A LOS 40 AÑOS DE LA MUERTE DE FRANCO, 1975-2015
FÉLIX RODRIGO MORA
La catástrofe de 1939, con la derrota, el exilio, las torturas y fusilamientos masivos, la reespañolización de los pueblos peninsulares singulares, la aniquilación de la sociedad rural y la degradación radical de la comunidad popular urbana, el gran salto adelante del capitalismo con industrialización, salarización y monetización, la pérdida del sentido ético y la ruina de la espiritualidad natural, la preterición del pensamiento reflexivo y creador, la aculturación global de la masa popular, el auge de Madrid y las demás grandes ciudades a costa del mundo agrario, la devastación del ser humano y de lo humano produciendo los seres nada, el crecimiento del poder, mando y presencia del aparato estatal y el colapso civilizacional, provocados por la victoria del franquismo, o forma castiza de fascismo, sigue necesitando, 76 años después, un estudio objetivo, bien documentado y ajeno a intereses partidistas, teorías e ideologías
Requiere, en suma, una evaluación integral que no tenga más punto de partida que los hechos desnudos ni más meta que la verdad concreta-finita. Dicho de otro modo, demanda un análisis experiencial ateórico. Éste falta en lo fundamental, a pesar del tiempo transcurrido.
La respuesta no reside en el tramposo tópico de la superioridad militar, esto es, armamentística, en equipo y operacional, del bando faccioso, pues no existió hasta bien avanzada la contienda mientras que en el primer y decisivo año de la guerra el bloque antifranquista, o republicano, fue más poderoso. Tampoco está en la ayuda exterior otorgada a Franco, dado que aunque ésta fue de enorme importancia no explica por sí sola, ni mucho menos, el desenlace de 1939. Además, dicha ayuda, si se considera el armamento y pertrechos militares dejando en un segundo lugar el número de soldados, fue similar a la recibida por la república.
Lo primero es comprender que en la guerra civil hubo tres agentes, no dos. Fue mucho más que una pendencia entre franquismo y republicanismo pues el pueblo/pueblos estaba enfrentado al fascismo y al mismo tiempo a la república burguesa, terrateniente, estatolátrica, partidocrática, españolista, policiaca, colonialista, racista [2], adoctrinadora, pedante, aculturadora, patriarcal, militarista y parlamentarista del 14 de abril de 1931[3]
La clave está en la posición propia y diferenciada del pueblo (que es plural, pueblos, al hacerse otro y singular en cada territorio) respecto a los dos bandos en que se escindió la reacción en el verano de 1936, el republicano y el fascista. En aquella coyuntura histórica no hubo dos proyectos políticos sino tres, siendo la revolución popular el tercero, diferenciado a la vez del régimen de Franco y del orden republicano, y enfrentada a ambos
LAS CAUSAS DEL CONFLICTO
La pregunta previa es, ¿por qué la guerra civil? Descartemos de entrada las explicaciones miserabilistas, economicistas, una afrenta para las clases populares de entonces, rebajadas en ellas a meros estómagos. Los datos, además, desautorizan tal tesis, por cuanto la guerra estalló en una sociedad en la que crecía el bienestar material de las clases modestas, debido a la fuerza colosal de las luchas obreras y populares, que lograron importantes conquistas sociales desde 1926-1930 hasta 1936, primero contra la monarquía y desde abril de 1931 contra la república.
En los años finales del Directorio Militar presidido por el general Primo de Rivera e instaurado en 1923, ya se da una fuerte lucha rural, proletaria y popular. Con la imposición desde arriba, por el ejército, los poderes financieros y la guardia civil sobre todo, de la II república en 1931, las elites del poder esperaban contener, encauzar y liquidar el movimiento, pero no fue así. La república del 14 de abril se manifestó como uno de los regímenes más represivos de nuestra historia, en su etapa de izquierdas tanto o más que en la de derechas, a causa de su despiadado espíritu antirrevolucionario. A pesar de eso la insurgencia popular, particularmente en el campo, continuó remontando y robusteciéndose de 1931 a 1936.
