por Detlef Hartmann
Este trabajo Publicado en Anarkistisk Tidstrkift (AT) [Periódico anarquista], Estocolmo, abril de 1995, tiene 30 años, y está muy vigente por eso consideramos importante hacerlo conocer una vez más en 2 entregas acá va la segunda y ultima
Traducido del sueco por Luis Sabini Fernández. Los textos entre corchetes pertenecen a la traducción. Extraído de la compilación, de origen alemán Neuer Internationalismus und IWF-Kampagne, Bremen, 1988.
Publicado en castellano en futuros, con la ese bien puesta, Río de la Plata, octubre 2000.
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EE.UU. LLEVA A CABO EL NUEVO ORDEN
A la espera de los primeros tiros en Polonia, los EE.UU. se prepararon para crear un proyecto semejante, una esfera económica panamericana que habría de coexistir con el correspondiente nuevo orden socialista nacional en Europa. Atrás del proyecto había una alianza compuesta por monopolistas inspirados en el keynesianismo, keynesianos de los ministerios del Interior, de Comercio y de Finanzas, el influyente SEC (Securities and Exchange Commission) [Comisión de Seguridades y de Cambios] y finalmente por los líderes sindicales socialimperialistas de la AFL y de la CIO. Roosevelt, el presidente de entonces, participó entusiasmadamente y durante el primer tiempo luego del ataque tomó él la iniciativa incluso en la propaganda interna. El objetivo era llevar adelante un modelo de desarrollo en todo el continente americano, un nuevo orden configurado como un "eje norte-sur" panamericano, como se lo llamaba entonces en el lenguaje de los circuitos cerrados al público. Este eje norte-sur estaba conscientemente pensado como una contraparte del "eje Berlín-Roma-Tokio" con el cual habría de competir y colaborar.
Harry White, en calidad de representante del ministerio de finanzas y directamente subalterno de Morgenthau, llevó adelante el primer boceto de un fondo de divisas internacional: el banco interamericano. Desde el ingreso de los EE.UU. a la guerra hasta la conferencia de BRETTON Woods corrigió y amplió este concepto hasta que tuvo alcance mundial. Por cuenta del ministerio del interior, Collado —luego primer presidente del Banco Mundial— completó la configuración con la idea de una gigantesca autoridad central con sede en Washington. Tendría el cometido de adaptar las estructuras de producción de América Latina al modelo de desarrollo dependiente; la producción habría de concentrarse en mercancías que sólo pudieran ser vendidas en los EE.UU. con ello Nelson Rockefeller recibió un papel clave, elegido a dedo por Roosevelt para ser "coordinador interamericano": habría de coordinar lo técnico, las medidas económicas y sociales en la nueva estrategia de desarrollo
Para evitar repeticiones, solamente diré que se trataba de los mismas técnicas —para transformar la agricultura y llevarla a una racionalización en gran escala y a una total dependencia de la industria química y de la tecnología metropolitana— que también formaban parte del nuevo orden nazi; un dólar convenio que sólo habría de regir en América Latina era el medio financiero concebido (Roosevelt prefería el término "unitam"). Las relaciones comerciales entre ambas esferas económicas, la nazi y la american, habrían de tener únicamente una autoridad central en Washington. El capital latinoamericano habría de perder el derecho a comerciar directamente con el resto del mundo
La idea del banco interamericano y la autoridad central en Washington formó parte de todos los instrumentos técnicos que luego se incorporarían al FMI y al BM: la construcción de una red cambiaria alrededor de una divisa líder; el cuoteo (en todo lo relativo a los volúmenes de comercio, de modo tal que los EE.UU. se aseguraban un derecho de veto) y técnicas para flexibilizar los instrumentos crediticios. Estos instrumentos habrían de asegurar una integración de largo plazo en la nueva división internacional de trabajo y el desarrollo dependiente
Las personas que trabajaban para plasmar estas ideas en la realidad eran por lo demás muy entusiastas —aun cuando no lo demostraran públicamente— respecto de las ventajas revolucionarias de las herramientas financieras del socialismo nacional. Si la región americana se racionalizaba totalmente, Roosevelt estaba plenamente convencido de que ello aparejaría gigantescas posibilidades de inversión para el capital monopólico de los EE.UU.
