Fernando Martínez Heredia
Aunque estrictamente no son imprescindibles, sí son muy poquitos los que luchan toda la vida, si además lo hacen de la mejor manera
Fernando Martínez Heredia falleció el 12 de junio de 2017 en Cuba a los 78 años
(segunda y entrega final de esta nota)
La crisis de las relaciones económicas cubano-soviéticas se precipitó a partir de los incumplimientos de suministros soviéticos y de las modificaciones introducidas por ellos en las normas y prácticas de esas relaciones. El problema más grave y visible es el del combustible, porque Cuba dependía casi totalmente de la importación desde la URSS. En 1990 se pactaron 13,3 millones de toneladas, pero sólo llegaron diez. Se pactaron diez para 1991, y sólo suministraron 8,6 millones, sin embargo lo fundamental fue el derrumbe del último trimestre y la posición rusa de que los intercambios se rigieran por los precios del mercado mundial.
La situación del resto de los suministros soviéticos fue mucho peor. Al comparar 1991 con 1989, se constata una contracción brutal: las importaciones totales descendieron a un 30,3%, excluido los combustibles no llegarían al 20%. Dos tercios de la reducción sucedieron en 1991, cuando el incumplimiento en alimentos fue de más del 50%; las materias primas, partes y piezas, y otros productos muy necesarios para la industria, la construcción, la agricultura y el transporte casi desaparecieron. Cuba debió gastar, además, más de 150 millones de dólares como parte de la transportación de un millón de toneladas de mercancías que anteriormente trasladaba la URSS. En 1991 las exportaciones cubanas a la URSS se redujeron a un 38% de las de 1989, después de haber sido casi un 25% mayores en 1990 que en 1989.
El impacto del fin precipitado de unas relaciones externas principales durante tanto tiempo, que aumentaban hasta el 83% del total mundial de Cuba en 1985, solemnizadas y teóricamente planificadas hacia el futuro, ha sido terrible para la economía cubana. En dos años las importaciones totales se redujeron a la mitad y las exportaciones a un 38%.
Muchas industrias pararon por falta de materias primas o por ahorrar combustible. La maquinaria y los insumos agrícolas, el transporte, la construcción, los servicios, han sido muy afectados. Cálculos no oficiales dan un estimado de caída del producto social global de alrededor del 25% en 1991. La gran obra de la central electronuclear, convenida con el CAME, tuvo que paralizarse; en ella y en otras obras cruciales para los planes de desarrollo. Cuba ha gastado miles de millones y el trabajo de decenas de miles de personas durante años. La dependencia cubana de combustibles, materias primas, manufacturas, equipos, piezas, alimentos, ha sido tan grande como enorme es ahora el daño que nos causa su abrupto final.
Más allá de reconocer el obvio decrecimiento del producto económico y constatar sus efectos durante 1992, no me parece significativo el resultado de medir los años posteriores a 1991 comparándolos con los quince que les precedieron. La serie histórica de la estadística formada por los años del poder revolucionario hasta 1974 es sucedida por otra, la de los años en que Cuba estuvo vinculada efectivamente al CAME. Ni siquiera tenemos certeza al cuantificar este segundo período, al menos hasta que se conozca mejor el régimen de relaciones que determinó durante esa etapa los precios de intercambio, la magnitud y los rubros de lo intercambiado, las estructuras de coordinación económica, las transportaciones, la estadística económica, etc. Por otra parte, una nueva etapa de la formación económica cubana está comenzando, en la que la estrategia de desarrollo, las exigencias de la sobrevivencia, las motivaciones de los actores, el papel de la inversión extranjera, entre otros factores, registran diferencias notables respecto a la anterior.
