda la sociedad mercantil, incluida la rusa, la china o la de Albania.
Hoy, con mayor claridad, debiéramos decir que la tendencia revolucionaria, que cuestionaba toda la vida social del capitalismo y proclamaba la necesidad de una revolución total, era reprimida por las viejas estructuras políticas y sindicales del Uruguay totalmente dominadas por el pensamiento socialdemócrata y leninista. Dentro de ese proceso, los Tupamaros y las otras organizaciones armadas expresaron una tendencia a la superación, que venía de lo más profundo de la crisis social y política internacional, pero que desde el inicio fue una tendencia reprimida por la concepción reformista que tenían sus dirigentes
En ese sentido, el aporte de Joaquín a las actuales discusiones es fundamental, porque toda esa ideología burguesa pesó decisivamente contra la afirmación de la tendencia revolucionaria y condujo al predominio de una concepción reformista armada, que llevó a la ruina a un pueblo. El foquismo, el militarismo y el populismo reformista y frenteamplista constituyó el enemigo más importante que tuvo la lucha autónoma del proletariado. Fue primero contra ese enemigo que el proletariado perdió la batalla, los milicos torturadores ejecutaron la sentencia de hacer desaparecer dicha clase de la escena histórica por muchas décadas
Es así que debe entenderse la palabra DERROTA, para poder retomar una perspectiva clasista y revolucionaria que destruya la sociedad mercantil que está destruyendo a la especie humana
Ricardo
[1] Para mantener la homogeneidad con otras contribuciones y subrayar en función de la totalidad me tomé la voluntad de agregar las negritas. Ricardo
[2] Quisiera subrayar que esto de la proletarización fue siempre así. Que desde que el “marxismo leninismo” oficial del partido ruso largó la proletarización fue un ataque en forma de los intereses del proletariado en todo el mundo. Dicho ataque (que se hizo en varias fases) significó en lo interno (en Rusia y territorios controlados directamente por el leninismo), un brutal aumento de la tasa de explotación capitalista (fue una campaña para aumentar el trabajo), del terrorismo de Estado (torturas, campos de concentración, asesinatos…), y en lo internacional, la prohibición de toda discusión sobre la línea oficial del partido “comunista” ruso en todos los países, con la consecuente represión de cuadros intermedios y liquidación física de proletarios combativos (nota de Ricardo)
[3] Cabe señalar que la claridad de esta contraposición social fue destruida en los años siguientes. La aparición del Frente Amplio tiene como efecto (deseado por la inteligencia y contrainsurgencia militar) la destrucción de la tendencia revolucionaria, así como la desorganización del FER original y de muchísimas expresiones clasistas de acción directa (ejemplo: comités de resistencia a la UTE) que van siendo cooptadas por las estructuras electorales, los comités frenteamplistas y el parlamentarismo