Envíopost@ nº 614

KIMAL AMIR : La asunción de Mujica es también el inicio de la caída electoral de los Tupamaros

 “proyecto MLN quedó enterrado por la historia y por la democracia” dijo  el ex guerrillero y actual dirigente colorado   

 

entrevista de Daniel Lema

Pocas semanas atrás Kimal Amir, un licenciado en Ciencias de la Educación y Lenguas en la Universidad de Lyon II (Francia) de 71 años, se llevó una gran sorpresa: el sector que integra, Propuesta Batllista, le planteó que encabece la comisión sobre “Concepciones ideológicas globales.

La democracia, el republicanismo y el liberalismo como pilares del Partido Colorado del siglo XXI”, que generará insumos para el congreso ideológico que su colectividad desarrollará a fines de año. Según él, este es uno de los “desafíos más serios e importantes” de su vida, y el congreso servirá para abrir el Partido Colorado a la ciudadanía.

Amir tiene un pasado de izquierda. Militó en el Partido Comunista (PCU) y, en especial, en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) cuando era guerrilla.

Si bien nunca participó de una acción directa de esta organización, sí fue parte del trabajo de “apoyo a la acción guerrillera”.

Pero tras alejarse del MLN-T por “profundas discrepancias”, la dirección de la organización calificó a un grupo de militantes, entre los que se encontraba Amir, como “traidores” y los condenó a muerte (Búsqueda Nº 1.255).

El dirigente colorado dijo que hace varios años vislumbró que Mujica podía ser presidente. Sin embargo, sostuvo que el mismo acto de llegada del MLN-T al poder significa también el inicio de su caída electoral, dado que haber logrado la victoria por la vía democrática significa, para el sector de Mujica, la “derrota de su proyecto político-militar”. Esa situación es un ejemplo de lo que según Amir es el cierre de un ciclo que comenzó en la década de 1960.

A continuación un resumen de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.

—¿Qué hace usted actualmente en el Partido Colorado? ¿Cómo se vinculó?

—Yo estaba en la lista 99, en el Partido por el Gobierno del Pueblo, tuve algunas responsabilidades. Después nos integramos al Partido Colorado, constituimos una agrupación con Samuel Lichtensztejn, Apertura, y luego hicimos un acuerdo para conformar la Tercera Vía con Ope Pasquet y Julio Herrera.

Después, en las elecciones internas de 2009, proclamamos a Daniel Lamas con Renovación y Cambio y luego hicimos un acuerdo con Propuesta Batllista donde tuvimos una gran apertura de los dirigentes (José) Amorín y (Tabaré) Viera. Y para mi sorpresa me proponen de presidente de la Comisión sobre el marco ideológico, lo que es una satisfacción y un reconocimiento.

Es una responsabilidad enorme y en ese sentido quizás uno de los desafíos más serios y más importantes de mi vida militante y en ese sentido lo asumo. Entendí que el Partido Colorado requiere del esfuerzo, del aporte, del apoyo de todos.

—¿Ya pensó lo que puede aportar a esa comisión?

—Más que lo que yo pueda aportar como tal desde el punto de vista conceptual y teórico, mi tarea es promover un gran trabajo, fértil, fecundo, propiciar la más amplia participación. Es una oportunidad magnífica para abrir al partido hacia la opinión de toda la gente. Este congreso ideológico será un aporte enorme.

En la comisión que me toca coordinar, la idea que hay hoy de republicanismo no es la misma que en la época de Batlle, lo mismo que el liberalismo, lo mismo sobre la democracia.

—Algunos dirigentes han planteado que no es tan necesario hacer un debate ideológico porque las ideas básicas están firmes en el Partido Colorado

—Una de las grandes virtudes de Batlle fue no quedarse en los límites de la territorialidad del Uruguay naciente. Creo que estamos asistiendo al cierre del ciclo de los 60. No llegamos solo por la edad de los protagonistas de esa época: lo veo desde el punto de vista del pensamiento, de la idea.

En ese momento el Uruguay no miraba demasiado lejos, lo hacía dentro de los cánones de aquel esquema de sustitución de importaciones. Luego hubo un fuerte resurgimiento del Batllismo a la salida de la dictadura, y los principales líderes, Batlle y Sanguinetti, estuvieron a la cabeza, dentro del sistema político, de ver qué estaba pasando en el mundo y trataron de sacar la mirada hacia adentro. A esa tarea se abocaron con suerte diversa porque no jugaron solos.

Trato de aportar a la renovación de un partido histórico en el sentido de que cada vez más sea un partido de hombres y mujeres libres.

—Usted, además de militar en el MLN, también integró antes el PCU. ¿Qué encontró en el Partido Colorado?

—Yo no rompí un día con el MLN y al día siguiente entré al Partido Colorado.

Yo rompí con el MLN hace 35 años. En el exilio hice una reflexión con compañeros muy crítica, muy profunda. Milité en partidos socialistas en Europa, asistí a los grandes debates en Francia. Conversamos con teóricos que rompían con el marxismo. Pero además de eso, con este grupo de compañeros tomamos la decisión de estudiar a los uruguayos. Era muy fuerte lo que yo sentía por el Batllismo y cuando llego al Partido Colorado llego con muchos años de militancia en el PGP.

