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POSTALINAS

ARG | El decano y el vicedecano de la Facultad Humanidades y Ciencias Sociales repudian la represión

Estimados  miembros de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy  (docentes, no docentes, graduados y estudiantes)

Primero se llevaron a los comunistas, pero a mí no me importó porque yo no lo era; enseguida se llevaron a unos obreros, pero a mí no me importó porque yo tampoco lo era, después detuvieron a los sindicalistas, pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista; luego apresaron a unos curas, pero como yo no soy religioso, tampoco me importó; ahora me llevan a mí, pero ya es demasiado tarde. Bertolt Brecht, poeta y dramaturgo alemán (1898-1956)

Frente a los hechos conocidos,  acontecidos en la Facultad de Ciencias Agrarias de nuestra Universidad, consideramos oportuno compartir algunas reflexiones, luego de que los principales actores expresaran públicamente sus puntos de vista.

Como autoridades hemos expresado, conjuntamente con los otros Decanos y el Rector e l repudio institucional y la exigencia de esclarecimiento y justicia frente al atropello policial. Sin embargo, creemos que es necesario avanzar en la interpretación de los hechos para  evitar una lectura ingenua  y poder asumir un compromiso fundado sobre lo que nos está sucediendo.

El primer paso, es ponerle el nombre, que efectivamente tienen, a los acontecimientos, y sin eufemismos: el hecho grave no es sólo que se haya producido un allanamiento de la Universidad burlando la Ley de Educación Superior, sino que las fuerzas policiales, sabiendo lo que hacían, concretaron un secuestro seguido de tortura que felizmente no terminó en muerte o desaparición de personas, aunque por los relatos –el no reconocimiento por parte de autoridades  policiales de la existencia de un segundo detenido-, pareciera que cuanto menos existió la tentación.

Esto nos retrotrae a la triste constatación de la existencia de un modus operandi protocolizado cercano al terrorismo de Estado, corroborado por la conferencia de prensa ofrecida por las autoridades policiales, con el consentimiento –es dable suponer- de por lo menos los responsables del área de seguridad del Gobierno de la Provincia. De no ser así, denotaría un descontrol que nos remite a la imagen aún más grave de la existencia de grupos de tarea con autonomía relativa.

Esta heurística es interpretable desde un contexto internacional, nacional y local que señalan un avance de formas autoritarias sobre los derechos ciudadanos, encubiertas  detrás de un discurso acerca de la seguridad pública y la necesidad de combatir a la delincuencia, cuando los datos indican que es el zorro quien está custodiando al gallinero.

A nivel internacional, es claro el avance explícito del racismo y la xenofobia producto del fenómeno de las migraciones  masivas como consecuencia de las hambrunas y las guerras genocidas.

A nivel nacional, los intentos de criminalización de la protesta, la juventud y los pueblos originarios, la estigmatización de la pobreza,  conducen hacia la militarización de la represión y a la imposición de políticas de control que se encuentran en el límite de la supresión de los derechos civiles, y que son un síntoma de la impericia del gobierno actual para desactivar  los conflictos realmente existente por la vía del diálogo. Curiosamente, esta situación se asocia a un ataque a la educación pública, laica y gratuita, desmedido y sin fundamentos, que cuestiona una de las características casi idiosincráticas construidas como política de Estado por la sociedad nacional durante más de un siglo. Esta denostacion de la educación pública se encubre detrás de un discurso sobre la necesidad de mejoramiento de la calidad educativa, pero sin enunciar cual es el “sacrificio” al que está dispuesto a realizar el gobierno  para lograr esta meta.

A nivel local, el incremento de la pobreza  pretende paliarse con mayor control policial, sin que se vislumbren proyectos estratégicos para el desarrollo integral de la provincia y el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes.

En este marco, entendemos que lo sucedido  en la Facultad de Ciencias Agrarias no es azaroso ni un exceso de algún funcionario policial descarriado, sino que esta estructuralmente relacionado a una forma de concebir la realidad, las relaciones sociales y la resolución de los conflictos, que supone que los problemas generados por la desigualdad y la injusticia, no se curan con más “democracia”, como eligiera el pueblo argentino en 1983, sino con represión, intolerancia y arbitrariedad. Un camino que conduce necesariamente a la degradación del ser humano a través del terror.

Por ese motivo, los invitamos a participar masivamente a la Sesión extraordinaria del Consejo Superior que se realizará el martes 18 de abril.

