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Brasil: ¿Quién va a llorar la muerte de Semião Vilhalva?

Fátima Lacerda  

Correio da Cidadania

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa

Casi al mismo tiempo en que el cuerpito de Aylan era encontrado en las arenas de una playa de Turquía, Semião Vilhalva, de 24 años de edad, líder de los guaraní kaiowá en Mato Grosso do Sul, aquí en Brasil, recibía una bala en la cabeza, cuando intentaba retirar de una zona de conflicto a su hijo de cinco años. Pero esa foto no salió en los periódicos.

La onda de solidaridad internacional provocada por la foto del niño Aylan Kurdi, de tres años, ahogado en el Mar Mediterráneo, bien podría extenderse a nuestros guaraní kaiowá. El drama vivido por los kurdos y por los guaraní se asemeja en muchos aspectos.

En 2012, alcanzó la asustadora marca de 863 el número de niños y adolescentes guaraní kaiowá, la mayoría entre 12 y 24 años de edad, que optaron por el suicido, por no soportar el vivir confinados, expulsados de sus tierras, perseguidos y asesinados por pistoleros y latifundistas grileiros (1) de sus tierras.

Según el Consejo Indigenista Misionero, el índice de asesinatos en la Reserva de Dourados era de 145 habitantes por cada 100 mil. En Irak, ese índice era de 93 personas cada 100 mil (datos de 2012, fuente original ONU).

Los guaraní kaiowá, en la época, dejaron una carta-testamento, explicando las razones de los suicidios en serie. Un drama omitido por los diarios, minimizado por los gobiernos, hasta hoy sin solución. Decía la carta:

- No tenemos y ni tendremos perspectiva de vida digna y justa aquí, en el margen del río, ni lejos de aquí. Concluimos que todos vamos a morir. Estamos sin asistencia, aislados, cercados de pistoleros, y resistimos hasta hoy. Comemos una vez al día.

Más adelante, concluía la carta, ante la sentencia de un juez que expulsaba a 170 indios de su propia tierra, favoreciendo a los grileiros:

- Pedimos al Gobierno y a la Justicia Federal que no decrete la orden de despeje/expulsión, sino que decrete nuestra muerte y enterrarnos aquí. Pedimos que decrete nuestra extinción/desaparición total, además de enviar varios tractores para cavar un gran pozo para tirar y enterrar nuestros cuerpos. Este es nuestro pedido a los jueces federales.

El conflicto que cada día se agrava en Mato Grosso do Sul, con un número creciente de indios asesinados por los latifundistas y bandas armadas, se debe en gran parte a la morosidad y blandura de las autoridades municipales, estaduales y federales con los criminales. En el caso de la muerte de Semião Vilhalva, el dedo apunta hacia una decisión del ministro Gilmar Mendes, del Supremo Tribunal Federal (STF).

En diciembre de 2009, se pensaba que el sufrimiento del pueblo guaraní estaba cerca de acabar y la tan soñada “tierra sin males” parecía que se alcanzaba. En aquella fecha, el presidente Lula firmó un decreto, homologando, finalmente, la demarcación de tierras. Menos de un mes después el decreto presidencial fue derogado por el entonces presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), Gilmar Mendes. El proceso continúa en andamiento, algunos ministros del STF todavía no se pronunciaron, pero camina con extrema morosidad. Lo que llevó a los guaraní kaiowá a tomar la decisión de retornar sus tierras.

Incluso después de la trágica muerte de Semião Vilhalva y el destino incierto de su hijo de cinco años, ahora huérfano -¿alguien se acuerda de su nombre?- la violencia contra los guaraní no aflojó. Por el contrario. Del sitio web de la Comisión Pastoral de la Tierra, fue extraído el siguiente testimonio, denunciando la inoperancia de las fuerzas de seguridad que, en tesis, habrán sido enviadas para garantizar la vida de sus familias. En mensajes enviados por teléfono, un líder indígena protestaba: “¿Ellos no estaban para impedir el conflicto”? Para impedir la masacre ¿?”. ¿Cómo, entonces, camionetas se juntaron en bandos, y entraron tirando a matar, y ellos no hicieron nada? Esta Fuerza Nacional está dejando a los hacendados invadir nuestro territorio, se apoderan de las sedes y hacen un cordón contra nuestra comunidad. Están dándole nuestro territorio a los hacendados y a la DOF (Departamento de Operaciones de Fronteira), además de acompañar a los pistoleros, ahora llevan comida para los bandidos que mataron a Semião”.

Reducidos a cerca de 50 mil personas, distribuidas en siete estados brasileros, los guaraní se dividen en tres principales grupos: Kaiowá, Nandeva y M’byá. La mayor parte es formada por los Kaiowá y vive en el estado de Mato Grosso do Sul, donde vienen ocurriendo los conflictos más graves. También hay indios guaraní en Paraguay, Bolivia y Argentina. Kaiowá significa “pueblo de la floresta”. Ellos son dueños de una cultura rica, bastante espiritualizada, aman y respetan la tierra que consideran una fuerza viva.

Como los kurdos, son víctimas de la ganancia, de la intolerancia, del preconcepto y de la violencia. En Brasil actual, la bancada “BBB” (biblia, bala, y buey), infelizmente mayoritaria en el Congreso, es un embrión de Estado islámico, por su radicalismo ciego e inhumano.

Los mercenarios al servicio de los ruralistas, cobijados por el Estado brasilero, tiran balas de goma contra los bebés indígenas. Paradojalmente, la mayoría del pueblo eligió un gobierno creyendo que representaba una esperanza para los oprimidos. Pero el genocidio indígena prosigue ante la omisión y pasividad de las autoridades.

Los mismos que abrieron el corazón y las fronteras a las víctimas de la guerra en Siria, quien sabe si conseguirán mirar para este lado y acabar con el sufrimiento de nuestros niños indígenas, que continúan en la condición de víctimas del mayor genocidio de todos los tiempos.

Nota de Correspondencia de Prensa

1/ Término que designa a los que falsifican documentos para robar las tierras de campesinos y comunidades indígenas