En octubre de 1934 tiene lugar el legendario alzamiento minero, fabril, campesino y popular de Asturias, un épico asalto revolucionario a la república burguesa y estatista, manipulado, obstaculizado y traicionado por los partidos de la izquierda, en particular por el PSOE. Con su desenlace las clases populares son momentáneamente frenadas pero no derrotadas. Tras él las espadas siguen en alto.
La política de Frente Popular, puesta en ejecución bajo la dirección del preboste del republicanismo burgués, Manuel Azaña, agrupó a toda la izquierda, que signó el documento unificador (“Manifiesto electoral de Izquierda. Pacto de Frente Popular”, de 15-1-1936), de contenido institucional, empresarial, latifundista, capitalista, militarista, policiaco, colonialista y sobre todo antirrevolucionario, cuya meta era frenar y desnaturalizar por métodos políticos, ideológicos, demagógicos y represivos el colosal ascenso de la insurgencia popular espontánea en esas fechas
Toda la izquierda rubrica y se integra, el PSOE, UGT y PCE pero también el POUM, ERC y ANV, respaldando al gobierno de los partidos republicanos, que se forma cuando el Frente Popular gana las elecciones el 16-2-1936. CNT que, junto con la FAI, había respaldado a la II república burguesa en su fase de gestación, 1929-1931, cooperando de facto con el ejército español y la guardia civil en su advenimiento, patrocina y loa en su gran mayoría, particularmente Durruti y otros jefes anarquistas, al Frente Popular, pidiendo el voto para él
El subterfugio para formar el bloque de la nueva reacción izquierdista es la supuesta acción antifascista que plasmaría el Frente Popular. Pero el citado “Manifiesto” no se refiere a este asunto, que es un añadido a posteriori con fines justificativos. La clave de la situación política en los seis primeros meses de 1936 no era el auge del fascismo (esto, que efectivamente estaba sucediendo, fue secundario) sino el ascenso de la revolución, en el campo y en la ciudad aunque más en el primero
El segundo rasgo del periodo durante el cual el Frente Popular estuvo en el gobierno antes de comenzar la guerra civil fue la ferocidad, persistencia y multiplicidad de la represión, con una enorme cantidad de detenciones, palizas, torturas y matanzas, realizadas por las fuerzas policiales siguiendo las órdenes del gobierno frentepopulista, lo que fue silenciado, cuando no directamente justificado y apoyado, por todos los partidos y sindicatos de izquierda.
La historiografía actual, con muy escasas excepciones, también oculta todo ello. En particular, los historiadores de izquierda realizan una general falsificación de este periodo histórico.El examen imparcial de los hechos lleva a la conclusión de que la política gubernamental del Frente Popular, en particular su pertinacia en la utilización de la violencia policial, fue determinante para que Franco ganase la guerra civil, pues al reprimir la revolución y agredir una y otra vez a las multitudes movilizadas hizo imposible que éstas se sumaran a la lucha antifascista. Sólo la acción revolucionaria podía ser eficazmente antifascista mientras que el respaldo al Frente Popular, esto es, a la república estatal, empresarial y terrateniente creaba las mejores condiciones para el triunfo del fascismo, lo que acaeció en 1939.
UNA SITUACIÓN CUASI REVOLUCIONARIA EN DESARROLLO
Era la revolución popular (rural, proletaria, popular) en espectacular ascenso la que, en esas fechas, primavera y verano de 1936, constituía el rasgo principal de la híper-compleja situación constituida. Crecía y se desplegaba, más en el agro que en las fábricas y más en los pueblos y aldeas que en las ciudades pero en definitiva por todas partes. Como respuesta, las elites del poder político, militar, académico, partitocrático y económico articulan, por un lado, la alternativa de Frente Popular, y, por otro, activan los planes para realizar una gran asonada militar, caso de que el Frente Popular resultara arrollado por la impetuosidad popular (como así sucedió), en sí misma espontanea, ajena a partidos y sindicatos, aideológica en lo más principal.
