Así, con este adjetivo (entre otros despectivos), se calificaba en la dictadura a los simpatizantes de cualquier grupo que optase por cambiar el estado de cosas de un sistema abierto a la injusticia, al privilegio del poder, fiel mandadero de los intereses foráneos políticos y económicos. Simpatizantes y muy poca cosa más.
Yo fui un periférico o un loco suelto no alineado según lo que afirma alguien en Posta. Uno más que se comió un garrón por decisión de la cúpula revolucionaria colaboradora en el Batallón Florida.
Me apuntaron con fusiles mientras en pleno campo sembraba con mi tractor. Poco después entraba al cuartel, luego de una interminable noche de invierno con venda y ligaduras, bajo eucaliptos; preguntas e improperios cada tanto. Días más tarde, la farsa del presumario y del sumario frente a un "juez”, alto oficial de la fuerza aérea algo en pedo bebiendo whisky, vestido con vaquero y bragueta medio abierta (decían que era trolo), negando al “actuario” todo registro de mi propia defensa (sin abogado) con mis descargos, por “irrelevantes”.
Todo esto digo, fue el prólogo a la segunda instancia años después, la del supremo tinglado militar presidido por el abominable abogado y coronel Silva Ledesma. No hables, no digas nada, porque si te defendés te pueden triplicar la pena, me había dicho el abogado. Vaya esto solamente como una minucia a la mochila de la tutela armada. Tengo presente las barbaridades que sufrieron tantos y tantas por la causa, aquí y en todas partes del mundo.
Viene esto al caso de las polémicas sobre las causas de la derrota de la guerrilla tupamara a manos del ejército.
¿Del ejército? No solamente. Del ejército y de la indiferencia de la gente, tanto deliberada como de cobardía. Lo del “no te metás” define la actitud mental predominante en nuestro pueblo, individualista y cagón.
Peor en el interior, donde tu propio peón te denunciaba de comunista si le hablabas de justicia y lo tratabas dignamente. Era insostenible decir que habían miles de revolucionarios combatientes, como tan equivocadamente se sostenía; tal vez algunos pocos centenares con huevos y no muchas armas eficientes para el caso.
Además, muy próximos estaban los gorilas brasileros, fieles sustitutos del imperio; llegaba Pinochet, traidor, asesino y ladrón en el 73, y el gorilaje de enfrente a partir del 76. Sin militancia en fracción alguna, aunque con viva simpatía por quienes se jugaron y se jugaban la vida, la libertad y la propia familia, me desgañité gritando por todos lados que se las tomaran del país, desde el mismo momento en que se le dio carta blanca a los milicos para volcar su natural barbarie sobre todo lo que se movía.
Entendía al MLN como policlasista y antiimperialista; a la odisea socialista del Bebe como un hecho muy puntual y restringido a los peludos; al MLN además, como expresión popular por un país sin corrupción, sin sometimientos y libre de oligarcas; con una concepción de nuestro sistema capitalista permeable a transformaciones relevantes.
Pero la verdad es que no sabían ni saben lo que es realmente nuestro interior, base económica del país, ni cuál es la mentalidad del productor rural o el asalariado del campo, ni que es realmente el latifundio, el mal o buen productor, ni siquiera quienes estarían aptos para recibir tierras mal explotadas en cualquier rubro agrario.
El trabajo mayor de nuestra historia en la materia, el más realista, el más exhaustivo, el más factible de llevarse a cabo, fue desconocido o desdeñado como lo es hoy. Se trataba del conjunto de leyes conformando una profunda reforma agraria conciliando los intereses del país, su pasado y su mentalidad, la mayor justicia posible en la tenencia de la tierra, la eliminación gradual aunque urgente, del minifundio y del latifundio.
¿Cómo ignorar un trabajo tan importante, tan extenso y costoso, de mediados de los 60? Curioso es que se daba este hecho durante el gobierno de los pitucos de la Unión Blanca Democrática. Sectores de la derecha, si bien exaltan la figura de Wilson Ferreira por oportunismo, le sospechaban de revolucionario (casualmente, en ese tiempo, Luis de la Puente Uceda en Perú, elaboraba su reforma agraria)
Nuestra tozuda y errada izquierda, consideraba sin valor toda iniciativa proveniente de un valiosísimo elemento, mal llamado oligarca.
Nunca negué mi origen blanco, del que tampoco abjuraría, ni abjuraré. Una cosa es ser blanco y otra cosa es pertenecer a este entreguista partido nacional. Desde el momento en que Enrique Erro lo abandona, me desvinculé totalmente de lo que hoy es indiferenciado con el antiartiguista Partido Colorado.
Al final, lo es también el gobierno del F.A., un tremendo fraude que suma a su contenido colorado riverista y colorado batllista, la vil capacidad de traicionar al país, a su propio partido y a los que dejaron su vida en la lucha. Crimen que no se perdona y menos aun bajo la óptica revolucionaria.
Más de cinco años en cana (72-77) me dieron la oportunidad de convivir con gente de todas las clases sociales. Presos, de igual a igual. Aunque comprendo el ser suspecto para algunos debido a mi origen más o menos burgués y formación (dudar de todos en todo momento y en todo lugar), verdaderamente, apreciaba y admiraba a la mayoría. Allí, compañeros; y después también. Pero los que treparon posteriormente ante los halagos del poder y que no admiten crítica ni discusión cuando han puesto al país ahora en bancarrota al servicio del nuevo partido, del gran capital y mandato externo, no merecen sino el escarnio público y la más severa penalidad.
No solamente considero a los no alineados en materia ideológica con la posibilidad de participar en la creación de una patria grande, independiente de las políticas imperialistas, sino también a los que verdaderamente sienten la visión cristiana del mundo y de la propia existencia, sin que ello suponga pertenencia a cualquier iglesia que se llame cristiana. Vale el populismo de los hombres honestos.
A despecho de todo lo que se pueda criticar, es justo recordar al Papa Juan XXIII para el inicio del Concilio Ecuménico Vaticano II y continuada por Pablo VI. Permítaseme citar parte de lo que se expresa allí y lo que se condena relativo al respeto de la persona humana: todo lo que viola la integridad del individuo, como la mutilación, las torturas corporales o mentales, incluso los intentos de coacción espiritual; todo lo que ofende la dignidad, como las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, la deportación, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y la corrupción de menores; condiciones ignominiosas de trabajo en las que el obrero es tratado como un mero instrumento de ganancia y no como una persona libre y responsable: todo esto y otras ignominias semejantes son, ciertamente, crímenes en contradicción con la honra del Creador.
Digamos y aclaremos, que no fueron los curas reclutados solamente por el oportunismo del MLN sino por el profundo sentido cristiano del concilio; los que de una manera u otra repudiaron, como el suscrito, todo dogma religioso que ignore o vaya contra la naturaleza humana Y fue así en varios países de Latinoamérica.
La violencia contra la opresión es un derecho. Y hubieron curas mártires en la opción por los pobres, como Camilo Torres en Colombia, el Padre Mugica en Argentina, Romero en El Salvador, Bosco en Brasil, y otros en todos los tiempos históricos. El racionalismo izquierdista no puede ser ajeno a convicciones y sentimientos que tienen tanta fuerza como el corazón y la razón del por siempre vigente e inolvidable Ernesto Che Guevara.