  • Ricardo Slavutsky , Decano  FHYCS                                                            
  • Benito Carlos Aramayo,  Vicedecano  FHYCS
  • Julio César Arrueta ,  Secretario de Asuntos Académicos UNJU
  • Elena Belli, Secretaria de Extensión Universitaria UNJU
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Debate sobre inundaciones, sequías e incendios.

Maristella Svampa( Socióloga, investigadora del Conicet) y  Enrique Viale (Presidente de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas

¿Por qué la política socio-ambiental ha sido y es subestimada sistemáticamente por todos los gobiernos? ¿Es que los gobernantes de turno, más allá del color ideológico, no toman en cuenta las nefastas consecuencias que tiene la ausencia de una auténtica política socio-ambiental, incluso en su relación con los costos económicos? ¿Creerán que es una mera cuestión de cosmética, de sólo un par de slogans efectistas tras un discurso de marketing?

Se impone que la Argentina ponga en su verdadero lugar la problemática ecológica. Que ésta no sea pensada como “un aspecto” o “una dimensión más”, sino a partir de una perspectiva integral. Ni siquiera se trata de cambiar de Ministro de Ambiente y de reemplazarlo por uno más idóneo. En realidad, deben debatirse las consecuencias, ya inocultables, del modelo productivo/extractivista consolidado en nuestro país 

Cualquier política ambiental que quiera llevarse a cabo sin debatir las múltiples implicancias del modelo de desarrollo hoy vigentes, será un parche, un recorte parcial, incluso un “ambientalismo superficial” (como dice la Encíclica Laudato Si), más que a una propuesta de discusión integral sobre sus consecuencias socio-ambientales, socio-sanitarias, económicas, culturales y políticas.

Las causas de la emergencia socio-ambiental que hoy golpean a la Argentina son de carácter complejo y pluridimensional, pero está lejos de aparecer como una “tragedia inevitable”. Existen dos factores mayores, íntimamente ligados, que explican la magnitud de estos eventos: uno es de carácter global, el Cambio climático, que profundiza y multiplica los fenómenos climáticos extremos; otra es de carácter nacional, vinculada a la expansión de un modelo de (mal) desarrollo, incompatible con los ciclos de la Naturaleza.

El cambio climático no es una excusa y mucho menos una abstracción. En realidad, es lo menos “natural” que existe, pues es de origen antrópico y nos recuerda que en la era del Antropoceno, el ser humano se ha convertido en una fuerza geológica de alcance global. Dicho carácter global no diluye ni tampoco atenúa la responsabilidad de los funcionarios y políticos, sino todo lo contrario, la acentúa y la pone en valor, a la hora de tomar decisiones acerca de las políticas públicas territoriales o de gestar programas de control y prevención ante los impactos que éstas políticas han generado.

Dicho de otro modo: los incendios, inundaciones, sequías y demás eventos extremos no son parte de una “profecía apocalíptica”, sino de un fenómeno extendido en el planeta, que las políticas de gobierno potencian a través de medidas en favor del agronegocio, la megaminería, la fractura hidráulica (fracking) y los mega emprendimientos inmobiliarios, entre otros. Más allá de sus diferencias internas, dichos modelos presentan una lógica común; gran escala, ocupación intensiva del territorio, amplificación de impactos ambientales y socio-sanitarios, preeminencia de grandes actores corporativos y democracia de baja intensidad. Ahora bien, ¿qué país puede estar preparado para el Cambio Climático, o generar verdaderas estrategias de adaptación, si cuenta con políticas públicas que promueven ciegamente la deforestación, la destrucción de humedales, el incremento de la producción de combustibles fósiles, entre otros?

El corazón del modelo sojero totalmente inundado no es sólo consecuencia de altas precipitaciones, sino de un suelo que ya no absorbe los excesos hídricos, producto de un capitalismo agrario que necesita arrasar con bosques nativos y humedales en su avance por los territorios. Un modelo que es necesario replantear, porque si bien trae riqueza para un sector de la población argentina, genera enormes impactos negativos que paga el resto de la sociedad y la naturaleza. ¿Acaso no cuentan ni siquiera los costos económicos que generan los daños producidos por las inundaciones y los incendios? ¿O los costos en salud, cuando no de vidas humanas?

Lamentablemente, gran parte de la clase política no puede -ni quiere- relacionar las causas de las inundaciones y de los voraces incendios con el modelo de desarrollo y los desastres ecológicos que éste genera. Es hora de hacerlo, no hay más excusas.

Fuente: Clarín (info y Datas)

Un hilo desde Trump hasta el hincha muerto

La “pasión más pura” y la muerte del hincha

Examinemos "la pasión más pura", según la llamaba Discépolo (Enrique Santos).

