"¿Dónde está Nin?"
DE "LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA", HUGH THOMAS
Nota: En nuestra entrega anterior "Acusaciones tan absurdas como pérfidas", la selección de un fragmento de la Autobiografía de Arthur Koestler, omitimos colocar el título de la columna, "Falsificando la Historia", ya que era la entrega inicial de una serie que hoy continuamos con la segunda. A propósito de la desaparición de Andrés Nin, de la cual se han cumplido 80 años, seguiremos falsificando. En esta nota el autor, un reconocido historiador hispanista británico, menciona a varias figuras de aquella situación de España. En vez de incluir notas aclaratorias sobre cada una enviaremos más adelante un par de notas sobre ese proceso histórico en general. FM
A Andrés Nin se lo llevaron por separado y todos sus amigos fueron recluidos en calabozos subterráneos de Barcelona Y Madrid. Todos los miembros del POUM empezaron a sentir pánico, pues conocían muy bien la costumbre de Stalin de hacer recaer los supuestos crímenes de los dirigentes sobre familiares y amigos. Los periódicos comunistas vociferaban acusaciones contra los detenidos por su propio partido, pero sin que se les instruyera juicio alguno. Entonces se extendió el rumor de que Nin había sido asesinado en la cárcel. Nin había sido secretario de Trotsky, y trabajó en Rusia durante la década de los veinte, hasta que, desilusionado por el comunismo estalinista, regresó a España. Era el tipo exacto de individuo que Stalin quería muerto.
Negrin mandó llamar a Hernández y le preguntó sobre el paradero de Nin. Hernández contestó que lo ignoraba. Negrín protestó que los rusos se estaban comportando en Barcelona como si fuera su propio país. ¿Qué sucedería aquella tarde en el consejo de ministros cuando se informara de la desaparición de Nin? Hernández se comprometió a hacer una investigación. Codovilla le dijo que Nin estaba siendo interrogado. La reunión del gabinete se celebró a continuación. Los periodistas que se amontonaban en la puerta pedían noticias de Nin. En el interior Zanguangoitía preguntaba si su jurisdicción como ministro de Gobernación iba a ser limitada por la policía rusa. Prieto, Irujo y Bernardo Giner apoyaron la protesta. Hernández y Uribe replicaron que no sabían nada de Nin. Nadie les creyó porque nadie comprendía que pudiese haber secretos entre los propios comunistas. Negrín suspendió la discusión hasta que se conociesen todos los hechos.
Los miembros socialistas y republicanos si entonces pudieran comprar y transportar armas de fabricación norteamericana, británica y francesa hubieran tenido opción de romper con Stalin. Pero la no intervención de los gobiernos británicos, francés y norteamericano hizo inquebrantable la alianza con Rusia. Y como el oro español se encontraba ya en Moscú, no cabía posibilidad de comprar armas en otros países.
En España y en el extranjero empezó a extenderse una campaña con el lema "¿Dónde está Nin?" Nin era uno de los personajes del movimiento revolucionario español más conocido internacionalmente. El día 28 de junio el comité nacional de la CNT envió una nota de protesta al gobierno alegando que se necesitaban pruebas de mucho peso para demostrar que personas de la talla de Nin, Goirkin o Andrade eran fascistas, igual que se requerían pruebas para demostrar las acusaciones contra Miana. "En nombre de la justicia, la legalidad constitucional y derecho de todos defendidos y representados por su propia democracia, pedimos el cese de la persecución contra el POUM", Negrín pidió al Partido Comunista que liquidara aquel caso deshonroso. Los comunistas españoles, que tampoco estaban en condiciones de contestar las preguntas que se planteaban, respondieron que Nin se hallaría en Berlín o en Salamanca. Por entonces ya había muerto, casi sin lugar a dudas. Parece ser que Nin fue trasladado en coche desde Barcelona a la prisión particular de Orlov, instalada en la desmantelada catedral de Alcalá de Henares, ciudad natal de Azaña y de Cervantes, pero a la sazón convertida casi en colonia rusa. Allí sufrió el interrogatorio de rigor aplicado por los soviéticos a los traidores a la causa. Su resistencia frente a tales métodos fue pasmosa. Se negó a firmar los documentos en los que reconocía la culpabilidad de sus amigos. Orlov estaba exasperado, lo mismo ocurría con Bielov y Vittorio Vidali, que colaboraban con aquél en el interrogatorio de Nin. ¿Qué hacer?
