Envíopostaporteñ@ 1830

Catalunya:"Nos hemos ganado el derecho a tener un Estado"

Amb el diari de dilluns a la mà

Fernando Moyano

> UNA OPINIÓN PERSONAL

El diario del lunes. Después que hablaron los hechos, no diríamos que las palabras "huelgan" pero sí que tienen que trabajar de otra manera. ? Luego del referéndum catalán hay hechos que no pueden ser desconocidos.

Lo que más me llama la atención es que la mayor parte de las interpretaciones políticas sobre este hecho, a favor o en contra, hablan de algo así como de una lucha entre nacionalismos en una situación en que las condiciones reales no justificarían que existiese un enfrentamiento en ese terreno. O sea: unos y otros estarían todos locos.

Y eso es posible, los conflictos sociales y políticos no están exentos de las locuras colectivas, sobre todo si en un conflicto una locura alimenta a la otra. Aun así creo que esa no sería la línea central de interpretación.

Voy a proponer otra forma de ver las cosas: Esto NO ES un conflicto nacionalista

Si las condiciones económico-sociales no justifican hoy día un conflicto agudo de nacionalidades en países "modernos" como España, si no se justifican allí los esquemas tomados de la historia del Siglo XIX y principios del XX, tal vez lo anacrónico no sea la lucha que allí ocurre, sino la forma en que se la mira.

Que hay un conflicto, hay. Y si un conflicto de nacionalidad carece de bases ¿no será que es otra cosa?

Las declaraciones de repudio a los actos de violencia represiva del gobierno español (en algunos casos quedan en el "lamento") no alcanzan, hay que ir al tema de fondo. ¿Por qué recurre el gobierno español a semejante violencia? ¿Son una "torpeza" o son el resultado del conflicto mismo?

En una nota previa (porque hay que hablar antes, o no tiene mucho valor):

Cataluña, el derecho al divorcio y la "unidad de la familia obrera", abordé el tema, debido a la discusión que provocaron dos notas de Rolando Astarita

,Nacionalismo catalán y un texto de Lenin  y

Nacionalismo catalán y respuesta a un crítico.

El conflicto independentista catalán como hecho político, al menos en lo puntual, no deja ningún lugar a dudas en cuanto a por quién tomar partido. Pero cuando se interpreta este proceso histórico desde el análisis conceptual inspirado en el marxismo, hay algunas cosas que no podemos minimizar. Y no se trata en este caso del vergonzoso "marxismo" del que mejor no hablar, Astarita es todo lo contrario, es un teórico de muy alto nivel con el que, además, coincido en la gran mayoría de los temas. Pero si la teoría no nos sirve para comprender el significado de las luchas que tenemos delante y tomar una posición correcta ¿para qué la queremos?

Tomar posición hoy del lado de los independentistas catalanes es lo fácil. Entender lo que pasa y por qué, es otra cosa. Pero si nuestro marco conceptual de referencia para entender la realidad nos ubicaría en la vereda del frente... algo está mal.

Resumiendo muy brevemente (porque el tema ya fue tratado en forma más extensa en mi nota previa), los argumentos de Astarita, para sostener que la independencia de Cataluña no es progresiva, son:

> No llevaría a un desarrollo de las fuerzas productivas porque no removería una situación de explotación colonial ni una clase dominante feudal, o sea: no sería un proceso de modernización capitalista.

> No significaría mejoras para la clase trabajadora.

> Podría aparejar rivalidades que romperían la unidad internacional de los trabajadores. Los socialistas no alentamos los nacionalismos.

Son cosas muy diferentes. Las mencioné en el orden en que las coloca Astarita, pero prefiero empezar por el final.

Los socialistas no somos nacionalistas en ningún caso, no alentamos ningún nacionalismo. En este caso, de ninguna manera debemos promover un nacionalismo catalán, estoy de acuerdo.

Eso no significa que los trabajadores catalanes, por no correr el riesgo de alentar un nacionalismo catalán, deban soportar pasivamente la agresión burguesa del estado reaccionario que se viste de nacionalismo español. Toda la ofensiva anti-independentista se apoya en este caso en la ideología del nacionalismo español. Un nacionalismo claramente burgués reaccionario y autoritario. Y que no tiene justificación histórica

Algunos (Astarita, por ejemplo) han planteado que en los conflictos inter-burgueses, los trabajadores deben ser neutrales. ¿Es este el caso?

Vamos ahora al tema del desarrollo de las fuerzas productivas, y al de las posibles mejoras en las condiciones de los trabajadores. No podemos caer en lo que es una de las distorsiones más absurdas del pensamiento de Marx.

