Envíopostaporteñ@ 1850

PARA PONERLE AL DIALOGUITO FIN

“Algunos me dicen “bruto”

y YO me rio, aunque me duela

de ”gurí” me decían “burro”

y en mi pago….no había escuela!!!

 

Si los iniciadores del proyecto de lucha armada en Uruguay, hubieran avisado –ya desde el mismo Coordinador- que todo lo conversado era válido en tanto y cuanto “los jefes” no fueran capturados y que se reservaban el derecho de  “después de leer las declaraciones de alguno que los había precedido en la captura” para decidir que “todo estaba perdido” y que había llegado el momento del “sálvese quien pueda” le puedo garantizar a Héctor Amodio Pérez (HAP de ahora en adelante), que hubieran caminado bien poco en el proyectito de “comenzar la lucha armada” en el Uruguay.

La militancia los hubiera caracterizado como “loquitos” que “andan rompiendo las bolas” y a partir de allí “estaban fritos”

Pienso a diferencia de HAP, que la cosa fue mucho más seria, y que no hay que reducirla ahora al problemita menor de la caída “de la Cárcel del Pueblo” o “si se puso o no el uniforme y salió a marcar gente a la calle”. Y ni siquiera sirve abogar lo que dijo o no dijo, Wassen Alanis con respecto a “cabezas de turco”

 El mote de “capitán Mandrake” me llegó a mí por los milicos mismos y, antes de Punta Rieles.

En el número anterior de “La Posta” además, se publicó una carta de Néstor Peralta Larrosa, que es bastante explicativa con respecto a varios incidentes anteriores: el asunto televisor; el asunto del documento “yuto” que se le daba para reforzar su clandestinidad pero a nombre de Adolfo Wassen Alaniz y; el asunto del “hotel”. No es poco, y todo sucedido mucho antes de la captura final.

Dije antes –y lo ratifico ahora- que “el proceso” que llevó a la degeneración del viejo MLN-Tupamaros estaba basado en la extensión de ciertos criterios que se resumen en palabras: la “compartimentación”, el “aparatismo”, el “verticalismo” y la “cooptación”

HAP no atiende a esas palabras y hasta poniéndose canchero me pregunta ¿Cómo hacer funcionar una organización clandestina sin “compartimentación”? Parecería que HAP se toma las cosas demasiado livianamente y por eso le voy a responder así:

¿Por qué criterio de “compartimentación” el titular de un documento “yuto” no debe leer el nombre nuevo que se le adjudica? La presentación del mismo, sabiendo el nombre nuevo adjudicado, es fundamental en cualquier chequeo policial o retén militar. En Argentina, en los retenes, cuando se les presentaba el documento, rápidamente el interrogador preguntaba a qué signo del Zodiaco pertenecía el novel detenido. Pobre de aquel que no hubiera estudiado muy cuidadosamente el nuevo documento “yuto” entregado!!! Con “el yuto” se intentaba asumir una nueva personalidad y lo mejor era asumirlo cabalmente con todas sus implicancias. ¿Tengo yo que explicarle estas cuestiones a HAP, uno de cuyos méritos pasados fue el haber resuelto correctamente el asunto de fabricar documentación falsa?

¿Y qué decir con respecto “al rancho” de los dirigentes y de los militantes. Cuestión básica (con la comida no se juega, nene, nos decían nuestras abuelas), si la hay, en el tema de la democracia interna. Resulta ahora, que lo mismo que denuncia Peralta Larrosa en su carta, se seguía repitiendo –y en 1974!!!- por los “renunciantes” en la “Casona” de Punta Gorda.  Comida del restaurant traída para los jefes y vinos de marca, la base que se arreglara como pudiera. A mi amigo Carlos “el Colorado” Minetti le sucedió, y eso que era “personal de custodia” del edificio donde moraban mandamases como el “Bazuca” Alemañy, uno que siempre fue “ligerito” para prenderse a los vicios y las malas costumbres de “nuevo” jefe.

