Maxime Benatouil - LINKS Revista Internacional de Renovación Socialista - 27 de abril de 2017
Después del pronosticado pero no menos espectacular resultado de la primera vuelta de la elección presidencial, en la izquierda se queman preguntas urgentes en todos los labios: ¿qué haremos ahora?
¿Votar a Emmanuel Macron para asegurar que Marine Le Pen pierda? ¿Abstenerse, asumiendo el riesgo de verla en el Élysée? ¿Acaso otros cinco años de política de "más de la misma" no conducirían en última instancia a la victoria de la extrema derecha en 2022?
El Partido Comunista Francés ha decidido, sin mencionar el nombre de Emmanuel Macron llama a sus activistas a votar en contra del Frente Nacional. Jean-Luc Mélenchon decidió lo contrario, y no dio ninguna recomendación. A través de su plataforma de internet, France Insoumise procederá a una consulta en línea abierta a los 400.000 suscriptores en los próximos días, respetando así la democracia interna del movimiento.
Relatos divergentes
Mientras tanto, diferentes relatos aparecen para dar sentido a la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, del domingo 27 de abril.
Emmanuel Macron (En Marche, movimiento político centrista-neoliberal) y Marine Le Pen (Front National, extrema derecha) son los dos candidatos que quedan. Las encuestas previas resultaron confirmadas, aunque la brecha entre los dos principales candidatos fue mucho más estrecha de lo esperado. Ninguno de los partidos gobernantes habituales -Les Républicains (LR, conservadores) y el Parti Socialiste (PS, socialdemócratas) - llegaron a la segunda ronda. ¿Un terremoto? Sí y no.
Observando los resultados de elecciones anteriores, el porcentaje de Marine Le Pen y las encuestas de la segunda vuelta no sorprenden. Su ascenso se ha confirmado firmemente, voto a voto, en los últimos años. Sin embargo, no estaba claro si llegaría a terminar en el primer lugar, lo que no logró. Emmanuel Macron - desconocido para el público francés hace tres años - es ahora tan sagrado como el enfant chéri de la République. Sin tener para campaña el sello de un partido, lanzó su movimiento político afirmando no pertenecer ni a la izquierda ni a la derecha, pero seguramente anclado dentro del proyecto neoliberal diseñado para seguir implementando las reformas estructurales del mercado de trabajo que llevó a cabo como ministro de economía de François Hollande. ¿Podemos hablar verdaderamente de un terremoto?
Rendimiento increíblemente alto de la izquierda
Jean-Luc Mélenchon (Francia Insumisa, movimiento político izquierdista e independiente, apoyado por los componentes del Front de Gauche), araño el 20% de los votos, dio a la izquierda un rendimiento increíblemente alto al que ya no estaba acostumbrado. Llevó los frutos de una estrategia muy creativa y eficiente, inspirándose en el concepto de populismo izquierdista de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, dirigiéndose al pueblo en base a un programa progresista pero sin referencias claras. Las encuestas indicaron su ascenso meteórico en las últimas semanas de la campaña, convirtiéndolo en el candidato de facto a votar para oponerse a la extrema derecha radicalizada y el centro neoliberal, contribuyendo así a exprimir aún más a Benoît Hamon ( PS), que quedó atrapado entre él (Mélenchon) y Emmanuel Macron con cada vez menos margen de maniobra. Y participando en un profundo cambio basado en la soberanía popular, la justicia social y la planificación ecológica.
Con un puntaje inferior al 7%, Benoît Hamon también pagó el precio del descrédito de François Hollande, así como el del PS en su conjunto. Un resultado tan débil tendrá un significado tremendo para la inevitable recomposición de la izquierda, cuyo proceso comenzará a más tardar al día siguiente de la ronda final de la elección presidencial. Es demasiado pronto para saber qué forma tomará, pero una cosa es cierta: el PS ya no jugará el papel principal que había estado desempeñando desde la erosión del Partido Comunista Francés.