Es una invitación a otros testigos presenciales a continuar el camino que permita en el futuro construir una historia sin recortes. No sólo visiones de “dirigentes”, de historias “oficiales”, de “actos gloriosos de personalidades” sino de los militantes de base e intermedios. Ellos son los pilares silenciosos de las organizaciones, a las cuales edifican con su trabajo y debilitan con su falta. El momento actual, 2017, se encuentra en una etapa de estancamiento, el poder dominante ha logrado encubrir hechos del pasado. Silencio posible por la complicidad de los sectores de la derecha más rancia y sectores de izquierda en el ocultamiento de la verdad. Un ejemplo palpable es el embotamiento del conocimiento en la búsqueda de la verdad sobre los hechos del pasado reciente. Por ello, la importancia de todos los testimonios de los militantes. ¿Sobre qué pilar se construirá el futuro?
por Héctor Amodio Pérez
Así comienza ¡Ay de los vencidos!, de Manuel Marx Menéndez, al que como dije conocí en el apartamento de la calle Felipe Sanguinetti 2519, a pocos metros de la calle Asilo cuando pasó a la clandestinidad, en mayo de 1969. Entonces ya era un destacado integrante de un grupo de acción de la columna 15, con el seudónimo de Enrique, aunque luego sería más conocido como Marxito, gracias al ingenio de Juancito Almiratti.
El libro, como se puede comprobar, tiene un inicio prometedor. Sin embargo, luego de leídas sus 300 páginas, compruebo que no aporta nada nuevo. Pero confirma muchas de las cosas que yo vengo diciendo desde 1972: que el MLN en 1970 ya se estaba convirtiendo en una banda que actuaba sin orden ni concierto, que la decisión de ejecutar a Mitrione le correspondió al Ejecutivo que asumió tras la caída de Almería –uno de cuyos integrantes era Marxito, (aunque se abstenga de dejarlo claro), que el Abuso desbordó al MLN en cuanto a su capacidad logística, que el MLN ya estaba dividido cuando la fuga, que carecía de potencial para emprenderlos alocados planes que elaboraron Sendic y EFH, que el plan “contragolpe” fue otra aventura y alguna otra cosa que en estos momentos no vienen al caso.
No pretendo en esta nota hacer un análisis a fondo del libro, pero sí quiero hacer unas puntualizaciones, ya que otros entonaron alabanzas y dieron pie a un intercambio de opiniones cortado por la contraparte como mejor forma de ocultar la falta de argumentos.
Veamos. Marxito se queja de las “historias oficiales” pero al mismo tiempo contribuye a ellas, ocultando el papel que Alicia Rey y yo mismo tuvimos como defensores y portavoces de los miembros de base, para contribuir a hacernos desaparecer de la historia del MLN. Se coloca, pasados más de 40 años, en defensor de los divisionistas de las columnas 5 y 25 y se queja de que sus planteos no fueron tenidos en cuenta, ocultando que él mismo votó su expulsión, del mismo modo que oculta que él formaba parte del grupo más “aparatista”, junto con Candán, Peralta Larrosa, el Chicho Emigidio, el Felipe Cía del Campo, el negro Alejandro Pereira Mena y los “mejicanos” Ricardo Perdomo y Rony Scarzella. Y no crean que me olvido de Arturo Dubra, ni del flaco David Melián ni de Jessie Machi ni de Olga Barrios, ni de los queridos Marcos, Joaquín y Francisco, que andaban en lo mismo, pero un par de escalones más abajo.
Todos tenemos derecho a cambiar de opinión, pero tenemos el deber de decirlo. No hacer como Zabalza, que él también responsabilizó a EFH por sus horrores estratégicos pero ocultando que contribuyó a llevarlos adelante y se “olvidó” que el plan Tatú fue un disparate mayúsculo, ideado entre otros por Sendic, olvido que Marxito también padece.
Dice Marxito en página 89 que Lograron “inducir” a militar en la base a los dirigentes históricos, al producirse la fuga controlaron a dirigentes fugados; Tino Mario Píriz Budes (futuro traidor) se jactaba irónicamente que Raúl Sendic Antonaccio era “un buen responsable de grupo”
Es evidente que Marxito no ha leído Memorias de insurgencia. Ignoro si ha sido porque considera a Clara Aldrighi una de las mayores sostenedoras de la historia oficial o es un olvido a estas alturas irremediable. Pero le recomiendo lo lea, más concretamente las páginas 78 y 79, donde el Ñato dice:
Nos fuimos a la base con el Bebe y otros compañeros, porque no habían sido aprobados los planes que habíamos mandado: el Collar, el Tatú entre otros.
Curiosamente no menciona ni al plan del 72 ni el Hipopótamo, de su autoría. Y en la misma página, apenas unos renglones más abajo, dice: Los compañeros que militaban en los sindicatos o el movimiento estudiantil, estaban más radicalizados y eran más militaristas que los del aparato militar. Esta es una realidad que pese a que lo haya dicho el Ñato no se puede ignorar y que está en la base de algunos de los errores cometidos entonces, y que explica bien a las claras la preponderancia que la lucha armada había alcanzado. No fue obra de la Dirección, o al menos no lo fue solo por ella.
En la página 92 Marxito dice que En la instrumentación del plan Tatú y Collar hubo fallas notorias. Los inventores del plan desconocían la dimensión de las contradicciones internas de la Organización, el espíritu de cofradía superó a la organización revolucionaria. Hubiera sido preferible, entre revolucionarios, plantear la discrepancia, desnudar las diferencias.
Marxito se equivoca en su conclusión: los planes no fracasaron por las contradicciones internas, sino que fueros los planes quienes las provocaron. Los planes estaban fuera de la realidad política y el MLN carecía de las posibilidades de llevarlos adelante y el MLN se convertiría en una guerrilla rural. Ese es el quid de la cuestión. Y fuimos otros quienes quisimos desnudar las diferencias.
Quizás en algún momento Marxito sea más explícito acerca de los prolegómenos de “la noche triste” y los intentos de encontrar quien le hiciera la boleta al Bebe Sendic y aportara lo que sabe acerca de la muerte de Scarzella y las Tupabandas. Me llama la atención que tanto Marxito como Peralta no hablen con claridad sobre estos puntos, si de verdad se trata de que se conozca la verdad. Habrá que seguir esperando.
PD: c.e.r., animate. Yo creía que lo de ponerle fin al debate era en joda…