“Lo peor de cometer errores es no aprender de ellos”
Cómo es posible que los colombianos permitamos que el gobierno nos hable de paz bajo el régimen capitalista, si en lo poco que conocemos de historia bajo su yugo despiadado y sanguinario, ha sido una constante la mentira, la trampa, la corrupción, la demagogia, el genocidio, la traición, la hipocresía y todo tipo de implacables imposiciones?
De cuándo acá la burguesía se transformó de cobarde, de cruel, de miserable y fingidora en humanizada, en decente y en honesta, por decir lo menos?.
No será más bien que detrás de todo ese tejemaneje del cuento de la paz, hay un micifuz de raza angora colombiano súper gigante, con el cual nos quieren -como siempre- meter los dedos en la boca?.
No se necesita hacer demasiado esfuerzo para entender el por qué los EEUU de Norte América, la Unión Europea, los demás países genocidas del mundo y en especial, la burguesía vendepatria y criminal de nuestro país, en coro cínico y vergonzoso avalan el acuerdo final entre las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos
Pues hay que decir la verdad a cara descubierta. En primer lugar, que lo pactado en la Habana absolutamente en nada lesiona los intereses de la burguesía, pues es total la inexistencia en dicho acuerdo de la más ínfima reforma al Estado opresor y explotador, y por supuesto a las políticas entreguistas del país por parte del desvergonzado, mendaz e intolerable régimen capitalista, y muchísimo menos se encuentra en la tal alianza ideológica entretenedora de pazguatos, ni un ápice de cambio en la metodología represiva y homicida de la clase burguesa corrompida. Sucede todo lo contrario, y a ello nos atenemos.
Y en segundo lugar, lo conciliado en nada beneficia al pueblo que ha soportado tanta violencia por parte de la clase dirigente, a través de, llámense paramilitares o cualquier otro cuerpo armado legal y asesino de la clase privilegiada.Ya lo dijo el presidente, entre otras, una de las tareas a aplicar después de los diálogos, es fortalecer la máquina de la muerte, el ESMAD, y todos los instrumentos dominantes con los cuales aplican la restricción a los sectores populares cuando estos protestan pacíficamente, y que a la postre, dichos métodos, les permite a los expoliadores enraizarse constantemente en el Poder cancerígeno, con el cual hacen lo que se les da la gana.
Por otra parte, por qué si lo que se viene de ahora en adelante es la tan ‘ansiada’ paz, prima dentro del plan por parte del gobierno reemplazar toda la flotilla de la fuerza aérea colombiana?. No dicen que ahora sí van a reducir los gastos militares?
Por qué cuando hay un descontento por parte de las masas populares y salen a reclamar y su disposición es pacífica, lejos de recibir atención de parte de las autoridades, lo que reciben son gases y todo tipo de atropellos?. Por qué hablan de paz si a diario no faltan los asesinatos de activistas sociales a lo largo y ancho del país?; a vuelo de pájaro digamos que en el transcurso de los diálogos de paz, han sido vilmente asesinados decenas de defensores de derechos humanos y varios líderes populares, mayoritariamente agrarios, en diferentes regiones del país, incrementándose el número con respecto de años anteriores, sin que por esos homicidios existan responsables.
Las anteriores, deben ser -como abrebocas- solo un par de interrogantes para el pueblo colombiano, con el fin de que no se indigeste con ese entusiasmo cegatón, por donde lo están conduciendo de mala fe los sabihondos vivarachos, renegados y traidores tránsfugas, que no han perdido el deseo de compartir el ponqué de la burguesía y que aunque son sabedores que van a recibir solo las boronas, como furcias y rameras se arrastran apoyando el sí del plebiscito innecesario, malgastador y llena bobos.
