EL PAÍS DE LA MENTIRA DESCONCERTANTE
de ANTE CILIGA
LA REPRESIÓN POLÍTICA EN LA URSS
La descripción que Ciliga hace de la represión política en la URSS a principios de la década del 30, es evidentemente incompleta. No había ninguna otra posibilidad ni adentro, ni afuera de los campos de concentración en URSS, en esos espantosos años, de terror de Estado generalizado. Sin embargo es totalmente suficiente para entender que el triunfo del modelo “socialista” de desarrollo económico de esa época estaba basado en el trabajo esclavo de los campos de concentración y el exilio interno. La cifra oficial de la propia policía política es de ¡37 millones de arrestados (aunque Ciliga y los presos pensaban que esta cifra era exagerada y consideraba que había bastante menos…, entre 5 y 15 millones [1]) ! ¡Todos “culpables” de oponerse al avance del “socialismo”, por supuesto! El viejo sueño de Lenin de la realización de las tareas democrático burguesas en la enorme y “atrasada” Rusia se estaba logrando. La aplicación estricta del modelo alemán de “capitalismo de Estado” que Lenin había defendido, contra las oposiciones revolucionarias y también, contra las de su propio partido, estaba triunfando definitivamente. ¡Hasta las lejanas aldeas siberianas recibían el aporte laboral de los esclavos como Lenin había querido y expuesto en los informes internacionales destinados a los inversores extranjeros! Decenas de millones de seres humanos estaban sometidos a la más imponente de las esclavitudes en función del desarrollo del capital: esa era la verdad de la “patria socialista” de Lenin/Trotsky/Stalin.
Ciliga afirma aquí que fue en 1921 bajo Lenin/Trotsky que se “instauró el régimen de persecuciones sin fin”. Precisamente cuando los bolcheviques consolidan todo el poder e instauran (como dirá Ciliga explícitamente después), la libertad de comercio y de explotación capitalista, conocida como: “nueva política económica”, NEP. Económicamente esa política de Lenin/Trotsky es algo así como lo que la izquierda burguesa llama hoy “neoliberalismo”; y en realidad tampoco tenía nada de “neo”. Por lo tanto no solo es mentira lo que se achacará luego al período estalinista, como si el mismo abriera la represión abierta, sino que la motivación misma de la generalización de la represión contra el proletariado, no tiene ni un ápice de “socialista”; sino que es parte de la “restauración” de todas las categorías del capitalismo clásico (¡en realidad nunca habían dejado de existir; pero con la Nep eran apoyadas por la represión estatal), incluyendo la propiedad privada particular de los medios de producción. Me parece indispensable recordar aquí, que esa propiedad privada particular es complementaria de la propiedad Estatal que, contrariamente al mito marxista leninista, también es privada. En efecto si el Estado es propietario, el proletario, es decir el productor, es privado de sus medios de vida; y debe vender su fuerza de trabajo. En claro, está sometido a la esclavitud asalariada.
Otro rasgo central del terrorismo de Estado y de su naturaleza capitalista queda evidentemente clarito en el relato de Ciliga: la represión es terrible contra el proletariado (obreros, campesinos, desocupados…); en cambio es notoriamente menor con los burgueses, aristócratas, poderosos de antaño y del burócratas del leninismo mismo.
Por último conviene subrayar que toda esa hambruna generalizada creada por el Estado, en base a la separación militar de decenas de millones de seres humanos de la tierra, por la prisión y la deportación, constituía en esa fase de crisis capitalista mundial, la forma en que la clase dominante buscaba salir de ella. El esfuerzo Estatal dirigido a los Grandes Trabajos se estaba transformando en modelo en todas partes: en Estados Unidos (pronto empezaría New Deal), Alemania, Inglaterra… y era el proyecto de todos los partidos que dirigían “las masas”: el nazismo, el estalinismo, el frente populismo, el fascismo, etc. En la Unión Soviética el Estado había querido utilizar la mejor tecnología norteamericana y alemana, pero ofreciendo al capital un precio de la fuerza de trabajo mucho más bajo. Stalin, en base a la esclavitud laboral pretendía un aumento de la plusvalía absoluta y por esa vía, de la tasa de explotación y de ganancia del capital nacional, en la competencia a que el mercado mundial lo sometía. Así se “mostraba” al mundo de lo que era capaz el “socialismo en un solo país” y lloverían las estadísticas triunfalistas sobre el “enorme desarrollo económico socialista”. Como sabremos después, los ganadores serían los que basaban el aumento de la explotación, en el aumento de la plusvalía relativa y el marxismo leninismo también perdería esa carrera.