Con estos dos ejemplos, llegamos a otra constatación que es importante. El “status” de “vaca sagrada” no se reducía a las prerrogativas meramente políticas, se extendía a las cuestiones materiales. Estaban en la fase de proto-burocrática, penúltimo escalón hacia la “nomenklatura”. Y no hablemos de otras derivaciones no menos mundanas, las sexuales. Terribles “braguetas locas”, varios de ellos que, además, sin “el cartel de jefe”  y la mística, no “bañaban la nutria” ni en el año del golero y deberían consolarse con “María muñeca” y dándosela “a dos rebenques”.

Así que no bagatelicemos las cosas, porque a 45 años de los sucesos, lo que las nuevas generaciones de militantes, lo que deberían esperar de todos nosotros sería una seriedad y honestidad que se ponga a la par de los sacrificios que los mejores de nosotros cometieron, entregando sus vidas.

Ya van muchos años de artículos en los que vengo señalando que el subjetivismo particular de los jefes le hizo –y nos hizo- un daño tremendo. Rastros de todo esto apareció cada vez que la militancia se reunió y discutió “lo que había pasado”. En el denominado “Simposio” de Chile, Cultelli y su librito(que estaba basado en las cintas grabadas de las intervenciones), publica un testimonio que se refiere específicamente al tema. La militancia en su prerrogativa tomaba una decisión y venía “un jefe” –otra vez, huellas del inefable Julito Marenales!!!- y daba vuelta o cambiaba el criterio o resolución tomada. Y nadie protestaba o decía nada. La militancia –que era la “organización”, su nervio y soporte central- era constantemente avasallada, no tenía salvaguardias y no podía ejercer el derecho de control, con respecto a los “libretazos” y otras arbitrariedades de los jefes.

“Foco o partido: falso dilema”es una muestra cabal de la fundamentación que se usaba para defender esas prerrogativas de “las vacas sagradas” y, ni hablemos de la condena ridícula a la “micro-fracción” utilizando una definición cubana, muletilla que nada tenía que ver con lo que los compañeros discutían en Uruguay que era el tema de una línea de masas.

Eludir preocupaciones centrales, substituirlas con los temas que interesaban a los jefes o a sus subjetivismos particulares, utilizar el prestigio ganado, para negarse siquiera a considerar lo que se les escapaba, van jalonando el proceso a través del cual los “jefes” expropiaron a la militancia (la verdadera organización) de sus prerrogativas básicas, como hombres y mujeres asociados para una transformación política del Uruguay. Fue “un bonapartismo” de izquierdas. Ellos y sus acólitos eran los únicos válidos, los demás –el cascarriaje- estaba “pintados”

 Las “vacas sagradas” hacían política con “barbaridades” y eran tan superficiales que ni se deban cuenta que estaban pavimentando el camino que al final terminaría por devorarlos a ellos mismos. Y ahora HAP, nos sale con el asunto de que todo se ajustaba a derecho porque así lo había resuelto en Marzo del 68, la Segunda Convención.¿ Ve ahora más claramente, a lo que me refiero cuando hablo de la “vía corta que al final está cerrada”? Para él todo estaba bien hasta que quedó en minoría.

En todos estos episodios, HAP, marchaba “codo con codo” con el resto de la dirección, compartía esos criterios y hasta se dedicó a acumular sobre la “micro-fracción” su cuota de basura, con el temita de “las armas”. Fernando Moyano que roza el tema de “la propiedad” o pertenencia de las mismas, lo irrita a HAP. Era previsible.

También provocó irritación en su momento (y hubo “sanción”) que cierto futuro dirigente les refilara una par de metralletas para un asalto que planeaban y para el cual les faltaba algún “elemento contundente” que impidiera la reacción de los custodias de los asaltados. ¿y si le dijera a HAP que el “grupo de los mexicanos” le pasó munición para un arma al “inglés” Wilburn, que andaba –antes de su detención- perseguido y a monte? ¡Qué tremenda violación de las normas!!! Pasarle munición a un compañero discrepante, perseguido y decidido a vender cara su vida!!!

Habría que haber hecho como cierto delator orgánico, que para defenderse argumentó: “Yo canté, pero canté solo a los de la micro”. Los de la “micro” no eran revolucionarios. No estaban perseguidos, no fueron presos y torturados. Una lógica de mierda, sectaria y obtusa como pocas

Hay que joderse!!!, con las desviaciones que se incubaban en el aparatito. Y ni hablemos de los exaltados que componían “la escuelita del Crimen”…Y la paro por acá…porque no hay que perder la cabeza.

