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Mariscales de la derrota

Raúl Martínez, en una nota “Sacándome la bandera” (Posta 1749) se refiere a la mía “Cuando quieras saber dónde pararte, si están los milicos, ahí no" (1748). Por supuesto que le doy las gracias, porque uno escribe para intercambiar ideas, y a veces resulta difícil.

No es divertido jugar al frontón sin pared.

Entiendo que esto es lo fundamental de su nota:

“Nuestro deber es apoyar el pueblo venezolano en su enfrentamiento al invasor yanqui”

Sí, de acuerdo. Obviamente se refiere al actual proceso en marcha en la OEA y declaraciones de varios gobiernos del continente como actos de preparación de una intervención armada en Venezuela. Esa es una posibilidad muy cierta aunque no podemos decir qué tan cercana estaría. Voy a plantear en esa nota lo que es -en mi opinión- la táctica yanqui para el período que estaría restando antes de proceder a la invasión.

Antes, algunas cosas. RM se refiere a mi afirmación: “Nuestra crítica al chavismo no nos puede llevar a hacer frente común con la oposición burguesa”. Debo entender que la comparte, pero de su nota se desprende algo así como que yo sería incoherente con mi propio planteo, si de alguna manera no me estoy oponiendo a la invasión yanqui programada.

Me critica dos cosas: a) Que reduzco lo que pueda hacer el pueblo venezolano a lo que haga su gobierno, olvidando los principios fundamentales del marxismo y las lecciones de la historia de diversas revoluciones, o sea que las revoluciones las hacen los pueblos. b) Pretendo decirle al pueblo venezolano lo que tiene que hacer.

Voy a empezar por lo segundo. Realmente, no sé qué quiere decir. Voy a citarlo textualmente:

”No nos entrometamos en los pueblos, cada pueblo se auto determina eso no quita la solidaridad o señalar errores y aciertos”.  “¿Qué decidirá el pueblo venezolano? Es de su propia incumbencia que estará o no limitada por las circunstancias históricas. Adivinar es fácil, puede alzarse en armas y derrotar al yanqui, puede decidir que sea Maduro el jefe como puede cambiar de jefes ya que los lideres representan el sentir del pueblo y nosotros como uruguayos no los vamos a sustituir”.

Lo que puedo entender que dice RM es: Hoy por hoy Maduro es el JEFE y no me tengo que meter en eso, si mañana ponen otro jefe es cosa de ellos, pero hoy, si estoy con el pueblo venezolano tengo que estar con Maduro.

Ahora supongamos que yo pensase (que no es lo que pienso, lo planteo así para que resulte más claro) que Maduro es una bestia, un anormal, un descerebrado, tal vez que es un traidor pago por los yanquis, o que no tiene la menor capacidad de ganarle a nadie, o que es un criminal sicópata, o tal vez todo eso junto. Y yo quiero que los venezolanos ganen. ¿Podría decirles “muchachos, porfi, saquen a ese”, o sería una intromisión?

Voy a dar vuelta el problema, supongamos que yo sea un tibetano o senegalés. Y veo lo que pasa en Uruguay y me preocupo y quiero al pueblo uruguayo. ¿Estaría mal que le dijese “saquen a Tabaré, Danilo y todos esos”?

Lo que yo pienso de Maduro no son todas esas cosas, es algo más simple y RM me entendió perfectamente.

Digo que el gobierno de Maduro representa un “antiimperialismo BOCAMARO”, y RM entendió lo que quiero decir, antiimperialismo de boca para afuera pero no en los hechos. Y como suele ocurrir, cuanto menos capacidad más blablá. En la vida aprendemos a desconfiar de quien es muy estrambótico al hablar y muy torpe al actuar. Y eso es lo que pasa con el actual gobierno de Venezuela, cada día si los escuchamos se comen todos los niños crudos, pero si los vemos en los resultados reales son cada vez peores y peores.

En mi nota intenté explicar por qué pienso que el gobierno de Venezuela tiene esa característica, y también dije qué creo que es lo peor.

Sobre lo primero, el por qué. El estilo y la práctica del gobierno de Venezuela están determinados por su condición de clase, NACIONALISMO BURGUÉS, y por la inoperancia total de un proyecto político de esa naturaleza en las actuales condiciones del mundo.

Voy a explicar esto bajando a tierra.

Socialismo es antes que nada, que la gente pueda comer. Y cuando, para que pueda comer, no queda otra que socializar la producción.

Los compañeros que defienden al actual gobierno venezolano atribuyen los problemas de escasez de alimentos y de abastecimiento a la guerra económica del imperialismo. Entonces pregunto ¿y Cuba?

