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DEL ?Gigante Idiota? a ?La Peligrosa Incertidumbre Ideológica?

 

Los “aportes para la discusión” al próximo congreso del MPP son -como lo ha señalado Samuel Blixen en Brecha (se publica continuación)- “un merengue” que es tradicional en la izquierda progresista gubernamental.

“La fuerza que el Pepe construyó” (fue su eslogan principal de la última campaña) sigue siendo “el gigante idiota” de siempre. Como no creemos en “la anonimidad del mercado”, tampoco creemos en “la anonimidad” de las direcciones políticas. Las “estructuras” tienen nombre y apellido, personajes concretos que la ejercen.

Y han chocado con el escollo que todos sus críticos “radicales” le señalaron: la “desigualdad social” que crece

 Cuando se les dijo, cuando se les señaló la necesidad del  “cambio de rumbo” esa fuerza estaba intacta, con el  principal representante de la misma, en camino de ser presidente y, abogando para llegar a imponerse, el peso político de su grupo dentro del conglomerado FA.

Cuando consiguió imponerse, además de la posición de titular gubernamental, contaba con esa fuerza fortalecida después de las últimas elecciones.

 Es decir estaban todas las condiciones dadas para desplegar esa fuerza política en el cumplimiento de un accionar gubernamental y además contaba con aliados políticos, fuera de la misma dispuestos a acompañar todo, o parte, de ese supuesto.

Contaba además con una expectativa popular que podía movilizar apenas se desplegaran los militantes, cuadros y activistas del MPP, e impulsaran la movilización.

La primera prueba a la que el novel gobierno se enfrentó es el tema de los Derechos Humanos.

No pudo comprender el papel que ese tema jugaba en la conciencia popular. No pudo apreciar  el papel que el mismo jugó, del otro lado del charco, como detonante de la confianza de un pueblo en su gobierno. En consecuencia bagatelizó el tema, se metió en la tomatera de los acuerdos a media campana fortaleciendo a los que debió debilitar.

A su fuerza política, a los integrantes del aparato, les dio la solución de burocratizarce en los cargos públicos, justamente, lo que criticaba en el Partido Socialista del cual el Sr. Tabaré Vázquez era miembro entonces (después, cuando no le siguieron el tren de todos sus caprichitos, se fue).

Con muchos menos elementos  iniciales otros líderes latinoamericanos hicieron crecer la movilización popular, ganaron fuerza y apoyo, impulsaron plebiscitos constitucionales, y contra viento y marea, supieron acorralar o neutralizar a las mismas fuerzas que integraban sus coaliciones y no se plegaban a las iniciativas que impulsaban.

Ni el MPP, que devino en EME-Pepismo, ni el titular del Ejecutivo, ni su equipo de colaboradores más cercanos, supieron qué hacer con el gobierno así conquistado. Ahora, ante el próximo congreso, en este documento, todo se reconoce.

Confiesan ahora “que han fortalecido lo que queremos cambiar”.

Las últimas dos bajas “disciplinarias” del EME-Pepismo, los diputados Estaban Pérez y Álvaro Vega han señalado la mano negra en las estructuras de “los que son rentados pero no tienen visibilidad pública”.

Las “eminencias grises” de pasillos y corredores, esos timoneles de los desastres que nunca dan la cara, a efectos de poder continuar –bajo otros ropajes- en lo mismo que han estado siempre.

Fomentan entre las bases militantes el “trabajo adentro”, la verticalidad debida, y por eso “hay una interna en la calle Mercedes que se come absolutamente todo” (ver La Diaria, edic. del 8 de marzo, del presente año, pág. 2).

Que es acrítica, manipulable, masa de maniobra pasiva para los dirigentes.

El fenómeno no es nuevo en la izquierda nacional, y se debe a una falta de institucionalización partidaria, la vigencia de reglas y criterios organizativos claros, a los que los militantes conozcan cabalmente.