Ricardo
EXTRACTOS
LA REPRESIÓN POLÍTICA EN LA URSS
La huelga de hambre del verano de 1931 se desarrolló en calma y tuvo un cierto éxito. Era un hecho excepcional en las crónicas de Verkhne Uralsk. Las tentativas de lucha que habían tenido lugar anteriormente, en el verano de 1929 y en febrero de 1930, así como la de diciembre de 1933, que mencionaré más tarde, fueron reprimidas por la fuerza.
Estaría bien que el lector se hiciera una idea general de la represión política que asolaba la URSS: las detenciones de comunistas de la oposición no representan, en realidad, más que una etapa más de dicha represión. Los comunistas, en suma, eran las víctimas del régimen que ellos mismos habían instaurado. La revolución había empezado destruyendo a sus enemigos, los burgueses y terratenientes, luego siguió con sus aliados socialistas y anarquistas, y para terminar se puso a golpear a sus propios hijos, los comunistas.
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No me sorprendió saber que el régimen penitenciario de Verkhne Uralsk no había dejado de empeorar desde hacía algunos años. Los socialistas a los que habían encarcelado allí por primera vez en 1925 me contaban que antes las celdas se quedaban abiertas durante el día, de manera que los presos podían visitarse, ir a pasear al patio cuando les apetecía y celebrar reuniones allí. Eran los propios presos quienes organizaban su tiempo, las horas de visita y las horas en las que había que guardar silencio. Los presos estaban alejados del mundo, pero conservaban una cierta libertad. En resumen, era un régimen como el que instauró Napoleón III en Belle-Île, el mismo que sufrió Blanqui antes de su famosa evasión. Luego la G.P.U. introdujo el “nuevo régimen” y cerró las puertas de las celdas. Los presos, socialistas y anarquistas, se pusieron en huelga de hambre, pero emplearon la fuerza para reprimirlos. Stalin se mostró menos liberal que Napoleón III. Pero Stalin no era el único responsable. Poco a poco supe que en tiempos de Lenin y de Trotsky la represión dirigida contra los socialistas y anarquistas había ido creciendo a medida que se iba pacificando el país, y que durante los momentos más peligrosos de la guerra civil había sido mucho menos intenso. Fue a partir de 1921, una vez terminada la guerra civil y cuando empezaba la N.E.P., que la revolución, por fin triunfante, instauró el régimen de persecuciones sin fin. ¿Cuál es la lógica de esta evolución a contrapelo?
En la URSS no se usaban los términos “represión política” o presos y exiliados “políticos” más que para los socialistas, anarquistas y comunistas de la oposición. Sólo ellos tenían derecho al régimen de los presos políticos. Pero no eran más que una ínfima minoría, algunos miles, quizá decenas de miles como mucho [2], comparados con los millones de presos y exiliados, condenados todos por motivos políticos aunque el poder no les reconociera esta categoría. Estos millones de condenados son tratados como delincuentes comunes y se les envía a hacer trabajos forzados. Estas rigurosas condiciones sólo se atenúan un poco con los intelectuales, cuya misión es dirigir esta mano de obra servil. Podemos dividir a los presos en seis categorías fundamentales: los ci-devant, los castigados por sabotaje, los campesinos, los “religiosos”, los miembros de las oposiciones nacionales, bien demócratas o comunistas, y por último los obreros. La primera categoría incluía a los miembros de las antiguas familias aristocráticas y burguesas, los comerciantes, exoficiales y excomisarios de policía, etc. durante el Plan Quinquenal se deportó a cien o doscientos mil, quizá más. En cualquier caso, la cifra que doy es un mínimo. Las decenas de miles que habían sido condenados por sabotaje eran intelectuales sin partido. De la colectivización integral y la “deskulakización” resultaron, por un lado, 300.00 koljoses, y por otro varios millones de familias campesinas exiliadas. En nuestra prisión, se estimaba que el número de campesinos deportados debía ser entre cinco y diez millones.
