SURda 23/9/12 Nuestra opinión
Mientras agitan la idea de la “renovación ideológica”, de dejar de lado las “viejas ideas socialistas” que vienen del siglo XIX, o pontificar en contra de cualquier mención a la “transición socialista”, la derecha del frente, la “izquierda pituca”, levantan las másviejas ideas del Sr. Adam Smith, con modificaciones y “puntilla social”, en tanto y cuanto dure la buena coyuntura internacional que –lo sabemos todos- se acaba en la medida que avanza la crisis capitalista mundial actualmente en curso.
Indiferentes a la situación, continúa, entre los jefes políticos frentistas, los grupos en los que están organizados, la falange de “representantes”, “cargos de confianza” y los diferentes jerarcas atrincherados en sus ministerios, departamentos, jefaturas y directorios la lucha a brazo partido por cargos y canonjías para el “grupo” o para “el sector”.
La oposición burguesa tradicional ve estos enfrentamientos con satisfacción, saben ahora -mejor que el zorro de la fábula- que las uvas están maduras.
Que el proyecto “progresista” hace agua por los cuatros costados y que no hay bomba de achique que logre detener la vía que nuestros propios timoneles con su impericia, ambiciones y rencillas han abierto.
La Secretaria de la Presidencia en la persona de un representante típico del pituquismo del otro lado del Frente (la alta burocracia gubernamental, a la que los “pitucos” denominan “la camporita oriental”),el Sr. Brescia, ha introducido el término “el puto poder”.
Sabe evidentemente bien, de lo que habla, porque el “puto poder” que molesta por igual a la izquierda pituca (la “representante” Paysee) como al representante del reformismo tradicional (el sindicalista “sin masas” Juan Castillo) es algo que practican todos
Es un “puto poder” que no nos afecta al resto,a los ciudadanos de a pie, a los que ganan un jornal con el que difícilmente llegan a fin de mes y, que no contempla, ni siquiera, las necesidades de la canasta familiar, establecida desde el mismo gobierno y sus organismos especializados.
Estas son las cosas que deben interesarnos porque la brecha entre la “canasta” y los salarios reales, es lo que marca la particularidad de las nuevas políticas progresistas “de apretarse el cinturón”
Esta a la vista de todos, lo sabemos a poco de querer mirar y consultar las cifras, pero se nos ha impuesto y, lo más grave, ha sido aceptado colectivamente
Todos sabemos en cada huelga o plan de lucha sindical que la mentada canasta familiar, el monto de la misma, estará –como la zanahoria del burro- lejos de lo que se conseguirá. Si no –nos aseveran- desataremos “la inflación” uno de los pecados mortales de la meta macroeconómica gubernamental, con la cual también nos han indoctrinado y lavado el cerebro.
La “izquierda pituca” no es solamente la derecha frentista agrupada en el paraguas del Frente Liber Seregni, es parte también de la misma –pero bajo diferente banderita- la alta burocracia gubernamental
Abarcan todos los “representantes” políticos frentistas sin excepción, todas las altas jerarquías institucionales del Frente (Mónica Xavier y sus vicepresidentes incluidos), la inmensa burocracia de las Intendencias (desde Montevideo a Canelones) y el resto de la estructura ministerial gubernamental. Todos ellos son los únicos que superan con sus sueldos y prebendas la “canasta familiar” y con el excedente acumulan o invierten en su beneficio personal.
Son, nuestra “nomenklatura” de país dependiente, sin socialismo a la vista, pero con privilegios similares. Ellos son los que se pelean entre ellos,por “el puto poder”, no nosotros.
Pero el rasgo más revelador de la doble moral con la que actúan, es la institucionalización del secreto, de lo que el pueblo y, particularmente los votantes, no deben conocer. Ese mecanismo es que nadie puede hablar “por la libre”, nadie puede expresarse si no hay acuerdo interno.
Con lo cual la lucha a brazo partido puede seguir dándose entre bambalinas, en los corredores, metiéndose el codo en el ojo, los unos a los otros, en lucha feroz, a brazo partido, pero silenciosa. Un mecanismo perverso como pocas veces se ha visto.