El caudillismo de un dirigente, sus veleidades particulares, los subjetivismos propios, termina por ocupar todos los espacios de la política y se reproduce al seno del núcleo del aparato elemental, que funge como estructura organizativa.

A su vez esos dirigentes, “rentados” ahora, se permiten reproducir a su gusto y parecer los mismos vicios que han visto pasar en los líderes sin que nadie los controlara. De esa manera “a la interna” se organizan las camarillas sin principios.

Ni el Sr. José “Pepe” Mujica, ni su cónyuge Lucía “la Tronca” Topolansky, ni el Sr. Julio “el Picapedrero” Marenales, ni el Sr. Agazzi, inclusive el “escindido” y “fraccionalista” EFH, son ajenos a todos estos procedimientos.

Los han practicado antes, en compañía de otros (hoy desaparecidos políticamente) y los han fomentado constantemente: en el “viejo” MLN, en las “mateadas” después de la liberación del 85, en el MPP que construyeron juntos a la muerte de Sendic, ni en lo que devinieron después todos aquellos engendros “organizativos” con todos sus vaivenes, que estaban determinados por las pujas entre ellos hasta que la misma se dilucidó en la última elección presidencial.

El “organismo” se puede decir, lo engendraron, lo parieron, lo amamantaron, lo hamacaron, lo desarrollaron y, finalmente, lo mataron.

En todo el proceso necesitaron “mensajeros”, corre-vé-y-dile, chismosos, espías y alcahuetes. A parte de ellos, después, el EME-Pepismo, los rentó.

Y alentaron además, dentro de ellos la envidia, de los que aspirando a lo mismo, se convertían en rivales. Una estructura siniestra típica de nuestras clases medias urbanas, de su apoliticismo que ya es proverbial.

Ante los hechos que en diferentes momentos, diferentes integrantes les señalaron, hicieron oídos sordos. E introducir una crítica, o críticas, era el paso inicial para que los críticos se convirtieran en personajes no deseados, el comienzo de una larga vía crucis que pasaba por la sospecha, el envío de mensajeros-espías que lo interrogaran, la campaña de difamaciones, la injuria de algún dirigente por la prensa o la audición radial, el aislamiento colectivo a la interna y finalmente la sanción disciplinaria sin legalidad alguna.

Así eliminaron paulatinamente a todos los críticos de izquierda, la parte mejor de la vieja guardia tupamara.

Los éxitos electorales parecían alentar esas tendencias acríticas. Cuanto más éxito más piedra libre para mayores arbitrariedades. La “purga” indiscriminada de todo crítico, por cualquier crítica.

Estar con la mayoría del rebaño o la jauría, no haber sido tocado, era la garantía de que todo estaba bien, de que en nombre de eso, todo y aún peores cosas futuras, estaban permitidas.

Mientras, afuera, un mundo se movía. Un mundo de realidades insatisfechas, de necesidades angustiosas, de miseria, de explotación, de promesas no cumplidas, de trabajo colectivo, útil, que no llega.

se mundo vivía fuera de la calle Mercedes, se agitaba tanto en Montevideo, entre los marginados y los cantegriles, como en los miles de pueblos, caseríos y ciudades del interior del país. Para ellos era el discurso demagógico, la ayuda social (clientelar en sus intenciones) y que además solo comprometía el 1% del PBI nacional.

Una contención social “barata”, mientras se fortalecían los instrumentos represivos, capaces de liquidar todo conato de protesta o desacato que pase los límites establecidos.

A eso se le llamaba “ganarle la mano a la derecha” para hacer lo que la derecha quiere.  10.000 presos jóvenes en las cárceles hacinadas es el resultado, de los cuales el 60% no han sido sometidos a proceso.

El Sr. Agazzi, esa especie de marciano legislativo, dice ahora que “No hay ningún fundamento que explique por qué tiene que haber la desigualdad que hay en Uruguay”. El hombre se saca la escafandra en la que vivió todo este tiempo y pone cara de qué no sabe, no entiende, pero se rinde ante los hechos que él mismo fomentó desde los cargos ministeriales y parlamentarios.

