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SOBRE RUSIA ? TEXTOS 21

EL PAÍS DE LA MENTIRA DESCONCERTANTE 

de ANTE CILIGA

 

PREVIO: Sobre algunos comentarios recibidos

Recibo muchos comentarios favorables a la publicación de estos textos. Casi todos esos comentarios me insisten en hacer más explícita la relación de estas publicaciones con la actualidad, me llaman a denunciar la complicidad histórica de la izquierda europea y latinoamericana con el leninismo, el estalinismo, el trotskismo… y a explicar mejor la significación ACTUAL de esos materiales. En particular me llaman a dejar más claramente establecida la relación con la izquierda burguesa actual, denunciando a intelectuales que fueron fundamentales en la conformación ideológica del pensamiento de la izquierda burguesa latinoamericana y que han hecho la apología de Stalin y el estalinismo como Antonio Machado, Nicolás Guillen, Miguel Hernández, Rafael Alberti… o políticos como Salvador Allende, Fidel Castro y otras vacas sagradas. Hay compañeros que también insisten en casos particulares pero todavía más próximos a nosotros de estalinismo implícito como el caso del compañero Daniel Viglietti que, hasta dedica una canción a un gran torturador y desaparecedor estalinista como Julián Grimau.

Claro que lo importante no es ese error de Daniel esa supeditación inconsciente al estalinismo que lo lleva a hacer la apología de un asesino de nuestros compañeros…, sino poner en evidencia que el estalinismo bajo la forma de leninismo y de trotskismo (porque ahora ya nadie se anima a decirse estalinista) sigue presente entre nosotros, que sigue siendo la clave de la ideología contrarrevolucionaria de la izquierda. Sin lugar a dudas la clave de la ruptura revolucionaria es y será la ruptura total con el mito de los países socialistas (o Estados obreros). Pese a quien pese, el socialismo nunca podrá coexistir con la sociedad mercantil, ni puede existir en un país. Ahí está la clave de la revolución futura: la abolición del valor

Ricardo

JUICIOS POLÍTICOS, LUCHAS INTERFRACCIONES

Y LAS INCONSECUENCIAS DEL TROTSKISMO

Ciliga cuenta y denuncia los juicios políticos hechos por el Estado. Pone al desnudo los intereses fraccionales de la clase dominante y sus criminales luchas, denunciando las puestas en escenas fabricadas por el poder, así como las falsas acusaciones, y leyendas de todo tipo. Los fiscales y acusadores se transforman en acusados y presos, los victimarios quedan en la cárcel a la merced de sus víctimas.

Ciliga subraya las inconsecuencias del trotskismo (¡y del mismo Trotsky!) que nunca llega al fondo y  hace todo tipo de equilibrios intelectuales y psicológicos para seguir alcahueteando al régimen social y político bolchevique. Su dependencia de la política de los jefes individuales (Lenin, Trotsky y el propio Stalin) ¡No hay ruptura real ni con el capitalismo, ni con el leninismo, ni con el estalinismo, ni siquiera con el mismo partido y Estado bolchevique que los reprime directamente! Ciliga subraya que por más que insulte al individuo Stalin, el trotskismo es sumiso a Lenin y a Stalin y que considera la crítica clasista como “obra del demonio”. ¡Y Trotsky seguía con su oposición a su majestad! Sus críticas no llamaban al proletariado a la pelea, sino que iban dirigidas a sus dirigentes! ¡Exactamente como hacen hoy los opositores burocráticos y aparatistas a los gobiernos progresistas y a sus organizaciones! Como ayer éstos son cómplices del capital, del Estado, de la explotación, de la represión, de la impunidad…

Vale la pena subrayar aquí que la lectura de Ciliga en occidente fue un aporte decisivo y sigue siéndolo para la ruptura con el leninismo y por extensión con el trotskismo. Decenas de compañeros en todos los países rompieron gracias a Ciliga con la concepción dominante e iniciaron una verdadera crítica radical de la URSS, ya no como “estado obrero degenerado” sino como crítica al capitalismo y al desarrollo capitalista desde la época de Lenin/Trotsky.

Ricardo

EXTRACTOS

Durante mis primeros meses de estancia en Verkhne Uralsk se produjeron en Moscú los sonoros juicios políticos contra el “partido industrial” de los ingenieros (principios de diciembre de 1930) y el buró de socialistas mencheviques (comienzos de marzo de 1931). El eco de ambos procesos llegó hasta nuestra prisión, y además los condenados en el segundo juicio no tardaron en llegar allí. Hoy casi todo el mundo sabe que las acusaciones eranfalsas. Pero aún es un misterio el sentido que tuvieron ambos procesos. En el extranjero no entienden cómo se puede hacer una puesta en escena como la de los juicios de 1930-1931 y 1936-1937, sangrientas y humillantes ofensas a la dignidad humana.

