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A PROPÓSITO DE ANDRÉS NIN (7)

La unidad de acción antifascista, que el POUM quiere mantener a toda costa, sólo puede llevar a una política frentepopulista, que a su vez no puede conducir más que a una política de colaboración con la burguesía “democrática”. En lenguaje marxista, preséntese como se quiera, esta política se llama política de traición.

Fosco enero 1937

Cuando uno lee a Rebull, no puede no mostrarse sorprendido por su claridad programática así como entender porqué este tipo de aportes ha sido tan ocultado.[1] Pero también preguntarse cómo es posible que una tendencia así haya coexistido en una misma organización con los mismos organizadores de la contrarrevolución como el propio NIN, sistemáticamente criticado y enfrentado por diferentes corrientes internacionalistas presentes en España o por el propio Munis. No se puede negar que el oportunismo contrarrevolucionario de Nin llegase a tal extremo que las bases creían en que la expulsión del mismo y un cambio total del CE harían al fin del POUM un verdadero partido de clase. Guillamón dice: La táctica política del CE era severamente criticada por un amplio sector de la militancia, y Andreu Nin era un secretario político que probablemente estaba a punto de ser desposeído de su cargo. Pienso que si es probable que ello haya mantenido gente en el POUM que debiera haber roto desde mucho antes.  También está el hecho de que fue en ese último año que las posiciones se radicalizaron y quedó más claro lo que era revolución y lo que era contrarrevolución. El mismo Rebull un año antes no había hecho críticas tan claras y netas.  Es verdad que desde el origen del POUM, hubo denuncias acerca del arribismo y chequismo de Nin (la ruptura con el PC ruso e internacional no era para nada clara y como toda la oposición de izquierda, siempre se sometía a un apoyó “crítico” al leninismo estalinista).  Sin embargo también sostengo que esa proyectada expulsión de la tendencia Nin, no hubiese podido arreglar la cosa. El oportunismo del POUM era congénito. El propio Rebull diría claramente luego, que el POUM nunca fue un partido revolucionario. Internacionalmente toda esa tendencia leninista siempre fue denunciada (entre otras cosas) por una ruptura no consecuente con la contrarrevolución rusa.

En efecto, desde el principio el POUM no constituyó una opción proletaria, por estar infectado de socialdemocratismo, de leninismo, que lo separó de las luchas más importantes del proletariado desde principios de la década de 1930. Ni siquiera fue capaz de comprender que fue en la contraposición a la Segunda República que el proletariado se había constituido en potentísima fuerza de cuestionamiento social. Fue entonces que el proletariado en España, constituyó un ejemplo internacional (¡y no solo porque en la década del 30 el proletariado había sido liquidado por doquier!). Justamente en esos primeros años la concepción leninista del POUM (o las estructuras que lo precedieron como el BOC) su obrerismo, su progresismo, su laborismo, su industrialismo, su rechazo del mundo rural típico del progresismo leninista (¡el POUM ni siquiera había roto con la vieja y reaccionaria consigna de realizar primero “la revolución democrática”!), le impidió ser parte de ese proceso en el cual el proletariado se fue forjando como potencia social. En cambio no es una paradoja (dada la situación ideológicamente contrarrevolucionaria centrada y provocada por la solución leninista Rusa que pesaba en todo el mundo proletario) afirmar que incluso en esa situación el proletariado no produjo una dirección y un programa que correspondiera a su lucha destructiva del capital y el Estado. ¿Es que no era totalmente utópico que en pleno avance de la contrarrevolución mundial el proletariado pueda constituirse en Partido en un solo país? Eso precisamente era lo que discutían los militantes revolucionarios en España, en el exilio europeo, en los campos de concentración rusos, en Asia, en América del Sur, del centro o del Norte. Y sean cuales sean sus conclusiones siempre subrayaban que esa situación (de falta de organizaciones de clase, de falta de “partido revolucionario”) la misma no era ajena al peso contrarrevolucionario del leninismo que se seguía exportando al mundo desde el Kremlin[2]