Pero además, después de su embeleco plebiscitario, se viene una andanada de aumento de impuestos, que indudablemente, sin ninguna compasión, lesionará los pocos ingresos económicos que la burguesía le permite adquirir al pueblo. El gobierno solo espera que pase el remezón del plebiscito, para comenzar a disparar el aumento del IVA cuanto le convenga; así mismo, no dudará en hacer real, esa sí, su ansiada reforma tributaria, y claro, como siempre, sin importarle el qué dirán los colombianos de a pie. Como vamos, vamos mal, ante las agresivas e inclementes políticas en contra de las masas populares, y por el contrario, a favor de los adinerados que cada vez aumentan su ganancial, ya que según el presidente, hay que bajar el tributo a los empresarios para que estos generen más empleo, aumenten su producción y sean más eficientes. Así las cosas, de cuál paz hablamos?
Y por otro lado, también tenemos que manifestar ‘sin pelos en la lengua’, que la convocatoria al plebiscito que ha hecho el actual gobierno al pueblo colombiano, no deja de ser -de cabo a rabo- un espectáculo humillante a los más desprotegidos que son la mayoría de la población, escandaloso y sarcástico, como quiera que es innecesario y lleno de despotismo por parte del gobierno; y desde luego, henchido de arrodillamiento por parte de los sátrapas taimados de la izquierda reformista y genuflexa, los mismos que alardean de salvadores del pueblo, pero que en el fondo, ininterrumpidamente, con suma bajeza, sueñan con compartir el plato de caviar que degusta la burguesía hábil y tramposa.
Así mismo, obligatoriamente, debemos decir que el plebiscito y toda la alharaca acerca de la paz en el momento actual, permite enraizar en la mente débil del pueblo colombiano, la idea absurda y venenosa, de que entre Juan M. S. y Álvaro Uribe V., -como cabezas del arrastre hacia la polarización ciega de un sector del pueblo por el SÍ, los unos, y por el NO, los otros-, existe realmente una contradicción de fondo ideológica y política. Nada más descabellado e ingenuo pensar en esa -siquiera- remota posibilidad. Para no alargarnos al respecto, digamos que los dos son siameses defensores de la ideología macabra y despiadada, que desde siempre ha gobernado a la humanidad desde la división del trabajo y por consiguiente, desde el surgimiento de las clases sociales.
Para los dirigentes seudorevolucionarios les es más fácil aferrarse a seguir defendiendo el cúmulo de sus errores y desaciertos, sus faltas, sus bajezas y sus traiciones a la verdadera lucha de clases, que aceptar que existen propuestas serias y certeras, para encausar el proceso de real cambio en las relaciones de producción frente al vigente Estado injusto, y por ende, para transformar los sentimientos del pueblo vilipendiado, hacia la conquista de una sociedad equitativa, razonable y amena.
Reconocer que siempre han estado equivocados, no es nada conveniente políticamente para ese séquito selecto de esquiroles, que cronológicamente han aprovechado la buena fe de las diferentes agremiaciones de trabajadores y empleados, de los que han depositado su confianza en estos impostores, creyendo que en serio son auténticos defensores de la ideología proletaria; y que desde luego, como buenos parlanchines lamejundillos de la burguesía, cuentan con buenos descrestes en su oratoria, en el manejo mecánico inductivo de cómo hacer organización sindical, en la narración del movimiento obrero nacional e internacional, y en general, en muchas de las prácticas sindicales y variopintas organizaciones para generar una estructura, aparentemente con visos en contra del régimen injusto imperante.
Siempre hemos escuchado decir a los diferentes gobernantes, que su prioridad es velar y defender la vida de los ciudadanos y sus bienes. Sin embargo, lo que reza la historia de cada uno de los jalifas, es que en la más mínima protesta del pueblo inconforme por el abuso de sus políticas inhumanas, nunca han dudado en ordenar a sus lugartenientes, la utilización de los diferentes medios de exterminio de la población; métodos que van desde el simple e infaltable hostigamiento y la tortura, tanto física como psicológica, hasta procedimientos retrógrados propios de dictaduras extremadamente salvajes, que desgraciadamente ha tenido que reseñar la memoria con cientos de muertos.