En un templo donde se rinde culto a esa pasión la víctima sufrió fractura de cráneo con paro cardiorrespiratorio y múltiples golpes en todo el cuerpo, causados por otros hinchas de su misma divisa.

Pero, ¡aclaremos!: los hinchas de Belgrano se los propinaron de buena fe, creyendo que era un hincha de Talleres ("Taieres", para que nos entendamos todos).

No solo eso sufrió: también el robo de sus zapatillas mientras estaba inconsciente, caído en las escaleras del nivel inferior.

En efecto, en las fotos de cuando lo arrojan las tiene colocadas, y ya exánime en el suelo se lo ve sin calzado. Le robaron las zapatillas cuando estaba moribundo.

Eso, ante la mirada de cientos de personas (¿personas, dije?) que observaban "desde el pullman" el resultado de su hazaña.

En gran parte, el mundo está como está a causa de que el fútbol (el espectáculo de competiciones entre hiperprofesionales) escamotea el tiempo, la pasión y la ética de las masas. Pasión, inteligencia, energías que deberían estar aplicadas al beneficio de la humanidad. Más en este momento crucial en el cual está en riesgo la supervivencia de la especie.

Pero, pongámosle que exagero, que “¡mirá si...!”, etcétera. Igual el tema a mí me inquieta: esos hinchas son mis compatriotas; conviven conmigo y... votan en las elecciones. ¿Cómo quieren ustedes que nos vaya a los argentinos?

@juandelsur2

Juan del Sur

Odebrecht, ¿la punta del iceberg?

 La Jornada16 de abril de 2017

El fenómeno de la corrupción en los ámbitos de gobierno tiene vieja historia en casi todos los países del mundo, aunque ha sido a lo largo del reciente cuarto de siglo cuando ha alcanzado proporciones de escándalo. Es raro el día en que no se den a conocer, tanto en naciones llamadas desarrolladas como en aquellas que todavía se encuentran lejos de esa condición, casos en los que multitud de medidas políticas y económicas se adoptan no en función del interés colectivo, sino de funcionarios que aprovechan sus cargos para ingresar, al término de su mandato, en el exclusivo mundo de los millonarios.

En América Latina, donde las prácticas corruptas a escala gubernamental se han convertido en moneda corriente, los turbios manejos de la constructora brasileña Odebrecht y su vinculación con distintos gobiernos de la zona están demostrando –desde 2014, cuando se dieron a conocer las primeras irregularidades– la extensión y la profundidad que la corrupción tiene en la esfera de la gestión oficial. Pero a la vez está poniendo en evidencia un hecho que los ciudadanos, con la mirada puesta en sus autoridades, a menudo tienden a olvidar: que la corrupción pública se alimenta en gran parte de fondos privados.

La corrupción tradicional se manifiesta mediante el saqueo de los fondos del Estado, que en su origen pertenecen a los contribuyentes; la variante en esta ocasión encarnada por Odebrecht, en cambio, tiene lugar por medio de recursos que pasan de manos de particulares a las de personajes que ocupan un estratégico puesto público, en lo que constituye una especie de inversión que producirá jugosos réditos mediante la adjudicación de licitaciones, exenciones fiscales, permisos de operación o algún otro beneficio disfrazado de concurso bien ganado.

Así las cosas, no es casual que esta forma de corrupción se haya intensificado en años recientes, cuando el modelo que privilegia la libre empresa y la asunción por la iniciativa privada de las funciones propias del Estado llevó a cabo su consolidación

Si la columna vertebral del modelo pasa por el empleo irrestricto del capital –es el razonamiento subyacente–, ¿qué impide usar éste para comprar el derecho a operar bienes y servicios o a obtener ventajas competitivas? En un sistema en el que desregularizar es la norma, convertir las regulaciones en un producto de mercado no parece demasiado censurable, aunque haya que hacerlo furtivamente.

Una pregunta se impone: ¿es Odebrecht un caso único, un episodio excepcional o, por el contrario, se trata sólo de la clásica punta del iceberg que esconde bajo el agua la mayor parte de su volumen? Por lo pronto, con presencia en 27 países, según investigaciones recientes, la empresa con sede en Salvador de Bahía, Brasil, ha entregado aportes a intermediarios (elegante eufemismo por sobornos) a funcionarios en Argentina, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, México, Perú y Venezuela, más algunos países de África.

Y probablemente sea una ingenuidad pensar que ahí se agota su caudal de operaciones.