Tampoco en los medios “anarquistas” se empujó hacia determinaciones verdaderamente revolucionarias: la ideología “anarquista” dominante no era verdaderamente anarquista, finalista, revolucionaria. No se tenía ninguna idea de cómo destruir el Estado, el capital. La ideología mayoritaria era totalmente confusa, dispersa, inestructurada, con respecto a un proyecto revolucionario y también por eso estuvo muy desligada de la lucha misma de los proletarios. Aunque siempre se declaraban contra el Estado la ideología “anarquista” estaba tan infectada de socialdemocratismo como el leninismo. Como tal no podía aportar nada en cuanto a perspectiva clara. El “programa” era una vaguedad total de frases sin sentido que en el fondo desconoce el funcionamiento del capital y el Estado y ni siquiera levanta consignas destructivas (¡cómo si lo hicieran revolucionarios como Bakunin!). El futuro se imagina como una desaparición milagrosa y gradual del Estado en medio del progreso de la gestión obrera y los “organismos únicos” de la producción (según la terminología de moda en la CNT). Los Congresos y plenos del año 36 confirman esa falta de dirección y de perspectiva. En la práctica también la CNT coquetea desde su origen con la democracia, con el reformismo agrario y republicano, con el sindicalismo socialdemócrata, el catalanismo, el leninismo.

Su participación en la contraposición histórica y objetiva del proletariado agrícola con el Estado es muy oscilante y relativa. El finalismo revolucionario no había prosperado (a pesar de las tentativas de la FORA y del FORU), tal vez porque tampoco los militantes “anarquistas” fueron consecuentes y el especifismo de la FAI fue más de lo mismo. Dentro del “anarquismo” internacional, es cierto, había de todo, pero si hubo claridad para condenar desde siempre a la CNT por su falta de finalismo, por su sindicalismo colaboracionista, por su falta de claridad contra la democracia y las elecciones (Ver por ejemplo: “Las pendientes resbaladizas” escrito por un Manuel Azaretto en nombre de la FORU). También de ahí salieron los cuadros del Estado burgués frentepopulista  que reprimieron a los proletarios en lucha.

Habiendo situado el contexto histórico, que nos permite desligarnos de la historia oficial con respecto a Nin y el POUM, estamos ahora en condiciones de evaluar la importancia programática de la crítica de Rebull

Es impresionante la claridad programática de Rebull sobre la frontera de clase: el proletariado revolucionario que había triunfado en julio del 36 solo tenía el poder gracias a sus formas organizadas propias en oposición al gobierno burgués, la contrarrevolución. Consecuentemente con esto Rebull es de una gran claridad en todo lo que se refiere al carácter burgués del gobierno republicano en el que participaron sus compañeros: desde Nin a los dirigentes de la CNT/FAI. En contraposición total con la ideología de estos dirigentes, Rebull clarifica y expone el carácter burgués de la UGT, así como de los gobiernos que constituían sus “propios compañeros”, de Valencia y Barcelona. Ellos son la contrarrevolución misma.

Se puede decir que esto es el ABC de siempre de las posiciones proletarias, todo lo que es favorable al capital y el Estado es contrario a nosotros. Sin embargo en un momento social en el que los dirigentes proletarios se pasan al enemigo y se integran al Estado, esto resulta excepcional. Para mí la claridad de la contraposición se encuentra en que Nin seguía actuando como hombre de Estado leninista, tratando de unificar a los proletarios bajo su mando, unificando todos los sindicatos y partidos “obreros”; mientras que Rebull vivía en la lucha de los proletarios contra el Estado. El primero pasaba el día “negociando” sus alianzas y peleas dentro del Estado y solo se dirigía a los proletarios como masa de maniobras a los que hay que llevarles las ideas intelectuales (Lenin: “Qué hacer”), el otro era un militante más del proletariado en lucha contra el Estado y por eso expresa las posiciones e intereses del proletariado contra el capital. Uno la miraba desde el Estado, el otro era consecuente contra el Estado.

