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Los jacobinos negros. El proceso de Independencia Haitiana (1789/ 1820)

Rolando Bel

TERCERA PARTE

[Continuamos aquí la difusión de este trabajo sobre la Revolución Haitiana, del historiador argentino Rolando Bel, que acaba de ser presentado por el autor. El interés que los lleva a darlo a conocer es que -en nuestra opinión- se trata de una muy buena síntesis pese a su brevedad (unas 10 mil palabras) que incluye varios aspectos descuidados en otros materiales más conocidos: las alternativas en modos de producción, la diferenciación social y contradicciones internas en bando haitiano, etc. Nuestra intención es conocer los temas, pensando que hay que conocer antes de opinar. Por ejemplo ¿cómo y por qué ocurrió esta revolución, y pudo triunfar, y cuáles fueron los límites de su triunfo, y qué de esos límites permanece hasta hoy?

Si da, luego de terminar con estas entregas agregaremos un breve comentario personal] FM

 

La guerra de independencia (1802-1803)

El cónsul Napoleón Bonaparte, gobernante de la metrópolis francesa, deseaba establecer un gran imperio colonial en América para lo cual se hizo ceder el enorme territorio de Luisiana por parte de España e intentó recuperar el control total de su principal colonia: Saint-Domingue. En enero de 1802, arribó a la colonia una fuerte expedición militar de 24000 hombres, al mando del general Charles Leclerc, cuñado de Napoleón. En la misma regresaban Rigaud y Pètion, los líderes mulatos expulsados por Louverture.

En un primer momento, los franceses consiguieron el acatamiento de una parte de los haitianos bajo falsas promesas de no reinstaurar la esclavitud y de respetar los grados militares de los haitianos. Controlaron también el este de La Española por un período de seis años hasta ser expulsados por un grupo de dominicanos quienes bajo el mando de Juan Sánchez Ramírez reincorporaron la parte oriental al dominio de España.

Toussaint Louverture, con parte del ejército haitiano, se replegó a zonas más recónditas y seguras, donde aplicó la táctica bélica de tierra quemada, consistente en arrasar los recursos e infraestructura básica. Además, firmó un pacto de amistad con Gran Bretaña. Mientras tanto, otro general negro, Henri Christophe incendió Le Cap ante la llegada de los invasores. Las ciudades de Port-de-Paix, Saint-Marc y Gonaïves corrieron igual suerte. A pesar de esto el ejército rebelde tuvo varios reveses: Toussaint fue vencido en Ravine-à-Couleuvres y Dessalines fracasó contra Port-au-Prince. En poco tiempo la parte española de la isla se entregó al ejército francés y el 2 de mayo de 1802, Toussaint Louverture ofreció su capitulación a cambio de quedar libre y de que sus tropas se integraran al Ejército francés.

Prontamente, las promesas francesas fueron desenmascaradas al llegar noticias de la reinstauración de la esclavitud en otras colonias como Guadalupe y con la captura y deportación de Toussaint- Louverture a Francia dónde murió encarcelado. A pesar de la pérdida de su líder, gran parte de los oficiales y tropas haitianas, avezados en las luchas contra ingleses y españoles, intuyeron que seguirían la misma suerte y comenzaron a rebelarse o a desertar hacia las zonas rebeldes.

La política de sangre inaugurada por Leclerc hizo ver a los oficiales de color que no había seguridad para ellos junto a los franceses, por lo que terminaron desertando, encabezados por Pètion y Clerveaux. Los generales negros Henri Christophe y Dessalines no tardaron en unírseles. Desde ese momento las bandas que merodeaban por los campos tuvieron líderes y se inició la verdadera guerra de liberación.

Alexander Pètion, decidió reconocer a Jean-Jacques Dessalines como general en jefe de los rebeldes y éste hecho hizo que la mayoría de los jefes de bandas se agruparan alrededor de este último. A fines de 1802, Dessalines, asistido por Christophe y Pètion tomó la dirección de la lucha por la independencia, radicalizando el legado de Louverture. De esta forma se logró la unidad de las masas negras y mulatas para combatir a la invasión francesa y obtener la independencia, frustrando cualquier intento de restaurar la esclavitud. Esta alianza se expresó en el Congreso de Arcahaie donde militares y propietarios, tanto negros como mulatos, acordaron acciones en conjunto para lograr la independencia. Si bien, como apunta Joachim Benoit, para ambos grupos la independencia presuponía sustituir la dominación francesa por la propia.

Hasta 1803, el Sur había asistido a los acontecimientos sin tomar parte de la rebelión aunque el general Dessalines desplegaba una actividad extraordinaria desde fines del 1802, por todo el Noroeste y la región Oeste. La lucha se generalizó contra el ejército cada vez más reducido de Rochambeau, (general a cargo tras la muerte de Leclerc) y luego de una serie de exitosas campañas (Jérémie, Jacmel, etc.), en octubre de 1803 el ejército haitiano logró ocupar la capital y asegurarse el control de la zona de Los Cayos.

La campaña de reconquista del ejército de negros y esclavos culminó el 18 de noviembre de 1803 con la decisiva victoria haitiana en la Batalla de Vertierres, que obligó a las tropas francesas a rendirse. El 4 de diciembre, Rochambeau capituló en el Môle Saint-Nicolas, culminando de este modo la guerra de independencia.