Durante 1992 el comercio con los países europeos que pertenecían al CAME se redujo a intercambios totales por valor de 830 millones de dólares, un 7% del que llegó a ser; un millón de toneladas de azúcar por 1,8 de petróleo intercambiados con Rusia constituyeron más de la mitad de ese comercio. En noviembre de ese año se firmaron entre Cuba y Rusia acuerdos económicos que facilitan las relaciones comerciales a precios de mercado mundial; se revisará la colaboración en la planta electronuclear y en otros objetivos. El interés de ambos países, al parecer, favorecerá ciertas relaciones, lo que aminoraría algo el daño causado a Cuba por el abrupto final que ellas tuvieron, y le aportaría tiempo para la diversificación de sus relaciones económicas, un elemento fundamental de su estrategia actual. La variable tiempo resulta principal para el éxito de los esfuerzos cubanos, en ese como en otros campos.
En 1992 las importaciones totales continuaron reduciéndose; su valor fue de unos 2.200 millones de dólares. Se importaron un millón y medio de toneladas de alimentos - el 10% del comercio físico total del país -; 6.100.000 toneladas de combustibles significaron en valor casi el 40% de lo importado. En muchos productos sensibles los precios han resultado más adversos para Cuba que los del mercado mundial: el trigo un 40% mayor; el petróleo, un 30%; el pollo, un 20%. Las exportaciones de azúcar promediaron precios un 7% menores que los de 1990, y los precios del níquel continuaron su actual tendencia a la baja. El bloqueo económico norteamericano también ha hecho más adversos los precios internacionales para Cuba en las nuevas condiciones que enfrenta.
La producción azucarera alcanzó los siete millones de toneladas, esfuerzo notable en la rama que siguió siendo la principal aportadora de recursos al país. El níquel se sostuvo bien - la producción aumentó un 8%, según fuente no oficial- a pesar de complejos problemas de mercado, tecnología e insumos, y es campo de inversiones en busca de mayor eficiencia y producción. Los cítricos, rama en que Cuba es productor mediano a escala mundial, tratan de abrirse paso a las nuevas condiciones en asociación con capital extranjero. El turismo siguió creciendo: respecto a 1991, los turistas aumentaron un 32% y los ingresos un 37%; la rama aportó a la economía unos 400 millones de dólares, casi el doble que en 1988. La industria médico-farmacéutica y biotecnológica, en la que se han invertido más de 300 millones de dólares en 1988-92, ya ha recuperado esa inversión con sus exportaciones; su anticolesterol PPG, sus vacunas contra la meningitis meningocócica y la hepatitis B, entre otros productos, expresan su nivel mundial y los logros de Cuba en el desarrollo a partir de las revoluciones científicas y técnicas contemporáneas.
La producción de alimentos para el consumo nacional - estratégica para la sustitución de importaciones, el bienestar popular y la seguridad nacional- es el teatro de uno de los mayores esfuerzos cubanos actuales, y el que más presencia tiene en la vida cotidiana. La gran escasez de recursos ha afectado muy duramente a la alimentación animal, la fertilización, la mecanización y la disponibilidad de herbicidas y pesticidas. La producción de viandas y hortalizas es la más exitosa, con un 16% más en 1992 que en 1990; el sector estatal creció mucho más, mientras el campesino decrecía. En 1992 sólo se produce un 45% de la leche obtenida en 1989; la producción de carne también decreció mucho. Otras producciones registran resultados diversos. Una extraordinaria movilización sistemática de trabajadores urbanos voluntarios enfrenta el brusco ascenso de la necesidad de fuerza de trabajo; grandes avances en organización, utilización de bueyes, multiarados, producción masiva de biofertilizantes, biopesticidas y semillas, son factores fundamentales de una batalla decisiva para el país.
La vida cotidiana se ha tomado muy difícil. Los alimentos y otros bienes de consumo importados, y productos nacionales de materias primas importadas, han sido víctimas de la contracción; unos faltan del lodo y otros muchos escasean. El transporte sigue sufriendo sucesivos recortes ante la falta de combustibles, piezas y equipos: el servicio de ómnibus en La Habana se redujo a un tercio. Un millón de bicicletas recientes, y las que siguen entrando o produciéndose, cambian la fisonomía urbana. El consumo de energía eléctrica está racionado severamente, con apagones programados.
