Boris Kagarlitsky
Publicado en la revista española Sin Permiso
En la Casa de los sindicatos en Odessa murieron el 2 de mayo más personas que durante varios días de combates en el Donbass, aunque en Kramatorsk ese mismo día las fuerzas del gobierno ucraniano se lucieron matando a 10 residentes locales desarmados que habían tratado de bloquear la ruta de acceso de varios vehículos blindados.
Es evidente para todos que la catástrofe en Odessa se ha convertido en un punto de inflexión en la historia de la guerra civil que comenzó cuando las fuerzas del gobierno ucraniano atacaron Slavyansk y otras ciudades que habían izado la bandera de la república de Donetsk
Inevitablemente, la ferocidad en ambos lados se incrementará; la escalada de violencia y la división del país son inevitables. Pero no sólo en Ucrania los acontecimientos del 2 de mayo han representado un punto de inflexión para la opinión pública. También es aplicable a Rusia
Las guerras civiles están siempre acompañadas de un embrutecimiento de la sociedad, y no hay razón para afirmar que en Odessa los tristemente célebres "activistas pro-rusos" y los partidarios de la federalización fueran admiradores de Tolstoi y Gandhi. Sin duda, hubo personas que blandían armas y dispararon durante los enfrentamientos callejeros entre los grupos contendientes; incluso testigos partidarios de las "auto-defensas de Euromaidan" reconocen que hubo armas en ambos lados. La única discusión es quién disparó primero
Muy posiblemente, el primero en apretar el gatillo fuese alguien de los manifestantes "pro-rusos". Pero en lo fundamental ¿qué cambia eso? Hubo gente que luchó en las calles, y quemaron a otras personas en la Casa de los Sindicatos. Después de varias horas de "batallas feroces de la calle", si hemos de creer a los informes disponibles, el 5 de mayo, hubo cuatro o cinco muertos por ambos lados (lo que quiere decir que no se utilizaron armas de fuego de verdad, porque de lo contrario el número de muertos hubiera sido mayor). Según las cifras oficiales había más de 40 cuerpos en la plaza Kulikova [en frente del edificio sindical, NdT], y de acuerdo a las extraoficiales más de un centenar. La oficina del fiscal de Ucrania se vio obligada a admitir que no se encontraron armas en la Casa de los Sindicatos
Las revoluciones, los conflictos civiles y los disturbios masivos siempre van acompañados de una serie de excesos. Por esa razón, cuando criticamos el Maidan ucraniano, no discutimos actos específicos de violencia, sino la naturaleza política del movimiento, su ideología, líderes y fuerzas motrices. Hemos tomado nota de las personas que utilizaron al movimiento a su favor, y discutimos la cuestión de adónde conduciría al país su programa. Desde el principio, sin embargo, era obvio que las acciones de las "multitudes Euromaidan" claramente superaron las normas de "fuerza aceptable" compatibles con una sociedad moderna. En los últimos tiempos hemos visto numerosas revueltas y manifestaciones masivas en varias partes del mundo, pero antes de Euromaidan a nadie se la había ocurrido lanzar cócteles molotov directamente a la gente. Los anarquistas europeos han quemado los vehículos blindados de la policía y han lanzado cócteles molotov contra edificios vacíos, bancos cerrados y edificios de oficina, sabiamente abandonados por su personal. Pero nadie había intentado prender fuego a la policía de pie en un cordón, o a un edificio con gente dentro. No paso ni durante la "primavera árabe", en Túnez o Egipto
Sin embargo, la violencia espontánea durante unos enfrentamientos callejeros es una cosa, pero los actos de venganza, permitidos y aprobados por las autoridades y justificados mediante la propaganda, son algo muy diferente. Tales fenómenos son la marca distintiva de un movimiento político totalitario y de su ideología. Mientras que un movimiento democrático condena tales excesos y se esfuerza por superarlos, el fascismo los eleva al heroísmo, lo que justificándolos e incluso institucionalizándolos. Eso es lo que vimos en Odessa, el 2 y 3 de mayo.
