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Trabajo Concreto y Trabajo Abstracto (1)

Rolando Astarita [Blog]

Días atrás un lector del blog escribió –en la sección Comentarios- que el valor no es producto del trabajo abstracto o concreto, sino del trabajo “en acto”, ya que la distinción entre los dos aspectos del trabajo, que realiza Marx, sería solo analítica. Planteó también que no encuentra que en El Capital se afirme que el trabajo abstracto solo exista en el modo de producción capitalista; ni que Marx distinga empíricamente trabajo abstracto de trabajo concreto.

Aprovecho entonces ese comentario para analizar, en lo que sigue, algunas cuestiones referidas a la distinción trabajo abstracto / trabajo concreto. El tema tiene indudable importancia para la comprensión de la crítica a la economía burguesa. El propio Marx decía que uno de los dos “mejores puntos” de El Capital era haber puesto de relieve el doble carácter del trabajo, y que “toda la comprensión de los hechos depende de esto” (carta a Engels, 24 de agosto de 1867, énfasis agregado; el otro “mejor punto” era el tratamiento de la plusvalía independientemente de sus formas particulares, ganancia, interés, renta). Aunque no siempre queda claro, para quienes hacen una primera lectura de El Capital, el porqué de la importancia de distinguir entre trabajo abstracto y concreto. A fin de analizar la cuestión, comenzamos con las nociones básicas de trabajo concreto y abstracto. Dada la extensión de la nota, la he dividido en partes.

Trabajo concreto y abstracto, nociones básicas

La distinción entre trabajo concreto y abstracto, que realiza Marx en el primer capítulo de El Capital, está orgánicamente vinculada a la distinción entre valor de uso y valor.

Tengamos presente que el requisito para que haya valor es que la mercancía tenga valor de uso. Y debido a que los valores de uso son distintos y específicos, los trabajos,en tanto productores de valores de uso, también deben ser específicos, cualitativamente distintos. Por eso también, como creadores de valor de uso, los trabajos son independientes de toda formación social. Es una condición de la existencia humana que los seres humanos produzcan bienes de uso. Pueden cambiar las formas sociales (esto es, las relaciones sociales) bajo las que producen, pero no el hecho de que siempre hubo que producir valores uso.

Con el trabajo, en tanto trabajo concreto, útil, se generan los bienes que componen la riqueza material (trigo, acero, computadoras, aviones, etcétera). Precisemos que por concreto Marx (también Hegel) entiende la reunión de lo múltiple (por eso se opone aabstracto). El trabajo, en tanto productor de valores de uso, es concreto porque para producir esos valores de uso específicos es necesario reunir herramientas, materia prima y habilidades específicas, determinadas. A su vez, los distintos trabajos determinan una división social del trabajo, lo cual es condición para que exista producción de mercancías (aunque, a la inversa, puede existir división social del trabajo sin producción de mercancías)

Por otra parte, el trabajo abstracto se vincula orgánicamente con el valor. La razón es sencilla, y se entiende apenas se analiza el intercambio entre mercancías que son reproducibles mediante trabajo: si digo, por ejemplo, que x cantidad de trigo = cantidad de tela, la ecuación está denotando que existe algo común al trigo y la tela, que hace posible la comparación. Esta propiedad común, dice Marx, no puede ser una propiedad física de las mercancías; la propiedad física se relaciona con los valores de uso, y estos son cualitativamente distintos, y por lo tanto incomparables desde lo cuantitativo. Si se pone entonces de lado el valor de uso, la propiedad que queda es que las mercancías son productos del trabajo.

Sin embargo, los trabajos en tanto trabajos útiles, concretos, son todos distintos. Ahora, si hacemos abstracción del carácter determinado, específico, del trabajo en tanto productor de valor de uso, nos queda que todos los trabajos son “gasto productivo del cerebro, músculo, nervio, mano, etcétera, humanos, y en este sentido uno y otro son trabajo humano” (Marx, 1999, t. 1, p. 54). Se trata de diversas formas de gastar fuerza humana de trabajo. El valor entonces representa gasto humano puro y simple, gasto de trabajo humano en general.

El gasto humano de energía es el contenido cualitativo que determina el valor; de la misma manera, lo que sirve de fundamento para determinar la cantidad de valor es la duración de ese gasto de energía, de trabajo humano general (véase ibíd., p. 87). Por lo tanto, así como cuando consideramos los valores de las mercancías hacemos abstracción de sus valores de uso, cuando consideramos los trabajos representados en esos valores hacemos abstracción de las formas útiles de esos trabajos. En otros términos, los valores de las mercancías son solo “gelatina homogénea de trabajo”, y los trabajos que los determinan solo valen en tanto gastos humanos de energía.

De lo que hemos explicado en el párrafo anterior no debería deducirse que sea suficiente con que exista trabajo, gasto humano de energía, para que exista valor. Por empezar, el trabajo empleado en la producción de la mercancía debe ser el socialmente necesario. “El tiempo de trabajo socialmente necesario es el requerido para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e intensidad del trabajo” (ibíd., p. 48). Si el productor de A emplea 10 veces más del tiempo de trabajo  que emplean el resto de los productores de la rama, no habrá generado por ello 10 veces más de valor.

Por otra parte, la producción debe realizarse en una proporción que tal que pueda ser absorbida por el mercado; si la excede, por ejemplo, se habrá gastado más del tiempo de trabajo socialmente necesario (véase ibíd., t. 1, cap. 3).

