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Cuando desertar está bien. Florencio y Aparicio

 

He venido leyendo los distintos aportes en artículos que aparecen últimamente en relación a las "guerras de Aparicio"

No completamente siempre, porque los textos de Gonzalo Abella son difíciles de tragar, largos e insoportablemente aburridos, pero trato de entender. Y no logro entender.
Para quien quiera tratar de entender lo que ocurría en esos años, sigo pensando que lo mejor es "Historia social de las guerras de 1897 y 1904", de Barrán y Nahúm.

El MLN usó una vez la consigna "Habrá patria para todos o no habrá patria para nadie", tomada de un texto de Javier de Viana.

En realidad, es parte de un discurso de uno de los reclutas de Saravia, que mira con desconfianza a una delegación de negociadores que viene al campamento para tratar de llegar a un acuerdo, cúpula a cúpula (que es como se resolvían realmente aquellas "revoluciones").

El interés de aquel combatiente no era, por supuesto, evitar que en la negociación cupular ocurriese una "rebaja programática" de un programa que no tenían, era evitar que la "guerra" se terminase.

La especialidad de los "revolucionarios" en esa "guerra" era -declaradamente- retirarse y evitar el combate, y mantener una presión sobre los estancieros para que estos a su vez presionasen al gobierno para pactar un arreglo.

La presión sobre los estancieros se obtenía por la movilización de los hambrientos del campo, que tenían mientras durase este estado de "guerra" licencia para carnear reses y por lo tanto comer. Saqueaban las estancias.

Pero era una presión por ese efecto depredador y nada más. Terminada la revuelta, los hambrientos movilizados en la guerra volvían a su viejo lugar de hambrientos sometidos en la paz.

La presión depredadora tenía efectos diferentes según el tipo de ganado (orejano o refinado, ya que este último salía sus buenos pesos) y consecuentemente el tipo de estancia (tradicional o modernizada) y la fracción oligárquica de los propietarios de la tierra según esa forma de producción.

Las fracciones políticas de los partidos oligárquicos reflejaban las fracciones sociales de la clase dominante. Las orientaciones y programas políticos frente a las disyuntivas del momento reflejaban las posibles vías capitalistas y coloniales, todas ellas, para esa clase dominante.

Me gustaría que aquellos que usan el término "revolución" para referirse a esos hechos pudiesen mostrar un proyecto de reforma agraria del bando revolucionario, o cualquier proyecto social progresivo que trajese beneficios reales a esos hambrientos movilizados, que modificase el régimen de propiedad de la tierra, o que apuntase a sacar al país del atraso y la sumisión al orden imperialista.

Pido menos que eso todavía. Ya que los blancos ni hablan del problema social y solamente reivindican esas presuntas revoluciones como luchas por el sufragio universal y otras reformas políticas democráticas, me gustaría que aportasen algún elemento que demostrase que en los departamentos gobernados por caudillos blancos había instituciones más democráticas que en aquellos gobernados por colorados.

Las actitudes de andar desde la izquierda prefiriendo a los colorados frente a los blancos o a los blancos frente a los colorados, realmente...

Carlos Machado, por ejemplo, logra luego de mucho esfuerzo señalar dos diferencias en favor de los blancos. Las matanzas coloradas eran peores y más sangrientas que las matanzas blancas (lo admito, ¿y con eso qué?), y los blancos tenían una mística.

¡Metan la mística donde debe ir, compañeros, por favor! Nosotros no la necesitamos.

Unos de los grandes triunfos culturales de la izquierda en el siglo XX fue resignificar el término REVOLUCIÓN.

Ahora, revolución significa proceso radical de transformación social  en beneficio de las grandes mayorías. Eso pude ser aún vago, impreciso en muchos sentidos, incompleto. Pero en aquel tiempo, a principios del siglo XX, "revolución" significaba simplemente levantamiento armado, golpe de fuerza, sin que tuviese importancia el contenido social, porque nadie pensaba en el contenido social.

Fuimos NOSOTROS -las corrientes nacidas del movimiento obrero- quienes creamos ese nuevo significado.

¿Por qué vamos a aceptar ahora la degradación de este concepto?

Esa revolución cultural, esa revolución en el significado de "revolución", no vino sola. Hubo que hacerla.

No soy un experto en la materia, pero repasando a los que sí lo son es fácil ver que Florencio "el flojo" Sánchez es uno de los pioneros de esa obra.

Primero, los cargos contra el acusado por parte de Gonzalo Abella.

Lo acusa de desertar de la tropa de Saravia, y de racista, por un comentario de Sánchez sobre Saravia, al cual no le encuentra"otras condiciones que mucho coraje, bastante astucia indígena y algunos hábiles recursos estratégicos" y dice que es "hombre una escasísima cultura moral y un espíritu celular con recovecos llenos de la suspicacia aviesa, chocarrera y guaranga que se cristaliza en el gaucho americano".

El verdadero pecado acá sería hablar mal del "jefe", y a Gonzalo le aflora en esto su viejo espíritu de bolche verticalista.

Porque lo que hace Florencio es solamente el retrato crítico de un tipo social, como los que atraviesan toda su obra: M'hijo el dotor, Los muertos, En Familia, Moneda Falsa, El desalojo...  Su realismo costumbrista, su retrato naturalista, combinado con su crítica social anarquista, ácida y mordaz. Si no dejaba títere con cabeza ¿por qué iba a respetar la cabeza de Saravia?

Florencio critica, con razón, el primitivismo de aquel caudillaje que él dijo que era, con razón,  criminal. Que Gonzalo venga a escandalizarse por un par de palabras solo muestra su pacata mentalidad.