El propio Orlov empezó a sentir pánico de Yezhov, el insensato jefe de la GPU. Finalmente, según explicó posteriormente Hernández, el italiano Vidali (Carlos Contreras) propuso que se simulara un ataque "nazi" para liberar a Nin. Una noche oscura, probablemente la de los 22 o 23 de junio, diez individuos alemanes pertenecientes a las Brigadas Internacionales asaltó el local donde estaba recluido Nin. Mientras duró el supuesto ataque hablaron ostentosamente en alemán y dejaron caer billetes de los ferrocarriles alemanes. Nin fue capturado y asesinado, también en el parque real de El Pardo, situado inmediatamente al norte de Madrid. Al negarse a reconocer su propia culpabilidad salvó probablemente las vidas de sus amigos.
Los órganos de poder y la revolución española
Andrés Nin
Nota: Artículo fechado por Nin en Barcelona, 19 de mayo de 1937, a menos de un mes de desaparecer. Publicado por primera vez en Francés en Revue intemationale du POUM, nº 1, único, julio de 1937. Hecho con vistas a la Conferencia Internacional convocada por el POUM para mediados de ese mes. Obviamente la conferencia no se celebró, el POUM fue ilegalizado y perseguido desde el 16 de junio de 1937. Traducción al castellano:Agustín Guillamón (del que ya hemos oído hablar, ver Posta P 1796, allí se lo menciona), y publicado en la revista Balancen°2 (1995). Las notas del traductor son ilustrativas sobre el sentido del artículo para su autor, su finalidad. Pero obviamente la crítica de Nin al esquematismo que se refiere al caso de extrapolar a España la experiencia rusa, es válida en un sentido general, por ejemplo extrapolar la experiencia de España al Kurdistán sirio. A quién se le ocurriría!
Nada es más antimarxista que aplicar a todos los acontecimientos y a todas las situaciones revolucionarias un esquema preparado de antemano y válido para todos los casos y todas las latitudes. Los seudomarxistas que recurren a este procedimiento, en lugar de partir de las situaciones concretas para elaborar la táctica más adecuada, pretenden someterla al esquema, especie de panacea universal que, cuando se administra, produce resultados completamente negativos. Tal fue el caso de la Internacional Comunista durante el famoso tercer período cuya política preparó la victoria del fascismo en Alemania. Tal es el caso de los trotskistas [1], cuyas maravillosas fórmulas se han demostrado en la práctica absolutamente estériles. Trotsky posee también su panacea universal, pero no ha llegado a constituir en ninguna parte un núcleo más o menos importante, ni a ejercer ninguna influencia sensible en ningún país.
Los marxistas puros que nos han llegado aquí y que, con la irresponsabilidad que les confiere el privilegio de no tener ninguna responsabilidad, se consagran a examinar con lupa los documentos y resoluciones del POUM, en búsqueda de errores y desviaciones, estos marxistas puros también tienen su esquema: la revolución rusa y el leninismo, pero se guardan bien de tener en cuenta las particularidades específicas de nuestra revolución y de que el leninismo no consiste en la repetición mecánica de algunas fórmulas, ni en aplicarlas a todas las situaciones, sino en estudiar la realidad viva con la ayuda del método marxista. La experiencia de la revolución de 1848 y de la Comuna de París ayudó eficazmente a Marx y Lenin a elaborar su táctica revolucionaria, pero tanto uno como otro aplicaron las lecciones de esta experiencia a cada situación concreta y las adaptaron a las condiciones de lugar y tiempo en correlación con las fuerzas existentes. La revolución rusa encierra inapreciables enseñanzas para el proletariado internacional; pero sería un procedimiento absolutamente extraño al marxismo el de trasladar mecánicamente a España la experiencia rusa, tal y como pretenden los desgraciados adeptos de Trotsky que, sin raíces ni prestigio en nuestro movimiento obrero, se esfuerzan en vano en desacreditar a la vanguardia revolucionaria española.
La experiencia rusa y la realidad española
Uno de los problemas más importantes que se plantean a nuestra revolución es incontestablemente el de los órganos de poder. ¿Es necesario decir que los celosos guardianes del marxismo puro -púdicas vestales que rehúyen todo contacto con la vil realidad- se han apresurado a aplicar el patrón ruso a la revolución española y a ofrecernos la fórmula salvadora?
El esquema no puede ser más simple: « En Rusia, con la creación de los soviets apareció la dualidad de poderes. De un lado los soviets; del otro el Gobierno Provisional. La lucha entre los dos poderes se terminó mediante la eliminación del Gobierno Provisional y la conquista del poder por los soviets. Ergo, la premisa indispensable para la victoria de la revolución proletaria es la existencia de la dualidad de poderes. En julio, en todas las poblaciones, aparecieron unos comités unidos por un Comité Central de Milicias, que constituían el embrión del poder revolucionario frente al Gobierno de la Generalidad. A la supresión de estos comités, el POUM debía responder con una vasta campaña de agitación con el objetivo de reconstituirlos ».