Los verdaderos “kuláks” no representaban como mucho más que una quinta parte de esta cifra, el resto eran “kulakizantes”, es decir, campesinos de condición media o proletaria que habían manifestado de una forma u otra su descontento. Esta masa aumentó aún más durante la “limpieza” de fronteras de la URSS. A lo largo de la frontera occidental, se vació prácticamente de habitantes una franja de 50 km. de ancho; a lo largo de la frontera con Manchuria y Corea se deportó a distritos enteros hacia el interior siberiano. En la época del Plan Quinquenal no hubo represión en masa a los obreros. Cuando se producían manifestaciones espontáneas en las fábricas, la G.P.U. arrestaba a los más activos y les enviaba a hacer trabajos forzados o a los campos de concentración, acusados de “contrarrevolución económica”, o se les declaraba “bandidos” o “kuláks”. Tras la “marcha del hambre” organizada por los obreros de varias fábricas textiles de la región de Ivanovo-Voznesensk, de Vytchug y de otros lugares, se limitaron a mandar al exilio a dos obreros, uno de ellos secretario de la célula del Komsomol y el otro sin partido, y a encerrar a otros veinte en un campo de concentración. Eso sí, previamente habían tomado la precaución de satisfacer las reivindicaciones obreras. Izvestia publicó un folletín “desenmascarando” las calumnias del diario inglés que se había atrevido a hablar de una marcha del hambre en Ivanovo-Voznesensk. Dos meses más tarde llegaron a nuestra prisión unos camaradas que venían del exilio y que habían visto con sus propios ojos a estos desgraciados, condenados por haber participado en esta marcha… Podemos cifrar en varias decenas de miles a los obreros exiliados por “crímenes individuales”. Al extranjero le era difícil comprender la actitud que adoptaban las propias víctimas. No se tenían por los campeones de ninguna causa política, y mucho menos como adversarios del régimen. Al contrario, sólo soñaban con reintegrarse en la sociedad tal y como ésta era, con encontrar trabajo, ganar dinero y ganarse su libertad. Esta tendencia desembocaba en la paradoja siguiente: los obreros y los campesinos siempre estaban en los peldaños más bajos mientras que los miembros de las clases supuestamente “abolidas” u “hostiles” recibían tratos de favor, disfrutaban de privilegios y se codeaban con los representantes del poder. Permítanme citar un par de ejemplos. En el campo de concentración de Oukht-Petchersk, los condenados por sabotaje –ingenieros, médicos, economistas, agrónomos– vivían en cómodos hotelitos, junto a las autoridades comunistas y disfrutaban de un régimen alimenticio suficiente, aunque poco variado. Los obreros, mineros y albañiles, los viejos campesinos y los delincuentes comunes vivían como ganado en cabañas de barro y pasaban hambre. Estaban colmados de trabajo y morían como moscas, de escorbuto o de otras enfermedades.
