Envíopostaporteñ@ 1727

¿Viaje O Remate?

La izquierda estadounidense y Trump


Boris Kagarlitsky – Rabkor.ru – febrero 2017


Editor Jefe de Rabkor.ru, director del Instituto de Globalización y Movimientos Sociales (IGSO), historiador y sociólogo. http://rabkor.ru/columns/editorial-columns/2017/01/24/protests-against-trump/

Viendo eventos que se desarrollan actualmente en los EE.UU., y las deliberaciones entre la izquierda estadounidense sobre Trump, recuerdo una famosa anécdota. La señora para el coche en la calle y le pregunta: "¿Este auto es un taxi?". Y el chofer contesta - "Depende señora, qué quiere usted, ¿viajar o comprarlo en un remate?".

Numerosos activistas de grupos de izquierda que participaron en las protestas de enero contra el nuevo presidente de Estados Unidos, dejaron claro: no importa a donde van ni los cambios necesarios. Lo que importa es tener un discurso de rectitud política, que la puerta del auto esté pintada “a cuadros".

Mientras tanto, en Estados Unidos está cambiando no sólo el enfoque global, también se satisfacen los reclamos que durante un cuarto de siglo se han hecho organizando protestas y manifestaciones masivas. ¿Acaso la Izquierda no hizo la crítica más severa al NAFTA, demostrando (con toda razón, pues lo confirmó la experiencia) que perjudicaría a la industria de los Estados Unidos, a los trabajadores y a la clase media? ¿No lleva un año y medio criticado con mayor dureza aun la firma de un acuerdo similar para el Pacífico, y no se opuso a cualquier Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea?

El presidente Trump promete simplificar el registro electoral para facilitar el acceso al voto a los sectores bajos de la sociedad estadounidense. Descuida por completo el papel tradicional de Estados Unidos como “líder del mundo libre", y no sólo no muestra interés alguno en la promoción de los principios liberales, también se refiere a la OTAN como “organización moribunda”. Pocos días antes de asumir, dijo también dijo que apoya un seguro de salud universal y limitaciones al precios de los medicamentos. En otras palabras, repite las demandas expresadas durante las primarias demócratas por Bernie Sanders, el más a la izquierda de la política estadounidense de hoy en día.

Dio a entender que reformará la educación, aunque no dijo nada definido. Si este programa se convierte en una realidad, estamos hablando de la mayor reforma social radical en Estados Unidos desde la época de Franklin D. Roosevelt.

Mientras tanto gran parte de la izquierda estadounidense va en marchas de protesta pacífica, organizadas con el apoyo del establishment liberal-conservador, repitiendo acusaciones contra el presidente que no ha estado en su puesto ni un día cuando en Washington y otras capitales comenzaron las manifestaciones de masas. La protesta pública no es contra una decisión del Jefe de Estado o su política en general, sino contra su personalidad. Trump es racista, homófobo y odia a las mujeres, ya lo sabemos. Se le quiso agregar además antisemitismo pero no se pudo sostener por las protestas de los familiares judíos del presidente. Los activistas no han podido formular cualquier reclamo político al nuevo jefe de la Casa Blanca.

Y en lo que respecta a las mujeres, afroamericanos o gays, Trump no ha dicho nada nuevo salvo una conversación privada de hace años, en que contó a un amigo de un intento fallido de abuso sexual de una mujer. Pero lo que dijo o no dijo Trump no importa. Sus opiniones, declaraciones o acciones o posición política. No es lo que dice o hace, sino lo que diga sobre eso el editorial del Nueva York Times

A su vez, los medios comenzaron a mostrar simpatía sin precedentes hacia las protestas. Muchos fueron por primera vez a una protesta en enero las marchas en Washington y otras ciudades en enero de 2017. Otros han participado en las manifestaciones antiglobalización o en el movimiento Occupy Wall Street, los principales periódicos y canales de televisión ignoraron sus acciones o los calificaron de retrógrados, agresores y marginados. Ahora, por el contrario, los medios de comunicación mostraron simpatía por los sucesos. No es sorprendente, los medios también juegan un papel crucial en la organización de las protestas, la producción de su ideología, la información sobre los próximos eventos, y coordinarlos.

Algunos representantes de la izquierda estadounidense hacen que se hacen preguntas a sí mismos. Pero no todos. Sorprendentemente, la mayoría de intelectuales "pensamiento crítico" son presa fácil de la manipulación, sin tener una opinión propia. Incluso los escépticos no dan prioridad a analizar lo que está sucediendo en términos socio-políticos de clase. En parte se parecen a sus compañeros más ingenuos, los mismos que ahora están en la calle pero hace apenas unos meses recurrieron a todo tipo de trucos sucios para evitar que el candidato de izquierda Bernie Sanders ganase las primarias demócratas.

