La historia leninista esconde sistemáticamente el terrorismo de Estado impuesto por los primeros bolcheviques. La época de Lenin/Trotsky es presentada como una época en que se libraron grandes batallas contra el terrorismo blanco y que solo marginalmente se reprimió a los proletarios, a los revolucionarios y anarquistas. Lo inocultable, como las masacres de los Maknovistas y de Kronstadt se presentan como elementos aislados, lejanos y justificables (“no había más remedio”), cuando en realidad fueron no solo masivos en cuanto a cantidad enorme de gente masacrada, sino que ambas masacres se extendieron por toda la Gran Rusia y duraron mucho tiempo. La verdad es que esas represiones nunca cesaron sino que se entroncaron con otras antes y después, en Ucrania y en Kronstadt pero extendidas a todas las ciudades de Rusia, así como a la inmensa campaña. En realidad no quedó ninguna parte del territorio ruso durante todos esos años en que la represión de los Maknovistas y “los de Kronstadt” no se hiciera omnipresente. De Norte a Sur, de Este a Oeste desde 1918, hasta cuándo Trotsky cae en desgracia, es una ola de represión sin fin y que abarca un porcentaje cada vez mayor de la población a la que se le trata de imponer el trabajo forzado.
Por más distraído que estuviese, nadie que pasaba por Rusia podía ignorar esa realidad sino que estaba obligado a tomar partido sea ayudando algún perseguido que andaban por todos lados, sea como cómplice del Estado. Este antagonismo fue cada vez mayor incluyendo la época del Mayor y el más fiel de los discípulos de Lenin: Stalin.
Desde el principio de la “patria socialista” (según la ridícula expresión de Lenin contra los “infantilistas de izquierda” en su propio partido), el Estado Bolchevique fue un Estado policial. La continuidad con el zarismo fue total, sobre todo si tenemos en cuenta a quienes se perseguían: maximalistas, internacionalistas del socialismo revolucionario, anarquistas…y quienes perseguían: quienes reprimían en muchos casos eran zaristas “arrepentidos” puestos al servicio de los bolcheviques. Sin embargo socialmente se fue mucho más lejos, evidentemente por la represión de grandes burgueses y miembros del estado zaristas, pero también por la tentativa desde muy temprano de disciplinar laboralmente a los proletarios, por la determinación unívoca de los bolcheviques de someter por el trabajo y la disciplina a la totalidad de la población. Este elemento será el determinante en la masificación de las prisiones y en la conformación de todo el sistema de campos de concentración que se desarrollará bajo la dirección de Lenin/Trotsky desde 1918 en función de la realización de las “tareas democrático burguesas” (desarrollo del capitalismo)
Mi interés con estas notas es solo dar una idea de cómo desde la primera hora el Estado zarista ocupado por los bolcheviques se transformó en un Estado policial, que generalizó todas las formas de tortura, de represión masiva, de fusilamientos hasta asumir lo que esos mismo bolcheviques proclamaron abiertamente que se trataba de Terrorismo de Estado, de Terrorismo Rojo. Incluso cuando el “terrorismo rojo” se consideró superado, la situación se siguió agravando: se fusilaba un poco menos pero se reducía a la esclavitud con el sistema de campos de concentración. Durante la década del 20 el número de proletarios encerrados sube siempre con Lenin/Trotsky y también con Stalin
Todos los visitantes extranjeros confirman en esos primeros años era imposible mantener una actitud neutra ante la omnipresencia y omnipotencia de la Checa. O se lo cooptaba para servir a los aparatos policiales, sindicales y políticos del monstruoso aparato de Estado ruso o se caía en desgracia, se lo seguía, controlaba, arrestaba, calumniaba, denigraba...; y esa persecución proseguía invariantemente en el país origen de esa persona. Fue el caso de todos absolutamente todos los dirigentes proletarios que visitaban Rusia, por eso están los que denuncian la situación de capitalismo sanguinario y terrorismo de Estado que caracterizó a los bolcheviques desde el primer momento o los que por el contrario son cooptados por ese mismo Estado y se hacen cómplices de todo el proceso de terrorismo capitalista de Estado.
Como ejemplo de los primeros se puede citar a Otto Rhule, Jean Appel, Frnaz Jung, Bernhard Reichebach, August Merges, Emma Goldman, Berckman, …Como ejemplo de los segundos podemos mencionar a Jacques Sadoul, John Reed, Lazló Rudas, John Ardenson (Kristap Beika), Sebal Rugers, Rudianaski, Ernent Meyer, Ernst Thaelmann, Palmiro Togliatti, Bela Kun, Maurice Thorenz, Chou en Lai, Jules Humbert Droz, Mao Tse Tung… ; aunque, como estos fueron mucho más famosos por su importancia en la imposición de la línea prorusa la lista sería interminable. Sin lugar a dudas, como vemos en otros materiales que estoy dando a conocer, Andrés Nin cuando llega a Rusia, decide no ver la represión omnipresente y alinearse, como estos últimos, del lado del terrorismo de Estado ruso. Poco a poco se transformará en un apologeta total y será denunciado en España por esconder sistemáticamente la represión existente en Rusia de los revolucionarios y anarquistas para agradar a sus patrones de la Internacional Sindical Roja y en última instancia del Kremlin.
Si hoy el leninismo puede seguir teniendo tanto peso e influencia en el movimiento social es justamente porque se sigue negando alegremente la historia misma de la contrarrevolución leninista: que en Rusia consistió ni más ni menos que en reorganizar el capitalismo basándose en el terrorismo de Estado. Sin ese ocultamiento sería imposible seguirnos presentando los personajes más siniestros del leninismo como revolucionarios y sobretodo se puede seguir impunemente vendiendo el contrarrevolucionario programa del leninismo y el trotskismo como si hubiese sido revolucionario
Estamos “festejando” el centésimo aniversario de la contrarrevolución leninista rusa, que se expandirá por el mundo como dirección programática de la contrarrevolución mundial y que se concluye con la liquidación mundial del proletariado como clase autónoma y la mayor masacre de la historia de la humanidad: la “segunda guerra mundial”. Pienso que este tipo de denuncia es decisiva como balance del período más funesto de la historia por la sumisión del proletariado a la contrarrevolución y la guerra que el capital mundial necesitó. Sin superar ese brutal trauma histórico el proletariado mundial no se puede constituir en fuerza y alternativa para toda la humanidad.