He aquí otro ejemplo. Se construyó “siguiendo los últimos avances técnicos norteamericanos” una fabulosa autopista a través de la terrible “taiga” o bosque virgen, desde la bahía de Nogaïev, en el Océano Pacífico, hasta el rio Kolymá que desemboca en el Océano Glacial. Al mismo tiempo, se canalizó el río y se le hizo navegable, para garantizar la conexión entre los dos océanos. Ingenieros condenados por sabotaje dirigían, bajo la vigilancia de la G.P.U., los trabajos que ejecutaban los campesinos deportados así como un cierto número de obreros libres. Los ingenieros recibían salarios altos; en 1935 el ingeniero jefe llegaba a los 3.000 rublos al mes. Los ingenieros condenados vivían junto a los dirigentes de la G.P.U. y del partido y todos formaban una especia de casta elitista en el desierto ártico. Esta élite no se codeaba con la “clase media” compuesta de funcionarios y condenados; en cuanto a los humildes trabajadores, de origen campesino, fuesen libres o prisioneros, no tenían ningún contacto con sus superiores. Este pequeño mundo, tras la muerte de Kírov, acogió un grupo de “ci-devant” [3] exiliados, que incluía algunas antiguas princesas del más alto rango y a otros miembros de la vieja aristocracia. No tardaron en ser recibidas entre la “élite”, las buscaron trabajo como secretarias o mecanógrafas, les invitaban a las veladas familiares y a las excursiones. Luego llegó el célebre humorista Utesov, de Leningrado, condenado por cuestiones privadas; no tardó en organizar un teatro con la ayuda de estos “ci-devant”. El teatro se quedó con los fondos destinados a las “necesidades culturales” de la colonia. ¿Quién tenía derecho a la cultura, más que las autoridades? Al cabo de seis meses, la mayor parte de estas “ex-altas damas” se habían casado –por tercera o quinta vez– con “saboteadores” o funcionarios de la G.P.U. o del partido. Un años más y serían puestas en libertad. Tras mi liberación de Verkhne Uralsk me crucé con una de estas señoras. Me estuvo describiendo, no sin gusto, la agradable vida que llevaba la alta sociedad en ese rincón perdido del extremo norte. Pero cuando le pregunté por la situación de los campesinos que trabajaban allí, no supo qué decirme, pues nunca se llegó a juntar con ellos. Me enteré de lo que me interesaba a través de los obreros que habían estado trabajando entre 1932 y 1934 en el río Kolymá. Uno de ellos se encargaba, junto a seiscientos campesinos exiliados, de los trabajos de construcción de un puerto en el curso medio del río. Al cabo de dos inviernos, sólo sobrevivían veinte campesinos, el resto había muerto de frío, hambre o escorbuto. Y esto no era un caso excepcional; en otro sector del interiorcasi todos los exiliados murieron en un solo invierno, pues la G.P.U. “no tuvo tiempo de suministrarles suficiente alimento”. Todo esto se suele resumir diciendo que “el Plan Quinquenal se realiza en condiciones muy difíciles”. En cuanto a los obreros libres que habían llegado por propia voluntad, se les robaba sistemáticamente el salario y sus reclamaciones no tenían ningún efecto. La administración trataba de ahorrar a expensas de los obreros… En lo que respecta a los ci-devant, si los que estaban condenados encontraban la manera de aliarse con los dirigentes comunistas y la élite de los técnicos, ¿qué decir de los que estaban en libertad? Por lo que vi en la URSS, puedo afirmar que si bien un tercio de las antiguas clases dominantes de Rusia ha perecido o emigrado, los dos tercios restantes se han amalgamado con la nueva clase dominante surgida de la Revolución
Pero volvamos con lo nuestro. Las otras dos categorías de condenados a las que se les negaba el título de “políticos” eran los “religiosos” y las oposiciones nacionales. Dentro de los “religiosos” estaban incluidos los sacerdotes, los miembros activos de las comunidades religiosas y todo tipo de sectarios. Bien podían llegar a cien mil durante el Plan Quinquenal, o varios cientos de miles, pues a menudo se les deportaba por motivos distintos a los religiosos.