Los modos de producción de los que habla Marx, cuya sucesión histórica en sentido progresivo viene con el desarrollo de las fuerzas productivas. Son épocas históricas de LARGA DURACIÓN, LAAAAARGA. Es ese el sentido evidente de lo que dice Marx, que en su tiempo debía enfrentar interpretaciones idealistas muy toscas del proceso histórico.  El desarrollo de las fuerzas productivas crea la modificación de la base material de la vida social, y sobre esa base, el progreso civilizatorio en términos generales.

No se refiere a los cambios que ocurren de un año para el otro. No tiene sentido pretender aplicar las interpretaciones del largo tiempo histórico al micro-tiempo político, en el que las cosas ocurren en una dinámica muy diferente. Claro está que el discurso ideológico del progresismo burgués pretende que cualquier "inversión productiva", una planta de producción de pasta de celulosa por ejemplo, va a traer una gran mejora para los trabajadores uruguayos.  Pero no nos vamos a tragar ese verso.

Y la recíproca tampoco es cierta. En el largo devenir histórico sí, la mejora de las condiciones de vida de la gente depende del crecimiento de las fuerzas productivas y si eso no ocurre no habrá verdadera mejora material, y si no hay mejora material, planteadas las cosas en términos de gran escala, tampoco habrá mejora en los distintos órdenes de la vida. Salud, educación, cultura, convivencia... Es en ese sentido que somos materialistas.

Pero en el micro tiempo no todas las mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores se deben al desarrollo de las fuerzas productivas materiales. La correlación de fuerzas sociales puede significar cambios que favorezcan o desfavorezcan las condiciones para la lucha de los trabajadores. Esto es algo completamente evidente a partir de la experiencia más corriente. El cambio político que significaría la independencia de Cataluña del reino de España ¿sería favorable o desfavorable? ¡Ya está aquí en el diario del lunes!

Poner una frontera que separe Cataluña de España, ¿traería rivalidades que socaven la unidad de la clase trabajadora?

La imposición autoritaria del Estado español es lo que socava esa unidad, hoy, y alienta esas rivalidades. Y para pensar en el mañana tenemos que pensar sobre otras bases. Si decimos "otro mundo es posible" tenemos que demostrar que somos capaces de construir ese otro mundo en base a relaciones solidarias, no son estas relaciones. La unidad de España no mereceninguna defensa por parte de los trabajadores.  

Veamos ahora lo de la burguesía democrática, el colonialismo, el feudalismo y todo eso. Ver las cosas de hoy en función de los textos de hace un siglo, como ese de Lenin sobre el derecho de autodeterminación de las naciones, es medio problemático.

Hace algunos siglos las burguesías europeas impulsaron la construcción de estados nacionales. Eso estuvo estrictamente vinculado al desarrollo del modo de producción capitalista y a la formación de las clases obreras dentro de las formaciones sociales de esos estados nacionales.

Hace un siglo algunos marxistas consideraron la situación de los países relativamente más atrasados, y tomaron diferentes posiciones. Algunos pensaron que en la periferia del mundo capitalista, de desarrollo más débil, se produciría con rezago la revolución democrático-burguesa llevada adelante por burguesías nacionales. Y se pensaba que ese proceso conduciría al desarrollo de la clase obrera y por esa vía, a la lucha por el socialismo. Lenin fue algo escéptico en relación a esas expectativas, pero no las abandonó del todo. Esa coyuntura produjo los textos que ahora se traen.

El balance de lo que realmente pasó no confirma aquellas ideas. Pero más allá de eso, es evidente que hoy las cosas son muy diferentes.

Los estados burgueses nacionales ya no cumplen ese papel. En Europa en especial, el capitalismo ha construido, a partir de las piezas del aparato inter-estatal, un supra-estado continental. Su razón de ser es construir una fortaleza más segura para el capital, un instrumento político de dominación que permita profundizar la explotación de los trabajadores. 

Hoy, ese supra-estado está avanzando hacia una crisis política generalizada. No ha podido resolver adecuadamente las contradicciones inter-burguesas ni tampoco estabilizar esas condiciones de mayor expropiación de los trabajadores, y asoman las resistencias. Por supuesto, avanzan a ritmo diferente.

El descontento de los trabajadores se expresa de muchas maneras. La ultra-derecha busca explotar ese descontento para desarrollar políticas xenófobas y un nacionalismo reaccionario. Pero no todas las clases trabajadoras han reaccionado de la misma manera, ni tampoco en forma homogénea en cada caso. En Grecia la rebelión fue traicionada. En el referéndum italiano o en el Brexit hay mezcla de cosas. En Escocia se avanza con más recovecos. En Francia se está desarrollando en una forma muy interesante. Obviamente, los grandes estados nacionales son escenarios complejos.