Los aires acondicionados recesan, disminuyen los horarios de la televisión, la red comercial y las actividades nocturnas, y se racionaliza el alumbrado público.
Las medidas tomadas por los órganos de dirección del país frente a los agravamientos de las dificultades han sido una decisiva ratificación de la opción socialista. Consumos racionados en vez de aumentos de precios, aumento estatal de la distribución equitativa, disminución de actividades laborales y paro sin dejar abandonados a los trabajadores afectados, exigencia de austeridad a todos los niveles, enérgica acción judicial contra los infractores, intangibilidad de los servicios gratuitos de salud y educación, y de la seguridad social, configuran un cuadro insólito en el mundo actual, que fortalece al sistema y a las convicciones socialistas.
Dos aspectos resaltan sobre lodo en esa situación extraordinaria: el orden y el consenso generales. Las medidas de racionamiento, reducción de servicios, etc., se han ido tomando y cumpliendo muy ordenadamente, con informaciones precisas, sin desorden ni irregularidades. Con laboriosidad y efectividad, sin estridencias, se llega a decisiones respecto a recursos, actividades de producción y servicios, etapas. En la práctica atenazada por tantas dificultades se está abriendo paso el antiguo reclamo de eficiencia, con ostensible aumento de los niveles de responsabilidad, exigencia y conciencia de los actores.
Existe una conciencia generalizada de que está en juego la vida del país y la manera de vivir forjada entre todos. La dirección revolucionaria es identificada por la mayoría de la población, a mi juicio, como conductora de los esfuerzos nacionales, de la política en general y la defensa de las conquistas sociales, y de las transformaciones de estructuras que resulten necesarias. Muchos miles de personas vuelven activo este consenso al asumir con mayor eficacia sus responsabilidades, o al concertar sus iniciativas y capacidades individuales para realizar esfuerzos sistemáticos tan diversos como el trabajo voluntario agrícola o la invención o adaptación de productos y procedimientos que solucionen problemas de la industria y los servicios. Sin acudir al formalismo vacío y los rituales que han lastrado tanto nuestros lenguajes y prácticas en muchos terrenos, la mayoría de la población relaciona sus estrecheces y acciones cotidianas con los compromisos trascendentales de defender su patria y su proyecto solidario y socialista.
Un conjunto de factores internos operan en sentido diferente, entorpecen o se oponen al cuadro favorable apuntado arriba. Ante todo, ni el grado de desarrollo material y de satisfacción de las necesidades materiales y espirituales, ni el desarrollo real de muchas instituciones de la sociedad y de las ideas relativas a ellas, se corresponden con la enorme ampliación de las capacidades de las personas - sobre todo de los jóvenes- que ha provocado la propia Revolución, ni con la consiguiente maduración relativa de actitudes y relaciones propias de una cultura socialista. Esto es fuente de tensiones, insatisfacciones, frustraciones y contradicciones. Las deformaciones y limitaciones que la adopción parcial del llamado socialismo real trajeron al proyecto socialista cubano agravan los efectos de las insuficiencias referidas arriba y, lo que es peor, pueden confundir o hacer vacilar en la coyuntura actual respecto a la validez del socialismo como vía para continuar, o a la necesidad de auspiciar formas efectivas y muy amplias de participación popular precisamente para garantizar la continuidad del socialismo.
Por otra parte, diferentes motivaciones provenientes de las relaciones sociales en que están envueltos, o de los grupos de los que forman parte, tienen a disgregar o a apartar del socialismo a cierto número de personas. Los resultados pueden ir desde el alejamiento de las definiciones y prácticas políticas, la identificación con actividades sociales o especializadas que se oponen a lo político, hasta una gama de inclinaciones o posiciones antirrevolucionarias.