Junto a las acciones de las "pogromistas" hubo represión por parte del Estado. Inmediatamente después de la quema de la Casa de los Sindicatos, cientos de activistas del movimiento anti-Maidan de Odessa fueron detenidos, mientras que no se han conocido detenciones de los participantes en el pogrom. El gobernador de la provincia de Odessa, Vladimir Nemirovsky, habló de la "legalidad de las acciones de los partidarios de Euromaidan". Describir al gobierno de Kiev como fascista en base a los hechos de febrero o marzo 2014 fue un tanto prematuro. Pero cada día que pasa, su naturaleza es cada vez más evidente: si bien algunas personas puede que se hayan precipitado en su caracterización del bloque de nacionalistas, radicales derechistas y neoliberales que ha tomado el poder en Ucrania, sin embargo, estas caracterizaciones parecen confirmarse
Es suficientemente atroz recordar a los activistas que murieron quemados o por inhalación de humo en la Casa de los Sindicatos; que fueron golpeados en el suelo fuera del edificio; que fueron ejecutados a tiros después de la "limpieza" del edificio por los exultantes partidarios del régimen de Kiev; o que, después de sufrir heridas y quemaduras, fueron detenidos por la policía. No menos terrible, sin embargo, ha sido la reacción de los partidarios ideológicos de las actuales autoridades ucranianas, las personas que han llenado los informativos con gritos de triunfo
¡Ojalá fueran solo políticos de la extrema derecha ucraniana y propagandistas oficiales! Pero miembros de la intelectualidad de Moscú y Kiev, gente encantadora en su vida cotidiana, han publicado en Internet informes encantados con este asesinato en masa. Y más tarde, con el mismo entusiasmo, han llegado a publicar una amplia gama de teorías conspirativas, contradictorias entre sí, pero que conduce invariablemente a una sola conclusión: los culpables de las muertes no fueron las personas que comenzaron los incendios y llevaron a cabo la matanza.
Las paredes quemadas de la Casa de los Sindicatos todavía no se habían enfriado, y ni un solo cadáver se habían identificado, cuando empezamos a ser informados de que no había nadie de Odessa entre las víctimas, que todos los muertos eran rusos o de la región de Transdnistria. ¡Qué excusa tan maravillosa para justificar el exterminio de seres humanos! Incluso las personas que compartían esta lógica anti-humanista deberían, como mínimo, reconsiderar su opinión sobre los acontecimientos cuando se reveló que las víctimas del pogrom fueron de hecho gentes de Odessa. Pero ¿alguien ha pedido disculpas por la difusión de esta mentira, o reconocido que estaban mal informados? ¿O simplemente publicó otra información, más precisa? No, tan pronto como una de las versiones se desmentía, los responsables ponían en circulación otra similar. Así hemos sido informados que las víctimas del pogrom fueron los que prendieron fuego al edificio, que no permitieron que se les salvara o que por alguna razón se escondieron en la Casa de los Sindicatos deliberadamente con el fin de provocar un ataque. Y otras muchas versiones en el mismo sentido
Por supuesto, de ninguna manera se puede colocar en la misma categoría a los blogueros que se sientan delante de sus pantallas de ordenador y las personas que lanzaron los cócteles molotov contra otros seres humanos. Sin embargo, cuando se otorga a la violencia aprobación pública se está alentando su escalada. Las alabanzas acríticas a Euromaidan crearon el ambiente psicológico y político que hizo posible la tragedia de Odessa. Los intelectuales que han defendido y justificado los asesinos han terminado por estar del mismo lado que quienes los han cometido, permitiendo nuevos crímenes
La guerra civil no sólo se desarrolla en Ucrania. Rusia también está siendo arrastrada a ella. Hasta ahora sólo en forma de debate público, y al nivel de las palabras. Pero como los acontecimientos en Ucrania han demostrado, las palabras se transforman fácilmente en actos. Las palabras pueden tener el efecto de eliminar las inhibiciones morales, psicológicas y culturales. Y quienes las pronuncian descubren hasta qué punto son sólo cuando ya es demasiado tarde, incluso para ellos mismos.
Boris Kagarlitsky fue diputado del soviet de la ciudad de Moscú entre 1990 y 1993 y actualmente es director del Instituto de Globalización y Movimientos Sociales (IGSO) en Moscú.
