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"Más Que Deudores Recalcitrantes, Somos Pagadores Seriales"

Fondos buitres: el Gobierno prueba su propia medicina

Por Gabriel Solano

Los gritos de los corifeos oficialistas que se escuchan en estos días apuntan a ocultar que los fallos contrarios a la Argentina emitidos por la Justicia de EEUU se inspiraron en las propias medidas del gobierno nacional. Después de todo, la orden para que se le pague el 100% de la deuda a los “fondos buitres” copia el modus operandi que Kicillof y Cristina Kirchner siguieron para resolver el litigio con el Club de París, Repsol y los juicios en el Tribunal Arbitral del Banco Mundial (CIADI).

En todos estos casos el gobierno reconoció el 100% de la deuda reclamada y hasta más. Con el Club de París, debido a la capitalización de intereses usurarios, la deuda reconocida por Kicillof pasó de U$s 5.000 millones en el 2001 a más de U$S 9.000 millones 13 años después; o sea que nuestro soviético ministro reconoció no el 100 sino el 180% de la deuda original. Con Repsol, por su parte, como ya ha sido ampliamente difundido, los intereses otorgados al monopolio vaciador de nuestros recursos naturales son propios de países en bancarrota

Se deduce, entonces, que la Corte Suprema de EEUU le acaba de aplicar al gobierno su propia medicina. Es por eso que el final de esta historia no tiene mayor suspenso: se seguirá el modelo ya aplicado con el Club de París y Repsol. Concretamente esto significa que el kirchnerismo pagará el 100% de la deuda reclamada por los buitres, mediante la emisión de nuevos títulos

Resta por saber, eso sí, si habrá además un pago en efectivo o no. Si como se prevé, los buitres que no fueron alcanzados por el fallo reclaman un trato similar, la nueva deuda a emitir rondará los U$S 15.000 millones de dólares, más los intereses que se pacten.

Pero este nuevo salto enorme de la deuda difícilmente termine los litigios en la materia. Ocurre que debido a la cláusula RUFO (de acreedor más beneficiado) diseñada por dupla Kirchner-Lavagna, los bonistas que ingresaron al canje 2005 y 2010 deben recibir los beneficios extras que el gobierno pacte con los buitres. Los K se consuelan argumentando que como dichos beneficios son otorgados por la imposición de un fallo judicial y no por propia voluntad, la cláusula Rufo no debe ser aplicada. Quieren hacer de su sometimiento un argumento legal. Sin embargo eso no lo decidirá Kicillof ni Cristina, sino la Justicia de EEUU, que es la que recibirá las demandas de los bonistas. Y la Justicia yanqui, como ya hemos experimentado en carne propia, no es muy amiga nuestra que digamos. Pero aquí la responsabilidad del gobierno es también indisimulable: ¿O no fue Néstor Kirchner quién emitió deuda bajo la jurisdicción de los tribunales extranjeros, haciendo suya la metodología colonial iniciada en 1976 por Martínez de Hoz?

¡Desendeudamiento las pelotas!

Cuando Kiccillof firme la capitulación ante los buitres en el despacho del decrépito juez Griesa la deuda pública Argentina pegará un nuevo salto y se acercará a los U$S 300.000 millones. ¡Será la más alta de toda la historia!

La farsa del relato del desendeudamiento no podrá ser sostenida ni por nuestro coordinador del pensamiento nacional, el sofista Forster. Recordemos que luego de finalizada la reestructuración de la deuda en el año 2005 el gobierno anunció que ésta se había reducido a U$S 125.000 millones. Pero la `quita` tan publicitada simplemente no existió. El Cupón PBI que se entregó como premio a los bonistas sirvió para compensar con creces la `quita`; y aún quedan por pagar por dicho Cupón unos U$S 20.000 millones. Lo cierto es que desde el 2005 a la fecha la deuda se incrementó en un 150%. Y esto ocurrió aunque en ese lapso, según la propia presidenta, pagamos más de U$S 180.000 millones. La conclusión es inapelable: más pagamos, más debemos.

En el medio, eso sí, cambió la composición de la deuda. Una parte considerable de la misma fue transferida de los grandes usureros internacionales a la ANSES y al Banco Central.

El resultado fue el previsible: el Banco Central está quebrado (su patrimonio es negativo) y la ANSES está llena de papeles del Estado, mientras el 80% de los jubilados cobra la indigna cifra de $ 2.730. En sus discursos en cadena nacional Cristina Kirchner suele no tomar esta deuda en cuenta, delatando su objetivo de no pagarla. De ocurrir esto el default lo tendríamos al interior de propio Estado. Y las consecuencias serán gravosas: un Banco Central quebrado es sinónimo de una moneda devaluada; un ANSES desfinanciado de jubilados empobrecidos. Ni más menos lo que tenemos ahora.