La extrema complejidad y diversidad de los factores que he mencionado nos remite a campos de la vida cubana que no son asunto de este texto. Pero es imprescindible apuntarlos al menos aquí: la actividad económica no puede ser comprendida ni ejecutada sino como parte de la actividad total de los individuos y las colectividades. Esta forma un complejo social determinado, en cuya trayectoria puede resultar más influyente o determinante en cada momento significativo un aspecto de la formación social, que puede ser o no el económico.
La crisis ha sido enfrentada no sólo con medidas de emergencia, sino con una estrategia ambiciosa.
Más que sobrevivir, se busca viabilidad para combinar la satisfacción de necesidades con la creación de un autoabastecimiento alimentario y con una reinserción progresiva en la economía internacional que permita comercio, recepción de capitales y renovación tecnológica funcionales a la continuidad del sistema socialista cubano. El aprovechamiento de los logros obtenidos por el país -altos niveles culturales y técnicos, infraestructura, ramas productivas, investigación científica aplicada, salud, gran cohesión social -, de recursos naturales valiosos, y de las posibilidades que brinda el régimen social vigente, son factores cruciales en esa estrategia.
Cuba está modificando muchas de sus instituciones económicas - y las jurídicas y sociales que resulta necesario- en busca de una adecuación a las nuevas condiciones. Por ejemplo, las ramas del níquel, el acero, la aviación, la pesca, el cemento y algunas otras, operan con gran autonomía respecto a su actividad exportadora y los recursos que obtienen, aunque bajo control del Estado y decisión suprema de éste sobre sus fondos. Se estimula a otras instituciones a buscar mediante la actividad hacia el exterior las divisas que les son necesarias. El comercio exterior, que se descentraliza, registra relaciones con casi 3.000 firmas de 84 países. En octubre el gobierno comenzó una reforma que incrementará en breve los precios mayoristas en no menos del 50%; la reforma busca acercar esos precios a la medida internacional para eliminar subsidios por esa vía a las empresas estatales y establecer un nuevo criterio de eficiencia y rentabilidad. El Ministro de Precios declaró que nunca habrá automatismo entre los precios mayoristas y los minoristas, en defensa de la política social que hasta hoy ha tenido la Revolución.
El país se abre a la inversión de capital extranjero, un reto crucial para el socialismo cubano. Quiero destacar siete características de este proceso de asociación con empresarios extranjeros de despliegue reciente:
1) Las ganancias y los activos de la parte cubana pertenecen a la nación, no a la empresa creada. Los recursos generados son distribuidos por el Estado en función del desarrollo de esa actividad o de otras convenientes al país.
2) Los cubanos dirigentes en esas empresas no pueden disponer de ellas; son asignados por el Estado y a él responden. Los trabajadores cubanos no participan de las ganancias. Unos y otros mantienen los derechos y beneficios del sistema social cubano.
3) Los inversionistas extranjeros reciben numerosas facilidades - por ejemplo, la exención de impuestos sobre ingresos brutos y la libre remisión al exterior de sus utilidades. Hay pocas restricciones previas, las regulaciones van estableciéndose sin prisa y pueden ser casuísticas.
4) Los logros del país relacionados arriba, más el orden y la estabilidad social, la responsabilidad y honestidad de la parte cubana, constituyen ventajas adicionales para el inversionista.
5) Cuba propone la asociación allí donde entiende que es más conveniente a sus intereses nacionales: turismo, industria básica, sideromecánica, materiales de construcción, textiles, agricultura, industria farmacéutica, son las ramas principales en la actualidad.
6) Los objetivos fundamentales buscados son: mercados, divisas, mayor aprovechamiento de recursos, tecnologías y organización de la producción más avanzadas, insumos. Cuba ofrece en cada caso los elementos propios que resulten significativos.