Esto que decimos es cierto, pero no explica nada. Mejor es lo que dijo Anatoly Chubais [político ruso que fue vice-primer ministro y lideró, el proceso de privatizaciones de la ex-URSS, entre 1992 y 1994 organizó la venta de 120 mil empresas estatales] hablando de sus impresiones sobre el Foro Económico Mundial de Davos. De acuerdo con la ideología de los neoliberales rusas, la victoria Trump despertó en este foro de la élite mundial una sensación de horror. El único aspecto alentador fue el discurso del líder chino:

"Davos se abrió el discurso del secretario general del Partido Comunista Chino. Xi Jinping, que fue simplemente precioso, una oda a la economía de mercado con vivas apelaciones a la necesidad de eliminar las barreras comerciales entre los países, reducir los impuestos, e incluso en el final el anuncio que China abre ahora toda una línea de mercados que antes estaban cerrados. Es decir, un súper liberalismo hecho en la mejor tradición de la Escuela de Chicago”.

En cuanto a Trump y de acuerdo a Chubais la actitud de los participantes Davos se expresó en una fórmula sencilla: "o se retracta de todo lo que se ha dicho hasta ahora, o nos conducirá a una catástrofe."

La imagen que surge de acá es muy paradójica, pero lógica en el fondo: la amenaza al orden capitalista mundial proviene de los Estados Unidos, y toda la esperanza de la burguesía mundial está puesta en la China comunista

Sin embargo, Trump no es de manera alguna un oponente al capitalismo. Su amenaza no es hacia el orden burgués como tal sino a su versión neoliberal, el sistema establecido en todo el mundo después del colapso de la Unión Soviética. El 45º presidente de los Estados Unidos está firmemente comprometido con los principios de proteccionismo, protegerá a los mercados y puestos de trabajo de Estados Unidos. Y, lo más importante, anima a otros países a hacer lo mismo, incluso sin tener en cuenta los intereses de las empresas multinacionales con sede en los Estados Unidos. Peor aún, considera a estas empresas la principal amenaza para Estados Unidos.

La ansiedad de los representantes de la élite financiera transnacional reunidos en Davos, es comprensible. Realmente los amenaza de una catástrofe. Después de todo, los acuerdos comerciales que ya está empezando a desmontar el nuevo presidente de los Estados Unidos, no son, de hecho, sobre comercio. El objetivo de éstos es restringir la soberanía de los gobiernos, la reducción de los derechos democráticos y sociales de los ciudadanos, y otorgar privilegios a las grandes empresas transnacionales. Subsiste, sin embargo, una pregunta: ¿acaso el multimillonario estadounidense Donald Trump es el único enemigo de estos acuerdos; no lo ha sido también el programa político alternativo de anti-globalización?

El hecho es que Trump y su entorno - aunque fabulosamente ricos, no pertenecen a la élite empresarial y financiera multinacional que ha desarrollado y establecido su dominio durante el último cuarto de siglo. Los capitales de Trump y sus colaboradores llegan a 3-4 mil millones de dólares. En la escala del capitalismo estadounidense e internacional a comienzos del siglo XXI, no es tanto. Las compañías multinacionales controlan recursos diez veces mayores, a menudo cien veces más, cientos de miles de millones. Donald Trump es un representante bastante típico de las empresas de tamaño medio, centradas en el mercado local y para el desarrollo del sector real. Esta parte de la burguesía se rebela contra las empresas transnacionales que se han unido a los bancos más grandes, y en un cuarto de siglo han utilizado su posición dominante en Washington para cambiar a su favor las normas y reasignar recursos, socavando no sólo a los trabajadores y la clase media, sino también una parte significativa de los empresarios.

Al rebelarse contra las oligarquías transnacionales, el empresariado medio se ve obligado a buscar aliados. Y las clases bajas de la sociedad, durante décadas a su vez sufrieron las políticas neoliberales, se unieron a la revuelta. Semejante alianza no puede ser muy fuerte, pero no es accidental. Para el movimiento obrero que se reconstruyó y cobró impulso, es necesario el desarrollo de la industria, el mercado interior, la política social, es necesario fortalecer la posición de los trabajadores, dándoles confianza. En pocas palabras, necesitamos proteccionismo

Históricamente, fue en un contexto de aumento de las políticas proteccionistas que creció la socialdemocracia alemana, y que la clase obrera rusa pudo sostener a los bolcheviques. Sin el desarrollo industrial y el mercado interior, no habría habido revolución de 1917.

Mientras que los trabajadores necesitan empleos y salarios decentes, las empresas operar en el mercado interno, los consumidores necesitan poder adquisitivo, y todo debe funcionar en conjunto. En su momento, Henry Ford formuló el principio bien conocido: Mis trabajadores tienen que poder comprar los autos que ellos fabrican

La realización política de ese principio fue el "New Deal" de Franklin D. Roosevelt en 1930. Eso fue aproximadamente el tiempo en que "Estados Unidos fue grande" que Trump recuerda a sus votantes. Pero no fue sólo una era de la transformación social y fortalecimiento de la industria nacional, también la edad de oro del movimiento obrero estadounidense. Para detener el avance de la izquierda y los sindicatos, en el contexto de la Guerra Fría el anticomunista de McCarthy impulsó purgas y persecuciones contra la intelectualidad radical que, habiendo perdido el contacto con los trabajadores, se refugió en la comodidad del ghettoacadémico.