Primeros años de vida independiente (1804-1806)

El 1 de enero de 1804, Jean- Jacques Dessalines proclamó la independencia desde la ciudad de Gonaïves. De esta forma Haití, se convirtió en el primer Estado independiente de América Latina. El líder fundante de esta nación, un esclavo nacido en una plantación del Norte, quedó como jefe del recientemente fundado estado haitiano. La joven nación, después de las luchas de la independencia, se encontraba nuevamente desvastada, prácticamente sin actividad productiva importante, con las haciendas y la infraestructura básica destruidas y con una población que había descendido a la cifra de 300000 habitantes.

Después de su primer año de mandato, Dessalines se proclamó a sí mismo Emperador del país con el nombre de Jacques I (Jacobo I), dando lugar al Imperio de Haití. El emperador dio a su gobierno una fuerte impronta nacionalista pero al mismo tiempo buscó consolidar su poder personal creando un Estado autocrático. Por los escasos datos disponibles, pero también por lo breve y accidentado del gobierno de Jacques I, es difícil caracterizar al modelo socioeconómico que éste intentó implementar en el devastado territorio isleño.

Jacques I tuvo que construir una política económica a partir de las siguientes contradicciones: la oposición entre los oficiales del ejército y los propietarios de tierras que se disputaban la posesión de las mismas y la lucha entre trabajadores agrícolas y pequeños campesinos, que deseaban la parcelación de las tierras y producir en forma autónoma y las élites privilegiadas que defendían al sistema de latifundio con la utilización del trabajo forzado de las masas campesinas.

Si bien, de facto, la independencia había disuelto las propiedades de los colonos blancos quedando las mismas en manos del estado (en muchos casos, por las matanzas de blancos fomentadas o toleradas por las autoridades), Dessalines profundizó esta situación, invalidando los contratos de arriendos, donaciones y ventas inmobiliarias realizadas antes de su gobierno. Como se estableció en el Artículo 12 de la Constitución de 1805: “Ningún blanco, sea cual fuere su nacionalidad, pisará este territorio como amo o propietario ni podrá en lo sucesivo adquirir aquí propiedad (…) Toda propiedad que haya pertenecido a un francés blanco queda confiscada a favor del Estado sin apelación y por virtud de ley”.

En esta legalización de una situación de hecho, se estima que un porcentaje de 66 al 90 % de las tierras agrícolas se convirtieron en propiedad estatal, con el nombre de Dominio Nacional (Domaine National). Y, si bien la expropiación y nacionalización de las tierras y propiedades de la clase dominante, de los grandes plantadores esclavistas y su posterior distribución a la población negra y mulata, ha generado ciertos juicios históricos que lo reivindican como un intento de profunda reforma agraria, en la práctica, muchas de estas medidas estuvieron orientadas a una continuidad de los modelos de producción agropecuaria propuestos por Léger-Felicité Sonthonax y especialmente por Toussaint Louverture.

¿En qué se fundamentan esas continuidades?

El gobierno estableció un sistema de arriendo, por cinco años, a aquellos que ofrecían las mejores condiciones. Obviamente, los beneficiados fueron los mulatos enriquecidos y los oficiales del ejército del emperador. En los arriendos de primera categoría, o sea de las haciendas más grandes y productivas, se beneficiaron los generales, coroneles, oficiales y funcionarios del gobierno, en su mayoría negros. Para los arriendos de segunda categoría, haciendas más pequeñas, por lo general en las zonas oeste y sur, los propietarios, oficiales y funcionarios del gobierno, en su mayoría mulatos.

En síntesis, se aspiraba a construir una sociedad con dos estamentos superiores, militares y funcionarios, que conformaban la élite propietaria de la tierra, y los agricultores y soldados como el estamento inferior o mano de obra. Por ello se impuso un sistema de trabajo rígido y militarizado, donde las haciendas eran dirigidas por generales y altos oficiales, que a la vez, eran propietarios y arrendatarios. Se mantuvo la restricción a la movilidad de los campesinos, se persiguió la vagancia, se obligó a la población a los trabajos comunitarios, entre otras prácticas coercitivas. Además, se continuó con el sistema de reparto de ganancias implementado por Sonthonax y Louverture. Si bien muchas veces las partes del propietario y del arrendatario correspondían a la misma persona, también sucedía a menudo que el propietario, no tributaba la parte que le correspondía al estado, situación que en poco tiempo generó una rápida y pingüe acumulación para la élite administradora, en desmedro de los campesinos que realizaban el trabajo más arduo y productivo.

Sin embargo, hacia 1806, se produjo una crisis de exportación, ya que tanto Francia, España y Estados Unidos prohibieron el comercio con Haití, que se quedó sin mercado para sus exportaciones. Esta situación solo se destrabaría a fines de ese año cuando se restablecieron los vínculos con Inglaterra, y los Estados Unidos flexibilizaron sus medidas de bloqueo.

La situación de bloqueo debilitó la relación de Dessalines con las élites mulatas, ya resentidas porque algunos de sus integrantes habían perdido o temían perder sus tierras ante la confiscación estatal y otros consideraban haber recibido menos que la élite negra. La rebelión estalló en el sur, en octubre de 1806. El monarca fracasó en movilizar tanto al ejército como a las masas campesinas y fue asesinado por un complot militar, que varios autores adjudican a los generales Henri Christophe y Alexander Pètion. Los instigadores del complot, debido a sus divergencias, libraran luchas por el liderazgo que desembocaron en la división del territorio desde 1806 y una guerra declarada como tal, hasta 1810.

[Continuará]