Continuamente los presidentes prometen honestidad y juran luchar contra la corrupción y demás flagelos que degradan la honra de las personas y que lastiman nuestro entorno y el planeta. Sin embargo, el ciento uno por ciento de los estadistas malogran la ocasión de cumplir con sus promesas, y lo hacen precisamente porque su ideología demoniaca jamás les permitirá asumir las responsabilidades con decoro, y por el contrario, eternamente ocurre que se frustra lo que esperaba el pueblo recibir, por simple voluntad de la casta que tiene ansiedades como costal sin fondo. Por tal razón casi siempre ocurre que la ‘grandeza’ de las autoridades nacionales termina en el lodazal, corroborando su esencia inhumana, como fruto de la ausencia de íntegro compromiso en sus ofrecimientos y sus funciones.
Invariablemente sucede que los políticos populistas, antes y después, pero básicamente en el momento del ejercicio del Poder, utilizan la demagogia como arma eficaz para inocular la mentira al pueblo; pues aquí lo hacen con la sutileza que les otorga el mando, ante súbditos que por lo general no piensan, sino que actúan más por costumbre y de hecho creen a ciegas, ante ídolos endiosados sin importar su real catadura de delincuentes. No en vano alguien dijo lo siguiente: “Un demagogo es aquel que predica doctrinas que sabe que son falsas, a personas que sabe que son idiotas.”
Esta es una de las causas por las cuales tarde o temprano, los nuevos dirigentes populacheros terminan imitando a sus admirados vetustos, sin importarles el cúmulo de delitos consagrados en los códigos penales, de los cuales eran culpables aquellos que les inspiraron la maña de torticeros. He ahí el por qué, aquí en Colombia ilegítimos jefes posan de honorables y de importantes dueños de la palabra, a sabiendas de la biografía funesta que corrobora una trayectoria familiar e individual de peligrosos asesinos, de narcotraficantes y de todo lo indeseable para una mente íntegramente pudorosa.
Tarea inmensa para el pueblo a través de sus auténticos representantes probados en la práctica revolucionaria, la de combatir, única y exclusivamente, desde la ideología científica del proletariado, la irresolución de construir el medio necesario como fuerza cualificada e imprescindible: el legítimo y original Partido Revolucionario del Proletariado, que oriente organizadamente en todos los rincones de nuestro país, a los diferentes sectores obreros y populares, con miras de cimentar y conquistar el huracán capaz y enérgico, que haga posible al pueblo alcanzar por la fuerza su anhelada y auténtica liberación, su genuina, próspera y duradera paz. Es decir, la edificación de una sociedad donde reine la verdad, el decoro y la solidaridad, y por supuesto, donde se combata con resolución y eficiencia, a los malhechores que quieran usar de modo mezquino para beneficio propio la naturaleza y los aportes de la misma humanidad, fundamentalmente, en los campos de la tecnología y de la ciencia.
Recordemos una vez más la famosa sentencia que dice, “Hecha la ley, hecha la trampa”, lo que quiere decir que ante la formulación de una norma, si ésta en determinado momento no encaja con los intereses de quienes la crearon, pues inmediatamente se inventan una estrategia para evitar cumplir con lo establecido, burlando así a su antojo la ley que aparentemente beneficiaba al pueblo, como ocurre en este caso con la ley ZIDRES (Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social); precepto éste, adornado con el significado de la sigla y que supuestamente es creado para favorecer el desarrollo rural, fundamentalmente, a los acreditados y sacrificados campesinos. Pero resulta que dicho ordenamiento, en esencia termina auxiliando a los latifundistas y a las empresas multinacionales, como muestra consuetudinaria del abuso del poder de los funcionarios corruptos que nos gobiernan, por medio de los mal llamados honorables cargos públicos.