Los extranjeros que tratan de resolver este enigma echando mano a la psicología individual tampoco logran ningún resultado. Los que apelan a la psicología colectiva en general, a la psicología colectiva de la sociedad europea o norteamericana, tampoco obtienen mejores resultados. La explicación sólo puede hallarse en las particularísimas condiciones de la sociedad soviética. No es mi objetivo hacer en este libro un análisis completo de estos juicios. Me limitaré a relatar lo que escuché sobre este tema en el medio en el que estaba.

En el primer proceso se acusaba a un grupo de eminentes especialistas soviéticos, con el profesor Ramzine al frente, de haber organizado una vasta red de sabotaje y espionaje para el estado-mayor francés, que preparaba una intervención militar contra la URSS. Los acusados confesaron todo, hasta los detalles más nimios. Según dijo Ramzine, contaban con sustituir el gobierno soviético por un “gobierno de ingenieros”. Los acusados fueron condenados a muerte. Pero el gobierno, “teniendo en cuenta la sinceridad de sus confesiones y testimonios” conmutó la pena capital por diversas penas de reclusión. En Rusia se fusilaba a millares de personas por crímenes infinitamente menores; por eso esta inesperada clemencia parecía tan sospechosa

Nuestros camaradas trotskistas de la prisión parecía que estaban muy desconcertados por este juicio al “partido industrial”. La mayoría prefería guardar silencio.

En prisión se escribía mucho, pero si no me equivoco no se escribió ningún artículo sobre este proceso. Los que se atrevían a hablar de él, tenían unas opiniones completamente disparatadas. Unos decían que el proceso confirmaba todo lo que había dicho ya antes la oposición sobre la creciente influencia de los técnicos burgueses: la clemencia de Stalin demostraba una vez más que había contactos entre ellos. Otros decían en cambio que esta guerra de Stalin contra los especialistas no era más que una nueva manifestación de la “aventura de extrema-izquierda estalinista”, y que en este caso, como en el de la colectivización, había que batirse en retirada. Rakovski, en una carta desde el exilio, era de la misma opinión. En cuanto a Trotsky, que estaba en el extranjero, compartía más bien la primera opinión, pero los que estábamos en prisión no sabíamos cuál era su postura.

Por último había un tercer grupo, del que yo formaba parte, que pensaba que estos procesos no tenían nada que ver con la lucha del proletariado contra los especialistas burgueses, sino que se trataba de la competencia que se hacían dos grupos de burócratas. Lo cierto era que los especialistas estaban descontentos y albergaban secretamente deseos de ver cómo los comunistas se rompían la crisma con el fracaso del Plan Quinquenal, lo cual habría despejado el camino a los ingenieros, que habrían sido llamados al poder.

El resto de las acusaciones eran mentiras y puestas en escena de la G.P.U. Stalin, o mejor dicho la burocracia comunista, necesita desviar la cólera de las masas hambrientas hacia un chivo expiatorio; quiere comprometera sus competidores, los técnicos, y meter miedoa las masas: “Si no nos apoyáis a nosotros, los estalinistas,será peor para vosotros; vendrá de nuevo la guerra,la propiedad privada, los destacamentos de cosacoscon sus expediciones punitivas.” Uno de los acusados,el propio Ramzine si no me equivoco, “confesó” efectivamenteque los “ingenieros” estaban decididos amasacrar al proletariado ruso si fuera necesario.Algunos miembros de la oposición en Moscú quefueron detenidos tras el proceso Ramzine nos suministraronmás información. A Ramzine ni siquiera lehabían metido en prisión tras el juicio, le habían puestoen “arresto domiciliario”, y ni eso era real. Tras seismeses de interrupción por las necesidades de la instruccióndel proceso, o más bien para la puesta en escena,tan pronto como se cerró el proceso, Ramzine retomósus clases en el Instituto de Termodinámica, empezandocon la típica frase de los profesores:

“Nos habíamosquedado en…”Más interesante fue la actitud de los obreros deMoscú durante el juicio. El gobierno estalinista habíalogrado despertar entre las masas, ya enervadas por elhambre, una áspera indignación contra los “ingenieros”.Las manifestaciones obreras en Moscú, que el gobiernoorganizó profusamente, no carecían de una cierta sinceridad:los manifestantes exigían la muerte de los “traidores”,los “saboteadores” y los “espías”. Pero cuando los“confusos” culpables salieron con penas relativamenteligeras y el héroe del proceso, Ramzine, fue puesto enlibertad, las masas, según decían nuestros informadores, no ocultaron su amargura: “Se mofan de nosotros, todo ha sido un teatro”, tal era el sentir del pueblo