No puede negarse que la existencia de la dualidad de poderes sea un factor de extraordinaria importancia en la revolución y que, en 1917, jugara en Rusia un papel decisivo. La dualidad de poderes apareció como resultado de la existencia de unos soviets que, de los simples comités de huelga que eran al principio, se convirtieron a causa de circunstancias particulares y específicamente rusas, en órganos embrionarios del poder proletario. ¿En qué consistían fundamentalmente estas condiciones particulares y específicas? En que el proletariado ruso, que no había pasado por una etapa de democracia burguesa, no poseía ninguna organización de masas, y por lo tanto, una tradición de ese tipo. Los soviets fueron los órganos creados por la revolución, en los que los trabajadores se agrupaban, y que se convirtieron automáticamente en un instrumento de expresión de sus aspiraciones. El dilema « soviets o sindicatos » no podía plantearse porque estos últimos, en realidad, no comenzaron a organizarse sino tras la revolución de febrero.
El papel de los sindicatos en España
En España la situación concreta es muy diferente. Los sindicatos gozan de un gran prestigio y una gran autoridad entre los trabajadores; existen desde hace muchos años, tienen una tradición y son considerados por la clase obrera como sus instrumentos naturales de organización. Por otra parte, los sindicatos de nuestro país no tienen, como en otras partes, un carácter puramente corporativo; no se han limitado jamás a la lucha por reivindicaciones inmediatas, sino que son organizaciones de tipo auténticamente político.
Esta circunstancia explica en gran medida que la revolución no haya creado organismos específicos dotados de vitalidad suficiente para convertirse en órganos de poder. Por costumbre y tradición, el obrero de nuestro país se dirige al sindicato tanto en las situaciones normales como en los momentos extraordinarios.
¿Esto es bueno o malo? Es en todo caso una realidad, y el marxismo digno de este nombre debe juzgar no según sus deseos y desde un punto de vista subjetivo, sino según la realidad concreta. El marxismo actúa con lo que es y no según lo que quisiera que fuese.
Los Comités Revolucionarios y el Comité Central de Milicias
Sin embargo -se nos objetará- durante las jornadas de julio se constituyeron Comités Revolucionarios en todas las poblaciones ». En efecto, pero los comités, que, lejos de ser organismos estrictamente proletarios, eran órganos del Frente Popular, ¿podían jugar el papel de los soviets? ¿Se ha olvidado que todos los partidos y organizaciones antifascistas, desde Acción Catalana, netamente burguesa y conservadora, hasta la FAI y el POUM, formaban parte de esos comités? El Comité Central de Milicias, formado sobre esas mismas bases, no podía ser el embrión del poder revolucionario frente al Gobierno de la Generalidad, dado que no era un organismo proletario, sino de unidad antifascista, una especie de gobierno ampliado de la Generalidad. No existía pues la dualidad de poderes [2], sino dos organismos análogos por su constitución social y su espíritu. Podría hablarse de dualidad de poderes si el Comité Central de Milicias y el Gobierno de la Generalidad hubiesen tenido una composición social diferente. ¿Pero cómo podían oponerse si tanto uno como otro eran, en el fondo, equivalentes?
Conviene señalar por fin que, incluso en los momentos de mayor esplendor de los comités, los sindicatos continuaron jugando un papel preponderante. No era el Comité Central de Milicias, sino los Comités de las Centrales sindicales quienes trataban, en primer lugar, las cuestiones más importantes.
La posición del POUM ante el problema de los órganos de poder
El POUM no dejó de comprender, sin embargo, desde el primer momento que la creación de órganos proletarios destinados a reemplazar los de los poderes burgueses podía tener una inmensa influencia sobre el desarrollo progresivo de la revolución. A este efecto, opuso al Parlamento, que republicanos y estalinistas pretendían resucitar, la Asamblea Constituyente de los Comités de Obreros, Campesinos y Combatientes. Pero la consigna no caló entre las masas obreras. El POUM intentó más tarde, con un resultado semejante, que la consigna fuera más precisa formulándola de la siguiente forma: « Congreso de delegados de los sindicatos obreros, de las organizaciones campesinas y de los combatientes ». El término de « asamblea » fue reemplazado por el de « congreso », más comprensible para los trabajadores, y la representación obrera surgía directamente de las organizaciones sindicales, es decir, de los organismos ya existentes. La consigna siguió teniendo el carácter de consigna de propaganda, y no se implantó entre las masas.