Pero además, en la sociedad mercantil los productores recién entran en contacto social cuando intercambian sus productos, y es solo entonces cuando los “atributos específicamente sociales de esos trabajos privados” se manifiestan (ibíd., p. 89).

Solo en el momento de la venta –“el salto mortal de la mercancía”- el productor sabrá si su trabajo privado es sancionado como trabajo socialmente necesario, y por lo tanto, como trabajo que ha generado valor. Y es a través de la venta que el gasto humano de trabajo se objetiva como valor: “La fuerza de trabajo humana en estado líquido, o el trabajo humano, crea valor, pero no es valor. Se convierte en valor al solidificarse, al pasar a la forma objetiva” (ibíd., p. 63).

En otros términos, a través de la venta de la mercancía el trabajo abstracto, esto es, el trabajo considerado como puro gasto de energía, se “solidifica” convirtiéndose en valor. A su vez, al igualar la mercancía A, en cuanto cosa que es valor, con B, los respectivos trabajos útiles de A y B se reducen, de hecho, “a su carácter común de trabajo humano”, a trabajo abstractamente humano (ibíd., p. 62). Solo a través de esa expresión de equivalencia (A vale B), sale a la luz la particularidad del trabajo en cuanto formador de valor, y los trabajos heterogéneos se reducen a trabajo humano en general.

De manera que el trabajo abstracto, en tanto contenido del valor, solo se objetiva como tal cuando la mercancía pasa, a través de la venta, a la forma equivalente, que en su forma desarrollada es el dinero. Es que la mercancía puede haber llegado al mercado con un precio tentativo, pero si por alguna razón no puede venderse, o debe venderse a un precio muy bajo, el trabajo empleado no se plasmará como valor (y se hablará de la “desvalorización” de las mercancías).

En otros términos, la forma del valor es esencial para que el trabajo “en general” cuente en tanto formador del valor, ya que a través de esa forma los distintos trabajos se reducen a sustancia común. Por eso, si consideramos al dinero, este, en tanto encarnación de tiempo de trabajo, no expresa el trabajo particular del panadero o del tornero, etcétera, sino el trabajo en general, abstraído de sus particularidades, esto es, en tanto gasto humano de energía.

En resumen, en lo que se refiere al valor de uso, el trabajo solo cuenta cualitativamente; pero en lo que se refiere al valor, importa el cuánto. En la Contribución a la crítica de la Economía Política, Marx escribe: “Mientras el trabajo que crea valor de cambio es trabajo abstractamente general e igual, el trabajo que crea valor de uso es trabajo concreto y particular, el cual, de acuerdo a la forma y el material, se divide en modos de trabajo infinitamente diversos” (Marx, 1980, p. 19). Por eso puede aumentar la riqueza material y permanecer constante la magnitud del valor, o reducirse (ver aquí). “Este movimiento antitético deriva del carácter bifacético del trabajo” (Marx, 1999, t. 1, p. 56).

Enfaticemos que no se trata de dos trabajos, sino de dos aspectos contenidos en el trabajo. Son contradictorios, pero no en el sentido de la contradicción lógica, ya que el trabajo se distingue en sí mismo en tanto es trabajo que crea (al transformar la naturaleza) valores de uso, y en tanto es trabajo que genera valor. O sea, el trabajo abstracto se determina con respecto a la creación de valor y el trabajo concreto con respecto a la generación de valores de uso; y ambos están contenidos en una unidad.

Aclaración sobre el descubrimiento

En el capítulo 1 de El Capital, Marx sostuvo que él había sido el primero en analizar críticamente la distinción entre trabajo abstracto, y que en torno a este punto giraba toda la comprensión de la Economía Política. Pues bien, a partir de este pasaje, mucha gente se queda con la idea de que Marx habría sido el primero en distinguir entre ambos tipos de trabajo. Sin embargo, el propio Marx señaló que ya en el siglo XVIII los economistas ingleses habían llegado a la concepción de trabajo simple (unskilled labour), “el trabajo que puede efectuar cualquier individuo medio de una sociedad dada”, considerado como gasto de “músculo, nervio, cerebro humano” (Marx, 1980, p. 13).

Por caso, Adam Smith se refiere a la cantidad de trabajo “como una noción abstracta, que aun siendo bastante inteligible, no es tan natural y obvia” (Smith, 1987, p. 33). Pero más importante aún, Marx señala que James Steuart había distinguido entre trabajo abstracto y concreto: “Lo que distingue a Steuart de sus predecesores y de sus continuadores es su aguda distinción entre el trabajo específicamente social, que se manifiesta en el valor de cambio, y el trabajo real, que tiende a la obtención de valores de uso” (ibíd., p. 43). Por otra parte, lo que dice el pasaje de El Capital citado, es que fue el primero en “analizar críticamente” la diferencia entre trabajo abstracto y concreto. Es que la Economía Política nunca tuvo una clara conciencia de esa distinción y su significado (véase Marx, 1999, t. 1, pp. 97-98).

Más bien la utilizó “de forma natural”, ya que en algunos momentos consideró al trabajo en su aspecto cuantitativo y en otros desde el punto de vista cualitativo. Ricardo, en particular, “distingue pobremente el carácter bifacético del trabajo” (ibíd.). Teniendo esto en cuenta, sí se puede afirmar que Mar fue el primero que tuvo clara conciencia del doble carácter del trabajo y de su importancia para el análisis y la crítica de la sociedad capitalista.

Textos citados:
Marx, K. (1980): Contribución a la crítica de la Economía Política, México, Siglo XXI.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.