Cuba tuvo que enfrenar una guerra económica mucho más dura, y momentos de escasez atroz. Sin embargo, nunca pasó esto de Venezuela. ¿Por qué?

El autoritarismo burocrático de Cuba (podemos discutir esta caracterización o usar otra, también me gusta aquella de 1984 de Orwell, “colectivismo oligárquico”) llegó a suprimir toda la propiedad privada capitalista (ya no es más así, pero es para verlo en otro momento). En Venezuela nunca pasó eso. Cuando en abastecimiento  de productos básicos está en manos del mercado, la escasez estimula la especulación y el problema se agrava mucho más. En Cuba, sin propiedad privada capitalista, se lo pudo evitar. ¿Y por qué el gobierno de Venezuela nunca suprimió la propiedad privada capitalista? Porque el “proceso bolivariano” nunca fue una revolución anticapitalista. Y entonces, hoy, tienen que importar comida del Uruguay enano y en la lona, y ?no la pueden pagar, un país que produce petróleo.

Sobre lo segundo, lo peor de todo. El gobierno de Maduro ha entrado en un proceso de MILITARIZACIÓN al que llamo “bonapartismo militarista”, es un proceso degenerativo reaccionario y lleva al pueblo de Venezuela al desastre.

Voy a la otra crítica de RM, que reduzco los procesos históricos a los gobiernos e ignoro la acción de los pueblos. Aquí, debo pedir disculpas por si se malinterpreta lo que quiero decir.

“La historia del pueblo venezolano no la escribe ni Chávez ni Maduro la escribe el pueblo Venezolano... puede decidir que sea Maduro el jefe como puede cambiar de jefes ya que los lideres representan el sentir del pueblo y nosotros como uruguayos no los vamos a sustituir”. Dice RM, y estoy de acuerdo.

Pero ¿cómo escriben la historia los pueblos, cómo cambian de “jefe” o “líder” si acaso necesitan eso? Son PROCESOS POLÍTICOS en los que hay corrientes de pensamiento y discusiones, búsqueda de la verdad.

Yo no pretendo sustituir al pueblo de Venezuela, ni al de Uruguay. Doy una opinión para contribuir a ese proceso. No creo que esa opinión llegue siquiera a Venezuela, pero trato de contribuir a lo que acá pensamos sobre lo que pasa en Venezuela. Y esto es lo que dije en el final de mi nota:

“Entonces, tan pesimista no soy para el futuro inmediato de Venezuela. La descomposición y desmembramiento del chavismo también es inevitable. Y a partir de allí, una táctica de unidad de acción con los sectores que se vayan desprendiendo podría darse. Pero para eso se necesitan en primer lugar verdaderos socialistas”.

Si es que hay en Venezuela verdaderos socialistas, eso es lo que yo les aconsejaría, de la misma forma en que escucharía su consejo sobre Uruguay, si me lo diesen.

Ahora hablaré de la invasión yanqui. Creo que no es tan inminente porque se tomarán un tiempo y dependiendo de lo que pase tal vez ni la necesiten. ¿En qué usarán ese tiempo? En hacer lo que están haciendo, aprovechar todos los errores del gobierno de Venezuela para desprestigiar no ya solamente a ese gobierno, sino TODA LA CAUSA DE LA REVOLUCIÓN Y EL SOCIALISMO

En esta situación no tienen prisa. Asedian, acosan y atacan al gobierno de Venezuela, pero pueden esperar a que se hunda a sí mismo, no representa hoy en los hechos ningún peligro para los yanquis. En cambio, sí representa un problema para nosotros. Entonces por ahora esa táctica les rinde más.

Hay un criterio político que yo llamo "la ley de Mandel" porque lo tomo de algunos escritos de este teórico marxista sobre experiencias vividas. Es más o menos: NO SE CAMBIA DE ESTADO MAYOR EN MEDIO DE LA BATALLA.

Y es lógico, aunque tengas discrepancias políticas, cuando estás en una batalla frontal contra el enemigo, no es el mejor momento de poner esas diferencias por encima, y esos problemas puedan terminar perjudicando toda la lucha. Esas experiencias las hemos vivido.

Pero las cosas tienen su límite. Cuando nos llevan a la derrota hay que buscar un camino independiente sin facilitarle las cosas al enemigo. No podemos seguir a los mariscales de la derrota como los ratones al flautista.

La torpeza, el dogmatismo, la estrechez mental, el espíritu de barra brava, de claque, la falta de autocrítica, la falta de ideas y el estilo “BOCAMARO”, la soberbia enferma, la falta de franqueza para reconocer un error, es lo que impera en gran parte de la izquierda latinoamericana de hoy.

Ese estilo ha fracasado. ¿Todavía no se dieron cuenta?

Una vez más, gracias a Raúl Martínez por este intercambio de ideas.