El autor evalúa la performance electoral y la posibilidad del crecimiento de los partidos que se reivindican como marxistas o trotskistas. Señala el riesgo de caer en el populismo con el único afán de sumar votos.
Eduardo Sartelli / Director del CEICS. Perfil 2810/17
Más de un analista poco conocedor del abigarrado campo de la izquierda argentina estaría tentado a titular, aprovechando la efeméride centenaria, algo así como “La revolución renace de sus cenizas, cien años después”. Ni tanto, ni tan poco.
Los resultados de las elecciones del pasado domingo pueden leerse de varios modos interrelacionados. Lo primero que tenemos que decir es que lo que los diarios titulan como “elección histórica”, en realidad no lo es. Hay muchos modos de sumar. Eso provoca que nadie sepa exactamente cuántos votos obtuvo el FIT. Desde un millón doscientos mil, hasta más de millón y medio, se dice aquí o allí. Buena parte de la confusión deviene de que se suman categorías diferentes: si la cuenta se hace sumando a Del Caño en provincia y Bregman en Capital, la suma da mucho más que si se contabiliza a Pitrola por los pagos de Vidal y a Ramal en los de Rodríguez Larreta. Por otro lado, los periodistas suelen perderse en el mar de siglas, adosando votos del IFS (Izquierda al Frente por el Socialismo, es decir, Bodart y Ripoll) al FIT (Del Caño-Bregman-Pitrola). En algunas provincias, los partidos del FIT van solos, lo que hace que los votos del Partido Obrero (PO), Izquierda Socialista (IS) o del Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS) no se sumen a los del frente que comparten. Para peor, quien sabe poco del asunto suele agregar a la “izquierda” a cualquier cosa más allá de Pino Solanas, como De Gennaro, Itaí Hagman, Carlos Heller, Agustín D’Attellis o Claudio Lozano.
Si se toma la categoría más importante para el FIT, la de diputados nacionales, y se suma sólo los votos recibidos por los componentes del frente, en realidad, su performance del domingo fue más bien magra: 1.143.722 voluntades. Puede parecer una cifra sorprendente, pero en realidad, ya en 2013 el FIT había sumado 1.224.144. Si se recuerda que el padrón nacional creció cerca de un 5% entre una y otra punta, la caída es todavía un poco mayor. Además, hay que tener en cuenta que el número de los componentes del frente ha ido creciendo, incorporándose nuevas agrupaciones como Izquierda Revolucionaria. Si se observa la representación institucional, se confirma la caída de cuatro a tres legisladores nacionales.
Los voceros del frente han aprovechado la confusión aritmética reinante para presentar la elección como un triunfo. Así, se pone el acento en ciertos resultados provinciales: la sorprendente elección jujeña, que alcanza al 18% y entroniza como figura pública nacional a un, hasta ayer, ignoto recolector de residuos, Alejandro Vilca; la provincia de Buenos Aires empujó no sólo uno, sino hasta dos diputados, entre ellos a la “némesis” de Roberto Baradel en el Suteba, Romina del Plá. Sin embargo, se olvidan de recordar la caída de votos en Mendoza, la ex tierra patria de Nicolás del Caño, o en Salta, de donde proviene el diputado del PO, Pablo López. Por otra parte, si se hace memoria, tanto Del Caño como Myriam Bregman fueron vendidos como “aplanadoras” de votos, lo que quedó muy lejos de la verdad.
Cuando se examina de cerca, lo que se ve es que el FIT ganó la interna de la izquierda en las PASO, volcando a su favor los votos de un amplio espectro de rivales. En realidad,domingo prácticamente es la suma de sus votos y los del frente alternativo, el de la Izquierda al Frente por el Socialismo (MST y NMAS). Es probable que, a partir de ahora, el frente incorpore nuevos miembros, transformándose con ello en la reunión de prácticamente toda la izquierda. Deberá superar, para ello, su insoportable tendencia al internismo salvaje y la soberbia de sus nuevos dueños (el PTS). El otro resultado que podría considerarse cualitativamente importante, es haber quedado solo como el único reagrupamiento opositor real al macrismo. Esto, sin embargo, depende de la suerte de Cristina. Porque, y éste es el talón de Aquiles del FIT, donde el kirchnerismo se mantiene fuerte, el FIT no logra perforar su techo histórico. Eso explica su suerte donde el kirchnerismo no existe (Mendoza, Salta), gobierna y es repudiado por la población (Santa Cruz), o fue destruido por el macrismo, como en Jujuy. Es el caso de la provincia de Buenos Aires, donde el FIT no pudo “morderle” nada a Cristina, o en Santa Fe, donde incluso un Rossi muy debilitado empujó a la izquierda debajo del 3%. Se habla mucho del efecto “polarización”, pero que el frente haya sacado casi los mismos votos bajo administraciones ideológicamente tan distintas como las de Cristina y Mauricio, habla de cierta inmunidad a la coyuntura, lo que no es bueno, porque muestra el encapsulamiento político en el que se encuentra.
