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LOS SENTIDOS DEL SILENCIO

 

Meditando en silencio, sobre el silencio…

El silencio atronador del 9 de julio de 1973 después de la refriega.

El silencio del 11 de setiembre del 73 cuando terminaron de caer las bombas en La Moneda.

El silencio el del domingo 16 de abril del 89.

¡Vaya silencios!

El que sobrevino a las derrotas. El que se quedó y maniató. El del control social, el de la espera sin acción. ¿Qué es lo que no quieren que se escuche? ¿Qué? ¿Quienes?

Hay un silencio juez y parte.

Hay un silencio que condena al grito.

Otro silencio que grita. Que sugiere. Que acusa. Que exalta. Otros que matan.

Otros que ajustician.

Los silencios después del entierro de Fernando Morroni, el de aquel 25 de agosto de 1994, el de Roberto Facal.

Los sentidos del silencio; variados, amados, odiados. No es uno solo, ni seis, tiene el silencio más sentidos que los sentidos; porque el silencio no es silencio, son silencios. Y hay detrás de ellos una cultura.

Muy diferentes. Contrariados. Enemigos. La de los indios allá en la cordillera…La de los impunes acá en esta tierra.

Los silencios del terror carcomen.

Los silencios del desierto: te invaden de polvos y sales. De sed y nostalgia.

Los del campo: los que permiten oír el viento.

Los que te congelan si sufrís hambre sin tiempo ni hora.

Los del miedo: que te paralizan si te endureces, si no te sacudís.

Los de las entrañas: te consumen te sumen en hiel.

Los de las cuevas silentes del agua. Los del viejo y el mar.

Los del atardecer cuando todo calla para que se esconda el sol

Los silencios de las aves, en sus nidos, arrullos silentes que anuncian la oscuridad.

Los silencios del llanto atragantado cada noche cuando esperas los pasos que no llegan, cuando oís que pasan y siguen de largo.

Cuando nunca se abre la puerta, cuando se cierran todas.

El silencio después de los candados o las botas prepotentes que se alejan.

El silencio…el del preso torturado  aunque de su boca el alarido atronador se escape, él está en silencio, acunando a su hijo, aunque esta sangrando, acariciando a la querida compañera, aunque está colgado, protegiendo al vecino, aunque esta desnuda en medio de un charco de sangre electrificada. Pensando que el compañero se retiraba del contacto, angustiado porque no llegó,  pero está en libertad para seguir luchando.

El silencio, el que a los gritos te imponía la soldado

-. Guarde silencio, 020

- Cállese 101, ¿de qué se ríe?

Y Beatriz,  abría callada, sus ojos dorados que parecían llenarle toda su cara infantil y te expresaba con ello todo. Seguía en la luz de sus ojos riendo.

El silencio abrumador que sobrevenía a los gritos ¿te mataron? Ese que se revelaba después que apagaban la música estridente para tapar nuestros gritos…

Está el otro silencio ese que descansa, que alivia, hoy cuando se baja el volumen de alguna radio, porque aún hoy no tolero la música alta. Sin quererlo trato de oír, no se hoy qué, por detrás de ella. ¿Los gritos? Los que aún están ahí sin calma. Aún están ahí.

El silencio, el que se  creó aquel 11 de setiembre de 1980 cuando se colgó en Punta de Rieles toda ropa negra en la cuerda para anunciar que Gladys Yánez había muerto asesinada, en prisión.

El silencio que me inundó cuando mi madre me dice, que mi padre murió solo en un hospital y que alguien lo enterró no sabe donde, delante del Pajarito Silveira (quien había autorizado visita de 15 minutos, 5 días después) aquel febrero de 1978. Un silencio sin remedio, sin lágrimas ni lamentos. Lleno de odio, acusador porque me dolió más la vida de mi padre sentenciada, igual que otros millones de pobres a vivir y morir simplemente sin saber porque. Pero su muerte también dolió y el silenció ese día lo escondió ante el represor.

En fin, los silencios.

Silencio procede del latín silent?um y hace referencia a la abstención de hablar o a la ausencia de ruido.

El silencio lleva mochilas, cargas dramáticas, como el silencio por el cual se opta cuando un patrón te despide, cuando alguien te acosa laboralmente o sexualmente y callás. Infinidad de razones hacen que se instale el silencio como existencia que perpetúa los abusos. Es el silencio propagado milenariamente, aprendido en el claustro, ese que solo preserva una vida miserable llena de miedos y cortapisas.