Es curioso que Gonzalo escrute a Florencio no sé con qué lupa para ver "racismo", y ni se acuerde en este tema en uno de los hechos que asoman esta polémica, cuando un artículo de C.E.R. recuerda que Artigas dejó en su herencia dos esclavos.

¡Pero no vayamos a decir que Artigas fuese racista solamente por este pequeño detalle!

En un texto anterior, Gonzalo explicaba estas cosas diciendo que Artigas era "producto de su tiempo".

Falso, porque el proceso artiguista ocurre quince años después del levantamiento de esclavos en Haití, y ningún artiguista de entonces tomó la bandera de la abolición lisa y llana del esclavismo. Artigas era producto de su clase.

Todos somos producto de nuestro tiempo, eso es inevitable, pero lo propio de un revolucionario es tomar lo mejor de su tiempo, no lo peor.

Ahora vayamos a la acusación que realmente importa contra Florencio, haber desertado de las filas de Saravia.

¡Desertar! ¿Desertar de qué?

Florencio comprendió que andar degollando al servicio de una fracción de terratenientes contra la otra no era su causa. La abandonó y abrazó otra, la causa de la revolución de los oprimidos y explotados contra la clase dominante en su totalidad. En 1897.

A sus Cartas de un flojo se agrega su activa militancia anarquista y su colaboración el periódico argentino La protesta. Al inaugurarse la Biblioteca Obrera, Florencio trabaja como bibliotecario.

Da vida al movimiento filo-dramático, teatro obrero, muy diferente al teatro "culto" burgués de esa época, donde buscan extender la arenga social por vías de comunicación más entretenidas. La experiencia es un éxito. Sus obras Ladrones y Puertas Adentro se inscriben en ese punto de vista.

Tal vez haya sido su retrato social el que inventó la palabra "canillita" por esa obra sobre un niño de 15 años que vende periódicos en la calle para mantener a sus padres, y viste unos viejos pantalones que le han quedado cortos por el estirón, mostrando las canillas.

Es el impulsor de la edición de “El Trabajo”, primer diario anarquista del Uruguay.

En el Centro Internacional de Estudios Sociales dauna serie de conferencias de crítica social. "De todo ello tuvo noticia la policía que recibió orden de prender al autor de tan desvergonzadas charlas... ", dice García Esteban. Florencio se va Rosario, Argentina. 1901.

Allí es secretario de redacción de La República que dirige Lisandro de la Torre. Se suma al movimiento obrero y anarquista local,  y cuando estalla la huelga de la refinería de azúcar, es delegado del Comité de Huelga.

Y cuando los trabajadores de La República entraron en huelga y Florencio era entonces su director, se adhirió a la huelga.

Funda  el periódico  La Época y escribe una obra teatral La Gente Honesta, donde se burla de un personaje del gobierno que es su antiguo jefe y dueño de La República, que cuando el estreno logra que la policía prohíba la obra. Florencio es perseguido y apaleado, los ejemplares de La Época con el texto de la obra prohibida se venden tanto que pusieron una ley de censura para suprimirlos.

Florencio va a Buenos Aires, una huelga hace que el gobierno apruebe la “Ley de Residencia” para expulsar extranjeros inconvenientes, la FORA declara la huelga general, y el gobierno decreta el Estado de Sitio y la censura. Florencio y otros editan La Protesta clandestinamente, cada noche en una imprenta diferente y agregan un suplemento revista, El Sol.

Gradualmente Florencio se aleja luego del anarquismo, pero sigue participando del movimiento obrero, tratando en sus obras los problemas y contradicciones sociales, perdió más de una vez su empleo en periódicos por adherir a las huelgas de los obreros gráficos que los imprimían, y más de una vez retoma la edición de periódicos clandestinos.

El también podía decir:

Soy Canillita, gran personaje, con poca guita, y muy mal traje;... mañana y tarde, pregonando los diarios, cruzo la calle y en cafés y bares, le encajo a los marchantes, diarios a mares... y a los botones, les doy yo más trabajo, que los ladrones. A mí no hay quien me corra, yo le garanto... Muy mal considerado, por mucha gente, soy bueno, soy honrado, no soy pillete, y para un diario, soy un elemento, muy necesario.

Muere de tuberculosis en Italia, 1910.

Como vemos, Florencio fue expulsado de hecho de nuestro país por su condición de luchador social, por luchar con la idea, la palabra y el arte, en pro de una verdadera transformación social radical, en vez de degollar gente para reacomodar el reparto interno entre la clase dominante.

LO echaron, para vergüenza de este país. Pero no se detuvo en ese provincialismo estrecho de Gonzalo ("Orientales y basta"). A él, a nosotros, no nos basta.

Más o menos así fue la vida de Florencio el desertor en buena hora.

Porque para empezar nuestra propia guerra contra las clases dominantes y su sistema social reaccionario, primero hay que desertar de cualquier pelea entre las fracciones oligárquicas que usan como carne de cañón a los hambrientos.

O como "carne de lanza" cuando no tienen cañones, porque su primitivismo no hace que por eso dejen de ser oligarcas y reaccionarios.

Pero cuando no se tiene confianza en las fuerzas de propias de nuestra clase, se andan buscando alianzas con algún sector burgués o terrateniente, si es política real, o se buscan alianzas simbólicas en el pasado de los burgueses y terratenientes, cuando es política de fantasía.

Cuando no se tiene confianza en la fuerza creadora de la verdad simple y llana, se trata de agregar leyenda, mística, religión, culto a los caudillos del pasado, historia novelada.

Y por el culto a los jefes políticos de la clase dominante, se termina desconociendo a los mejores luchadores de nuestra clase