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PLUNA : Carta Abierta

 

Al Diario Enfoques de Punta del Este, y a todos los que levantar total o parcialmente lo que sigue a modo de Carta Abierta...

PLUNA: Cuando el Ave Fénixl   legó a su último estertor...

Y NI SIQUIERA LUCE LUTO SU PROPIA CASA

 Los uruguayos en su más amplia mayoría, así como muchos extranjeros, siguen sin entender el por qué se mantuvo durante el último quinquenio a lisa y llana pérdida para Rentas Generales a la mal denominada Aerolínea de Bandera, anacronismo denominativo que no admite lógica en seno de un kíndergarden.

 Tal dislate ha sido contemporáneo de ese mismo lustro en que el líder de algunos israelitas como lo fue Ariel Sharon estuviese en coma —sí, cinco años— y ahora se le ha trasladado a su rancho donde aguardará su muerte.

 Valga el símil para “La PLUNA” que ha estado en capilla desde su último pase a manos privadas pero sostenida con la garantía de los fondos estatales de las Rentas Generales del Uruguay y con sus tanques llenos de combustible con los fondos estatales de la Petrolera estatal uruguaya ANCAP.

  Los que se han de haber podido comprar un rancho o una estancia en el caso uruguayo, esos son los que lucraron a partir de lo que el actual Vice Presidente del Uruguay, el señor Contador Astori quien además es Presidente de la Asamblea General Legislativa y Presidente del Senado SE EQUIVOCASE AL OTORGAR LA CONCESIÓN tan cual de sus labios afirma.

 En cualquier punto del Globo eso sería una estigmatización para nunca más levantarse... PERO, COMO EL URUGUAY NO HAY, AQUÍ NO DA OTRO RESULTADO QUE CATAPULTAR A LOS IMPERITOS, IMPRUDENTES, NEGLIGENTES —o acaso reos si delito alguno se le atribuye por algún Fiscal que nada hemos oído todavía— SUJETOS QUE ESO POSIBILITARON SON ESTIMADOS BUENOS PARA CANDIDATURAS PRESIDENCIAL y VICE PRESIDENCIAL.

 El anterior Presidente Doctor en Medicina como Oncólogo Tabaré Ramón Vázquez Rosas —QUE AL MENOS RECONOCE HABER PADECIDO DE CRASO ERROR AL FACILITAR ESTOS ÚLTIMOS AÑOS DE PLUNA AGUJERO NEGRO— homenajea a su línea materna arrojando rosas al dicente Astori, aseverando que ve en él a un excelente candidato del Frente Amplio para la Presidencia de la República del siguiente quinquenio.

 Para testimonio, les ofrezco la imagen que ofrece la Sede Principal de PLUNA en Montevideo —Avenida Libertador Lavalleja esquina Colonia— y adjunto a cada toma fotográfica de ocho CÓMO SE MUESTRA A LA COMARCA Y AL MUNDO el cadáver de una Aerolínea que no nació de cabeza y que ya cuenta con certificado de defunción empresarial pésimamente administrada y peor concedida a un señor Matías CAMPIANI que no era del ramo y hasta cobró más de tres millones de pesos de despido luego de fundir la Empresa.

 BUENO SERÍA QUE, POR VERGÜENZA AL MENOS AJENA, LE LIMPIASEN ESA CARA A LA CASA CENTRAL DE LA DIFUNTA PLUNA.

 En su féretro le acompañaron millonadas de dólares que jamás se recuperarán, así como rebosaba el mismo de cheques sin fondo que tenían meses de no cobrados y hace pocos días sorprendieron a algún acreedor que también ha sonado —Señor Raúl Sendic— como candidato a Vice Presidente del próximo período electoral.

 Cuando pase cerca del paisito denominado “República” Oriental del Uruguay, no deje de apreciar como lo atienden sus propios nuevos dueños.

Carlos BARROS PONS
cbarros@adinet.com.uy

 

ASÍ DA GUSTO  SER SINDICALISTA

El señor Fernando Alberti trabajaba en PLUNA como controlador de inventario y, además, presidente del sindicato de esa empresa.

Pero además de todo ello, Alberti tenía una “extra”: durante al menos nueve meses, el sindicalista bajaba los precios de los pasajes selectivamente para ciertas agencias de viaje. La operativa consistía en que las agencias beneficiarias de la maniobra reservaban pasajes al precio que automáticamente les asignaba el sistema y después Alberti, con la complicidad de otra funcionaria de la empresa, entraba al mismo y les hacía una quita. La maniobra le costó a la extinta aerolínea pérdidas por más de U$S 200.000 y determinó un sumario para Alberti.

En cualquier empresa, una maniobra como la referida termina en despido sin indemnización alguna y, además, una denuncia penal. Pero PLUNA, como ya sabemos, no era una empresa cualquiera sino algo así como un universo paralelo, donde las leyes de la física son diferentes al del universo que habitamos.

Por eso el final de esa historia fue muy heterodoxo, por decirlo suavemente: Matías CAMPIANI se reunió privadamente con el sindicalista Alberti y pactó un acuerdo confidencial por el que este último renunciaba (nunca hubo un despido formal, reportado ante el MTSS) y, además, le pagaban una suculenta indemnización: U$S 250.000.

Sí, sí, leyeron bien: más que las pérdidas que ocasionó a PLUNA. De esa platita acordada, el señor Alberti cobró U$S 180.000 y aún le adeudan los U$S 70.000 restantes. O sea, Alberti además es acreedor.

¿Y qué pasó con la cómplice de Alberti? Renunció pero no ligó un peso.

¿Qué sabía el señor sindicalista que indujo a CAMPIANI no sólo a no despedirlo y denunciarlo sino, encima, comprar su silencio con una abultada “indemnización”?

Es un misterio insondable. Alberti le dijo a “El Observador” que le gustaría contar cómo fue todo pero, lamentablemente, el acuerdo con CAMPIANI se lo impide. Qué bozal tan inconveniente, ¿no?

¿Y el PIT-CNT?

Durante dos meses, los dirigentes Gustavo Signorele e Ismael Fuentes procuraron que no se le aplicaran sanciones drásticas a Alberti. Es interesante advertir los parámetros éticos de la central sindical, muy parecidos a los de una banda mafiosa: “si es de los nuestros, lo defendemos aunque sea un delincuente”.

Pero luego del “acuerdo confidencial”, se abortó la negociación porque ya no era necesaria y los compañeros de la central sindical quedaron en offside y disgustados. Es difícil de entender por qué ellos pensaron que quien perpetró semejante maniobra iba a tener algún prurito en pactar un acuerdo de esas características con la patronal.

En definitiva, así da gusto ser sindicalista. Porque además de que podés obtener pingües beneficios si la ocasión es propicia, el PIT-CNT te va a respaldar aunque hayas delinquido.

Roberto