No es de extrañar entonces, que lo que se oculta pretendidamente, muestre su rostro bajo la forma de las encuestas de opinión. La gente comprueba que el ejercicio del gobierno frenteamplista no sirve para el afianzamiento de la unidad política, el acuerdo de la política de gestión, la mejora de la vida cotidiana de la ciudadanía.
Lo que el pueblo se entera, por los informativos y por la prensa, es que todo es una bolsa de gatos, de peleas continuas, y se desinteresa. En consecuencia caen las popularidades: la del presidente, la de la Intendencia de Montevideo, la de la Intendencia de Canelones, con un intendente que asegura los buenos empleos para familiares y allegados, tal cual lo hacen los otros jerarcas altos de la administración.
El Frente, en el gobierno, no solo huele a inefectividad por falta de unidad de propósitos,también huele a corrupción politiquera burguesa, de viejo cuño.
Entonces se sale a fabricar oponentes. Lo que solo puede explicarse por ineficiencia propia, que no puede corregirse, hay que achacárselo a la prensa opositora y a los partidos burgueses rivales. Son ellos los que organizan las campañas – dice el senador Rosadilla- cuando la realidad es que solo se aprovechan de los flancos políticos que el mismo Frente deja.
¿No han sido acaso ellos mismos los que han aceptado las reglas del juego?
¿No han sido acaso ellos mismos los que ejercen el poder político que les dio la ciudadanía en las elecciones para proclamar que “el capitalismo” es inamovible y que la democracia (parlamentaria) es un valor “permanente”?
¿Y en esas condiciones, de qué se quejan? ¿Qué pretenden, qué no haya oposición política, qué los rivales que aspiran a ocupar los puestos que ellos ocupan, no hagan todos los esfuerzos políticos, jugarretas y manganetas de viejo tipo, que han practicado durante toda su vida?
¿No es todo esto una muestra, patética, de ingenuidad mal ubicada, o de un cinismo desquiciante?
El Frente no ha cambiado la matriz productiva nacional, el estado burgués dependiente, con todas las relaciones de producción tantas veces criticadas antes,cuando se estaba en el llano, y después mantenidas.
El Frente quiere creer que la “inversión” nos traerá el “desarrollo” y que ese crecimiento (queno es lo mismo,sino otra cosa) después producirá el “efecto derrame” que no se concretará nunca. Nos pretenden convencer de que esto, es lo único posible, con lo que hay que conformarse, incluido el espectáculo de las luchas “por el puto poder” en la “interna”.
Y ahora sale Astori a decirnos que hay que abandonar toda referencia a la transición hacia el socialismo, que él mismo no es posible, que no hay lugar en el mundo donde el mismo funcione.
Nadie le ha salido al paso para señalarle que lo que no funciona a ojos vistas, en el mundo entero, es la macroeconomía que el pregona. Que la crisis del “socialismo real” ya pasó, que ahora la que vale es la pavorosa crisis capitalista que recorre el mundo entero.
De que las políticas que se impulsan solo sirven, en otras partes, para el empobrecimiento generalizado, para aumentar la exclusión social, y que eso es el capitalismo hoy día, prefieren no hablar.
Eso se lo guardan bien guardado. Pero ése es el mismo futuro que nos espera a todos en América Latina que, al fin y al cabo, fue el lugar donde por primera vez (en Chile) el modelo neoliberal se aplicó a rajatablas y que como consecuencia de ellos, ahora, después, los tecnócratas frentistas están en el poder político.
Todos, tanto la “izquierda pituca” como “La Camporita Oriental” o sea la alta burocracia gubernamental del gobierno Mujica sin movilización de masas, están viviendo la fase final del agotamiento.
No superaron nunca el neo-batllismo de la época del 50. Y ahora comprueban que todas sus luchas y devaneos, sus rencillas y enconos particulares o de “grupos” fueron estériles. El “puto poder” del que habla ahora Brescia, no les sirvió para nada.
Si al comienzo de la administración frentista, el tema social eran los altos niveles de marginación social, y los mismos justificaban las políticas de las “ayudas sociales” colectivas, pagadas por el erario público, sobre la base de la buena coyuntura económica, esas políticas puntuales debían haber dejado lugar a una política vigorosa de empleo. Lo que falta en Uruguay es trabajo.