Todas las organizaciones que se guiaban por los proletarismos decimonónicos, marxismo, anarquismo y sindicalismo, rehusaron comprender que, en la primavera de 1936, lo que remontaba y maduraba era la revolución. Aquéllas no lograron percibir, ni siquiera “ver”, la revolución (a pesar de su espectacularidad y universalidad) porque ésta no formaba parte de su cosmovisión ni de sus metas estratégicas ni de su programa ni de su universo emocional
Los gobernantes del Frente Popular anteriores al inicio de la guerra se concentran, como se ha dicho, en realizar una represión bastante sangrienta de los movimientos proletarios, campesinos y populares. La tortura se hace universal, a diario hay manifestantes muertos (en ocasiones mujeres, que se sitúan en la primera fila) y heridos por los disparos de la guardia civil y la guardia de asalto. El momento culminante es el 29 de mayo de 1936, cuando la guardia civil, siguiendo las órdenes del gobierno frentepopulista de Madrid, realiza una matanza de vecinos de Yeste (Albacete), alzados para recuperar el comunal, que el Estado les había expropiado no hacía mucho. Quita la vida a tiros a 17 personas y deja heridos a un centenar, en lo que fue una operación de castigo planeada y ejecutada para atemorizar y frenar a las clases populares, en particular a las agrarias, de todo el país
La matanza de Yeste y las muchas docenas de casos similares (la lista es formidable y anonadará a quien la lea, el día que se publique completa) certifica la ruptura completa entre el auge espontáneo de la revolución, de contenido anticapitalista y antiestatal, comunalista y asamblearia, moral, axiológica, convivencial y fraternal, y toda la izquierda, incluido el POUM y la gran mayoría de CNT [4]
En junio de 1936 se amplía la preexistente situación cuasi-revolucionaria en desarrollo. Las expresiones locales del Estado son atacadas por la gente trabajadora en numerosos lugares. Los cuarteles de la guardia civil sobre todo resultan acometidos por doquier, quedando este decisivo cuerpo represivo a la defensiva en la mayor parte del país, por la gran cantidad de asaltos armados y no armados que sufre. El ente estatal tiene, por causa de ello, dificultades crecientes para hacer cumplir las leyes, cobrar los impuestos, reclutar conscriptos para el ejército, mantener sus aparatos de aleccionamiento a nivel local (escuela, etc.), proteger el patriarcado como sistema jurídico-legal e ideológico, garantizar las comunicaciones por carretera, telégrafo, teléfono y ferrocarril, hacer funcionar al sistema judicial, proteger al clero y salvaguardar la gran propiedad capitalista, la industrial y la financiera pero más aún la latifundista.
En bastantes empresas, agrarias, pecuarias, industriales, mineras, pesqueras, de transportes, financieras, de servicios, etc., la autoridad de los patronos, individuos o sociedades, era crecientemente cuestionada. No se trata sólo de las huelgas, que fueron innúmeras, sino de que en el interior de la unidad productiva los trabajadores solían negarse, cada vez más, a cumplir las órdenes de los propietarios, burgueses, jefes, ingenieros y capataces para imponer su propia idea de cómo y para qué tenía que operar la empresa, lo que significaba la expropiación de facto de los explotadores. Como consecuencia, el beneficio empresarial comenzó a caer, llegando, al parecer, a desplomarse al final de la primavera de 1936, lo que fue paralelo a un declive creciente de la circulación de mercancías y el intercambio con uso del dinero estatal (la peseta)
El capitalismo, por tanto, estaba siendo negado y desarticulado en sus fundamentos por unas clases trabajadoras que obraban espontáneamente, pues las jefaturas de todos los partidos y sindicatos seguían los llamamientos de los gobiernos de Frente Popular a favor de la “restauración del orden” y de la “defensa de la República”. Muy a menudo las bases de tales partidos y sindicatos desatendían lo que sus jefes les ordenaban, sumándose al ascenso de la revolución, asunto que fue motivo de gran alarma para el poder constituido, siendo éste uno de los hechos que más impulsó a Franco a acelerar los preparativos para el alzamiento militar fascista
En junio de 1936 ya era bien visible que la estrategia anti-revolucionaria concretada en el Frente Popular había fracasado mientras la revolución continuaba ascendiendo. No era ésta una revolución dotada de un programa, ni tampoco estaba pensada y organizada en base a un proyecto estratégico, sino que adoptaba la forma de cientos de conflictos a escala local, la mayoría de ellos bastante duros y persistentes. Tales debilidades internas del movimiento revolucionario es lo que impide calificarle como tal al completo, de ahí el uso del prefijo “cuasi” para conceptuarlo
Lo cierto es que mientras las multitudes se empeñaban en la revolución, con todas sus innegables carencias, fallos y limitaciones, los jefes y cuadros de todos los partidos y sindicatos izquierdistas se concentraban en mantener la paz social, el orden político-jurídico republicano y el modo de producción capitalista. Esta ruptura entre partitocracia de izquierda, policía y sindical, y clases populares urbanas y, sobre todo, rurales, fue decisiva para el desenvolvimiento de la guerra, pues a lo largo de toda ella los trabajadores se negaron a apoyar a los partidos republicanos contra los franquistas, y viceversa, manteniéndose en una situación de inhibición, desentendiéndose de una conflagración en la que no se sentían identificados con ninguno de los dos bandos, dado que eran víctimas de ambos.