He ahí el por qué es importante tener en cuenta las palabras de quienes nos dejaron sus legados altruistas, como es el caso de la máxima de ese gran abnegado por la causa de los pueblos, el Che Guevara, quien dictaminó con suma precisión: “Al imperialismo no hay que creerle ni un tantito así”.
Y nosotros, los colombianos, parodiando a este prócer y maestro de los desprotegidos, al unísono podríamos decir: a la burguesía no hay que creerle ni un tantito así, por cuanto ésta casta colombiana de manera frecuente, sin ningún pudor ha acometido innumerables actos de bandidaje y genocidio contra las grandes mayorías empobrecidas a causa de sus políticas astutas y criminales; y porque tradicionalmente la burguesía con su Estado fuerte, opresivo y explotador, indiscutiblemente ha tenido como arma la mentira, el fraude, el incumplimiento y toda clase de jijuemil triquiñuelas macabras, para empotrarse en el Poder y negarle al pueblo los más elementales derechos, tanto que cuando éste le reclama por la vía tranquila, le arremete despiadadamente con sus escuadrones de la muerte, acusando a los diferentes sectores populares de terroristas.
De modo que con este actuar habitual de la burguesía, infortunadamente, por simple voluntad y por las buenas, es imposible y ahí sí, ciertamente utópico que el pueblo más empobrecido reciba el cubrimiento y el respeto a sus necesidades más sentidas por esa clase mañosa y corrupta, como el derecho a la seguridad de sus bienes y el respeto a su vida; a la libre locomoción y sin los riesgos que hoy en día priman por doquier; a tener un empleo bien remunerado y digno; a contar con educación de calidad y gratuita; a recibir atención médica oportuna de excelente calidad humanizada y científica, en centros integrales -en lugar de cerrarlos- con todos los instrumentos necesarios tecnológicos modernizados; etcétera. Por tal razón, es una verdad inobjetable el siguiente aparte del cual desconocemos su autor para reseñarlo, refiriéndose a la calaña impúdica con que actúa la hipócrita burguesía colombiana: “Para lograr la prosperidad de los colombianos, es indispensable previamente, garantizar la de las multinacionales y monopolios extranjeros.”. Indubitablemente no hay palabras para calificar semejante desfachatez.
Es de recordar que de aquello tan ‘bueno’ (ZIDRES) ya nos habían dado a saborear en el gobierno anterior, con su desprestigiado Agro Ingreso Seguro (AIS), que a la postre, por su aberración de patrocinar a los terratenientes y a los grandes cultivadores, y no a los campesinos para quien estaba destinada dicha legislación, terminó ‘empapelando’ a su ejecutor estrella; de tal manera que pesa sobre ‘el Uribito’, por tales adopciones corruptas, una condena por parte de la Corte Suprema de Justicia colombiana, por delitos acumulados, ya que, inclusive, parte de dicha platica terminó en los ‘pobres’ bolsillos de bajos personajes que no tenían absolutamente nada que ver con el agro, y que por consiguiente también terminaron condenados por la Corte, junto con otros cuantos funcionarios confabulados.
Igualmente, digamos que es deplorable que en Colombia no haya justicia para las víctimas de las masacres más espantosas, acometidas bajo la connivencia, el respaldo y en otras ocasiones bajo la responsabilidad directa de los militares y de otros actores civiles feroces, pues ahora con la alcahueta ‘Justicia Transicional’ eximen de responsabilidad a estos ‘angelitos’. O sea que realmente les están dando, disimuladamente, una amnistía y un indulto; privilegios propios de los luchadores populares, de aquellos que con amor inherente y con pundonor correspondiente, se consagraron por la justa Causa libertaria de los pueblos oprimidos y explotados.
Es necesario y obligatorio decir también, -aunque suene tremendo- que muchísimo menos vamos a contar con justicia para otro sin número de prácticas que violan la dignidad de las grandes mayorías, como la salud, la educación y el empleo meritorio, por nombrar escasamente un par.
