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NECESARIO, PERO NO SUFICIENTE

El libro sobre EFH y otros comentarios

Víctor L. Bacchetta

Es muy necesario, imprescindible se puede agregar, saber cuál ha sido la conducta de los militantes que pretenden ser revolucionarios. En esto se han centrado básicamente los comentarios y debates particulares sobre Amodio, EFH y otros integrantes del MLN Tupamaros, acentuado últimamente por el libro de María Urruzola.

Sin embargo, no es suficiente. No es suficiente como explicación o interpretación de esas conductas y, lo que es más importante, no alcanza para extraer de estos hechos todas las enseñanzas personales y políticas que se requieren, si pretendemos seguir luchando por un cambio revolucionario en nuestras sociedades.

Antes que nada, no cabe duda de que las traiciones individuales no explican la derrota de un movimiento revolucionario. Inclusive en las grandes revoluciones se registraron infiltraciones y traiciones en el más alto nivel, como Malinovski en el Comité Central del Partido Bolchevique, sin que torcieran el curso de los hechos.

Una anécdota. En el auge de las acciones del MLN, en Cuba se emitió una telenovela que reflejaba este caso y entre los personajes pusieron a un traidor. Hubo uruguayos que cuestionaron el hecho, alegando que los Tupamaros no tenían traidores. Era la experiencia revolucionaria cubana que indicaba esa posibilidad.

Asimismo, es claro que en aquellos años los que militábamos en la izquierda teníamos presente la posibilidad de la detención y la tortura. Nos preparábamos por tanto, sobre todo leyendo a revolucionarios como Julius Fucik y otros. Pero nadie, absolutamente nadie, puede asegurar cómo se va a comportar en ese momento.

En la izquierda uruguaya no se ha discutido abiertamente la cuestión de los militantes que cantaron bajo la tortura y las organizaciones no han tenido una actitud clara sobre estos casos. Se sabe que es una falla posible de la persona y, humanamente, no la podemos condenar, sobre todo si la persona la reconoce como tal.

Pero una vez confirmado el hecho, si esa persona quiere seguir militando, lo apropiado es que no desempeñe cargos o tareas de responsabilidad. No por cinco años, nunca. Sencillamente, porque la posibilidad de la falla ya está comprobada y, habitualmente, el enemigo se aprovecha de esa debilidad para volver a utilizarla.

Otra historia es cuando esa persona no reconoce u oculta esa falla y, mucho peor, pasa a colaborar con el enemigo. Esta es claramente la traición

En la persona de EFH, la calificación ya se la dieron compañeros de su organización con mucha mayor autoridad que yo para hacerlo. No obstante, se le siguen dando vueltas a este personaje, entrando incluso en un análisis de tipo sicoanalítico, pero que no aporta algo más sustantivo desde el ángulo político-social.

En cuanto al libro de Urruzola, digamos que es una buena investigación periodística y un éxito comercial. Obviamente, tiene unas implicaciones políticas notorias, sobre las cuales ni la editorial ni la autora pueden alegar inocencia. Pero no va más allá de lo que rodea a EFH y la autora no parece habérselo propuesto.

Las implicaciones políticas pueden afectar seriamente a aquellas personas y sectores partidarios que han usufructuado de la leyenda heroica de una generación para sus fines políticos e individuales. Fines reducidos a la subsistencia electoral en el marco del sistema, pues hace rato que renunciaron a aquellos valores.

No deja de ser saludable desenmascarar ese fraude. Las respuestas ensayadas por los involucrados son patéticas, no desmienten ninguno de los hechos presentados. Pero hay otra faceta subyacente en ese libro y es que puede contribuir, también, a generar una mayor desmoralización de los militantes honestos.

Aquí se evidencia la carencia del análisis, porque mucho más importante que las fallas y traiciones individuales, que existieron y seguirán existiendo, es la renuncia (llámenlo traición, si quieren, pero es de otro tipo) a los valores y objetivos revolucionarios. Una falla o traición individual no es suficiente para explicar este hecho.

Urruzola intenta explicar el impresionante viraje ideológico del Ñato en una coherencia sobre el papel del ejército nacional que EFH habría tenido desde los orígenes de su militancia. Esa idea del “ejército Artiguista” fue una fantasía de sus últimos días de la cual los propios militares se rieron, mientras la usufructuaban.

Esa coherencia personal de EFH no existió, basta con una lectura de sus escritos y declaraciones. Cuando el Ñato recurre a la Constitución y las leyes para justificar su defensa de las FFAA o el Pepe afirma que son el bastión de la Nación, no hace falta ningún documento secreto para identificar a los renegados.

Fantasía como el porcentaje de las FFAA que habría que conquistar para viabilizar los cambios o el parentesco de los mandos con ex-presos políticos, que parecen ignorar cómo funcionó el ejército. "El mismo soldado que te estaba pasando el mate, a los 10 minutos te está torturando", me contó una vez Jaime Pérez.

O el cuento del "diálogo entre ex-combatientes", como si hubiera existido una guerra y fuera una relación entre iguales, que evidencia una gran ignorancia o engaño sobre la naturaleza del ejército profesional. Hasta Gavazzo se dice traicionado por la institución que lo abandona a su suerte cuando ya dejó de serle útil (*)

La historia ha mostrado que una gran derrota del movimiento popular y revolucionario puede provocar una desmoralización capaz de alcanzar incluso a sus líderes. Este hecho es el problema más importante a resolver para el presente y el futuro, por el lugar que han ocupado estos personajes y su influencia política.

Es natural que esa renuncia no se vaya a expresar como tal, sobre todo cuando tales personajes tienen grandes ambiciones de poder. Pero más allá de la inteligencia y la capacidad del Ñato y otros para mentir y seducir, lo preocupante es la confusión de sus seguidores y su influencia sobre las grandes masas.

Esto no lo consiguieron por su sola cuenta sino que, más bien, coronaron el proceso ejecutado por la dictadura para anular el nivel de conciencia del movimiento popular. Tras haber aplastado a las organizaciones, dedicaron casi 10 años a desmantelar la enseñanza y controlar férreamente la vida social y política.

La posibilidad de una revolución la definen las condiciones objetivas y subjetivas de un momento histórico, independiente de la voluntad de los partidos y las clases (**). Ergo, los factores determinantes de la derrota son las concepciones y el desempeño de las organizaciones revolucionarias en medio de esa coyuntura.

Entonces, más allá de las cuestiones personales, tenemos que abocarnos a analizar esos factores. En primer lugar, evaluar si Uruguay se encontraba o no en medio de una coyuntura revolucionaria, porque la oportunidad de las acciones y métodos de lucha no es absoluta, depende del momento histórico concreto.

A continuación, evaluar las características del momento histórico presente, el estado de conciencia del pueblo y su disposición para las luchas. Partiendo de esta realidad, podremos definir las formas de organización y de acción adecuadas para acercarnos otra vez a posibles instancias de decisión revolucionaria.

(*) Ver en "Gavazzo sin piedad", de Leonardo Haberkorn, Random Penguin House Grupo Editorial, Editorial Sudamericana Uruguaya S.A., mayo de 2016.

(**) Una situación revolucionaria está determinada por tres signos principales: 1) La imposibilidad para las clases dominantes de mantener inmutable su dominación; 2) Una agravación superior a la habitual de la miseria y los sufrimientos de las clases oprimidas; y 3) Una intensificación considerable de la actividad de las masas. “Sin estos cambios objetivos, no solo independientes de la voluntad de los distintos grupos y partidos, sino también de la voluntad de las diferentes clases, la revolución es, por regla general, imposible” (V. I. Lenin)