El nuevo crecimiento de la deuda que creará el gobierno del desendeudamiento tendrá consecuencias muy negativas para el país. Por lo pronto, y de manera casi inmediata, veremos producirse una nueva devaluación de la moneda, mayores tasas de interés e índices de inflación. De ahí a la caída del consumo y de la producción hay sólo un paso. Los despidos y las suspensiones que están creciendo como hongos después de la lluvia también tendrán un salto exponencial. Las bravuconadas típicas de la Triple A de los burócratas sindicales contra la izquierda se explican por esta situación. Saben que están en caída y no tienen red.

Una nueva crisis

El kirchnerismo termina sus días como los gobiernos anteriores. Todos tuvieron su crisis de deuda, que los llevó al cadalso. Fue lo que le ocurrió a la dictadura en 1982, a Alfonsín en 1989, a De la Rúa en el 2001 y ahora a nuestros “nacionales y populares”. Pero entre crisis y crisis la deuda siempre siguió un camino ascendente, aunque en el medio de fugaron en concepto de pago centenares de miles de millones de dólares. Pasamos de los U$S 8.000 millones de 1976 a los U$S 300.000 de la actualidad. Semejante salto no es el resultado de préstamos invertidos en infraestructura o producción, sino la capitalización de intereses sobre intereses, más la estatización de la deuda privada –de la burguesía nacional que siempre reclamó ser reconstruida.

Existe una idea vulgar en danza, basada en afirmar que no importa el stock de la deuda sino su relación con el PBI. Quienes repiten como loros esta mentira grande como una casa no saben ni qué es la deuda y mucho menos qué es el PBI. La trampita aquí es vieja: en los momentos de crecimiento económico la moneda local tiende a revaluarse sobre el dólar, por lo que el PBI medido en la moneda de EEUU parece alto. Pero cuando viene la crisis y la devaluación, el PBI se reduce en dólares mientras la deuda queda constante o incluso se incrementa. El ratio deuda/PBI pasa así, de un momento a otro, de un 40% a un 100%. A esto le sigue el default, caída de gobierno mediante, y luego un nuevo ciclo de endeudamiento.

Por qué no pagar

La salida a esta situación es comprender que el pago de esta deuda usuraria es incompatible con el desarrollo del país

 Lo prueban, por la negativa, los gobiernos que se han empeñado en pagarla e indefectiblemente terminaron en default. Por eso el debate de pagar o no pagar es engañoso: ¡no lo pueden hacer ni quienes quieren hacerlo! Sólo que terminan en default luego de haber dilapidado decenas de miles de millones de dólares e incrementando, otra vez, la deuda.

Los que rechazan nuestro planteo de repudio de la deuda usuraria argumentan que Rodríguez Saa declaró el default y nos condujo a una crisis de proporciones. Pero este argumento es falaz. No repara que la declaración de default no fue un hecho soberano para lograr un desarrollo independiente, sino que era la confesión de una bancarrota que impedía pagar. El gobierno kirchnerista que le siguió se encargó de rescatar esa deuda que había sido pulverizada y abrir un nuevo ciclo de endeudamiento. Ese ciclo, justamente, nos lleva ahora a una nueva crisis.

Otro de los argumentos que esgrimen los que rechazan el planteo de repudiar la deuda ilegítima es que “necesitamos financiamiento internacional”. Pero ese financiamiento ha dado lugar a un desarrollo parasitario. Ha servido para financiar la fuga de capitales; o una “apertura económica” que convirtió al país en mera importadora de mercancías; o gastos en pesos, siendo las divisas conseguidas desviadas al Banco Central para el pago de la deuda precedente.

Una salida

La historia nacional refuta a los defensores del “financiamiento internacional”. Las etapas de mayor desarrollo del país, y cuando más se desenvolvieron las fuerzas productivas, fue en los momentos históricos de mayor aislamiento. Lo prueba, por ejemplo, la crisis del 30`, cuando la caída de los precios internacionales de los productos primarios llevó a la necesidad de sustituir importaciones, desarrollando ciertas ramas de la industria. Los pejotistas de hoy debieran saber que de ese proceso nació el peronismo.

La salida al atraso nacional requiere otra estrategia. Por su estructura económica Argentina tiene un tercio de su PBI para ahorro e inversión. En números actuales esto equivale a unos U$S 150.000 millones. Este enorme ahorro nacional, sin embargo, se fuga por un sistema financiero manejado por la banca internacional y sus socios nacionales, y por un comercio exterior monopolizado por algunos pulpos yanquis y europeos. Una banca nacional única, sumado al monopolio del comercio exterior puede transformar ese tercio del PBI en una palanca para el desarrollo del país.

Claro que una medida de este tipo supone una transformación social integral. Es una tarea que le queda grande tanto a los Kirchner, como a los que se anotan para la sucesión dentro del campo patronal, se llamen Scioli, Macri, Binner, Cobos o Sanz. La burguesía nacional y sus representantes políticos han fracaso de crear una nación industrializada e independiente.

Toda la estrategia política del Partido Obrero se basa en este balance histórico. El desarrollo del país, de su industria e infraestructura sólo podrá provenir de un gobierno de los trabajadores que aplique un programa anti-capitalista.