Es decir, que los personajes siniestros que ordenaron o alcahuetearon semejantes crímenes de lesa humanidad, como las masacre de El Salado, en donde según reza la historia contada por los propios habitantes, el día de los crímenes a una de las víctimas le mochan la cabeza, y fue tanta la humillación y la degradación que con ella ‘jugaron’ futbol, hechos por los cuales -como van las cosas- los abominables que ejecutaron o permitieron esa barbarie, en un abrir y cerrar de ojos quedarán libres. Seguiremos con esa vergüenza ante el mundo. Y ni hablar de la masacre masiva de San José de Apartadó, donde también están sindicados y acusados los señores héroes de Colombia, y que -como siempre- para desvirtuar la responsabilidad, acusaron a sus adversarios de autores de tales hechos. La masacre de La Chinita, en donde los principios revolucionarios quedaron enlodados -aunque se presenta la duda de su existencia-, por el ímpetu arrogante de quien actúa a ciegas. Y así por el estilo cruel, otras, y otras, y otras tantas violaciones a los derechos humanos, desgraciadamente, la impunidad les seguirá cobijando, cosa que, lastimosamente, en nuestra patria seguirá reinando la inmunidad, como desde la época del mal llamado descubrimiento de América, donde no hubo tal hallazgo, sino una masacre despiadada, al punto que muchas de las etnias quedaron duramente diezmadas o extinguidas.
Cómo es posible que los colombianos nos aguantemos que la burguesía nos restriegue su conjugación o fusión inmunda, entre el delito político digno de la rebeldía, y el delito común y vil propio de mercenarios ruines y perversos? Cómo aceptamos semejante atropello a la dignidad altruista, que es la de luchar con todo derecho justo, por los principios más nobles como la libertad ecuánime y la genuina paz? Pensamos que ante estos bellacos desafueros, realmente vivimos una época de crisis de principios humanitarios.
Bien sabemos que la hipócrita democracia con que administran todos los gobiernos defensores del capitalismo, está henchida de crueldad y de mentira combinada con todos los bemoles sutiles, que hacen que en la mayoría de las veces no nos demos cuenta cómo están destruyendo la naturaleza y la vida humana en particular. Y por otro lado, es de conocimiento claro, que quienes tienen el manejo del Mando gubernativo, principalmente en lo económico, político y militar, por las buenas jamás van a permitir que el pueblo asuma las riendas del Poder y le restituya a la humanidad y a la naturaleza los derechos y los privilegios de los cuales deben gozar sanamente.
Según lo anterior, las raíces que generan el conflicto irreconciliable entre la burguesía y el proletariado, nunca van a cesar por voluntad de la clase pudiente y aventajada, que históricamente viene destruyendo, tanto los principios de sana convivencia entre la humanidad, como las bondades que nos provee la madre naturaleza.
O sea que, para los revolucionarios y los comunistas está claro que la real lucha de clases, no consiste, en modo alguno, en lograr o en aceptar un par de pañitos perspicaces de embobamiento en el conflicto social, sino que la auténtica meta de los legítimos revolucionarios y comunistas, es la de conquistar el Poder político y militar, con el fin de transformar la realidad económica anárquica e injusta, que padecen las grandes mayorías del pueblo empobrecido. Es decir, que la tarea fundamental e inclaudicante de los verdaderos representantes del pueblo, consiste en transformar la presente sociedad caduca por una sociedad avanzada científicamente, donde reine el abastecimiento de todas las necesidades del gran pueblo, entre otras, las necesidades de contar verdaderamente con la genuina libertad de asociación y de pensamiento, combinada con la no discriminación de nadie en ningún aspecto y por tanto con el goce de una legítima y ponderada paz sólida, y por supuesto, sustentada y alimentada por el propio pueblo consciente y protagónico.