[1] En América Latina se conoce muy poco la historia de la llamada “guerra civil española” por la importancia de la historia oficial frentepopulista que falsificó todo. Incluso en estas páginas solo se han publicado notas y textos que hizo figurar Fernando Moyano que abunda en esa misma historia oficial y que justifica el punto de vista de la izquierda burguesa y en general del leninismo. Un poco como marco de fondo de la verdadera historia aconsejo leer a Félix Rodrigo Mora en su libro “Investigación sobre la Segunda República española, 1931-1936”. Independientemente de las divergencias que se puedan tener con el autor la investigación y la veracidad histórica de los materiales de dicho investigador son indiscutibles y no han podido ser rebatidos por los escribas del Estado. Por eso mismo me parece adecuado dar a conocer algunos elementos de esos estudios especialmente este texto que explica, contra toda la ideología dominante y sus leyendas, porqué quien ganó la guerra civil fue Franco, al mismo tiempo que denuncia el papel contrarrevolucionario de la izquierda, el sindicalismo y la república. Es en ese sentido que doy a conocer este pequeño artículo de esa gran investigación histórica que seguramente abrirá los ojos a más de uno sobre el verdadero papel de la izquierda.
2] En Marruecos, entonces colonia española, la II república fue no sólo imperialista sino también racista, como lo fue el Frente Popular. También se manifestaron racistas todos los partidos y sindicatos de izquierda y republicanos con la excepción de CNT. La información en “El colonialismo español en Marruecos”, Miguel Martín
[3] Su análisis, que pretende ser bastante completo y está realizado conforme al método experiencial ateórico, se realiza en mi libro, de pronta publicación, “Investigación sobre la Segunda República española, 1931-1936”
[4] En los cinco meses que transcurren entre el 17 de febrero de 1936, cuando el Frente Popular forma gobierno, y el 18 de julio, fecha del inicio de la guerra, al menos 454 personas perdieron la vida debido a la acción de los aparatos represivos a las órdenes de los gobiernos frentepopulistas, por causas políticas y sociales, en manifestaciones, ocupaciones de tierras o fábricas, ataques a los cuerpos de policía, etc. De los cinco años y tres meses de existencia de la II república en su fase relativamente pacífica, 1931- 1936, aquél fue el tiempo de más violencia institucional, con 90 fallecidos al mes (3 de media por día), a tiros o por tormentos en comisarías y cuartelillos, cuando en 1933, el año globalmente más sangriento, fueron 44 por mes. A ellos hay que sumar los heridos de bala y los torturados de manera intensa aunque no fatal, decenas de miles. El 20% de las víctimas de la represión frentepopulista fueron mujeres. Por tanto, el Frente Popular lejos de ser “antifascista” se manifestó como una forma extremista de reacción burguesa y terrateniente, estatal y gubernamental, que imitaba al fascismo, con el respaldo y la complicidad de los jefes y jefas de la izquierda republicana, marxista y anarquista.