Por eso metodológicamente Rebull es claro y neto[3]: ¡las barricadas tienen solo 2 lados! No hay 25 posiciones y 43 estructuras, como hacen los escritores oficiales de la socialdemocracia, para quienes la guerra de España en un “laberinto” inextricable. ¡La confusión ideológica fue la forma por excelencia con la que se sacaban a los proletarios revolucionarios de encima (de las barricadas, de las empresas, de los campos….) y se los enviaba al Frente!

¡Hay solo dos posiciones y solo estructuras contrapuestas! ¡O el proletariado armado o el Estado burgués! ¡Como sucede siempre cuando la contradicción de clases llega a ese extremo! Unos están por el armamento del proletariado autónomo otros están por desarmarlo para fortificar la República: Nin no estaba en el medio de nada, sino del lado de la contrarrevolución. Rebull afirma claramente “lucha estaba planteada…entre la revolución y la contrarrevolución

Es crucial la pequeña frase “desaparecido el segundo poder”, es decir el poder proletario, o mejor dicho todavía, la tentativa proletaria de constituirse en un segundo poder contra el Estado y la consecuente denuncia de todas las posiciones oportunistas de la CNT y el POUM que viene después.

La clave de todo el proceso que va desde julio 36 a mayo 37 fue la destrucción de ese poder, ese mismo proceso se concertó en el desarme antifascista y la contrarrevolución republicana. Dichas afirmaciones ilustran magníficamente la contraposición total entre revolución y contrarrevolución entre lo que Rebull defiende como posición proletaria y la posición oscilante, oportunista y cómplice de todo el CE del POUM. El caso de Nin, es emblemático porquese erigió en el elemento decisivo de los diferentes niveles de colaboración del POUM con el Estado, del reclutamiento antifascista y de su protagonismo en la contrarrevolución

Pero hay todavía más. Contra la historia oficial, Rebull denuncia (¡y no solo en este texto!) que la gran mayoría del proletariado armado no respondía al Estado burgués (incluyendo los contrarrevolucionarios “socialistas” y “comunistas”) sino a la CNT y el POUM y que fueron los órganos de dirección y los personajes claves de la CNT y en el POUM quienes desarmaron la respuesta proletaria dejando a toda la clase sin perspectiva.

Contra toda la historia oficial Rebull sintetiza perfectamente “La lucha estaba planteada (y sigue planteada), en términos generales, entre la revolución y la contrarrevolución”, como los órganos de la dirección optaron por la contrarrevolución (al treparse al Estado), desorganizaron la lucha autónoma del proletariado sin proponer ni objetivos concretos, ni  una táctica eficaz. Eso es lo que caracterizará a las jornadas de mayo como un movimiento que nace DECAPITADO... Nace contra lo más inmediato de la opresión capitalista pero sin cabeza. ¡porque la cabeza se la habían cortado esos dirigentes! ¡Gracias a Ud. Sr Nin que tan buena carrera hizo como político y estatista! Lo que ha ocultado también la historia oficial es que durante toda esa fase de desarme proletario a los dirigentes que habían pasado para el otro lado (Federica Montseny, Abad de Santillán, Nin…) es que les costaba hablar en público, porque los proletarios les gritaban, los insultaban, les tomaban las palabra para increparlos…

También contra la historia oficial, Rebull describe una correlación de fuerzas totalmente diferente.  Es mentira que el proletariado no tenía fuerzas. ¡Es el argumento de los dirigentes traidores, el de siempre de la socialdemocracia, el de la trancadera permanente de la revolución! Es lo que lleva siempre a la masacre, como en Rusia, como en España. Rebull dice todo el proletariado y todas las armas del proletariado se pusieron en la batalla, en cambio la contrarrevolución no tenía fuerza, ni capacidad combativa. Por eso se da ese “empate” por varios días en mayo durante los cuales ninguna fuerza toma la iniciativa. El desarme se está produciendo desde julio 1936 porque las direcciones de las organizaciones formales del proletariado pasaron a integrar el Estado burgués

Es por eso que se da esa situación general de indefinición. La traición de julio del 36 la confirmarán en esos días tanto el POUM como la CNT: el proletariado se quedará sin ningún proyecto claro de acción. Ninguno de los líderes que había pasado al Estado intenta afirmar la insurrección proletaria, sino que hacen todo lo contrario. Es por eso que en última instancia la contrarrevolución, el Estado logrará desarmarlo y comenzar la masacre. Justamente  la gran masacre de 1937 que significaría la liquidación total de la ola revolucionaria y la transformación del proletariado en carne de cañón de la guerra interburguesa e interimperialista: fascismo, antifascismo.