Cada caso particular es eso, un caso particular. Una comunidad relativamente autónoma que sea una sociedad moderna y políticamente democrática, con una cultura universalista, fáciles contactos con todo el mundo, y una fuerte tradición de lucha obrera, si cuenta además con los instrumentos políticos e institucionales adecuados, puede ser una linda cancha para jugar el partido. Se necesitan algunas cosas.

¿Por qué el estado reaccionario español resiste de esa manera cualquier proyecto de autonomía catalana? ¿Por qué el alineamiento cerrado de todas las burguesías europeas, y EEUU, respaldándolo? ¿Por qué la "comunidad internacional" y los medios de prensa han uniformado así su discurso? ¿Por qué la represión salvaje? 

Es obvio que la burguesía catalana les importa un pomo. Están pensando en forma estratégica, intentando evitar una posible brecha que permita un avance de los trabajadores en su rebelión. ¡Ellos lo entendieron más rápido que nosotros! La supuesta "separación" de los trabajadores catalanes de los españoles no es una separación, es simplemente que es a ellos que les toca jugar ahora.  

La burguesía catalana, a nosotros, también nos importa un pomo. En esas condiciones una frontera no es una división entre los trabajadores. Es una línea defensiva contra la ofensiva burguesa. Una barricada.

¡No tiene nada que ver con el nacionalismo! Podemos verlo en los catalanes anti-independentistas, que no tienen nada de nacionalista, que se pliegan hoy a la causa de la independencia sin por eso volverse nacionalistas.

Una oportunidad.

Això és avui Catalunya

Sobre nacionalismo y autodeterminación en Catalunya

Rolando Astarita 4/10/17

A partir de discusiones que he tenido con defensores por izquierda del nacionalismo catalán  (ver Comentarios), en esta nota desarrollo algunas temáticas referidas a la posición del marxismo frente al nacionalismo, la consigna de autodeterminación, y la situación actual en Catalunya.

Cuestión nacional, economía y construcción político-ideológica

En el curso de los debates con los nacionalistas señalé que una de las cuestiones en litigio entre Catalunya y el gobierno central de Madrid pasa por los impuestos y su administración. De hecho, aproximadamente el 80% de los salarios a estatales y del gasto público en Catalunya provienen de ingresos por impuestos recaudados por el gobierno central. Es que Madrid tomó el control de esos pagos, en lugar de canalizar el dinero a través del gobierno catalán. Además, cualquier empresa que deje de pagar impuestos es pasible de sanciones por parte del gobierno central. Los líderes catalanes piden entonces el control de la recaudación fiscal. Y buena parte del movimiento independentista se queja porque Catalunya aportaría una contribución  desmedida, a través de impuestos, al resto de España. Lo cual da pie a la idea de que “si nos independizamos vamos a poder disponer de nuestros recursos, que hoy van hacia España” (el argumento me lo ha dado un nacionalista en comunicación personal, pero parece bastante general).

La pregunta entonces es hasta qué punto la disputa sobre quién y cómo administra los impuestos subyace a la movilización independentista. Es que algunos nacionalistas catalanes (de izquierda) me han señalado que es un error reducir el problema nacional a una cuestión de impuestos, o a una cuestión económica.

Frente a esto, mi respuesta es que acuerdo con esa observación, ya que la problemática nacional no se explica solo por causas económicas. Esas últimas juegan un rol, pero el tema es más complejo. En este respecto rescato el abordaje que realiza Leopoldo Mármora en El concepto socialista de nación (México, Pasado y Presente, 1986). En este trabajo Mármora crítica las concepciones objetivistas y economicistas de la nación, que han predominado en el marxismo. Este enfoque, dice Mármora, deja de lado los factores subjetivos, tales como la voluntad política y la conciencia nacional, y acentúa de manera determinista y unilateral el papel del mercado nacional en el surgimiento de las naciones. En su apoyo cita a Lipietz cuando este dice que no existe una integración territorial que partiendo únicamente de la dinámica del mecanismo económico abarque e integre espontáneamente, conforme a las leyes del mercado, un territorio dado. Es necesaria la intervención política para el desarrollo de un mercado nacional que integre todas las partes de un territorio.