De modo que, lo esencial en la actividad revolucionaria y comunista en la presente sociedad caótica, es el desarrollo y fortalecimiento insurrecto de la real lucha de clases, a través de todos los medios, para agigantar el conflicto de modo irreversible. Sustentamos lo anterior, por cuanto la contradicción entre la burguesía y el proletariado, es extremadamente antagónica, y esa incompatibilidad, lamentable e indudablemente, no se soluciona por las vías pacíficas, y mucho menos, embaucando al pueblo por el sendero que mañosamente demarca o que disimuladamente impone la burguesía, aprovechando la labor pueril de unos cuantos izquierdosos, que piensan y caminan arrastrados por el sueño corrupto de la derecha. Así que la gran tarea es, organizando al pueblo según las condiciones de cada sector, educándolo en la movilización y la lucha consecuente, para que asimile conciencia y adquiera la capacidad de asaltar el Poder.
En esta medida, todos los revolucionarios y comunistas deben tener perfectamente claro que su lucha siempre será vista por la burguesía y sus secuaces como irreconciliable, y por lo tanto, sin ninguna duda, siempre será combatida con todo el odio macabro que abrigan por entero y en absoluto los inhumanos que defienden el Sistema capitalista llámese como se llame: salvaje, neoliberal, democrático, de centro, socialdemócrata, progresivo, etcétera; pues su integridad variopinta no dejará de ser producto de la ideología anticientífica y criminal.
Tal vez por la sangre derramada, que ha inundado continuamente la memoria de las grandes mayorías más necesitadas, lamentablemente, no nos permita de manera categórica, clara y esciente hacer la enorme diferencia que hay entre la mano criminal y la mano amiga del pueblo oprimido, explotado y criminalizado.
La una, la mano asesina que por siglos ha henchido nuestra historia de muerte y demás vejámenes, desde la época del mal llamado descubrimiento de América; pues éste pasó de ser fantástico, a convertirse en terrífica masacre y barbarie ininterrumpida hasta nuestros días, en gran parte de nuestro continente. Y la otra, la mano solidaria y fraternal, que permanentemente a través de la teoría y de la práctica y de manera altruista, veraz y certera, indica el mejor sendero a tomar y a defender, para solucionar tajantemente los innumerables problemas que nos doblegan y nos lesionan.
Para el gran pueblo, indudablemente la ambivalencia e irresolución se complican, puesto que muchos de los señoritos que se presentan y que se autoproclaman como amigos, defensores, altruistas, etc., de éste, en el fondo, en la real verdad son simples lacayos de la burguesía infiltrados en el regazo del pueblo, para hacer grave daño a su lucha digna. Es decir, los dirigentes de la mal llamada izquierda colombiana, en su mayoría son burguesitos resentidos con su clase y de hecho, más temprano que tarde, vuelven a su madriguera, indudablemente, después de haber causado severo daño a la lucha de clases en Colombia.
Para terminar por hoy, digamos que los militantes fundadores de mayor renombre y prestigio (desgraciadamente ya desaparecidos sin nunca haber claudicado), de la organización, Raúl Reyes, Jacobo Arenas, Manuel Marulanda (Tirofijo), Jorge Briceño (Monojojoy), entre otros, a la cual desintegraron y desprestigiaron con bombos y platillos, la cúpula de unos vetustos cansados de los sinsabores que representa andar en la clandestinidad, se van a revolcar en sus tumbas y de allí emergerán la juventud, el arrojo y la sabiduría necesarias para retomar los legados revolucionarios, que efectivamente conduzcan al gran pueblo hacia la conquista de su verdadera liberación y de su auténtica paz, conjugadas con el cubrimiento de sus necesidades más sentidas, para vivir dignamente en nuestro maravilloso país.
En el campo de la burguesía, “Todo político aspira a convertirse en Mickey Mouse: ser tan encantadorque la gente se olvide de que es una rata.”
JUAN CATARI