 En la prisión poco a poco se fue extendiendo la opinión de que estos procesos habían sido esencialmente tendenciosos. Un significativo pasaje del testimonio deRamzine venía a reforzar esta opinión de que se trataba únicamente de una lucha entre dos grupos concurrentes. Ramzine dijo que su grupo no tenía la intención de abolir la industria nacionalizada y restablecer la industria privada, sino que habría permitido a los capitalistas privados  -extranjeros o rusos, incluidos los antiguos propietarios– participar en cierta medida en la industria estatal. Un año antes, uno de los principales acusados en el proceso a los nacionalistas ucranianos (la “Liga de Emancipación de Ucrania”) había hecho declaraciones análogas sin ocultar sus simpatías por el régimen fascista.

Me parecía perfectamente lógico, desde el punto de vista de los técnicos, que pretendieran que la industria conservara su carácter estatal: en este sistema su importancia social sería mucho mayor que en el sistema de economía privada. De ello se desprendía que la lucha entre comunistas y técnicos no era ni un antagonismo de clases ni una lucha entre dos concepciones económicas opuestas; no erar más que una disputa por el único pastel que había. El hecho de que algunos “ingenieros” simpatizaran con el régimen fascista dice mucho acerca del verdadero carácter de la lucha que enfrenta a los fascistas y los comunistas actualmente.

Pero entonces era fácil comprender el papel que jugaban las manifestaciones obreras. La burocracia comunista las necesitaba para asustar a los técnicos, para demostrarles que a pesar de toda su sabiduría, eran impotentes,pues en cualquier momento podían lanzar contra ellos a las masas. ¿No era mejor someterse a la burocracia comunista y recibir a cambio los privilegios que ésta concedía a los técnicos en perjuicio de las masas?

La suerte ulterior de Ramzine es significativa a este respecto. Según la opinión pública de Rusia, Ramzinehabía desempeñado conscientemente el papel de provocador durante el proceso. Así, al cabo de algunos años, le devolvieron todos sus derechos y le condecoraron con la orden de Lenin, con la excusa de sus méritos científicos. ¡El poder estalinista “no se venga de los culpables, los reeduca”! La puesta en escena y el triunfo de estos procesos son un rasgo característico de la era estalinista. Característico de la sociedad, pero también de los gobernantes. Estos juicios sólo son posibles porque el reinado de un gobierno inmoral coincide con una fase de profunda indiferencia de la sociedad, cansada de móviles desinteresados, cansada de la revolución y que no atiende más que al inmenso desarrollo económico del país. “La  revolución se ha vuelto materialista”, escribió Michelet para caracterizar la fase análoga de la Revolución Francesa.

Al contrario de lo que ocurrió con el proceso al “partido industrial”, a la hora de juzgar el de los mencheviques hubo unanimidad en nuestra prisión: todos pensábamos que se trataba de maquinaciones de la G.P.U. En el intervalo entre ambos procesos, hubo un escándalo en el Partido: se desenmascaró a la oposición de Syrtsov 1/  y Lominadze 2/ Syrtsov era el presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de la R.S.F.S.R. (República Socialista Federativa y Soviética de Rusia). Lominadze era uno de los jóvenes dirigentes más conocidos del partido comunista. Esta oposición destacaba por dos rasgos inéditos. Cultivaba sistemáticamente la “hipocresía” de defender a Stalin en público mientras desplegaba una campaña contra él entre bastidores; por primera vez se formaba un bloque entre la oposición de izquierda y la de derecha. En efecto, Syrtsov, aunque no pertenecía a la oposición de derecha, compartía sus puntos de vista; en cuanto a Lominadze, era uno de esos estalinistas de izquierda que soñaba con un bloque Stalin-Trotsky-Zinoviev.