¿Por qué, a pesar de todo, -se nos objeta- el partido no hizo prácticamente nada para crear comités? Porque, dado que las masas obreras no experimentaron la necesidad de su creación, se hubiera convertido en una tentativa estéril, sin trascendencia alguna. Por otra parte, quienes se sirven de tal argumento olvidan que los bolcheviques -cuya actividad nos ofrecen constantemente como ejemplo a imitar servilmente- no crearon los soviets. Su gran mérito histórico consistió precisamente en partir de una realidad concreta, los soviets ya existentes -que habían sido creados espontáneamente por los trabajadores por primera vez en 1905- para convertirlos en instrumentos de insurrección primero, y en órganos de poder acto seguido. Ya quienes nos acusan de no tener una orientación fija sobre esto, hemos de hacerles observar que la táctica no puede ser inmutable ni rectilínea, sino dialéctica -es decir, que es necesario adaptarse a la realidad cambiante- y a invitarles a estudiar cuidadosamente la actividad bolchevique en 1917, a fin de que se persuadan de que el partido bolchevique no se limitó a repetir constantemente una misma consigna, sino que cambió varias veces sus consignas según las circunstancias.
Los Comités de Defensa de la Revolución
Las jornadas de mayo en Barcelona han hecho revivir ciertos organismos que, durante estos últimos meses, habían jugado un cierto papel en la capital catalana y en algunas localidades importantes: los Comités de Defensa. Se trata de organismos principalmente de tipo técnico-militar, formados por los sindicatos de la CNT. Son éstos, en realidad, quienes han dirigido la lucha [3], y quienes constituían, en cada barrio, el centro de atracción y organización de los obreros revolucionarios. Partiendo de lo que es, nuestro partido preconizó la ampliación de estos organismos para su transformación en Comités de Defensa de la Revolución formados por los representantes de todas las organizaciones revolucionarias. El POUM propuso su creación no solamente en los barrios, sino en todos los lugares de trabajo, y la constitución de un Comité Central encargado de coordinar la acción de todos los comités de base. Su iniciativa no tuvo un resultado práctico inmediato. Nuestros militantes actuaron en estrecho contacto con los Comités de Defensa existentes, pero no llegaron a crear un solo comité que estuviese en armonía con nuestra concepción.
Actualmente, el partido continúa repitiendo la misma consigna y da instrucciones concretas a todas sus secciones para que la difundan y dirijan todos sus esfuerzos en hacerla realidad. ¿Tendrá éxito nuestro objetivo? La experiencia lo dirá; pero en todo caso, no renunciamos a lanzar consignas que se adapten mejor a la realidad concreta de cada momento, y en caso necesario a relegar a un segundo plano la de los comités si las circunstancias exigen momentáneamente otra, para situarla de nuevo en primer plano cuando las circunstancias varíen. Tal fue el caso de la consigna lanzada con ocasión de una reciente crisis del Gobierno de Cataluña, « formación de un Gobierno constituido por todos los representantes de todas las organizaciones obreras », gobierno al cual se le asignaba como misión principal la convocatoria de un congreso de delegados de los sindicatos, las organizaciones campesinas y los combatientes; tal fue también el caso de la consigna « constitución de un gobierno CNT-UGT », preconizado con ocasión de la formación del gobierno contrarrevolucionario de Negrín, paralelamente al de la creación de Comités de Defensa de la Revolución.
¿La existencia previa de la dualidad de poderes es indispensable para la victoria proletaria?
Para terminar, queremos someter a un rápido examen la tesis según la cual la premisa indispensable para la victoria proletaria es la existencia de la dualidad de poderes. (*)
Apresurémonos a declarar que nos negamos a otorgar la cualidad de dogma de fe a esta tesis. La creación de comités, soviets, u otros organismos revolucionarios de masas, y la dualidad de poderes resultante, constituye un instrumento poderoso y muy eficaz en manos de los trabajadores; pero tenemos la absoluta convicción de que la conquista del poder político por el proletariado, en nuestro país, es posible sin que existan previamente los órganos del poder.
¿Puede negarse, quizás, la posibilidad de que en un momento determinado la clase obrera, después de una insurrección victoriosa[4], tome el poder y se constituya un gobierno compuesto por representantes de organizaciones revolucionarias, que hubieran tomado el mando de la insurrección? ¿Deberíamos entonces rechazar, por fidelidad estúpida a un esquema abstracto, el formar parte de ese gobierno? ¿Ese gobierno no sería un gobierno obrero y revolucionario? Y si esta hipótesis, perfectamente factible, se realizara, la creación de órganos adecuados de poder se plantearía como un problema posterior a la conquista de éste por el proletariado.