A pesar la guerra no se tenía muy en cuenta a Inglaterra. EE.UU. necesitaba a Inglaterra para limitar la esfera económica propia respecto de la nazi, lo cual se llevó a cabo mediante el bloqueo naval inglés, pero por lo demás, los planes eran los de heredar el imperio británico. Cuando la cancillería británica el 3 de julio de 1940 pidió conocer los planes de los EE.UU., obtuvo una respuesta humillante: Inglaterra no tenía nada que recibir de ese proyecto. Pero en las encarnizadas escaramuzas intraimperialistas desarrolladas en las trincheras políticas, Churchill y Keynes lograron hacerle ver a los EE.UU. el valor de la resistencia inglesa contra la Alemania nazi.
Después de ello Keynes pudo dedicarse a luchar por el nuevo orden con su propuesta de Clearing Union. Esta Clearing Union era de modo patente una copia del Zentralclearing nazi, pero estaba concebida para una esfera económica británica (Keynes ha reconocido que él tenía mucho que agradecer al modelo nazi, cuando el Clearing Union fue desarrollado. En junio de 1940, comentó la propaganda nazi sobre un orden nuevo: "muy satisfactorio, siempre que el nombre ‘Alemania’ o ‘potencias del Eje’ se cambien por el de ‘Gran Bretaña’.")
Las disensiones imperialistas entre los EE.UU. e Inglaterra —Alemania desapareció del mapa luego de la derrota en Moscú— tienen sin embargo un significado secundario. Por cierto que los cambios de detalle en los modelos de la economía de posguerra no carecen de interés histórico, pero apenas representan adaptaciones a los cambios de la suerte de la guerra. El modelo panamericano hizo crisis oficialmente en julio de 1940, a causa de la resistencia latinoamericana. Posteriormente se podría verificar que se trataba solamente de un ensayo de prueba, desde el cual se extraerían ideas y las técnicas para el nuevo orden que sobrevendría con BRETTON WOODS
EL ÉXITO INIGUALADO DEL SISTEMA DE BRETTON WOODS
No sólo carece de sentido acusar al sistema de BRETTON WOODS (FMI, BM y ayuda al desarrollo) por haber fracasado desde sus fundamentos, por no haber impedido el hambre de cientos de millones de víctimas, muchas de ellas mortales, por una miseria que abarca todos los puntos del planeta y por la destrucción de las estructuras económicas. No, es totalmente al revés: las instituciones del sistema de BW han sido increíblemente exitosas, justamente porque han cumplido lo que exactamente se esperaba de ellas
El sistema diseñado ha tenido éxito y ha estado muy lejos de tener "accidentes de trabajo". Con ayuda de mecanismos económicos burgueses se forjó una composición de clases que constituye una copia fiel de lo que llevó adelante el capital alemán antes de 1945 y que constituye un ataque totalmente deliberado: una pirámide de explotación en cuyo vértice están situados los ocupados permanentes de las metrópolis, por debajo de los cuales están los refugiados y los que trabajan por su mera supervivencia en los campos de trabajo y por último aquellos a los que el sistema no les da ya oportunidad alguna para sobrevivir, las víctimas de un genocidio calculado. (Ver Autonomie, Nº 10 y el cuaderno recientemente publicado Materialien gegen die imperialistischen Flüchtlingspolitik.)
Durante una incursión generalizada que ha durado cuarenta años la agricultura del mundo entero ha sido racionalizada tanto social como técnicamente, de un modo tal que cientos de millones de seres humanos han sido expulsados de la tierra que laboraban desde tiempo inmemorial y las estructuras sociales que cuidaban su supervivencia han sido destruidas. Esta ola de ataques que ha creado valores económicos desde la destrucción —se podría decir que ha producido oro de las vidas aniquiladas— ha garantizado el crecimiento del capital monopólico en las metrópolis, lo que a su vez ha posibilitado la producción en gran escala de bienes de primera necesidad así como energía atómica, venenos químicos y armas.