 

La contraposición entre Nin y el CE de POUM por un lado y el proletariado en las barricadas, llega al máximo en plena insurrección de mayo 37. La huelga general, los enfrentamientos, las barricadas para asegurar el control de gran parte de la ciudad habían sido organizadas por diversos comités y órganos de lucha que explícitamente enfrentaban al Estado burgués y todas las medidas que venían de la Generalidad de Cataluña. La frontera de clase se había clarificado de nuevo y como nunca: esta vez todo el proletariado en lucha consideraba claramente como enemigos al PC, al PS, al nacionalismo catalán, a la UGT (¡hasta se ejecutaron los jefes sindicales!)… Las viejas consignas abandonadas como “ir por el todo” y “dictadura de la revolución o de la anarquía” vuelven a emerger. Grupos de proletarios en lucha proponen la sustitución del Gobierno de la Generalidad, por un poder realmente proletario que algunos (Amigos de Durruti) denominan JUNTA REVOLUCIONARIA. Es con esa potencia que Rebull contrapone a la actitud criminal y liquidacionista de Nin y compañía pasar a la ofensiva. Armado de la seguridad que tenían más fuerzas que el enemigo, sobre lo que hoy no puede dudarse, proponía con un plano en la mano la toma del resto de puntos claves de la ciudad para aplastar al poder burgués leninista. Al mismo tiempo desafiando a Nin y compañía Rebull pone la imprenta del POUM en manos de grupos proletarios en lucha (fue en esa misma imprenta adonde se imprimieron los famosos manifiestos de los “amigos de Durruti”), impone una reunión con el CE del POUM (Nin, Adrade, Gorkin) en donde lucha por meter todas las fuerzas del partido en el aplastamiento de los “estalinistas” y “otros defensores del Estado”. Rebull no podía decidir esta ofensiva sin ellos, pero como es lógico Nin y compañía no tenían ningún interés en la ofensiva proletaria y buscaban terminarla lo antes posible. Ya entonces García Olivier que había sido el único dirigente histórico de la CNT que en julio de 1936 no había traicionado abiertamente la consigna de “ir por el todo” había hecho declaraciones pidiendo a los proletarios que abandonara la lucha. Ahora sí que toda la oficialidad de la CNT traicionaba y se sometía al Estado y al leninismo. En las barricadas se gritaba “¡TRAIDORES”, se escupía en sus retratos… , se los interrumpía en sus discursos gritándoles “renegados” , porque era precisamente esa actitud de los dirigentes (Garcia Olivier, Federica Montseny, Nin, Abad de Santillán…) lo que hacía imposible continuar la ofensiva. A nadie podían caberle dudas de que si no se imponía una correlación de fuerzas favorables al proletariado la contrarrevolución se vengaría con una brutal masacre, porque la misma ya había comenzado hace bastante tiempo y la misma insurrección proletaria había sido un ¡PARATE!

La contraposición entre la práctica de Rebull en las luchas proletarias y los Nin en las alturas del Estado y en las negociaciones, se verificaba nuevamente. Ya no podía haber conciliación posible y fue por eso que en la acción se van unificando las tentativas de dar continuidad a los intereses proletarios… Los sobrevivientes de esas masacres superarán las fronteras entre las organizaciones que habían traicionado e intentarán ayudarse y organizarse en base a las verdaderas fronteras que se habían profundizado entre revolución y contrarrevolución.  Así como la contrarrevolución frente populista agrupará a leninistas, “anarquistas”, sindicalistas, socialdemócratas, estalinistas y demócratas, la lucha contra ellos reagrupará a militantes y grupos de diferentes procedencias “marxistas”, “bakuninistas” “izquierdas comunistas”, anarco comunistas….Rebull y sus compañeros se aproximarán a diferentes expresiones rebeldes de la vieja CNT…, a los Amigos de Durruti, a algunos de los Comités reprimidos, a sectores de las Juventudes Libertarias, así como también a grupos internacionalistas y ex trotskistas como el grupo de Munis que seguirán expresando los intereses proletarios y denunciando la gigantesca traición de los dirigentes de la CNT y el POUM.

