Rolando Bel
SEGUNDA PARTE
Un análisis de la estructura social de Saint-Domingue
Para las vísperas del comienzo de la insurrección esclava la población de Saint-Domingue se calculaba en 530000 personas, de las cuales un poco más del 80 % eran esclavas, las libertas rondaban las 28000 y toda la población blanca era cercana a las 40000 personas. A continuación describiré las principales características de estos grupos sociales.
Los grands blancs o grandes plantadores blancos: este grupo estaba conformado por los funcionarios del gobierno francés y los dueños de las grandes plantaciones. Éstos eran la cúspide de la pirámide social de la colonia, también fueron conocidos como la burguesía colonial esclavista. Este grupo no tenía más de 5.000 a 8.000 integrantes, los más adinerados vivían gran parte del año, inclusive gran parte de sus vidas, en la metrópolis francesa. En París conformaban el exclusivo e influyente Club Massiac.
Los petits blancs o blancos pobres: este grupo estaba formado por blancos que no poseían tierras y que trabajaban en tareas comerciales y artesanales., aunque también incluía a soldados y tenderos Era un grupo muy conflictivo porque tenían fuertes recelos de los mulatos a quienes consideraban inferiores pero que muchas veces poseían fortunas muy superiores. Su número era de 35000 personas.
Los affranchi o mulatos: en su mayoría eran mulatos libertos, hijos de plantadores blancos y esclavas negras, aunque incluían a algún negro liberado. Su número era de aproximadamente 28000 personas Se encontraban muy influenciados por la vida, las costumbres y la cultura francesas. Algunos desempeñaban variadas profesiones y oficios como comerciantes, administradores, transportistas, etc.
Muchos de ellos eran dueños de tierras, inclusive de plantaciones esclavistas y poseían la cuarta parte de la tierra para 1789. Sin embargo, la administración colonial, ante la presión de la minoría blanca, había sancionado leyes que les impedían el ascenso social y político. Tenían vínculos con los liberales franceses, tanto que en París habían organizado la Sociedad de Amigos de los Negros, que en verdad defendía los intereses de los mulatos que deseaban adquirir una ciudadanía integral idéntica a la de los blancos.
Los esclavos: se calcula que su número era cercano al medio millón de personas, superando a los blancos en una proporción de más de 20 a 1. Cerca del 80 por ciento trabajaba en las plantaciones y tenían dos orígenes: los bozales, africanos que en su mayoría habían sido esclavizados de adolescentes, aculturados e instruidos para el trabajo de plantación; y los criollos, nacidos en la plantación de padres africanos.
No obstante, los orígenes de los africanos eran muy variados, ya que pertenecían a muy diversas etnias con costumbres y lenguajes muy diferentes. Esto contribuyó a la construcción de una cultura sincrética, con los diferentes aportes africanos y de la occidentalización impuesta por los plantadores franceses blancos. Tanto la lengua nacional (el créole) como la religión vudú expresan ese sincretismo.
Los cimaroons o negros cimarrones: quizás no tan significativos desde el aspecto cuantitativo ni desde lo económico pero sí desde lo político y simbólico. El término se aplicaba a los esclavos que huían de sus dueños y que muchas veces se refugiaban en las montañas, ya sea en forma solitaria o formando pequeñas comunidades.
Aún cuando su número permaneció limitado, su importancia fue fundamental, ya que estos fugitivos, rondaban las plantaciones para proveerse de víveres y alentando a los esclavos a rebelarse. El más ejemplo más notable fue el del africano Mackandal y sus brigadas que durante el período de 1751 a 1758, atacaron a las plantaciones, matando blancos y alentando a los negros a sublevarse. Finalmente fueron capturados y ejecutados, pero su memoria, y especialmente sus tácticas de resistencia guerrillera, ejercieron gran influencia en los hechos posteriores.
Para dimensionar los excelentes rindes de la colonia francesa basta mencionar un sólo dato: la utilidad anual promedio que generaba la producción azucarera de Saint-Domingue era del orden del 8 al 12 %, mientras que en Jamaica, la más productiva de las colonias inglesas, apenas llegaba a un 4 %. Herbert Klein señala que la colonia francesa, además de ser la mayor productora de azúcar de América estaba por convertirse en la mayor abastecedora de café del mundo.