Desde esta perspectiva, Mármora cuestiona entonces la validez de la cadena causal mercado nacional-nación-Estado nacional, y sostiene que el marxismo debe poner el acento en los elementos subjetivos. Esto significa entender a la nación como un sistema de hegemonía burguesa. En términos de Gramsci, la nación se identifica con la conformación de un bloque histórico, el cual se constituye como fundamento de un poder en el Estado. Escribe Mármora:

“Un sistema de hegemonía se construye no solo con base en intereses materiales recíprocos o en la negociación y balance entre intereses materiales más o menos opuestos, sino también, -más  allá de toda razón instrumental- con base en la fuerza unificadora de los ideológico, de los afectos, de los anhelos y mitos colectivos, de las herencias étnicas y religiosas, de la necesidad de identidad, seguridad y recogimiento provenientes de la vida en comunidad, etcétera” (pp. 175-6).

Sin coincidir con las conclusiones políticas de Mármora –su proyecto último, en la línea del uso reformista de Gramsci, es a favor de un frente nacional y popular dirigido por la clase obrera- subrayo el rol de lo ideológico como mediación integradora de todas las clases sociales dentro del bloque nacional dirigido por la burguesía. Lo cual es vital para asegurar el dominio político de la burguesía, que no se construye solo sobre la dinámica de la infraestructura económica.

Cuando la construcción ideológico-política pasa a ser absolutamente dominante

Una conclusión de lo anterior es que en los casos en que no existe una relación de explotación colonial, o semicolonial, u opresión política directa, la construcción ideológica-política de la opresión nacional pasa a ser absolutamente dominante. Tengamos presente que las formas de opresión-explotación nacional históricamente se presentan en diversos grados. Van desde la relación colonial (ocupación militar para garantizar el saqueo, imposición de gobiernos títeres, desposesión de tierras a los nativos y su pase a colonos, imposición cultural y lingüística por la fuerza, etcétera) a diferentes formas de opresión ideológica y cultural (por ejemplo, represión o discriminación de la lengua local, “reescritura” de la historia, discriminación o anulación de las expresiones culturales nacionales). Sin embargo, en la medida en que estos elementos no se encuentren presentes, la construcción ideológico-política de lo nacional apelará más y más a las tradiciones, los mitos colectivos, las herencias, la necesidad de identidad. Y también, cómo no, a transformar una discusión sobre impuestos en un combate por la liberación nacional, al estilo “liberación tercermundista”. Por supuesto, esta  transformación de un conflicto menor en una “lucha por la liberación nacional” no dejará de potenciarse si enfrente tiene la reacción bestial de una derecha centralista “a lo PP”.

Este parece ser el caso de lo ocurrido en Catalunya. Catalunya no es un país colonial, ni semicolonial, ni particularmente oprimido en lo cultural-lingüístico. Sin embargo, la construcción ideológica-política de un “problema nacional” ha prendido (¿ayudada por la crisis económica?) en, al menos, la mitad de la población. Y la represión centralista alimenta, indudablemente, esa construcción. La exaltación nacionalista, tanto españolista como catalana, entra así en una espiral imparable. Cuando me refiero a la exaltación nacional española no me limito al PP; también hay una exaltación españolista de izquierda, tipo PSOE. En cualquier caso, el resultado para la clase obrera y los ideales del socialismo es desastroso. En particular para los trabajadores de Catalunya: hoy la clase obrera catalana está dividida entre los independentistas y los que no quieren la independencia (aunque en muchos casos aboguen por alguna nueva forma de relación con Madrid, que otorgue más autonomía a Catalunya). Y esta grieta se agranda día a día.

A favor de la unidad de la clase obrera

A partir de lo anterior, habría que decir –pública y abiertamente- que la división de la clase obrera en torno a líneas nacionales no tiene absolutamente nada de progresista, sino todo lo contrario.  Indudablemente, es imprescindible criticar y rechazar cualquier forma de discriminación a la cultura y las tradiciones catalanas; o cualquier tipo de descalificación de los trabajadores que depositan su confianza en una Catalunya independiente. Pero también hay que rechazar la demonización –acusaciones de “fascistas”, “españolistas funcionales a la derecha- de los trabajadores catalanes que no adhieren al proyecto de la independencia. No hay nada que perjudique más la unidad de la clase obrera que estos discursos de un lado y del otro, en especial cuando se hacen en nombre del “progresismo de izquierda”. La división nacionalista de la clase trabajadora, en cambio, lleva a alinear a cada sector con “su” burguesía y “su” Estado.