 ¿No se acuerda cuando estaba ganado por el grupo de presión agrario, dentro de su propio ministerio y basado en las informaciones que le daban salía a silenciar y acallar los críticos, delatándolos además como tales, en la interna de su MPP?

¿Tan mala memoria tiene el Sr. Agazzi?

¿No puede establecer la relación que existe entre silenciar a los críticos, negarse a escuchar sus argumentos, prohibirles que los mismos los conozcan dentro de filas, y las consecuencias que se derivan- después- de todo esto?

¿No sabe acaso que el problema central de la desigualdad en Uruguay, está en el problema agrario? ¿Ignora esta cuestión elemental, que aprendió como militante y aún en las aulas de la Facultad donde se graduó?

¿El Sr. Julio “picapedrero” Marenales, del cual se dice que ha renunciado (aunque se mantiene secreto) cuando hablaba del “gigante idiota” y ahora de “la peligrosa incertidumbre ideológica” ignora la influencia que el MLN-Marenales, que él dirigía, tenía un poder decisivo y reglamentado a la interna del MPP, en su composición directiva? 

¿Promovió elementos a la dirección sin educación política, sin controlar sus “incertidumbres ideológicas” sin chistar?

¿O va a pretender lavarse las manos, poner cara de “yo no fui” y hacer lo mismo que viene haciendo desde el 85 en adelante, donde avaló todas las canalladas posibles contra compañeros que él bien conocía y que permitió que los persiguieran?

¿Va a seguir como cuando pregonaba públicamente, pero en ámbitos cerrados, para no tener que asumir sus palabras, que “Sendic, estaba LOCO?

Bien dice el refrán que A TODO CHANCHO LE LLEGA SU SAN MARTIN.

Y esperemos que esta confesión de parte, esta “autocrítica”, todo este “merengue”,  tenga en las próximas elecciones  la sanción popular y electoral que se merecen.

c.e.r.

 

 

LA AMPUTACIÓN DEL BRAZO IZQUIERDO

A propósito de un reciente documento del MPP (Movimiento de Participación Popular)

Samuel Blixen-Brecha, Montevideo, 27-3-2013

En el costado patológico de nuestra política cotidiana parece adquirir carácter de ley el revés del pepino: aquello verdaderamente significativo, sustancial, en principio ineludible, queda ahí, medio perdido, asomando debajo de la alfombra; mientras que lo anecdótico, lo que en verdad no promete avanzar ni cinco centímetros, lo que consume fuegos de artificio, lo que intercambia insultos y amenazas y asegura un cuarto de hora mediático, eso sí merece el esfuerzo agotador, el festival de neuronas.


Se seguirá discutiendo si Fernando Calloia esto, si el Partido Nacional lo otro, quién debe pedir perdón a quién; en cambio, la confesión del triunfo de la derecha sobre la izquierda en el MPP, la supremacía de "lo institucional" sobre "lo social", la paradoja tan bien sintetizada ("Hemos fortalecido lo que queremos cambiar"), esa consternante autocrítica, no provocó sofocos, menos taquicardias, siquiera un suspiro, y pasó sin pena ni gloria.

Los dirigentes del MPP no han sido interpelados, nadie pidió cuentas, y el Frente Amplio (FA) digirió el exabrupto con una elegante digestión.


Sin embargo, los aspectos principales y más urticantes del documento titulado "Aportes para la discusión", que la dirección del MPP ofrece a sus militantes como insumo para el congreso del sector, en mayo próximo, revelan una brutal contradicción entre el diagnóstico y el remedio.


¿Qué significa que el brazo derecho haya torcido al brazo izquierdo en la principal fuerza política de esa coalición llamada progresista que es el Frente Amplio?

¿Quién es responsable del resultado de esa pulseada? ¿Qué consecuencias tuvo la confrontación en el ejercicio de gobernar?

