Si mencioné a un pensador y actor político del siglo XX fue exclusivamente porque una cita suya fue introducida en el debate sobre el Uruguay de hoy en la red de “zurdatupa”. Sólo quise responder, sin juzgar la cita en sí, haciendo énfasis en las diferencias entre 1940 y la coyuntura en la que vivimos. Insistí también en la diferencia entre la situación electoral de Chile 2013 y la de Uruguay 2014.
En cuanto al voto en blanco, no creo haber hablado con ambigüedad. El hecho de participar o no en una elección en un marco electoral sesgado a priori, controlado en gran medida por el Poder y su institucionalidad (evito usar categorías clásicas) no es tema de principios sino de utilidad o no para la causa popular. A veces la política deja de ser ciencia para ser arte, y el arte siempre es mejor juzgado a largo plazo que por los contemporáneos
Por ello, antes de clasificar a la gente por la intención de voto, divido a los actores políticos en relación a la gran contradicción que enfrenta nuestro destino: oligarquía entreguista, gerente del saqueo trasnacional y la opresión social, o proyecto popular
Del primer lado están LAS CÚPULAS del PC, el PN, el PI y el FA (incluyendo sus falsos recambios) junto con la Virreina Sra. Reynoso y las burocracias corruptas… más algunas ONG que operan de bomberos solapados de las luchas sociales y ambientales.
Del otro lado está LA MAYORÍA DE LA BASE FRENTEAMPLISTA, los votoanuladistas, la gente que pelea en gremios urbanos y rurales para detener el saqueo y la injusticia, y, en el frente político, la UP-AP y otras organizaciones menores.
Sobre Chile sólo dije que, desde aquí, la situación es más difícil de leer y creo que objetivamente es más compleja, y que por lo tanto parecía haber más argumentos para votar en blanco o abstenerse, aunque tampoco afirmé (sería un atrevimiento) que esa era la mejor opción.
Dentro de la misma UP-AP hay matices en la valoración de la importancia de esta contienda electoral 2014 en la que todos estamos; pero la reacción desde el Poder con el muro del silencio autoritario que nos rodea, las calumnias oficialistas y la presión indebida (y el chantaje afectivo y económico) que se ejerce sobre la gente que se nos acerca en los pueblos chicos y los asentamientos, son una señal más de que un poquito de miedo ya nos tienen
En la interna hemos aprendido a convivir, a compartir los magros recursos y a confiar mutuamente entre los integrantes de los nueve grupos políticos (¡tan desiguales hasta en tamaño!) y los militantes no sectorizados.
Sentimos que vamos bien y que vamos a dar una batalla importante