Es en este respecto que he planteado la necesidad de decir claramente que el movimiento independentista catalán tiene un carácter burgués (lo mismo se aplica, por supuesto, al españolismo, así lo defienda el PSOE o Podemos). Que una eventual independencia de Catalunya no disminuirá un ápice la explotación de la clase obrera. Y que es necesario rechazar toda perspectiva de “capitalismo nacional autárquico”, ya que no puede tener sino un carácter reaccionario. Agrego ahora: también es necesario ubicar el conflicto en torno a la administración de los impuestos en su justo lugar. Lejos de ser una pelea por “acabar con la explotación del pueblo catalán”, es un conflicto estrictamente burgués, del cual la clase trabajadora, españolista o catalana, debería tomar distancia.

Sobre el derecho a la autodeterminación

En las notas anteriores he recordado el derecho a la autodeterminación, que fue planteado por la Segunda Internacional y reivindicado por Lenin. Los nacionalistas de izquierda que me critican han planteado que sin posicionarse a favor de la independencia de Catalunya, esa demanda es vacía. También se ha dicho que es posible luchar por el derecho a la autodeterminación dándole un contenido “socialista” (o “anticapitalista”).

La realidad es que el derecho a la autodeterminación es solo un derecho burgués (esto es, formal) a que una comunidad nacional decida si quiere constituirse como un Estado independiente. No hay manera de superar ese horizonte burgués por la mera lucha; siempre seguirá siendo un derecho formal, que se aplica a realidades diversas. No se trata, además, de un derecho absoluto. Por ejemplo, nadie que se ubique en el progresismo defendería el “derecho a la independencia” de los esclavistas del sur de EEUU durante la Guerra de Secesión. Pero sí es un derecho que los marxistas defendemos en la mayoría de los casos. Aunque no con el objetivo de exaltar las pasiones nacionales, sino precisamente lo contrario, debilitarlas.

Por lo tanto, el planteo esencial es defender el derecho a la autodeterminación. La posición con respecto a cuál es el voto en concreto a ejercer en un referéndum es un tema subordinado, táctico, que debería decidirse teniendo en cuenta las relaciones concretas. Por ejemplo, Lenin defendió el derecho a la separación de Noruega de Suecia, aunque no se pronunció concretamente por el voto afirmativo o negativo. Lo central era que el pueblo noruego decidiera, y tuviera la libertad para separarse. En 2014 se realizó un referéndum en Escocia para decidir si se separaba de Gran Bretaña, y triunfó el no. Los marxistas no debían tomar necesariamente posición a favor de la permanencia o separación (también estaba la opción de abstenerse), pero lo importante pasaba por que se ejerciera ese derecho.

Estos ejemplos demuestran que el ejercicio del derecho a la autodeterminación no implica necesariamente que se constituya una nación independiente (puede suceder o no); y tampoco la obtención de ese derecho exige el triunfo de revolución socialista alguna, como piensan ciertos nacionalistas “revolucionarios”. Un plebiscito puede alcanzarse con acuerdos más o menos pactados entre las fuerzas burguesas. Precisamente una de las cosas que le critica el establishment (por ejemplo, notas en Bloomberg, en The New York Times, voceros de la UE, etcétera) al gobierno de Rajoy es haber apelado a la represión dura y pura, y no haber negociado una mayor autonomía; o incluso no haber aceptado un referéndum para decidir sobre qué quería hacer el pueblo catalán. Como señala un comentarista, después de todo, las constituciones no son de piedra; tienen que adaptarse a los cambios y las evoluciones.  Al pasar, destaco este rasgo de la burguesía "ilustrada": una autonomía, incluso una independencia, son perfectamente negociables (en tanto, por supuesto, se garantice la continuidad de la explotación del trabajo).

En cualquier caso, el peso de la demanda, por parte de los marxistas, está puesto en que se pueda ejercer el derecho a la autodeterminación. Es el principal antídoto, en las condiciones concretas hoy de la relación España - Catalunya, contra toda forma de nacionalismo. Es significativo al respecto que, dejando de lado el tema de los impuestos, los independentistas catalanes con los que me he comunicado no denuncian opresión cultural, o discriminación al catalán en Catalunya. ¿Por qué entonces consideran que Catalunya es oprimida? La respuesta: porque no podemos decidir la independencia. Pues bien, aceptando este argumento, hay que luchar por el derecho a decidir. Es la manera de despejar el tema nacional. Y este derecho debería ser explicado a los trabajadores del resto de España.

Por eso, subrayo, la cuestión de si se vota a favor de la independencia es un tema menor. Personalmente, pienso que en las condiciones actuales –con una parte significativa de los trabajadores y la población catalana que no ve con buenos ojos una independencia total; y dada la exacerbación nacionalista- el voto por la independencia no es lo más conveniente. Pero lo importante es que se pueda ejercer ese voto. Así, en este punto, nuestro rechazo a la represión de Madrid es, por supuesto, absoluto.