Durante todo este período de ofensiva tecnológica las instituciones ya nombradas han seguido desarrollando sus instrumentos, los cuales se pueden resumir en el concepto "integración de un mercado mundial". Se trata de relaciones de dependencias tanto tecnológicas como organizativas dentro de una nueva división internacional del trabajo en la cual la explotación, el control y el gobierno se han entrelazado. La integración del mercado mundial ha sido exitosa y esto ha significado que el dinero ha impuesto sus condiciones a la supervivencia ("El dinero es la causa de que las naciones consumidas por el hambre no tengan nada que comer" escribía con acierto la International Herald Tribune en 1984 con relación a Brasil, que es el tercer país exportador mundial de alimentos tanto para uso humano como animal.)
El FMI, el BM y los organismos adláteres han sido también exitosos, al lograr con sus comandos tecnológicos aplastar a las capas locales de la pequeño burguesía. Después de ello, las instituciones han entrado en escena ante las clases locales como un gobierno transnacional proveniente de las catedrales del capital monopólico, aparentemente inexpugnables. Otra razón para el éxito ha sido que todos los movimientos de liberación se han limitados a sus marcos nacionales; naciones y posiciones que estaban a la vista para conquistar y "liberar" no eran sino puestos administrativos subordinados a los dictados transnacionales de la acumulación de capital.
Queda fuera de los límites de este artículo una investigación más a fondo de cómo los mecanismos de la crisis de la deuda han dado cumplimiento y han agudizado, combinadamente, la estrategia de destrucción y la integración al mercado mundial, es decir, sintetizando, cómo se procede al genocidio a través del desarrollo
Los programas de estabilización y de saneamiento de la deuda, a través del FMI, y el recurso de trasladarlos a la órbita del BM bajo la etiqueta de "programa de adaptación de las estructuras" (para desplazar de ahora en adelante al FMI de la "línea de fuego"), nos hablan un lenguaje suficientemente nítido y trasuntan una continuidad punto por punto con el nuevo orden del año 1940. ¡Pero observen! No se trata solamente de darse cuenta que el sistema montado en BRETTON WOODS, el FMI y el BM son armas del capital
Se trata sobre todo de las consecuencias que trae aparejadas este conocimiento. Una es que no se puede de modo alguno reformar estas armas —del mismo modo como es imposible reformar un tanque de guerra— y que, por el contrario, lo único que puede hacerse es combatirlas
Limitarse a exigir reformas, del modo en que suele hacerse desde la izquierda hoy en día, no significa más que ponerse al servicio del capital, y de ese modo, aguzarles las armas; un tratamiento supersensible de la situación, de modo tal que el arsenal de armas se pueda adaptar a la resistencia y a los bloqueos. Esto significa una vez más hacerse cargo de la tarea de ser garante y precursor de la maquinaria de poder capitalista; una tarea para la cual la izquierda reformista, como se sabe, ha sido particularmente apta. Todos los que hablan de "transformaciones" que se permiten hacer coincidir sus representaciones de las reformas con las últimas estrategias de acumulación del capital se ponen al servicio de este último.
En realidad son conscientes de que el capital depende de este papel mediador. Los obstáculos a la acumulación de capital que se levantaron a fines de la década de los 60 como consecuencia de los conflictos de clase de entonces no habrían sido quebrados sin la política social reformista de la izquierda. Y no nos olvidemos que fueron los afanosos desarrollistas keynesianos de izquierda los que aceitaron la maquinaria de la ola de violencia que el nuevo orden puso en marcha luego de la Segunda Guerra Mundial. Puede ser difícil llegar a ver esta situación si se vive en las metrópolis. La preparación empeora por el hecho de que nosotros también extraemos ventajas del sistema. Se hace entonces muy fácil, tentador, lo de reformar el arma que el capital afila al día de hoy, a nivel internacional, para reorganizar la explotación