“Las exportaciones sumaban dos tercios del valor total de las mercancías remitidas por las Indias Occidentales francesas, y en volumen superaban los envíos de las Antillas españolas e inglesas sumados. Más de 600 barcos por año llegaban a sus puertos para cargar azúcar, café, algodón, especias, añil y cacao destinados al mercado europeo”.i
Si bien la colonia era próspera y eficiente, la más rica del mundo y la que aportaba el principal ingreso externo a la nación francesa, ya comenzaban a vislumbrarse ciertos problemas de sustentabilidad, de acuerdo a los relatos de los viajeros extranjeros y administradores más agudos. En primer lugar, se preveía un agotamiento de la tierra debido a que tanto el añil como la caña de azúcar son cultivos que extraen muchos nutrientes del terreno de cultivo. Ya comenzaba disminuir el rendimiento productivo, de hecho la producción cafetalera había comenzado a tensionar la hegemonía del azúcar, sin que se estableciera ninguna medida de cuidado o regeneración. En segundo lugar, se percibía que la estructura social de la colonia era tan artificial como inmersa en profundas contradicciones sociales y raciales.
Algunas de las reflexiones de los críticos apuntaban al peligro que significaba la desproporcionada población esclava con relación a la considerada libre. Para comparar: en otro espacio antillano donde predominaba la gran plantación azucarera y esclavista como Cuba, la población esclava era del 36 % en el año 1846.ii Inclusive en la esclavista capitanía de Minas, en el Brasil colonial, la población esclava apenas superaba la mitad de la población total en el año1776.iii
Revolución social y guerra anticolonial (1791-1798)
La Revolución Francesa de 1789 tuvo un fuerte impacto sobre la sociedad racista y esclavista de la colonia. Inicialmente, la igualdad entre los hombres proclamada por la revolución no sólo no se aplicaba a los esclavos, sino tampoco a los mulatos ni a los negros libres. Las luchas internas entre monárquicos, girondinos y jacobinos y las guerras contra otras naciones se sumaron a las ya fuertes contradicciones de la sociedad colonial, aunque los sucesos externos impactaban en ella con cierto retraso debido a las demoras en las comunicaciones.
La primera tensión política evidente en la estructura local fue el conflicto entre los grandes propietarios y comerciantes de la colonia y los funcionarios de ésta. Los propietarios querían independizarse y los segundos continuar su vínculo con Francia. La Sociedad de Amigos de los Negros, que tuvo un importante papel en las discusiones sobre la abolición de la esclavitud, estaba formada por un grupo bastante heterogéneo de mulatos instruidos e influyentes, movidos por ideologías e intereses diferentes pero bien relacionados con los diversos grupos liberales de París. Si bien planteaban llevar la esclavitud a su fin, sus acciones políticas se orientaban más a lograr equiparar sus derechos con los de los ciudadanos blancos, beneficio que el Código Negro imperante en las colonias les negaba. Para ejemplificar: en 1790 la asamblea colonial de Saint-Domingue extendió los derechos políticos a los blancos pobres pero excluyen a los mulatos, evidenciando que la exclusión política se fundamentaba en la cuestión racial.
La acción de la Sociedad de Amigos de los Negros, tuvo una fuerte influencia en los acontecimientos de la colonia. Su acción causó temor y recelo entre los propietarios de esclavos, al tiempo que alentó las esperanzas de igualdad de mulatos y negros. Esos deseos de igualdad de los mulatos motivaron el primer intento de rebelión. Un grupo de los mismos, liderados por Vincent Ogé y Chavannes, a fines de octubre de 1790 se manifestó frente a la Asamblea de Port-au-Prince exigiendo iguales derechos para mulatos y negros. El reclamo fue duramente reprimido, incluso con una serie de ejecuciones.
Las tensiones surgieron también entre los petits blancs o patriotas y los grands blancs, ya que mientras los primeros se resistían al avance de los derechos de los mulatos e insistían en continuar su vinculación a la metrópolis; los segundos, en cambio, comenzaban a vislumbrar la posibilidad de una autonomía –o independencia al estilo de Estados Unidos-, que les permitiera mantener el sistema esclavista, la base de la economía latifundista de explotación.
Sin embargo, las principales tensiones se venían acumulando en la base de la sociedad colonial, ya que los esclavos y esclavas negras comenzaron a ser permeados por las ideas de igualdad, libertad e independencia que circulaban por las bocas de sus patrones y administradores blancos y mulatos. A la vez, los esclavos percibieron la fractura del bloque dominante: las tensiones entre metrópolis/colonia, plantadores blancos/blancos pobres y terratenientes/administradores coloniales.