Como HAP, en su respuesta –“un poco extensa” - menciona la conversación del 2016, vamos a agregarle una confesión: cuando hablábamos de “Ricardo” Perdomo " el mexicano” hizo una afirmación que me hizo parar los pelos de punta. HAP habló de “la nueva micro-fracción” y que habrían ofrecido “al mexicano” Perdomo que la comandara. En la cabeza se me prendieron todas las lucecitas de alerta. Porque esa supuesta “nueva micro-fracción” era la que aportaba el grueso de los 9.000 dólares mensuales que le llegaban a los muchachos de Cebollatí, y que habían sido pedidos para ayudar a los expresos que no tenían ni comida, ni ropa, ni trabajo.

Personalmente, yo ya estaba enterado por un hombre decente (ni más ni menos que “el Lalo” Gallinares) que fue el encargado de hacer la contabilidad de aquellos envíos y de especificar en qué se habían gastado. De aquella investigación salió que EFH era uno de los que “metía la mano en la lata” y tomaba sin dar cuentas.

En la reunión en que Gallinares cumplió su misión estaba el mismo EFH y preguntó por qué “el Lalo” no informaba quien era el que hacia esos desaguisados y Gallinares, con dignidad respondió: “Aquí somos todos grandes y cada cual sabe lo que tiene que hacer y reconocer, mi misión es solo presentar un informe contable, no soy fiscal ni acusador público”. A partir de ese momento, me comentó con tristeza “el Lalo” para EFH, Gallinares, era “un hijo de puta”

La historia completa de esa supuesta “nueva micro-fracción”, los envíos de dinero y la relación con “el mexicano” Perdomo, es más entretenida pero, me la reservo. Le adelanto a HAP que tenga cuidado, porque se la están dando cambiada, al igual que la supuesta confesión del “Bebe” de “que el Negro tenía razón”. Tan abajo han llegado algunos, tan en bancarrota están, que ahora, hasta se dedican a vender humo.

Vayamos ahora –o volvamos- al tema de “la derrota”, los “planes”, las “diferencias” y el resto.

Las “diferencias” que oponían a “los jefes” previamente y después del “Abuso” eran para los militantes un arcano silenciado, bajo siete llaves, por los “jefes” mismos. No estaría de más aclarar que nos referimos a las dos jefaturas: la que estaba en libertad y la que fungía dentro del Penal. Esta última además, con sus exigencias de “una pronta libertad” que se había perdido después de Almería, complicó bastante las cosas para los que intentaban reorganizar la organización después de aquel descalabro. Hoy sabemos –además- que aquella estadía forzosa no coincide para nada con las “memorias” o el “relato” que quiso dejar de ellas EFH, una épica de aventuras curiosas y bizarras por el submundo de los “gambusas”.

 En Punta Carretas faltó solamente “el té inglés de las 5 y los scones” porque todo lo demás estaba: alimentos, yerba, tabaco, libros, y “contactos”, todo regado–lo silencia muy especialmente EFH- con mucho dinero para coimas que iban al personal, corrupto, por el  mal pago. El dinero demás está decirlo venía “de afuera”, lo conseguían los compañeros sacrificadamente, metiendo caño y arriesgando sus vidas.

Como fue en este periodo, que cristalizaron diferencias que venían de antes, y que con el encierro se agudizaron, es importante referirse al tema.

 La guerrilla urbana implica una cadencia de “bajas” por captura bastante alta. Pasó en Uruguay y pasó también en  Argentina. Son “cuadros” de dirección e intermedios con mucha experiencia que dificultan mucho un accionar efectivo. Y por eso en Uruguay se produjo “El Abuso” y en Argentina “Trelew”. En otros países no se produjo el mismo fenómeno y las organizaciones cubrieron las bajas como pudieron y los que tenían la mala suerte de caer, se han pasado decenas de años presos, sin perspectivas de liberación. Las organizaciones siguieron funcionando.