No hay que olvidar que hoy en Rusia existen tres fuerzas sociales organizadas: 1º la burocracia comunista, que dispone del Estado, del aparato militar y de las organizaciones llamadas obreras; 2º el “I.T.R.” o “trabajadores técnicos e ingenieros”, o dicho de otra forma las secciones sindicales autónomas que reagrupan a los intelectuales sin partido; 3º la Iglesia y las sectas. En cuanto a los obreros y campesinos, no disponen de ninguna organización libre y autónoma. Dicho esto, se comprenderá fácilmente la importancia que tiene la Iglesia en la lucha social. Ya he mencionado todos los esfuerzos que desplegaba Stalin para asegurarse la colaboración de la Iglesia ortodoxa. Los “ingenieros”, en las épocas en las que trataban de derribar al régimen estalinista, hacían lo mismo. Uno de los dirigentes de la Iglesia ortodoxa, perteneciente a una nueva generación, que sirvió en las filas del Ejército Rojo en 1919 y al que le faltó poco para entrar en el partido comunista, según su testimonio, me contó en el exilio que uno de los amigos íntimos del profesor Kondratiev se le había llegado a acercar para tantear el terreno eclesiástico. “Fracasó, pues nuestra intención no era poner la Iglesia al servicio de una eventual restauración de la burguesía”. El mismo eclesiástico me narró un interesante episodio de la lucha de la Iglesia en Moscú. Durante el Plan Quinquenal, la Iglesia, en respuesta a unas persecuciones que iban en aumento, movilizó a los fieles para unos rezos que duraron días enteros y reunieron a una importante masa de creyentes. Las autoridades entendieron el sentido de esta manifestación pacífica y limitaron las persecuciones. La Iglesia no tardó en abandonar estas misas masivas y volvió a los servicios corrientes, menos ostentosos. El Plan Quinquenal fue una catástrofe nacional para algunos de los pueblos atrasados de la URSS: para los baskires, kirguisos, etc., y llevó al borde del abismo a los pueblos campesinos: ucranianos, rusos-blancos o los turcos de Azerbaiyán. La protesta más famosa contra esta catástrofe fue el suicidio del jefe de los comunistas ucranianos, Skrypnik [4], viejo bolchevique y uno de los fundadores del Komintern. Pero también hubo protestas colectivas. Grupos enteros de demócratas, socialistas y comunistas que pertenecían a estas nacionalidades se atrevieron a poner en entredicho la política oficial del partido panruso. Todos estos grupos fueron aplastados y sus miembros deportados, algunos de ellos fueron fusilados. Los condenados exigieron que se les concediera el régimen de presos políticos, pero la G.P.U. se negó y no quiso ceder, ni siquiera ante las huelgas de hambre que a veces tenían un resultado mortal.
Por supuesto, los contrarrevolucionarios declarados y los monárquicos –que por lo demás eran poco numerosos– no disfrutaban de los privilegios de los presos políticos. A los más activos se les fusilaba sin piedad, y a los “simpatizantes” se les condenaba bajo todo tipo de pretextos. Entre 1928 y 1934 fueron enviados a los campos de concentración y al exilio un millón de hombres como poco, acusados de especulación, comercio ilegal, etc. Eran sobre todo artesanos y pequeños comerciantes, en resumen, la pequeña burguesía. Pero también había obreros, campesinos, empleados, sobre todo los de las cooperativas y las empresas comerciales del Estado.
En la prisión de Verkhne Uralsk ya habíamos intentado varias veces calcular el número de personas entregadas a la arbitrariedad de la G.P.U. Creíamos que las cifras eran bastante aproximadas. A finales de 1932, un trotskista recién llegado nos contó que según un importante funcionario de la G.P.U., condenado por una falta profesional, el número de arrestos ascendía a treinta y siete millones durante los últimos cinco años, según las propias estadísticas de la G.P.U. Incluso considerando que hubieran detenido varias veces a las mismas personas, la cifra nos pareció increíblemente exagerada. Nuestras estimaciones variaban entre los cinco y los quince millones. Debo añadir que cuando me liberaron y estaba en el exilio en Siberia, pude constatar que muchas de las afirmaciones que en prisión me parecían exageradas y fantásticas eran auténticas. Así, puedo atestiguar que lo que se dice del hambre de 1932 era verdad, incluidos los casos de canibalismo. Tras lo que vi en Siberia, considero que la cifra de cinco millones de condenados es muy baja y que la de diez millones se acerca más a la realidad. A los occidentales, acostumbrados a territorios relativamente pequeños, a una población densa y a una estructura económica estable, les costará creer que se pueda deportar tan rápidamente a semejantes masas de seres humanos. Los inmensos espacios que ofrece Rusia no bastan para explicar esto. Sólo observando con los propios ojos el océano tumultuoso de Rusia en la época del Plan Quinquenal se puede llegar a concebir que estas migraciones forzosas sean posibles, que incluso armonicen con el resto de acontecimientos. Los gigantescos logros del Plan Quinquenal eran fruto del trabajo servil. La situación de los trabajadores teóricamente libres no se diferenciaba esencialmente de la de aquellos que no lo eran. La única diferencia era el grado de servidumbre. Millones de exiliados trabajaban por todo el país, pero sobre todo en las alejadas regiones del norte que se colonizaban por primera vez, abrumados por unas privaciones tan duras que nunca las habrían aceptado libremente. No sólo les explotaban, sino que lo hacían de la manera más completa, sin ningún respeto por el “capital humano” que representaban. De 1929 a 1934, la esperanza de vida media de la mayor parte de los exiliados en el extremo norte no superaba el año o los dos años. Pero aunque los exiliados morían, lo que habían construido permanecía en pie.