Sin duda, fue la Gran Insurrección del Norte la que comenzó el proceso revolucionario y evidenció que sería imposible restituir el sistema esclavista, o al menos intentar hacerlo sin diezmar a las masas negras insurreccionadas.
En agosto de 1791 el sacerdote vudú Boukman convocó a una asamblea con 200 delegados de plantaciones norteñas, donde se coordinó la insurrección de los esclavos contra sus amos. A los pocos días, estalló la rebelión en la región norteña, donde predominaban las grandes plantaciones azucareras. En una gran movilización de masas, decenas de miles de esclavos se sublevaron, liderados por Boukman y exterminaron a la mayoría de la población blanca, destruyendo a las haciendas, los ingenios y a casi toda la infraestructura relacionada con el sistema esclavista. Inicialmente, la insurrección abarcó la parte central del Norte, alrededor del Cabo, con base en las parroquias de Limbé, Dondon y Ouanaminthe.
El ejército de esclavos insurrectos era superior a los 30000 combatientes, aunque no todos ingresaban al combate en forma simultánea. Si bien la rebelión fue reprimida, con la ejecución de su líder, la lucha continuó y comenzó a extenderse a las regiones Oeste y Sur. En estas regiones no se produjo una insurrección esclava generalizada pero sí luchas entre blancos (realistas/republicanos) y entre élites latifundistas (blanca/mulata). En poco tiempo, se impuso el grupo mulato de orientación republicana, que logró seducir y controlar a las masas negras e inclusive después de la abolición consiguió que gran parte de las mismas volvieran al trabajo en las plantaciones.
Mientras tanto, el gobierno metropolitano, ahora a cargo de los republicanos, intentaba dar respuesta a la conflictiva situación de la colonia. A comienzos de 1792 la Asamblea Nacional Francesa decidió otorgar la ciudadanía a los hombres libres de color, o sea a la población mulata, muy influyente en la región sur. Para aplicar esta y otras medidas envió a tres comisarios civiles, encabezados por el jacobino Léger-Félicité Sonthonax y acompañados de una fuerza de 6000 hombres.
La medida contó con la fuerte oposición de los pobladores blancos, tanto de los plantadores como de los más pobres. Para derrotarlos, el astuto Sonthonax movilizó a los mulatos y, con la ayuda de este grupo y de las tropas leales, logró controlar tanto a los blancos como a las masas esclavas.
Sin embargo, sucesos externos aumentarían las tensiones en la sociedad isleña, ya que en febrero de 1793 Francia declaró la guerra a Gran Bretaña y el rey Luis XVI fue ejecutado. Había comenzado el gobierno de la Primera República Francesa. Ambos hechos tuvieron un fuerte impacto en la colonia. Los plantadores y funcionarios realistas se sublevaron liderados por el general Galbaud, jefe de las fuerzas en Le Cap. Ante el peligro realista, Sonthonax, moviliza a la población mulata pero también a 10000 esclavos a los que otorgaría la libertad a condición de que integraran el ejército republicano.iv Como bien apunta Moya Pons, los franceses hubieran sido derrotados si el comisario civil (Sonthonax) no se hubiera excedido en sus poderes nominales, al liberar a las masas esclavas y movilizarlas ante el avance de los ejércitos enemigos.v Las tropas realistas fueron derrotadas pero la liberación de tan alto número de esclavos irritó a los mulatos, muchos de los cuales eran propietarios de estos trabajadores.
Ante esta situación, en vísperas de una inminente invasión por parte de los ingleses, el funcionario Sonthonax buscó ampliar el apoyo de las masas negras, para lo que el 29 de agosto de 1793 decretó la emancipación general de los esclavos en el norte de Saint-Domingue, medida que rápidamente se extendió a toda la colonia. Ante los hechos, el 4 de febrero de 1794 la Convención Nacional Francesa declaró abolida la esclavitud de los negros en todas las colonias francesas aunque, en la práctica sólo se liberaron las masas esclavas de la isla caribeña.
Otras potencias europeas colonialistas como Gran Bretaña y España observaban a la rica colonia de Saint-Domingue como un apetitoso botín además de la oportunidad de privar a la enemiga Francia de una de sus mayores fuentes de recursos. Los primeros enviaron en 1794 una poderosa expedición de decenas de miles que ocuparon Port-au-Prince y otros puntos costeros. España, por su parte, intentó ganarse el favor de los esclavos prometiéndoles la liberación, y atacó la colonia desde la parte oriental de la isla. Los principales dirigentes de la rebelión de esclavos pasaron a luchar por el bando español.