Decimos esto porque habría que averiguar si “el síndrome del encierro” no jugó –en el caso uruguayo- un rol al que hasta ahora se le ha dado muy poca importancia. El ansia de libertad personal, la angustia que la situación provoca, la imposibilidad de participar y decidir, son todos caldos de cultivo para el subjetivismo. Se extreman –por la forzada convivencia- la paciencia necesaria, y se cree que problemas reales se solucionarían muy rápidamente si los antiguos “jefes” estuvieran en sus funciones. Por consiguiente aumentan las tensiones entre “los que están encerrados” y los que están en libertad. También entre los “jefes” condenados a una pasividad forzada.

Como quiera que fuese la cosa, un hecho es indudable: los “jefes” detenidos entretuvieron sus ocios forzados, apelando a “planes” eventuales y futuros. Y, más grave aún, alguno de ellos exigió que los mismos se pusieran en práctica sin dilaciones. Esa exigencia fue malsana y sirvió para incentivar la carga de subjetivismo que, con el correr del tiempo y el encierro- iba creciendo. Esa carga de subjetivismo no debe despreciarse porque el resto de los presos, la base, la militancia, podía salir por la vía de la denominada “opción”. Era “el exilio” a Chile y fue el origen de “La Guacha”.

HAP hace un reduccionismo histórico: quiere referirse a lo que llevó a un episodio menor –dentro de la derrota- como fue la “caída de la Cárcel del Pueblo” porque ése fue el asuntito que desencadeno “la pena de muerte” que le aplicaron y que nunca fueron capaces de cumplir.

Nosotros en cambio nos referimos “a un proceso” en parte del cual HAP fue co-participe y cómplice. Proceso que después determinó sus discrepancias internas. El mismo proceso que nos asegura, se “auto-critica”, por no haber dado la lucha interna y por la renuncia al “Comando General”

Nosotros en cambio, sostenemos que la “lucha interna” no era de ningún modo posible. Ninguno de los “jefes”, de “las vacas sagradas” se animó a darla. Ni siquiera Sendic. Porque el episodio del Comité Central “ampliado”, la nefasta “Noche Triste”, fue un evento “cerrado” a cal y canto a la militancia. Una discusión entre muy pocas personas y además seleccionadas.

La militancia se enteraba “después”. Y se enteraba por “dires”, nunca jamás de primera fuente, por documento oficial interno.

La derrota además, mostró otra peculiaridad.

Los mismos jefes, que hasta antes de sus caídas estaban para “la guerra” (EFH); “la resistencia con granadas y en las cloacas” (Marenales); llegada su detención se transmutaban en mansas ovejitas, dispuestas a transar, acordar, salir a repartir “caramelos” (EFH) o; alentando a “la entrega de locales y de depósitos de armas” (la “Tronca” Topolansky)

 Los antiguos “omniscientes” de la noche a la mañana, se transformaban en “ultra-sensatos” que a la vista de unos pocos documentos capturados y leídas algunas declaraciones de otros detenidos (HAP) se convencían que “todo estaba perdido” y que había que dedicarse a liquidar todo lo que aún quedaba en pie, en nombre del “argumento” de evitar un derrame de sangre.

¿Qué motivaba estas transmutaciones, estos repentinos cambios de pareceres? –La respuesta es bien sencilla: El peligro para su propio pellejo, de que “pasaran” por la biaba que los demás nos bancábamos sin chistar.

¿Y para esto se metieron a “organizar guerrillas”?

Es ante este panorama desolador, lamentable, de los antiguos “jefes” que se realza la figura de Raul Sendic Antonaccio. Fue un “jefe” como dios manda, al estilo que nos gusta a los orientales: primero en la línea de fuego y haciendo derroche de coraje, sin “abatatarse”

 No vaciló ni ante el hecho de meterse “en la cueva” de los criminales del Florida, dos o tres veces, poniendo el pellejo, sin perder la cabeza, dando ejemplo de valentía, de rectitud y de sangre fría. Con todas sus carencias y defectos (errores y horrores dice HAP).

Raul Sendic no nos defraudó.

Todos los demás –incluido HAP- si. En esto radica, al fin y al cabo, nuestras diferencias.