Pero Stalin no perdía el tiempo. Cuando les invitaron a explicarse, los líderes de este bloque de izquierda y derecha capitularon y fueron relegados a un escalafón inferior de la jerarquía. Stalin aprovechó el incidente para reforzar su posición. Ry?kov fue apartado de la presidencia de los Comisarios del Pueblo de la U.R.S.S. y reemplazado por Molotov, mientras que la dirección de la industria pasó a manos de Ordzonikidze 3/ , amigo íntimo de Stalin. En lo que respecta a los colaboradores cercanos de Syrtsov y Lominadze, se les envió a prisión o al exilio. Uno de ellos, Riutin 4/, antiguo secretario del Comité del partido comunista en Krasnaia-Presnia y uno de los pilares de la fracción de derecha, terminó en nuestro aislador. ¡Riutin en prisión!, el mismo que en 1925-1927, en la época del bloque Stalin-Bujarin contra Zinoviev y Trotsky, había jugado el papel de feroz verdugo del trotskismo, ahora estaba en prisión, junto a sus víctimas, abandonado a su merced. Fue una gran tentación. Pero había llovido mucho desde 1927, y ya no se trataba de alargar la N.E.P., sino de “discutir la aventura de ultra-izquierda” de Stalin. La prisión acogió a Riutin con frialdad pero con calma. Esto quizá significaba que latensión entre la fracción de izquierda y los trotskistas disminuía. Incluso, en ciertos aspectos, se podía hablar de acercamiento. Por lo demás, Riutin no tardó en ser trasladado.

En esta época caí enfermo de reuma, por lo que pude conocer una institución muy importante en la vida de los detenidos: la enfermería de la prisión. Esta enfermería, así como la consulta del médico, estaba en una iglesia secularizada. Los presos caían enfermos a menudo. Los comunistas llevaban generalmente a sus espaldas años de guerra civil y privaciones, los anarquistas y socialistas diez años de prisión, campos de concentración y exilio. Además, la G.P.U. era toda una artista en desquiciar el sistema nervioso de sus víctimas. No hace falta mucho esfuerzo para imaginarse el estado de nerviosismo enfermizo en el que se encontraban los presos. La enfermería no era el único refugio de los detenidos fatigados. También podían descansar entregándose a la literatura, cuando se hartaban de la política. El libro más popular por aquel entonces eran las Memorias de un viejo conspirador bolchevique, trotskista tras la N.E.P., A.K. Voronski 5/ , tituladas “Aguas bravas y ciénagas”. Describía con arte y melancolía la época de los conspiradores bolcheviques en tiempos del movimiento revolucionario de 1903-1917. “Ya nunca volveremos a ver nuestra querida cuadrilla, unida y audaz”. Era toda una generación la que lloraba a su paraíso perdido en estas memorias. El ambiente de oposición de nuestra prisión, a pesar del lenguaje violento que se escuchaba hacia Stalin, era fundamentalmente conservador. Cuando había que criticar al régimen, a la gente le entraba una timidez insospechada. Preferían quedarse con las palabras vacías y las fábulas más groseras antes que ponerse a buscar algo nuevo. Decididamente, era difícil atisbar una diferencia psicológica entre el partido comunista ruso y su oposición…

“¿Cómo?, ¿usted dice que nosotros ya no somos miembros del partido? ¡Razona igual que Stalin!”, exclamaba el simpático viejo Gorlov.

–Veamos –replicaba yo–, ¿cómo vamos a considerarnos miembros de un partido que nos ha expulsado y que ha hecho que la G.P.U. nos meta en prisión? Pero Gorlov seguía pensando que el partido comunista panruso no había dejado de ser “nuestro partido” y que Stalin no era más que un usurpador, ¡un vulgar estafador!...

Esta postura implicaba un aspecto que no era tan inofensivo. Un día que yo estaba alegrándome de que hubiera disminuido la extracción de hulla en el Donbass, según decía el Pravda, dos georgianos miembros de la oposición, Tsivtsivvazde y Kiknazde, me atacaron con violencia: “Nuestro deber es alertar de cualquier signo de debilitamiento del poder soviético. Ciertamente debemos persuadir al partido de que la política de Stalin es nefasta, ¡pero no debemos hacer derrotismo con nuestro propio gobierno soviético!”

Intenté que se calmaran explicándoles que no se trataba de derrotismo, sino que únicamente me alegraba de la resistencia que oponían los obreros del Donbass a la arbitrariedad burocrática. Pero este argumento no les convenció. Cualquier golpe al poder, aunque lo llevaran a cabo los obreros, les parecía un progreso de la contrarrevolución. Además, constaté con inquietud que había una laguna en las cartas y los escritos de Trotsky que nos llegaban a prisión: Trotsky nunca hablaba de organizar huelgas, de incitar a los obreros a que lucharan contra la burocracia, de movilizar a la clase obrera a favor del programa económico trotskista. Su crítica, sus argumentos y sus consejos parecía que iban dirigidos al Comité Central, al aparato del partido. Recordando la caída vertical del nivel de vida de los obreros, Trotsky llegaba a esta conclusión, como un buen patrón que aconseja a la administración: “Ustedes están derrochando el capital más valioso, la fuerza de trabajo”. Para Trotsky el sujeto activo seguía siendo “el partido”, con su Politburó y su Comité Central, el proletariado no era más que un “objeto”.