Hay los que sienten contrariamente que no hay nada más relajante que el silencio de la montaña, el silencio de los bosques, el de la noche mansa y estrellada a orilla del Río de la Plata…

Esta el silencio omertá de los militares, su escudo muralla para resguardarse de los juicios y condenas. Más aún hoy que desde el poder de los grandes medios de comunicación y el silencio cómplice o interesado de muchos, cabe hasta dar lugar a la traición y los traidores como Amodio.

Se va legitimizando la voz putrefacta que desde Domingo Arena reproduce Búsqueda cada semana, la voz del ex Coronel  Ernesto Ramas hablando de la dignidad y ejemplaridad del recientemente muerto, torturador y violador, Carlos Calcagno y la voz del impune teniente general (r) Fernán Amado.

Está el  toque militar que ordena el silencio a la tropa al final de la jornada, el que esperábamos en los calabozos para saber, sin almanaques que habíamos resistido un día más. Ese silencio plagado de mensajes que hoy pocos historiadores recogen, para guardar un silencio que consagra las historias oficiales de los vencidos hoy triunfadores.

 Sí creo, que el silencio puede ser una renuncia, o una rotunda oratoria.

Por otra parte, dicen del silencio que solo es la disminución o falta de ruido en un determinado entorno o momento.

En música, el silencio es un signo que indica la duración de una pausa. Todas las notas musicales tienen su propio silencio, para luego retomar con más fuerza los sonidos. Pero siempre estos silencios son rotos por la nota musical siguiente.

En esta búsqueda de aprender encontré el diccionario lingüístico, de Terreros, de 1786 quien define el término silencio como: “algo relativo, opuesto al ruido, bulla, grito, tumulto y habla; al que se añaden los correspondientes términos equivalentes en otras lenguas. Por ejemplo:

Silentium: Termino para el significado principal “más arriba”. También indica la divinidad del paganismo

Silentium praescritum: se dice entre religiosos de la regla de guardarse a ciertas horas.

Silentium, loquendi prohibitio, inhibitio: prohibición de hablar o decir “alguna cosa”

Taciturnitas: falta de reclamar, responder, o quejarse de algo

Sedatio, tranquillitas, pacatio: se entiende también, figuradamente, como tranquilidad, paz

Siete, tace: especie de interjección que se dice cuando se va relatando algún caso, y concibe inconveniente, que se sepa

Concubium: el silencio de la noche, el tiempo en que todo duerme

Y dicen algunos de este diccionario: “Es una mirada etimológica del silencio, en el que su significado siempre esta asociado a la ausencia de algo, el significante tiene referencia con otro que no esta, no es presente y lo fue en el pasado, no se oye.

La palabra silencio, le entrega un sentido de relato a la palabra, al mencionar algo que no esta, pero que en algún momento estuvo, haciendo de éste, una imagen y otorgándole un sentido de paso de tiempo.

Estamos frente a una palabra viva como todas, pero ésta, tiene en su origen, un movimiento permanente, al tener como referencia, otro inexistente en el presente, pero no en el pasado ni en el futuro.

Entonces, de este significado surgido de la etimología de la palabra silencio, podemos desprender el sentido de religiosidad del tema, que lo introduce en un terreno subjetivo, concerniente a sensibilidades culturales. Sin duda que el silencio es el inicio o el fin de ese algo”.

El fin de ese algo, pensó alguien en  1786…El silencio de los 20 de mayo ¿es un fin? ¿De qué? ¿O es el comienzo de algo?

Tal vez fin y comienzo…tal vez el fin de una apatía  de participación hace 18 años o el comienzo de una  etapa de búsqueda “contenida” de la verdad, de la justicia. Tal vez hoy el grito se esté abriendo paso para estallar y romper la mordaza de un control social amparado tras la idea de un ritual inalterable.  

¡Y si estarán presentes tantos ausentes en estos 18 años de marchas! Los desaparecidos, los asesinados.

Todos, todas las que se mueren cada día y se recuerda con ellos los años que les acortó la tortura y la cárcel prolongada.

Me pareció una reflexión que cuestiona nuestra cultura, poderosas palabras para mirarnos.

Conveniente o inconveniente, para explicar o abrir más enigmas acerca de cómo mirar más hondamente: el ruido de cacerolas y latas después de ésta 18º marcha del silencio y no caer en simplemente guardar silencio sobre lo sucedido o condenar ese grito confinado por 18 años.

Sería bueno ¿no? pensar cuál será la nota musical que le sigue al silencio, para derrumbar la muralla de la impunidad. 

Ir.

23 de mayo 2013