Yo al Partido Colorado lo veo con una gran apertura, con voluntad de transformación, de adecuarse a los tiempos que vivimos mirando hacia atrás para sacar enseñanzas pero fundamentalmente pensando en el futuro.

—Dice que se está cerrando el ciclo de los 60; ¿pone dentro de eso como hecho clave que Mujica sea presidente? ¿Se lo imaginaba presidente?

—Me lo imaginé a partir de determinado momento. Después que Evo Morales fue electo presidente de Bolivia (en 2005), yo estaba una mañana tomando mate con mi señora y le dije: creo que el Pepe puede ser presidente.

No se lo dije en sentido peyorativo sino político. Algo fuerte está cambiando en América Latina, en algunos países en un sentido del que soy muy crítico. No me gusta el populismo. En el Uruguay pesan mucho los líderes, los grandes líderes. Me acuerdo que una vez, conversando con Hugo (Batalla) a propósito de la muerte de Wilson (Ferreira Aldunate), me dijo: ‘Mirá, los líderes cuando son realmente líderes no están muertos ni después de muertos’.

A eso me refiero. Creo que Mujica tiene esa característica que es innata. Tiene una facilidad de comunicarse con la gente, por lo menos con cierto sector de la sociedad.

—¿Y por qué es clave para el cierre del ciclo de los 60?

—Por lo menos por dos motivos: la edad del protagonista y la capacidad de liderazgo. Una vez que Mujica ya no cumpla con el papel primordial, que pase a un segundo plano, toda aquella gente que era atraída por su carisma ya no va a tener en quién depositarlo, él no tiene un clon.

Y fíjese lo importante que significa que el actual gobierno, además de ser del FA, a diferencia del presidido por Tabaré Vázquez, este es dirigido, presidido, comandado desde el Poder Ejecutivo por uno de los más emblemáticos líderes de dicho movimiento.

Pienso que no es demasiado peregrino pensar que, una vez pasado Mujica a un segundo plano luego de cumplir su mandato presidencial, difícilmente el MLN-T vuelva a tener esta hegemonía aún en un eventual nuevo período de gobierno frenteamplista. Entonces, además de lo paradojal que sería que luego de 50 años el MLN logra llegar a la cúspide del gobierno y en ese mismo hecho, en ese mismo logro, entrara en la parte descendente de la curva en su apoyo electoral, ocurre que en ese mismo hecho —lograr conquistar el poder— se explicita, se evidencia de manera exultante, la más plena derrota de su proyecto político-militar originario a manos de la más plena victoria de la democracia republicana, puesto que el logro del gobierno fue posible obtenerlo solamente abandonando su proyecto originario y entrando a las leyes de juego de la democracia y las instituciones republicanas que el país construyó a lo largo de casi dos siglos y contra las cuales fundó su razón de ser el MLN-T.

Por último, otro elemento coadyuvante al cierre del ciclo de los 60: ahora todos los grandes partidos han alternado en el ejercicio del gobierno, a través del voto ciudadano. Ya no hay más mitos, solo quedan realidades. 

—¿Y cómo ve la gestión de Mujica?

—Lo respeto mucho como persona, como militante. Creo que el gran debe de Mujica es el hacer. Me parece que tiene un desafío muy grande.

Está librando una batalla que se le puede llamar cultural, político-ideológica, hacia dentro del Frente y en gran medida hacia dentro de su propio grupo. Eso me parece positivo.

Es un rol que solo él puede jugar. Eso nos lleva a algo muy importante: sistemáticamente él se ha encontrado en la alternativa de que si quiere sacar adelante las grandes cosas que se plantea para el país tiene que convocar a los partidos de la oposición. Por otro lado está la fuerza política que se debe a sí misma un gran debate para definirse qué camino recorrer: es el camino de la socialdemocracia o es el camino predominante hacia el socialismo tal como se lo pensó en la izquierda históricamente.

—Hace siete años, en el libro “El cielo por asalto” de Heber Gatto, usted dijo que junto con otros compañeros fueron “declarados traidores y condenados a muerte” en 1975. ¿Desde la publicación del libro hasta hoy trató el tema con alguno de los referentes del MLN? ¿Alguien le dio una explicación?

—No. Me he encontrado sí con compañeros que militan o que militaban, tampoco les pregunto, en alguna circunstancia.

En velorios, el entierro de algún viejo amigo, o en el sindicato (bancario) cuando voy a votar. Allí alguna cosa hemos intercambiado. Lo que sale con ellos es el afecto.

Yo no sé si compañeros del MLN están convencidos de algo que nosotros sí estamos convencidos: cuando paramos la lucha armada en Argentina no solo evitamos un río de sangre y seguir mandando gente al despeñadero; creo que lo que evitamos fue seguir dándole pretexto a la dictadura.

 

Edición Nro. 1625 /25 de agosto de 2011