Es preferible un acuerdo “burgués reformista”

Para terminar, y dada la situación a que se ha llegado, pienso que hoy lo mejor es algún tipo de acuerdo “reformista”. Para que no queden dudas, lo que planteo es un acuerdo burgués reformista, el único que parece viable en esta coyuntura. Por supuesto, siempre se puede llamar a la insurrección obrera y a formar soviets, pero en la situación actual eso equivale a lanzar consignas a la luna. Y lo que nos interesa como marxistas es que baje la presión nacionalista (o sea, exactamente lo contrario de lo que buscan los nacionalistas). Sostengo que no tiene sentido profundizar un enfrentamiento (¿armado?) “por la patria catalana”; ni “por la patria española”. Los trabajadores no tienen que dar la vida ni por la patria catalana, ni por la patria española. No hay que ser carne de cañón de los intereses burgueses en juego. Paremos con las exageraciones sobre "la lucha por la liberación nacional".

En otros términos, el enfrentamiento detrás de banderas nacionales solo lleva a reforzar la hegemonía burguesa a un lado y el otro de los bandos en pugna. Es un callejón sin salida, que terminará en la desmoralización y en más división de los trabajadores. Hay que impedirlo. Para esto habría que apoyarse en los sectores burgueses liberales que presionan por una forma de referéndum, digamos “a lo Escocia”. Con todas las garantías para que se ejerza el voto en libertad.

Seguramente a muchos lectores les llamará la atención que desde un blog que defiende ideas socialistas propongamos una salida burguesa reformista. Sin embargo, no es algo tan novedoso. Recuerdo que en 1922, en ocasión de la Conferencia de Génova, Lenin instruyó a la delegación soviética a presentar propuestas “burguesas reformistas” frente a algunos de los problemas más acuciantes y graves que atravesaba el mundo por entonces. Entre esas propuestas, Lenin sugería una “solución irlandesa” a problemas de opresión nacional; que por cierto, eran infinitamente más agudos que “la opresión nacional” que sufre hoy Catalunya (y la “solución irlandesa” estaba infinitamente más a la derecha que cualquier acuerdo que pueda surgir hoy entre Madrid y Catalunya). Subrayo, una solución “a la irlandesa” no era una revolución proletaria.

Para decirlo de la manera más clara posible: nuestro criterio no es “cuanto peor, mejor”. Nuestro norte es ayudar al desarrollo de la conciencia de clase, de la solidaridad entre los trabajadores. Y hoy en España se necesita parar la hemorragia de la exaltación nacionalista. Es desde este punto de vista que hay que resistir y condenar la represión del gobierno central. Pero tomando toda la distancia posible con respecto al gobierno y el Estado catalán.

Sobre el referendo en Catalunya

La Cagámpora

Octubre 4, 2017 en  EcoSocialismo Libertario

Tengo un acuerdo general con lo escrito por Rolando Astarita sobre el tema en los textos que mencionaré abajo de todo.

Sintéticamente, mencionar que la mejor posición que podemos tener en este punto es una solidaridad internacionalista con el proletariado catalán.

Por solidaridad con el proletariado catalán no me refiero a apoyo al independentismo catalán (dirigido por la burguesía y la pequeña burguesía). Eso que lo haga la izquierda "anti-imperialista".

Tampoco me refiero al seguidismo a las masas propio de la izquierda que ha renunciado a la lucha ideológica y por lo tanto no desafía las formas atrasadas de conciencia en la clase obrera.

Me refiero a formas de solidaridad concreta sin que ello implique ocultar las propias opiniones. ¿Cuáles son esas opiniones? Que no existe ninguna razón que haga históricamente progresiva (para la clase obrera mundial y la catalana en particular) la conformación de un Estado catalán  separado del Estado español. Ni siquiera puede hablarse de que esto vaya a significar beneficios materiales concretos para el conjunto de la población o una redistribución de la riqueza favorable a las clases trabajadoras. Esto significa que si estuviéramos en Catalunya votaríamos por el no.

Pero a su vez, nos vemos en la obligación de defender el derecho a votar ese "no". La represión del Estado español en el 1O es un ataque a las libertades democráticas del proletariado catalán, sin importar si está a favor o en contra de la independencia. Por culpa de ese contexto represivo, solamente ha votado el 40% del padrón, con un resultado que no puede admitirse como sustento de la independencia. Nuestra forma de solidaridad con el proletariado catalán es sumar nuestras fuerzas para que Catalunya pueda expresarse en un referendo como pudo hacerlo Escocia en el año 2014. Y una vez logrado eso, haremos campaña por el "no".