Imaginen un territorio de 10.000 km. de largo y entre quinientos y dos mil de ancho, desde Solovkí y el Canal entre el Báltico y el Mar Blanco hasta los ríos del Océano Pacífico, hasta la península de Kamchatka y Vladivostok. Este territorio, así como toda Asia central, está sembrado, en cada cruce de caminos, de campos de concentración y “colonias de trabajo” (así se llama a los campos que se dedican a un trabajo determinado), así como de centros obligatorios de exilio. De cada dos o tres hombres que uno se cruza en las calles de Siberia, o que se encuentra en las oficinas, la fábrica o el sovjós [5], uno es exiliado.
La colonización del norte ciertamente es una obra de importancia mundial, pero sus métodos recuerdan a las antiguas colonizaciones, de América y demás, pues principalmente es obra de trabajadores esclavos. La industria forestal del norte de Rusia y de Siberia emplea mano de obra servil y las minas de oro en su mayor parte también. Lo mismo ocurre con las minas de hulla de Kuznetsk y Karahand. La industria del cobre de Balmach y las fábricas eléctricas de Asia central son obras de los presos de las “colonias de trabajo”. Incluso en Ucrania, la fábrica de tractores agrícolas ha sido en parte construida por mano de obra servil. En el corazón de la Rusia europea, los trabajos del canal Moscú-Volga se realizan con gran cantidad de esclavos. En cuanto al enorme desarrollo militar y económico del extremo oriente, con sus ferrocarriles, autopistas, su línea de fortificaciones a los largo de la frontera con Manchuria, son obra de un inmenso ejército de condenados que se renueva sin cesar. No creo que sea una exageración decir que una tercera parte de la clase obrera de Rusia está compuesta de esclavos. Esta mano de obra servil, apenas remunerada, hace que se a más fácil la tarea de mantener muy bajos los salarios de los obreros teóricamente libres. Es en esto en lo que se basan las victorias económicas de los Soviets, este es el secreto del “milagro” de la revolución técnica que ha llevado a cabo el primer Plan Quinquenal. La clase obrera de Europa y Norteaméricatiene el deber de lograr la emancipación de estos millonesde trabajadores serviles de la URSS…
A. Ciliga
[1]Estamos hablando de los reprimidos y apresados directamente. Además de esa cifra se admite que había otros tantos millones de desplazados por la fuerza privándolos de la tierra (proletarización estricta sometiéndolos al hambre), es decir los deportados.
[2][Esto fue así hasta los procesos de Moscú de 1936. Después de esta fecha a los socialistas, anarquistas y comunistas de la oposición se les privó del régimen político, se les envió a hacer trabajos forzados en los campos de concentración y se les trató más duramente que a los presos comunes. Muchos fueron fusilados.]
[3]Wikipedia:Ci-devant es una antigua expresión del idioma francés, conocida porque se empleó durante la Revolución Francesa para designar a los antiguos nobles que habían perdido su condición aristocrática y su título. Se decía un/una ci-devant, para decir un/una noble, o se anteponía al nombre, el/la ci-devant + nombre y apellido. Ci-devant equivale en español a ex, anterior o antiguo.
[4]Nikolai Skrypnik (1872-1933) ocupó importantes cargos en la república soviética ucraniana. Murió siendo presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de Ucrania.
[5]Explotación agrícola perteneciente al Estado, que no se administraba en régimen de cooperativa.