Escribe Ignacio Martínez
Hay una ofensiva imperialista contra los pueblos de América Latina. La crisis europea y norteamericana no resiste procesos de liberación.
El mismo imperio ha conminado a sus representantes locales a que armen sus propias ofensivas para desalentar profundizaciones democráticas y cambios populares con signo socialista.
El golpe en Honduras, el golpe en Paraguay, el ataque sistemático a Correa, a Chávez, a Evo y el recrudecimiento del bloqueo a Cuba, son ejemplos de esta ofensiva. Uruguay no es una excepción.
La derecha ha encontrado sus caballitos de batalla: la violencia, los jóvenes que cometen delitos, la basura montevideana, el dragado que no se hace, las lastimadas relaciones con Argentina y cuanto punto de la jornada pueda ser utilizado.
Entonces oiremos las declaraciones del diputado García o de Bordaberry o de Lacalle con voces preocupadas y casi parroquiales, presentándose como los mesías de la salvación. Nuestras propias estupideces, a veces demasiado reiteradas, pueden marcar la semana según lo que se diga en la cuenta Twitter o lo que hagamos con PLUNA o los antojos del Ministerio de Defensa que prohíbe tomar fotos de instalaciones porque dice que hay armas secretas.
(Che, Ñato, mirá que está en la tapa del libro que lo primero que hay que ocultar sobre armas secretas es precisamente el lugar donde se encuentran y no decir que no se saquen fotos del Batallón 13 porque ahí hay armas secretas, ¡por favor!, ¿nos viste cara de nabos?)
Pero lo cierto es que la derecha está haciendo su trabajo
. El mejor estratega está armando sus jugadas de ajedrez político. Julio María está tratando de mover sus piezas para ver cómo se puede disputar la intendencia de Montevideo y cómo se puede obligar a un balotaje para que el próximo gobierno no tenga mayorías parlamentarias en primer lugar o, de ser posible, sea derrotado por una coalición blanqui-colorada.
En eso están y van a invertir millonadas de dineros y de esfuerzos con esos objetivos. Sus métodos: quitarle banderas a la izquierda, tergiversar la realidad, ocultar logros, despreciar los cambios conseguidos, decir que la actual política económica es la misma que la de ellos y adjudicarse así los avances realizados, buscar todas nuestras grietas para meter las mayores cuñas posibles.
No les será fácil. No tienen cuadros de recambio. Sus carcamanes están muy desacreditados. Pero lo van a intentar por todos los medios.
Tienen dinero. Tienen los medios de comunicación, principalmente El País, Búsqueda, El Observador, los canales, las radios con alcance nacional, etc. También, insisto, tienen nuestras propias debilidades. Ellos ya están en campaña y hacia el 2014 la van a agudizar a niveles increíbles.
¿Qué tenemos que hacer?
Hay que desatar una ofensiva sostenida, clara, honesta, atractiva (al estilo paradoja del gran Horacio Buscaglia) mostrando todo lo que hemos hecho hasta ahora con el BPS, con el Sistema Integrado, con las fuentes de trabajo aumentadas, con la inflación contenida, con las exportaciones, con la vivienda (¡poner a caminar ya el Plan de Vivienda Sindical!), con las asignaciones familiares, con todos los planes sociales hacia las poblaciones más desprotegidas, con los Consejos de Salario, etc.
Tenemos que desenmascarar y denunciar la única función que ha tenido la oposición en estos años, que ha sido la de vulgares francotiradores incapaces de aportar en algo a nivel municipal y nacional.
Tenemos que decir claramente lo que significaría el regreso de la derecha a los órganos de conducción del país.
Tenemos que desenmascararlos mostrando las alianzas que tienen a nivel internacional con los golpistas paraguayos, con la ultraderecha estadounidense, con el mentiroso Rajoy que está hundiendo a España, con la peor intelectualidad latinoamericana que busca un mundo de rejas, de alarmas, de represión, de injusticia social para el enriquecimiento del mismo 20% de la humanidad que ya detenta el 82% de la riqueza del mundo.
Pero además, tenemos que tener memoria y recordar la nefasta década de los 90 sin consejos de salario, con desocupación galopante, con miseria en aumento, con un país que se caía a pedazos.
Ahora bien, lo principal aún no lo he dicho. Lo principal es hacer lo que vinimos a hacer. Lo principal es asegurar los cambios profundos y sostenidos contenidos en el Programa. Lo principal es corregir las cosas que estemos haciendo mal, profundizar las que estemos haciendo bien, hablar menos, utilizar lo imprescindible los instrumentos mediáticos y hacer, hacer, hacer, definitivamente hacer las cosas que debemos hacer y que no estamos haciendo
Columna Nº 160, publicada en el semanario uruguayo El Popular, viernes 5 de octubre de 2012