La represiva respuesta del criptofranquismo español a Cataluña

Humberto Decarli -El Libertario 3/10/17

El espectáculo protagonizado por el gobierno español sobre el asunto de Cataluña es muy lamentable. Los policías españoles arremetieron contra la gente para tratar de impedir la votación acerca del referéndum para lograr la independencia de España. Se parecían a los gendarmes venezolanos actuales y al franquismo en su peor época. Más de 700 heridos es el saldo de tamaña represión, subterfugio suficiente para preterir los escándalos de corrupción del gobierno del Partido Popular encabezado por Mariano Rajoy.


Antecedentes históricos de la reivindicación catalana

La zona fue alguna vez independiente relativamente pero fue sometida al apoyar al aspirante a reinar, perdedor, en la guerra de Sucesión ocurrida en 1714 cuando emergió un Borbón cuya casa aún domina en el país que ocupa la mayor parte de la península ibérica. Cataluña existía apoyando al rey de Aragón, con plena autonomía e independencia durante mucho tiempo. Esta situación expresa un precedente para quienes aspiran la independencia de esta región.

Alegatos para la secesión

En primer término, argumentan tener un idioma propio, el catalán, una tradición histórica y cultural diferente a España y el aporte económico no compensado con la redistribución financiera hecha por el Estado central. Estas, entre muchas razones, son los motivos por los cuales se ha estimulado la secesión catalana, apuntalada por la respuesta punitiva del gobierno central que ha radicalizado e incrementado las simpatías de la gente por separarse de España.
   
Adicionalmente hay una idea ancestral conocida como los países catalanes. Es la aspiración de constituir una nación con Cataluña, el oriente de Aragón, las islas Baleares, la Comunidad Valenciana, el territorio de El Carche en Murcia, la ciudad italiana de Alguer en la isla de Cerdeña y la zona histórica del Rosellón perteneciente al departamento francés de Pirineos Orientales. El elemento fundamental de vinculación es la lengua catalana aparte de toda una cultura y una historia formada alrededor de este elemento lingüístico.

Los argumentos de Madrid

El único sustento del gobierno madrileño es la constitución. España, luego de la muerte de Franco y los Pactos de la Moncloa, por decisión de los partidos políticos, redactó una carta magna donde se reconocía por vez primera la existencia de áreas autónomas, una vía para mantener la naturaleza plurinacional del Estado español. Empero, no previó dentro de sus hipótesis normativas el derecho a la independencia o la secesión porque partían de la premisa de la férrea unidad eterna de España. Es una ergástula como instrumento normativo ubicado en la posición cimera del ordenamiento jurídico hispánico.

Naciones como Canadá y el Reino Unido han sido flexibles en el tratamiento de las diferencias internas. Ottawa ha permitido la realización de referéndum sobre la independencia de la provincia de Quebec, culturalmente francófona y el resultado de esas consultas ha sido el de permanecer dentro de Canadá. El Reino Unido también pudo llevar a cabo ese mecanismo de democracia directa en Escocia expresada la voluntad popular en el rechazo a separarse de la Gran Bretaña. Sus constituciones son amplias y respetan el principio de autodeterminación de los pueblos. Asimismo, la antigua Checoslovaquia luego de terminar la guerra fría se escindió en dos naciones, Chequia y Eslovaquia, de la mejor manera y sin mediar violencia alguna aunque se criticó haber sido un pacto entre partidos sin tomar en cuenta a los hombres y mujeres. La experiencia de Irlanda del Norte, donde una minoría católica pretendía incorporarse al resto de la isla, la República de Irlanda o Eire, fue frustrada por la fuerza armada inglesa a pesar de la resistencia del Ejército Republicano Irlandés, culminado en un acuerdo pero sin formar la unidad aspirada por los republicanos seguidores de la iglesia apostólica y romana.

Respuesta de Rajoy: "Cara al sol" y ¡Arriba España!

Ante la iniciativa del parlamento regional catalán de llamar a un referéndum para decidir o no la independencia de Cataluña, la respuesta del gobierno central fue de rechazo y acudió al máximo tribunal constitucional quien falló en favor de una unidad española a la fuerza como consecuencia de la concepción cerrada de la constitución. Inmediatamente procedió Mariano Rajoy a tomar el control presupuestario catalán para impedir ser usado en la consulta y con fuerzas policiales agredió a la gente votando en sus centros respectivos pero no pudo impedir la consumación del acto de decisión.