Señalemos de paso que todas las obras de Trotsky, así como la de los socialistas y anarquistas que aparecían legalmente en la URSS antes de que se prohibieran sus correspondientes organizaciones, no estaban prohibidas y la G.P.U. no se las confiscaba a los presos. Estabapermitido leer en la cárcel las viejas obras de Trotsky, de Plejánov, de Mártov, de Kropotkin y de Bakunin. Pero a partir de 1934 se pusieron a confiscar todos estos libros,aunque eran legales. Las obras de Bakunin que aparecían en esta época bajo la dirección de Steklov, no estaban destinadas al público, sino a un restringido círculo de iniciados.

Las cartas de Trotsky y de Rakovski, que trataban cuestiones que estaban a la orden del día, conseguían entrar en prisión y daban pie a muchos comentarios. No dejaba de sorprender el espíritu jerárquico y de sumisión ante el jefe que impregnaba a la oposición rusa. Una cita de Trotsky tenía valor probatorio. Además, tanto los trotskistas de derecha como los de izquierda daban a estas citas un sentido verdaderamente tendencioso, cada uno a su manera. La completa sumisión a Lenin y Stalin que reinaba en el partido también estaba presente en la oposición, pero con Lenin y Trotsky: todo lo demás era obra del Demonio

Recuerdo perfectamente la carta de marzo de 1930 en la que Trotsky juzgaba el “vértigo del éxito” y la retirada ordenada por Stalin y exponía su propio plan de retirada. En su carta de agosto de 1930 juzgaba el XVI Congreso del partido, que acababa de clausurarse. Una de sus frases: “la preparación del bonapartismo en el partido ya se ha consumado”, se convirtió en la base de todos los razonamientos y todas las tesis de la izquierda. En cuanto a la derecha, pensaba que esta frase no tenía más que un valor retórico sin mayor importancia de cara a la actitud general adoptada por Trotsky. La izquierda sólo atendía el juicio negativo de Trotsky sobre la superestructura política del régimen, la derecha a su juicio positivo acercar de la base social: la dictadura del proletariado y el carácter socialista de la economía. Estas auténticas incoherencias en las posturas de Trotsky dieron lugar a dos grupos antagónicos en el aislador, cada uno de los cuales se aferraba a uno de los dos aspectos de la actitud contradictoria del líder.

En febrero de 1931, Trotsky mencionó rápidamente el éxito económico del Plan Quinquenal, y luego durante aproximadamente un año dejaron de llegar a la prisión los escritos de Trotsky.

Ya he hablado de los escritos de Rakovski. Este no jugaba ningún papel autónomo en la oposición, cuyo único jefe reconocido era Trotsky. A Rakovski sólo se le prestaba atención como representante de Trotsky.

A. Ciliga


1/ Sergei Syrtsov (1893-1937), presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de Rusia entre 1929 y 1930. Arrestado y ejecutado en durante los Procesos de Moscú.

2/ Vissarion Lominadze (1897-1935), comunista georgiano, primer secretario del Partido Comunista de Georgia, a partir de 1929 sus críticas a Stalin le llevan a ocupar cargos de poca importancia en el gobierno soviético y el partido. Se suicida en 1935, en el contexto de la preparación de los juicios por terrorismo a Zinoviev y Kámenev.

3/  Sergó Ordzonikidze (1886-1937), comunista georgiano. Miembro de la que se conoce como “camarilla georgiana” de Stalin, supuestamente se aleja de éste tras el “Caso Riutin”. Será hallado muerto en su domicilio, supuestamente por suicidio.

4/  Martemian Riutin (1890-1937), funcionario del partido y del Estado soviético, defensor del ala derechista de Bujarin a finales de los años 20, contrario a la colectivización forzosa, fue expulsado del partido en 1930 y arrestado durante unos meses. En 1932 es el autor de una plataforma de 200 páginas contra la política estalinista, que desencadena el “Caso Riutin”. Encarcelado desde entonces, será ejecutado durante los Procesos de Moscú, junto a parte de su familia

5/  Alexandre Voronski (1884-1937), editor y crítico bolchevique, es expulsado del partido por trotskista en 1928 y readmitido en 1929 después de capitular. Expulsado de nuevo en 1935 y ejecutado durante los Procesos de Moscú