7) Existe gran interés en muchos países por los negocios con Cuba, aunque es contrarrestado activamente por el gobierno de los Estados Unidos con medidas de recrudecimiento de su ilegal bloqueo económico y con presiones sobre empresas y países a lo largo del mundo.
La actitud norteamericana implica una clara elección: ahogar al socialismo cubano más bien que apostar a su erosión a mediano plazo. Se oponen así incluso al interés de empresarios de su país, y a las subsidiarias norteamericanas que han más que triplicado sus compraventas con Cuba en los últimos años (718 millones de giro comercial en 1991, según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos).
El control que tiene el régimen cubano sobre la economía nacional, el lugar y el papel que le toca a la economía en las ideas dominantes en el país, los mecanismos y ciertos avances logrados en cuanto a planificación del desarrollo, operan fuertemente a favor de una reinserción exitosa en la economía mundial. La capacidad negociadora de Cuba se potencia por la concentración de sus recursos, sus fuerzas y sus objetivos. Una inserción dirigida, organizada, le evita al país la suerte que correrían la economía y los recursos de una pequeña nación de pasado neocolonial si son disgregados y sometidos por el capitalismo internacional. Riesgo incomparablemente más grave cuando se sufre el súbito desplome de las relaciones económicas internacionales fundamentales, como es el caso cubano.
La coyuntura sigue siendo, sin embargo, crítica. Se anuncia un 1993 por lo menos tan duro como 1992, o peor, con una producción azucarera menor, los mismos factores adversos de precios y otros, y más fuerte bloqueo norteamericano. Se va haciendo claro que es necesario un tiempo prolongado para superar esta etapa, aunque las nuevas experiencias y la autoconfianza que aporta la sobrevivencia favorecen al proceso. Se acumulan también, en sentido contrario, factores negativos.
La distribución y el consumo basados en el fraccionamiento y en los principios socialistas son atacados duramente por la gran escasez de productos y servicios y el consiguiente exceso de circulante. El complejo de actividades ilícitas que ya existía, para extraer productos y servicios de la economía socialista hacia consumos individuales, ha crecido, y también el mercado negro crece, más no sólo sucede eso.
En la capital y en otros lugares del país crecen las actividades económicas operadas mediante dólares.
Productos y servicios que en muchos casos son escasos o inexistentes para la población se ofrecen en esa esfera; miles de cubanos trabajan directamente en ella y otros muchos reciben sus influencias de las más diversas maneras. Nuevas relaciones sociales se establecen alrededor de estas actividades económicas dolarizadas, y muchas personas van variando las ideas que tienen acerca del consumo, el status, la retribución al trabajo, la eficiencia, el papel del Estado, la organización económica de la sociedad, con tendencia al alejamiento de las ideas que hasta ahora han sido dominantes en esos campos.
Un complejo de actividades lícitas e ilícitas – las fronteras son además imprecisas- ligadas a la esfera dolarizada debilitan el papel de la distribución estatal de productos y servicios, alimentan el mercado negro, deterioran el poder adquisitivo del peso cubano, y por tanto, el significado material y moral del ingreso obtenido en esa moneda, y erosionan en alguna medida la confianza en la economía socialista. La cuestión es más grave y compleja por estar íntimamente vinculada a las prácticas mediante las cuales el país está enfrentando con éxito la súbita desaparición de sus relaciones económicas internacionales fundamentales y sus consecuencias tan negativas.
Las estrechas relaciones que existen entre sobrevivencia, viabilidad y naturaleza del sistema resultante - como planteábamos al inicio -, se dan también entre los problemas que esos tres procesos confrontan. La falta de decisión podría comprometer esfuerzos fundamentales, pero tan cierto como eso es que pasos erróneos en materias esenciales comprometerían el futuro de la sociedad como un todo. Por tanto, resulta hoy imprescindible la reafirmación del carácter planeado del socialismo y del papel decisivo de la participación.