Estas son, sucintamente expuestas, algunas reflexiones que nuestra realidad revolucionaria nos sugiere sobre el problema de los órganos de poder. Sabemos de antemano que no dejarán satisfechos a los amigos de resolver todos los problemas con ayuda de una receta sabiamente elaborada, buena para todos los casos. Pero el marxismo, que no es un dogma, sino un método para la acción, rechaza las fórmulas para actuar sobre la realidad viva y mutable. Lo fundamental es la estrategia revolucionaria; en cuanto a la táctica, hay que adaptarla a la realidad. Evidentemente, esto es más difícil que repetir mecánicamente una fórmula.
Notas del traductor
[1] Este es el único artículo en el que Nin polemiza con los trotskistas, y puede considerarse por lo tanto como la réplica de Nin a las durísimas críticas de Trotsky. La posición del POUM respecto a la cuestión Trotsky fue siempre la de solidaridad frente a la persecución política de que era objeto ese militante revolucionario, pero también de absoluta oposición a su injerencia política en las cuestiones españolas y la táctica propugnada por el POUM.
[2] La contundencia de esta afirmación de Nin, en mayo del 37, es de una importancia extraordinaria. La negación de que la insurrección revolucionaria de julio de 1936 hubiera conducido a una dualidad de poderes, que es un lugar común en la historiografía académica, aunque cuenta con pocas pero notables excepciones entre los más destacados líderes de la época [vgr.: Tarradellas, Azaña], confiere al pensamiento político de Nin un interés excepcional. Y es la clave que nos permite entender la réplica de Nin a las críticas de Trotsky. Para Nin no hay dualidad de poderes, y el Comité Central de Milicias Antifascistas no es el embrión del poder proletario, sino un organismo de colaboración de clases. Por lo tanto, en un desarrollo coherente de esta tesis, la participación de Nin en el Gobierno de la Generalidad no es una traición, ni significa que se inicie un proceso de colaboración con el Estado republicano para reforzar el poder burgués (como afirman los trotskistas), sino la continuidad de la participación del POUM en el Comité Central de Milicias Antifascistas. También los bordiguistas (véase el número 1 de Balance) negaban que el 19 de julio del 36 se hubiese constituido en España una situación de doble poder. Para una ampliación sobre el tema (cfr. Broue, Pierre: « Los órganos de poder revolucionario: ensayo metodológico », en VV.AA.: Metodología histórica de la guerra y la revolución españolas, Fontamara, Barcelona, 1980).
[3] En la historiografía sobre la Guerra Civil española existe un vacío casi absoluto sobre los Comités de Defensa, existentes en cada barrio de Barcelona. Como muy acertadamente afirmaba Nin fueron éstos los que organizaron la lucha callejera en mayo de 1937. Son estos Comités de Defensa los que explican el alzamiento espontáneo de la ciudad de Barcelona, si por espontaneidad entendemos que las barricadas y la movilización obrera se produjeron sin orden alguno de los órganos de dirección cenetistas.
[4] Nin parece haber abandonado definitivamente la tesis de que existía la posibilidad de una toma del poder no violenta, tan obstinadamente defendida por la dirección del POUM hasta las Jornadas de Mayo: « Habíamos incluso afirmado que la clase obrera podía tomar el poder sin necesidad de recurrir a la insurrección armada » (Andrés Nin: “El significado y alcance de las Jornadas de Mayo frente a la contrarrevolución". Manifiesto escrito por Nin, pero suscrito por el Comité Central del POUM y distribuido profusamente en Barcelona, tras los Hechos de Mayo).
(*) Nota agregada. Un problema no señalado por el traductor (cuya posición política es evidente, por otra parte) es que la tesis de la existencia obligada de un período de dualidad de poderes era defendida por Joaquín Maurin, el líder de la corriente mayoritaria al momento de constitución del POUM, en relación diez a uno con la corriente liderada por Nin, que debía de esta manera llevar adelante una lucha ideológica dentro de su propio partido, además de la lucha ideológica contra los trotskistas, bordiguistas, anarquistas especifistas, anarcosindicalistas, socialistas de izquierda de Largo Caballereo, etc., que era simultánea a la lucha política contra los estalinistas, socialistas de derecha de Pireto, republicanos burgueses, etc., que era simultánea también a la lucha militar contra los franquistas, fascistas, nazis, etc. Al momento de este artículo Nin había ganado completamente esa primera batalla ideológica; Aportaremos un artículo mostrando esa posición de Maruín, un poco más adelante, dentro de nuestra campaña de "falsificación de la Historia"