¿Por qué es incapaz el frente de derrotar al kirchnerismo? Es la debilidad histórica de la izquierda argentina frente al peronismo, consecuencias del “Síndrome 17 de octubre”. Desde entonces, cualquier crítica al peronismo es silenciada y reprimida a fin de no “asustar” a los obreros peronistas, quienes parecen, desde el punto de vista de los atacados por ese síndrome histórico, ontológicamente incapacitados para hablar de socialismo. Así se explica el insólito y sorprendente voto en contra de la expulsión de Julio de Vido. Así se explica la no menos sorprendente exclusión absoluta de la palabra “socialismo” de una campaña electoral dirigida por una alianza de tres partidos trotskistas y uno guevarista. El resultado es un discurso, un programa real, que no es muy diferente del kirchnerista. Es razonable, entonces, que quien acepta ese discurso como válido prefiera votar a una Cristina con posibilidades antes que a un frente que apenas supera las PASO. Por eso, la posibilidad de “heredar” a Cristina está supeditada a la voluntad de Macri de sacarla del medio. Lo que parece difícil, dados los tiempos procesales y las virtudes que la ex presidenta tiene en el diseño político macrista.
Si tal cosa sucediera, no por eso el frente las tiene regaladas. En efecto, se avizora una crisis en el horizonte: el agrupamiento de la izquierda revolucionaria más “dura” ha sufrido un corrimiento centroizquierdista muy notorio, como consecuencia de la estrategia de campaña propuesta por el partido que lo lidera, el PTS, y al que todos los demás se subordinan. Más que como “trotskista”, esta izquierda se plantea ante el electorado como reformista socialdemócrata. Seguramente, si no es la Iglesia Católica la que logra estructurar un frente que reemplace el lugar de Cristina (peligro que nadie en el FIT parece percibir), va a beneficiarlo, pero no por el programa que dice tener, sino por el que expone a la sociedad. La presión hacia un nuevo Syriza o un Podemos vernáculo, debilidad que ya es visible hoy, va a enajenarle las simpatías de una parte no despreciable de aquellos que, como el autor de esta nota, sienten que, justo en estas fechas “centenarias”, el socialismo no fue a las elecciones y, por lo tanto, votó en blanco.
No marchamos con De Vido
27 DE OCTUBRE ·
El próximo primero de noviembre tendrá lugar una nueva movilización por el caso Maldonado. Como otras, es una marcha de “unidad”, donde participarán tanto los organismos de derechos humanos adictos al kirchnerismo, como aquellos que se vinculan a la izquierda. No se trata de ninguna elucubración, quien vea la convocatoria encontrará mezcladas las firmas K de Abuelas de Plaza de Mayo, Hijos Capital, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, con las de la Asociación Ex Detenidos Desaparecidos, Asociación de Profesionales en Lucha (APEL), Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CEPRODH), etc. ¿Quién tiene la dirección? Basta con ver que se ha eliminado de las consignas la responsabilidad del Estado y todo se reduce al “gobierno”. El problema es Macri, con otro esto no pasaba. Eso es lo que allí se está construyendo: la limpieza de Cristina.
Así las cosas, la izquierda marchará, una vez más, codo a codo con el kirchnerismo. Ayer, el argumento era la “urgencia” para que apareciera Santiago con vida. Hoy, que tenemos que ser miles y miles para garantizar “verdad y justicia”. No importa que para ello tengamos que lavarle la cara a los que asesinaron compañeros, los que metieron la mano en nuestros bolsillos y los que hoy desfilan por Comodoro Py por crímenes y delitos perpetrados contra la clase obrera. La izquierda que ahora cree redimirse por haberse acordado de votar por el desafuero de De Vido, se va a movilizar con sus secuaces para exigir “justicia”. Una verdadera vergüenza.
Parece que los compañeros se empecinan en no ver lo obvio. Para el kirchnerismo, el asunto Maldonado era parte de la campaña electoral. Nada más. Por eso ordenaron quedarse en casa cuando apareció un cadáver en el rio Chubut, primero, y cuando se confirmó que era Santiago, después. No participaron de la movilización del miércoles pasado, ni la del jueves, ni la del viernes, ni la del sábado. De ninguna. El pretexto era “respetar” a la familia, que, dicho sea de paso, en ningún momento se manifestó en contra de ninguna movilización. Luego apareció el verdadero argumento: no hay que enturbiar las elecciones.
¿Por qué se vuelve a movilizar el kirchnerismo? No porque le preocupe que el caso Maldonado quede impune, sino porque quieren garantizar su propia impunidad. Macri ya tiene preso a De Vido y amenaza con ir por más. Esta marcha es un elemento de presión y busca alejar a Cristina de los tribunales. Nuestra tarea no es contribuir a evitar eso, sino acelerarlo. Desatar la crisis, no evitarla.
El otro elemento que la izquierda se niega a ver es su propia capacidad de movilización. El sábado pasado quedó demostrado. El kirchnerismo no sirve ni para llenar la plaza. La llenamos nosotros, solos, sin asesinos, chorros ni corruptos. Eso produjo una evidente crisis en las filas K. Crisis que ahora, la izquierda va a cerrar. Porque rehabilita al kirchnerismo y porque se subordina a su dirección, marchando por consignas que no son propias.
El reclamo por el esclarecimiento de los hechos, el juicio y el castigo a todos los responsables de la muerte de Santiago no se va a logar marchando junto con los asesinos de otros tantos compañeros. Lo que está a la orden del día es la conformación de una comisión investigadora independiente. La única forma de llegar a la verdad es que investiguemos nosotros, los que tenemos un interés real en resolver esto, y no los responsables y encubridores. Y para eso tenemos diputados obreros. Ellos tienen la responsabilidad de organizar ya mismo esa comisión. No hay otro camino para llegar a los verdaderos culpables.
*No marchamos con Milani ni con De Vido
*Por una comisión investigadora independiente
Razón y Revolución