La situación cubana presenta una disyuntiva ante la estrategia que se ha puesto en marcha y los eventos y realidades que ella debe forzosamente producir: promover efectos inducidos por la conjunción activa del pueblo y el poder en defensa de la continuidad socialista, o esperar efectos producidos por el curso de los acontecimientos con la esperanza de que resulten positivos para el país.
En mi opinión, la primera opción es la acertada. Y ella exige que la información y el debate cumplan sus papeles de multiplicadores de la fuerza masiva, consciente y organizada, sin la cual no es posible que la transición socialista prevalezca.
La proliferación de la economía mercantil lo erosionaría todo si no operan a favor del socialismo mecanismos extraeconómicos fundamentales. La participación popular calificada en la economía y en todos los terrenos de la sociedad, y un poder socialista muy fuerte y cohesionado que mantenga el rumbo y utilice a las nuevas instituciones y relaciones como instrumentos de la transición socialista y no como sus enterradores, son los elementos indispensables.
Resulta muy significativo que al terminar bruscamente la etapa cubana de desconexión relativa permanezcan dominantes, a pesar de la crisis, las características fundamentales de esa sociedad: un poder muy fuerte y movilizador, de consenso mayoritario y participación muy organizada, y un proyecto muy enérgico de desarrollo socialista de liberación nacional. Y también que la acumulación social - económica, política, ideológica- que ha realizado le permita defender su soberanía y seguridad nacional, sus políticas públicas de desarrollo de la calidad de la vida y la cultura, y los intereses de su economía nacional, con cierto número de variables a su favor, una notable cohesión interna y bastante capacidad negociadora.
Para un plazo que transcurrirá sin remedio, pueden irse adelantando nuevas interrogantes centrales: ¿cómo sucederá la integración paulatina de Cuba a una economía internacional que está dominada en sentido general por el capitalismo transnacional y su ideología?
¿Qué efectos tendrá ese proceso sobre su régimen socialista?
¿Podrían desarrollarse las transformaciones estructurales necesarias y la continuidad del fortalecimiento de la cultura de vínculos solidarios, socialista, de manera que esta última controle y se sirva de las primeras? Puedo parecer especulativo, y en Cuba hay tales urgencias y dificultades en este momento, y tantos trabajos, preocupaciones, convicciones y esperanzas, que parecería lícito posponer la reflexión sobre aquellas interrogantes. También es probable que al reflexionar y al actuar sobre problemas más cercanos, contribuyamos entre todos a cambiar a nuestro favor en alguna medida los datos de los problemas más mediatos. E
stimo, sin embargo, imprescindible para el socialismo cubano plantearse sus problemas perspectivos desde ahora, como garantía de llegar a tiempo a ellos y de resolverlos acertadamente.
También en este campo es Cuba un laboratorio inapreciable acerca de las posibilidades del socialismo de ser la alternativa para los pueblos. Ayuda a la vez a la tarea indispensable de seguir pensando, entre todos los latinoamericanos, qué naturaleza tendrá la sociedad hacia la que pretendan ir los movimientos y las luchas populares, dado que las sociedades capitalistas existentes son desoladoras. Opino que a los proyectos y a los procesos populares de liberación se les va a hacer cada vez más clara la necesidad de construir campos culturales y vínculos solidarios socialistas contra el campo cada vez más totalitario del capitalismo transnacional.
Las experiencias cubanas - y entiendo que no sólo ellas- muestran que las vías para la superación del férreo determinismo económico que hoy parece reinar contra toda esperanza de las mayorías no dependen solamente de los indicadores y las iniciativas económicos, e incluso que estas iniciativas económicas tampoco cumplirán sus objetivos si se basan únicamente en las condicionantes y las normas económicas. El reto está en que los movimientos y las sociedades organizados e inspirados en fines de liberación y de solidaridad, sean capaces de ir más lejos y de "dar más" de lo que las circunstancias y las posibilidades parecen permitir.
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