La dominación francesa de colonia estaba en su punto crítico, ya que esta se encontraba invadida por la Marina británica y por las tropas españolas a las que se habían unido numerosos pobladores franceses de orientación monárquica. Las fuerzas francesas fueron derrotadas en las ciudades costeras por los ingleses y en gran parte del interior por las tropas españolas.
Empero, la situación cambiaría de rumbo a mitad de ese año (1794), gracias al caudillo y militar negro Toussaint Louverture, quien hasta el momento luchaba para el bando español, pero que, ante la influencia de los comisarios y oficiales franceses, decidió cambiarse al bando francés.
El ejército que estaba a su mando, de carácter multirracial puesto que estaba conformado por soldados negros, mulatos e incluso algunos blancos, atacó a sus antiguos aliados y les arrebató una decena de ciudades. En un año, y gracias a su hábil manejo de la situación, rechazó a los españoles hasta la frontera oriental de la isla y consiguió derrotar a sus antiguos jefes, que habían permanecido leales a España.
La lucha contra los británicos resultó, sin embargo, más complicada. Toussaint no pudo echarlos ni del Norte ni del Oeste. En el Sur, el general mulato André Rigaud lograba contenerlos, pero no era capaz de rechazarlos. Gracias a las armas y pertrechos llegados con la comisión de Sonthonax y Laveaux en mayo de 1796, Louverture, que contaba con un ejército de 51000 soldados, entre ellos 3000 blancos, reemprendió la lucha contra los británicos y obtuvo diversas victorias, aunque ninguna de ellas decisiva.
Las tropas inglesas, debilitadas ante la resistencia de los lugareños y por las enfermedades tropicales que le habían ocasionado numerosas bajas, (cerca de 25000 soldados) y ante la amenaza de un contraataque de Toussaint en Jamaica, decidieron negociar. El conflicto concluyó cuando a fines de agosto de 1798, los británicos, a cambio de concesiones comerciales prometidas por el gobierno de Louverture, se retiraron de la isla.
En los años posteriores se percibe claramente el enfrentamiento entre las élites locales que participaron en la lucha anticolonial. Por un lado, la rama mulata, integrada en gran medida por los affranchi, muchos de ellos propietarios en la región sureña y en menor medida en el oeste. Por lo general, eran instruidos, y partidarios del republicanismo francés, por ejemplo André Rigaud y Alejandro Sabés (Pètion). Si bien tenían conocimientos políticos y experiencia militar, respondían a una clara política y estrategia de los intereses de los propietarios agrícolas sureños, aunque muchos de estos sólo poseían fincas pequeñas y medianas.
La otra rama conocida como negra estaba integrada por ex –esclavos “negros de talento”, dotados de inteligencia y gran iniciativa como Toussaint Louverture, Dessalines e incluso Henri Christhope. Su ascenso se debía tanto a su talento y capacidad como a su audacia en el plano militar y político, logrando imponerse a las masas inorgánicas. En general, los integrantes de las dos ramas fueron excelentes administradores y organizadores de la producción, tanto que Joachim Benoit considera que formaron una verdadera aristocracia. Para ambos grupos la independencia presuponía sustituir la dominación francesa por la propia.vi
Expresión de este conflicto entre las dos ramas es la denominada Guerra de los Cuchillos, acontecida entre junio de 1799 y marzo de 1800. Se trata de una revuelta de los generales negros: Toussaint Louverture y los generales Jean-Jacques Dessalines y Henri Christophe, contra los generales mulatos como André Rigaud y Alexander Pètion, entre otros. Estos últimos fueron derrotados y, con otros dirigentes mulatos, se exiliaron a Francia.
Los generales negros y mulatos y las masas insurrectas habían logrado abolir la esclavitud, extender los derechos de los ciudadanos en forma universal y alcanzar una independencia de facto, pero se encontraban con un país destruido en el sistema económico y productivo y que a la vez estaba aislado comercial y diplomáticamente del contexto mundial.