A mediados del siglo XX, muchos estrategas en Occidente hablaron de la necesidad de una alianza con las empresas de tamaño medio contra el gran capital monopolista. Paradójicamente, ahora es una alianza así lo que espontáneamente se ha formado en torno a la figura de Trump, con eran trabajadores, agricultores, pequeños empresarios, intelectuales provinciales. Este bloque no incluyó intelectuales de izquierda, sino al grosero y políticamente incorrecto burgués de Manhattan.

En vez de culpar a Trump, los intelectuales deberían verse a sí mismos cuando rechazaron despectivamente la "anticuada" política de clase , apostando en cambio al lobbyismo liberal, y la protección de las minorías representándolas como una especie de masa socio-homogénea "sufriente"

El hecho de que estas minorías sean a menudo construidas artificialmente, y que, en todo caso, está internamente dividida por diferencias de clase, es deliberadamente ignorado por los intelectuales, porque de otro modo se echaría al balde su estrategia de un bloque con los liberales ilustrados, es decir, el aparato del capital financiero.

De hecho, Trump viene a satisfacer demandas que durante un cuarto de siglo levantó la izquierda en EE.UU. y en Europa Occidental. Sin lugar a dudas, la ideología del 45º presidente de los Estados Unidos es un tejido de contradicciones, su programa provisorio formado en torno a una coalición de fuerzas sociales, está centrado en un punto absolutamente fundamental, socavar la oligarquía financiera. Y entonces Washington parece decidido a poner en práctica lo que los activistas radicales levantaron, al menos desde la época de las protestas en Seattle en 1999.

¿Qué deben hacer en esta situación los activistas radicales? Se quejan de que el vocabulario de Trump no es políticamente correcto. Responden a la llamada de los medios conservadores-liberales, actúan como infantería para preparar un golpe de Estado contra el presidente. ¿Creen lo que ellos mismos dicen? ¿O simplemente son rehenes y mercenarios de la élite liberal?

Por supuesto, no todos los izquierdistas americanos están dispuestos a jugar este juego. Bernie Sanders, por ejemplo, tratando de sentarse en dos sillas a la vez. No quiso boicotear la asunción de Trump y escribió varias cartas al presidente para que cumpla las promesas progresistas que hizo durante la campaña electoral. Al mismo tiempo Sanders aparece en manifestaciones de protesta, se encuentra al frente de los oponentes de Trump, pero por las dudas evita el protagonismo en estas acciones.

Muy sofisticadas maniobras tácticas. Sólo tiene un defecto, no tiene ninguna estrategia. Y tarde o temprano tienes que tomar una decisión. Y cuanto más tarde lo hagas, menos libre y eficaz será.

El establishment liberal se ha fijado el objetivo de lograr el derrocamiento de Trump en el próximo año y medio, antes de las próximas elecciones para llevar a cabo en el Congreso en que Presidente tratará de movilizar el apoyo popular para poner allí a sus seguidores. El Impeachment a Trump será un objetivo estratégico clave para la élite de Washington. Tratarán de lograr su objetivo por métodos legales, pero en el escenario global de desestabilización ya hemos visto que no es muy diferente de lo que las agencias de inteligencia de Estados Unidos hacen cuando derrocan o tratan de derrocar un gobierno extranjero. El conflicto abierto, que ya se ha establecido entre Trump y la dirección de la CIA, sugiere que todo sucederá exactamente en un escenario de ese tipo.

Hay, sin embargo, una diferencia importante: el presidente de Estados Unidos es muy consciente de con qué se enfrenta, a qué deberá atenerse. Se verá obligado a buscar la movilización y organización de las clases más bajas. En esta situación, nadie ayudará salvo la clase obrera.

En este sentido, la demanda por el seguro de salud universal apoyada por el 60% de los estadounidenses pero rechazada por unanimidad por los miembros del Congreso de ambos partidos, podría ser uno de los factores decisivos en la confrontación política. Para Trump será importante mostrar que estaba a favor de una clara, necesaria y mayoritaria aprobación de la reforma, mientras que el Congreso no está simplemente bloqueando sus iniciativas, sino que también actuando contra el pueblo estadounidense. La gente deberá tomar las calles y para forzar el resultado de este tema caso en el momento crucial, cuando el enfrentamiento entre el presidente y el Congreso llegue a un punto culminante.

En esta situación, la izquierda sigue enfrentada a una opción: promover organizaciones de base y al mismo tiempo proponer demandas significativas y movimientos sociales que defienden la independencia en relación con la administración de Trump, o participar en la conspiración de las élites, como peores movidos por una mano extraña en el tablero político

envió