El Referéndum

El punto de inflexión del asunto reside en la decisión del parlamento catalán de convocar a una consulta popular para decidir o no la independencia de España de la región autónoma. Conforme el criterio de tinterillo eso no era posible porque la máxima ley no lo permite debido a una sintaxis materializada exprofeso para mantener una unión coercitiva. Una visión rabulesca de las normas jurídicas.

El referéndum fue realizado en el contexto de violencia por parte de la policía española porque los Mossosd’Esquadra no participaron en impedir el evento comicial. Su desarrollo fue llevado a cabo en un entorno de irregularidades y de cualquier anomalía y un resultado abrumador por la secesión no significa mucho aunque es obvio que la mayoría desea irse de la nación hispana dada la torpeza de Madrid quien no entiende la naturaleza de un Estado con múltiples naciones. El temor a la propagación de estas ideas seguramente reforzará a los vascos, los canarios y otras regiones para dar un paso trascendiendo la autonomía.

La Generalitat y el legislativo catalán van hacia adelante, aceleran el proceso de separación y posiblemente será irreversible. Rajoy ahora ha hecho un llamado a los partidos para una jornada de discusión y reflexión para la búsqueda de contener los arrestos independentistas de la región alzada.

Apreciaciones de fondo sobre la situación

Desde el ángulo ácrata no puede decirse simplemente que una declaración de independencia es el derecho de un pueblo y nada más, porque ciertamente la estructura de poder seguirá incólume en lo interno de Cataluña reproduciendo el mismo esquema de todo el país. Serán reemplazadas las autoridades españolas por catalanas y seguirá intacta las relaciones de sumisión de la región. Una verdadera independencia implicaría una ruptura trascendiendo los nexos con España pero estableciendo una sociedad democrática y avanzada en lo económico, social, histórico y cultural. Sería el mejor homenaje al último pueblo que resistió hasta el final la dictadura franquista y fue el lugar donde las ideas libertarias, representadas por la F.A.I. y la C.N.T., alcanzaron su máximo esplendor durante la revolución española. 

[Palabre-ando] Desde Catalunya, Vendavales

Gustavo Duch

Rebelión. Barcelona, 2 de octubre 2017

Muchas veces, casi siempre, escribo desde fuera. Me imagino historias, las leo o me las explican y desde fuera las cuento.

Hoy escribo desde dentro.

Desde dentro de Enrique, que no quería votar – soy más de gentes que de estados – pero que ante los abusos de la fuerza bajó al colegio de su barrio pobre de Barcelona y «no había división social ni monsergas, había una bella intensidad». Y votó.

Desde el abuelo entrando en el colegio cargando con su oxígeno y sus muertos. En su dentro, por varias horas, me refugié.

Mis dudas las despejé desde dentro del primer objetor de conciencia en épocas franquistas.«Voto para formar pueblos libres y relacionarnos con otros pueblos en condiciones de igualdad, soberanía, generosidad, amistad. La lucha la hago desde aquí, pero busco la justicia y la igualdad para todos los pueblos del mundo.»

Dentro de mis críticas también estuve. Y me dejaron entrar y expresarlas.

Escribo desde dentro del pastor palentino que volviendo de cargar dos mil litros de agua para sus ovejas – maldita sequía – me llamó para decirme «votar por nosotros también, por traernos vendavales»

Entro en el interior metálico de los tractores que, como autos fantásticos aparecieron, pacíficos y desobedientes, cortando las calles de mi pueblo. Después de muchos años menospreciados, ellos que siempre nos han dado de comer, se sienten reconocidos.

Apoyado en la valla de la escuela, entro en quienes las saltaron pero no supimos recibir. Y releo su Manifiesto Migrante: «A ustedes les decimos que nos sentimos convocados, animados y entusiasmados por lo que en estos momentos está logrando y esperemos que se dé la oportunidad de crear espacios de participación donde quepamos todas, sin racismo, ni exclusión»

¿Y quienes siguen en el lado de la guerra y la pobreza? No puedo entrar, hay una valla.

Escribo desde dentro de la cola que avanza, lenta pero avanza. Con Xavier, Anna, dos desconocidos y el propietario del perro con el que juega la mía en el parque, retomamos el debate sobre las bondades o no de las independencias; desglobalizar las gobernanzas; relocalizar la democracia. Y me encuentro cómodo, a gusto.

Cuando llueve me resguardo bajo un árbol y son las viejas luchas las que entran en mí.“Quieta / altiva / la sabina / testifica / que bajo ella / se agruparon/ los anarquistas”

Escribo desde dentro de Eva, que ha llorado un día entero.

Escribo desde dentro porque fuera de estos cuerpos he pasado miedo