A continuación analizaremos el proyecto económico que Toussaint Louverture intentó implementar para reconstruir y reactivar la economía nacional, si bien es pertinente apuntar que este experimento sólo duró un año y medio en el sur, y un lustro en las zonas norte y oeste. El caudillo gobernante consideraba a la agricultura como base de la vida nacional y deseaba que la isla recuperara su supremacía como la mayor exportadora azucarera del mundo. Concebía a la producción agropecuaria con un carácter latifundista y basada en el trabajo disciplinado e intensivo de importantes colectivos humanos, por lo que intentaría establecer un sistema de gran propiedad, inclusive restituyendo propiedades a plantadores blancos, no tanto así a los mulatos y obligando a trabajadores negros a volver a las plantaciones, aunque no como esclavos sino como asalariados. De hecho, se había establecido una alianza entre los terratenientes blancos y los nuevos terratenientes negros.
Otra medida que apuntaba a consolidar la propiedad latifundiaria consistía en impedir la venta de propiedades menores a 50 carreaux (56,5 hectáreas) y obligan a los trabajadores dispersos o fugados a volver a las haciendas.vii Se establece un dispositivo laboral de caporalismo agrario,viii donde a los trabajadores de las haciendas, que ya eran libertos conocidos como cultivateurs (cultivadores) y, se les prohibían el libre desplazamiento, el vagabundeo, las costumbres incivilizadas y se los sometía a un fuerte control en las haciendas a través de un sistema militarizado.
Muchas de estas normativas, junto con el pensamiento político de Louverture se expresan en el Reglamento publicado el 12 de octubre de 1800. En el mismo se establecía el culto a la producción agrícola como fundamento de toda riqueza y se expresaba que la libertad debía ser unida al trabajo intensivo para asegurar el bien público. Se organizaba a los trabajadores en forma militar, exigiéndoles obediencia jerárquica. Se perseguía a los desertores y ociosos.
Tanto la reconstrucción económica (plantaciones, infraestructura de transporte, ingenios, etc.) como el desarrollo y producción agrícola recaía sobre los Inspectores Agrícolas, que por lo general eran militares.
Además, se mantenía el sistema de reparto de ganancias establecido por Sonthonax que consistía en repartir la producción de la siguiente manera: un cuarto para el Tesoro Público, un cuarto para el propietario, un cuarto para el arrendatario y el cuarto restante para los trabajadores campesinos. En la práctica, al implementarse estas medidas, los agricultores que legalmente eran libres pasaron a un sistema de trabajo coactivo, que mezclaba elementos feudales, militares y paternalistas.ix
Con estas medidas, el gobierno logró ciertos éxitos en la reconstrucción de la economía exportadora, más allá de una importante sangría humana que constituían los campesinos que se fugaban hacia las zonas montañosas, para engrosar las comunidades cimarronas. El nuevo gobierno, si bien no pudo recuperar la producción del añil y del azúcar a los estándares pre-insurrecionales, sí logró que aumentara la producción cafetalera.
Sin embargo, fue en los aspectos políticos y sociales donde la reconstrucción louvertiana encontró más resistencias, que iban desde los desposeídos productores mulatos del sur hasta los descontentos esclavos del norte, que se indignaban al volver al trabajo forzado en las plantaciones. En poco tiempo, acontecería una rebelión de negros del Norte que fue duramente reprimida por el gobierno.
A principios de 1801, el gobierno de Louverture invadió la parte española de la isla, que en 1795 había sido cedida a Francia por el Tratado de Basilea, aunque en la práctica la administración francesa era casi inexistente. El Oriente isleño es anexado, con escasa resistencia de las comunidades locales.
A continuación, el gobierno haitiano tomó algunas medidas de carácter económico-social como la de liberar a los esclavos, aunque debían seguir trabajando en las haciendas y la de fomentar el cultivo de productos exportables (caña, café, algodón y cacao) en desmedro de la tradicional producción dominicana consistente en la ganadería hatera y en el corte de caoba.x
En mayo del mismo año, se propuso un Proyecto de Constitución por la cual la colonia, aún proclamándose parte integral de Francia, tendría un gobierno que gozaría de una enorme autonomía y otorgándose a sí mismo el gobierno vitalicio.
Las medidas represivas del gobierno, más otras como las gestiones para que regresen los blancos huidos, en muchos casos odiados plantadores esclavistas, debilitaron el apoyo de la población negra y mulata al régimen de Louverture.
Esta situación facilitó la posterior invasión francesa, ya que el gobierno de Napoleón Bonaparte rechazó el proyecto de constitución del gobierno isleño y decidió enviar una fuerte expedición militar para reconquistar la isla y a la vez restablecer al sistema esclavista.