Para terminar esta valoración de las posiciones de Rebull debe resituarse su posición con respecto a las intervenciones de las fuerzas imperialistas de Francia e Inglaterra. En realidad lo que dice Rebull es también de una claridad meridiana. Todas las potencias capitalistas están ya interviniendo en España. Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Rusia… siempre estuvieron ahí ¡Desde siempre actuaron del lado del Estado y contra los proletarios! La “intervención” como terrible “terror” nuevo  no es más que un pretexto del mismo Estado para que los proletarios acepten cualquier cosa. Se amenazaba con una intervención de gran potencia para que prefiriésemos a unos estatistas contra otros estatistas y en concreto a las potencias “antifascistas” (que dicho sea de paso recién se estaban consolidando como aliadas y como supuestamente antifascistas, aunque como la propia Rusia seguía avanzando en acuerdos secretos con Alemania) frente a algunas a las que les sería asignadas el papel de las “malas” de la historia. Cada vez que hubo polémicas decisivas en la lucha del proletariado quienes se plegaban al Estado en nombre del “antifascismo”, como Abad de Santillán, Nin o Federica Montseny se mandaban un discurso diciendo que si se seguía con la “dictadura revolucionaria” o si se imponía el “ir por el todo” “nos exponemos a la intervención extranjera” y al bombardeo masivo de la ciudad de Barcelona. No es que eso no haya sido importante, al contrario en la CNT fue esa amenaza de las “flotas inglesas y francesas” que estaban dispuestas a bombardear Barcelona si se “iba por el todo” que pesó decisivamente, en el pleno del 20 de julio de 1936, en la balanza contra la posición revolucionaria

Como sostiene Rebull la CONTRARREVOLUCIÓN INTERNACIONAL, nunca dejó de estar presente, siempre INTERVINO directamente y si alguien estaba dispuesto a bombardear la ciudad entera de Barcelona insurrecta fue el propio Gobierno Republicano y el Frente Popular con el que esos mismos dirigentes traidores se habían aliado. Evidentemente esta información, que hoy conocemos con bastante detalle, no se publicó nunca en la época y recién se conoce ahora. No vaya a ser que la República y el Frente Popular en tan poco tiempo de vida perdieran la nueva virginidad reconstituida con el cuco del “fascismo”: ellos estaban ahí para ser los “buenos” de la película.

Ricardo


[1] Me parece indispensable señalar que hoy quienes publican a Nin y esconden a Rebull u a otros críticos de su oportunismo, lo hacen a sabiendas. La historia oficial sabe que defiende sus intereses, los del mito histórico de lucha contra el fascismo y por lo tanto la del Frente Popular. La difusión de las posiciones leninistas sobre España es una forma de justificar la contrarrevolución histórica y defender la participación en la Guerra Imperialista denominada “Segunda” guerra mundial.  Igual siempre explicarán que los 50 millones de muertos de esa fiesta capitalista “eran inevitables, los fascistas eran todavía más malos”.

[2] Hoy que se conocen mejor los acuerdos entre el poder del leninismo y los militares de las diferentes potencias imperialistas, así como la dependencia de los bolcheviques de los acuerdos económicos financieros con las grandes empresas y bancos de Nueva York, también ha quedado mucho más clara la coincidencia programática capitalista en la defensa de la contrarrevolución rusa y mundial.

[3] Recordemos que aquí no solo estamos teniendo en cuenta el artículo Las jornadas de mayo de Rebull, sino toda su lucha de los cuales siguen circulando internacionalmente elementos verbales o fragmentos.