Traducción para sin permiso Enrique Garcí
enviado X Fernando Moyano
Ucrania -
Después de Odessa, "seguir siendo humanos", es un programa político
Ilya BUDRAITSKIS
05 de mayo 2014
En los dos días que han pasado desde los acontecimientos trágicos en Odessa, hemos escuchado docenas de versiones de lo sucedido. Y todas estas versiones han estado, de una manera u otra, a la búsqueda de una "mano invisible" que envió a dos grupos armados de manifestantes a entrar en conflicto unos con otros, y empujó a uno de ellos al matadero, en la Casa de los Sindicatos.
La mayoría de estas versiones - de la de Kiev oficial a la de los propagandistas rusos - señalan a la policía local, que de una manera consciente y organizada se abstuvo de cualquier intento de evitar la creciente violencia.
Estas versiones de los hechos como regla, ofrecen un "escenario" de motivos, que trabaja en favor de uno u otro lado: para Yulia Timoshenko [ex primer ministro ucraniana] sabotear la elección presidencial del 25 de mayo con el fin de garantizar su propia victoria en el futuro; para el gobierno de Kiev intimidar a los "separatistas" y responsabilizarlos por el baño de sangre; el gobierno ruso se mostrará más que convincente en desacreditar a los partidarios de la "junta" de Kiev; el ex presidente Yanukovich empujar a Rusia a una abierta intervención militar.
En cierto modo, cada una de estas versiones suena convincente para nosotros - la gente de Rusia y Ucrania - porque sabemos que ninguna de las fuerzas mencionadas se detendría en la realización de cualquier delito a fin de lograr sus fines. Esta disposición a hacer víctimas a los propios ciudadanos siempre fue una condición necesaria para la selección de los miembros de la élite postsoviética
En esa élite, no hay nadie, nadie en absoluto, que sea moralmente incapaz del asesinato en masa
Pero lo que pudiera haber sido la intención inicial de quien organizó la tragedia Odessa, habrá de tener- o, más seguramente, ya tiene - otra consecuencia: la lógica de la guerra civil se ha desatado, y en la actualidad es casi imposible detenerla. En el último mes - con su expectativa de las operaciones militares, la ocupación de los edificios, la toma de rehenes, las escaramuzas locales en Donbass - muchas personas, sin embargo, mantuvieron la tímida esperanza de que todo el proceso estaba siendo manejado por alguien, y que eso significaba que podría ser detenido.
La base de esa esperanza no es la voluntad de Putin, las potencias occidentales o el gobierno de Kiev -, sino el hecho de que la mayoría de los ucranianos simplemente no están preparados a matarse unos a otros
Pero recordamos la historia no tan lejana de la década de 1990 [en Bosnia] con esa sensación terrible de que se está cruzando la raya: vecinos amigos, "pueblos soviéticos", que durante décadas habían olvidado las divisiones entre sí de "enemigos" y "amigos", de repente, a los pocos días, pierden las características humanas y se convierten en bestias absolutas, tomando existencia real eso que solo se conocía en las películas patrióticas sobre la invasión fascista.
Fue así como, después de que se planteó la cuestión de la "lengua del Estado", la guerra de Transnistria comenzó. Fue así como los serbios y los croatas llegaron a un punto de no retorno, en ese famoso partido de fútbol en Split. Todo esto es demasiado bien conocido como para no entender que los perdedores en estas guerras son todos, sin excepción. La venganza de las primeras víctimas sólo produce otros nuevos - y proporciona la base para los nuevos actos de represalia. Este es el resultado más terrible de los acontecimientos de Odessa: para ambas partes se ha hecho cualquier acto de venganza, incluso el más brutal, algo justificado e inevitable.
En las llamas que estallaron en la Casa de los Sindicatos no era difícil ver las profundidades de la barbarie en la que Ucrania podría hundirse fácilmente. Profundidades, cuya extensión no parece ser plenamente comprendida por uno solo de los hijos de puta que montaron la coreografía de los enfrentamientos del 2 de mayo.
No hace mucho tiempo, la demanda de "seguir siendo humanos" habría sonado como un deseo completamente abstracto. Ahora, después de la masacre de Odessa, se ha convertido en un programa político.
(Ilya Budraitskis es un historiador ucraniano actualmente residente en Moscú, vinculado al trotskismo hace uno años, luego integrante del Movimiento Socialista Ruso)
enviado Fernando Moyano