¿Cuánto de lo que el gobierno ha hecho -o ha dejado de hacer- corresponde al "brazo derecho" triunfante del MPP?


Ya de por sí es inquietante que en una fuerza de izquierda gane la derecha; ¿acaso no deja de ser de izquierda? Se dirá que es un movimiento.

En fin, lo que importa es que admite que "nuestra debilidad hegemónica, nuestra dilución ideológica, nuestra dificultad en crear un campo de masas para una visión hacia el socialismo" es consecuencia de "la ocupación de posiciones de institucionalidad"

. La "dilución ideológica" proviene de una visión "reformista o socialdemócrata" que concibió "la máquina del Estado burgués como si fuese neutra, en querer hacer de una estructura construida para oprimir y alienar el poder a los trabajadores, un instrumento-llave para la transformación social". ¡Menudo error!


Al dar a conocer el conjunto de documentos de trabajo para el congreso de mayo, el senador Ernesto Agazzi opinó: "No hay ningún fundamento que explique por qué tiene que haber la de­sigualdad que hay en Uruguay"

El senador, uno de los hombres más lúcidos y cultos de la dirección emepepista expresó, en esa formulación elíptica y engañosa, la confusión que aqueja a su grupo: no hay ningún fundamento porque la desigualdad no es una fatalidad; pero hay argumentos para explicar que el sistema capitalista engendra la desigualdad y si sigue así -si aumenta con un gobierno progresista- es porque la desigualdad no se combatió con determinación y empeño.

La suma de los errores, o renuncias, es devastadora: todo queda hipotecado por los cargos de poder, la "ocupación de posiciones de institucionalidad". ¿

Qué quedó por el camino cuando el "brazo derecho" se alucinó con la institucionalidad?

Habría que hacer la lista de las propuestas del MPP en la campaña de 2009, muchas de las cuales sólo podían viabilizarse mediante una reforma profunda de la Constitución.

La propuesta de una asamblea constituyente con una amplia participación­­ ­­­­­-de las organizaciones sociales, sindicales, de género, de minorías- fue postergada, por el MPP y por el FA en su conjunto, al priorizar la "institucionalidad", y así quedaron por el camino las posibilidades de transformar el contrato social para los cambios profundos. Se decía que no podía instalarse una asamblea constituyente si no se acordaba todo aquello que se quería reformar.

Y el acuerdo no llegaba porque, para el MPP, en el Frente "las organizaciones más moderadas" sienten que el fa "ya cumplió con su papel y desconfían fuertemente de la profundización del proceso".


Esa contradicción, propone la dirección del MPP, se resuelve asumiendo "la responsabilidad de la conducción de la fuerza política y, por lo tanto, en última instancia, del propio gobierno". Pero, ¿qué asegura que ese futuro control del gobierno no naufrague, otra vez, en la tentación de la "ocupación de posiciones de institucionalidad"? Porque los que proponen esa salida son precisamente quienes impulsaron la "institucionalidad" del MPP. Resulta por lo menos sorprendente que los mismos dirigentes que respaldan esta autocrítica impulsen, a la vez, la candidatura de Tabaré Vázquez a la Presidencia, cuando esa candidatura nace de las entrañas de aquellos sectores que desconfían "fuertemente de la profundización del proceso".

Todo este merengue de contradicciones puede expresar un estado agudo de confusión que, como lo califica Julio Marenales en un documento interno del MPP, exhibe una "peligrosa incertidumbre ideológica".

O puede también explicarse por el temor de la actual dirección del MPP a seguir perdiendo apoyo al punto de que sea, como dice la "autocrítica", el sector más castigado por quienes no van a votar al fa.

De cualquier manera, los "aportes para la discusión" pondrán al congreso del MPP en la perspectiva de discutir las claves del agotamiento del progresismo frenteamplista con un doble desafío: que no se produzca una crucifixión de sus dirigentes y que no se genere una ruptura con el resto del FA.