Trabajo productivo que beneficie a todos, y que todos puedan observar en sus aspectos benéficos. Ese trabajo productivo, no puede obviarse con las referencias a los índices de la estadística que muestran la baja de la pobreza y de la marginalización.
El gobierno Vázquez y el gobierno Mujica, siguieron la ruta preconizada por el Sr. Astori de la inversión extranjera, creían o creyeron que por allí vendría la panacea.
Por eso el cambio de posición ante Botnia, y se prosiguió después con todo lo que vino. Hoy, siete años después, esos mismos técnicos tienen elementos más que suficientes como para concluir que erraron el camino, que evaluaron mal, que se equivocaron. PLUNA es la última muestra de ese fracaso
.Lo que no podrán decir nunca es que no se les señalo que tomaban opciones equivocadas. Se les dijo, pero silenciaron a los críticos. No prestaron oídos a sus advertencias. A su vez, y en medio de la bonanza momentánea, se sintieron capaces de superar los escollos apelando a la soberbia.
Ahora se pagan las consecuencias en bajas de credibilidad, crítica a la gestión presidencial y municipal, que involucran a todo el aparato político frentista.
El Frente Amplio de entonces, es éste FraudeAmplio. La tecnocracia con Astori o Lorenzo a la cabeza, como figuras visibles, pero no únicas,no tiene un proyecto colectivo que involucre a las grandes mayorías nacionales, o sea a todos nosotros los ciudadanos de a pie. Han aumentado la recaudación –particularmente entre las clases medias- pero no pueden responder a las urgencias de seguridad en las calles.
Y llegará el momento en que esas mismas clases medias salgan a decirles que no vá más el pagar impuestos para obtener servicios públicos malos. Cuando ese momento llegue –y se acelerá con la crisis económica mundial en curso- no tendrán siquiera los recursos para seguir sosteniendo el caballito de batalla central de la ayuda social.
En consecuencia la dejarán caer. Y los pobres “ayudados” verán que se quedan sin la ayuda y sin trabajo. Sabrán también que solo consumió el 1% del Producto Nacional Bruto.
El proyecto alternativo, el burgués, implica la extensión ilimitada del ejército nacional de la desocupación, ejército de reserva absolutamente necesario para garantizar la buena marcha del proyecto neoliberal.
El “ahorro” empieza por aumentar las carencias de los más pobres, “disciplinarlos” para el trabajo-basura, la ausencia de seguridad laboral, la precariedad en todos los ámbitos de la vida social.
El dilema político para nosotros, no es la vuelta a las políticas de los viejos partidos tradicionales y burgueses, ni la simple abjuración – ahora, no antes - del “puto poder” del cual se acuerdan cuando se les caen las cifras en las encuestas de opinión.
El problema real para nosotros, es que no tenemos representantes en la actual democracia parlamentaria, ni líderes, ni partidos, que nos representen. Y que crece, cada vez, más la duda y el descontento.
Hemos acumulado experiencia, pero experiencia negativa. Y de la experiencia negativa crece –particularmente entre las nuevas generaciones- la desconfianza, el desengaño y el cinismo. El “todo es igual”, el “se acabaron las reglas”, el “dá lo mismo”. Esa es la nueva herencia maldita que nos dejan nuestros líderes frentistas, el Sr. Astori, el Sr. Tabaré Vázquez, muy especialmente el Sr. José “Pepe” Mujica.
A todos nosotros nos han defraudado profundamente. Y es por eso que la opción del “voto castigo”, que significa no votarlos,se va abriendo camino, en la conciencia popular.
El país seguirá existiendo, habrá que salir –en cambio- de la pasividad que nos envuelve a todos. Comprender que esta realidad política de ahora, no es por la que nos movilizamos y combatimos antes.
El tiempo futuro dirá, si somos capaces de enfrentar esos desafíos con perseverancia, lucidez y coraje. En la vida hay nudos, que no pueden desatarse, por eso, cuando se comprueba que han llegado a ser un mecanismo perverso, solo hay el remedio de cortarlos.