Apéndice 1:
Antecedentes históricos en la región: la insurrección proletaria en el Kurdistán iraquí (Sulemania, 1991)
Antes de finalizar este dossier, nos parece importante rememorar la resistencia contra el capital y sus guerras, primero contra la de Irán e Irak (1980–1988) y luego contra la del Golfo (1991). Si bien aquellas luchas finalizaron en un proceso insurreccional mucho más importante que el actual (así como también en un mayor número de nucleamientos de militantes revolucionarios), es fundamental recordarlas porque el actuar de la burguesía, en todas sus vertientes y disfraces (islamistas, nacionalistas kurdos, baazistas, imperialistas), fue terriblemente parecido al que desarrolla hoy. En aquellos episodios también se produjeron deserciones masivas, formándose zonas incontroladas de proletarios armados, contrapuestos a cualquier Estado y fracción burguesa. En varias ciudades surgieron comités desde donde organizar la vida y la lucha y en numerosos frentes bélicos, se produjeron importantes episodios de derrotismo revolucionario.
Pero como ahora, el aislamiento internacional, la falsificación internacional —ocultando la lucha bajo falsas polarizaciones (islamistas–baazistas, nacionalistas kurdos–Estado de Turquía o Estado Islámico, islamistas–Aliados) y el desconocimiento por parte del resto del proletariado de la resistencia armada a la guerra, y al mundo que la sustenta, fue fundamental en la derrota de nuestra clase. Por eso creemos importante recordar las tareas que asumieron ciertas minorías revolucionarias en esos importantes episodios, como las ejercidas, durante la denominada Guerra del Golfo, por el Grupo Comunista Internacionalista (ver al respecto los nros. 30 y 35 de la revista Comunismo), así como el panfleto que Proletarios Internacionalistas difundimos en la época en numerosos idiomas y países
En Irak, desde inicio de la década de los ochenta, la región de los pantanos del Sur, lugar de difícil acceso y configurado por ciénagas, que durante siglos había servido de refugio a los prófugos de la ley, dio cobijo a desertores, militantes que huían de la represión o a quienes, simplemente, habían rechazado el trabajo obligatorio en las organizaciones del partido Baaz. En ocasiones, se refugiaron allí con sus familias. Eran años en los que la desobediencia a las consignas de movilización patriótica era común, la solidaridad hacia los luchadores y perseguidos estaba extendida y la labor de agitación y de acción de los grupos revolucionarios adquiría fuerza social. Estos grupos, lo mismo impulsaban la deserción general, la autoorganización y la lucha internacionalista contra ambos Estados (Irán–Irak), como ejecutaban a conocidos miembros del partido Baaz y realizaban sabotajes en vías férreas, convoyes y sedes de organismos gubernamentales, así como ataques a depósitos de municiones, en territorios controlados por el ejército iraquí. En determinado momento, los numerosos bombardeos del ejército iraquí, con el beneplácito del iraní, estacionado a pocos kilómetros, fueron mermando a la población resistente de los pantanos y obligándola a diseminarse, en pequeños grupos, por el resto del país. Fue en aquellos difíciles momentos cuándo el partido UPK (Unión Patriótica del Kurdistán), de los nacionalistas kurdos, entregó desertores a los baazistas, a cambio de algunas concesiones en sus miserables negociaciones.
El encarcelamiento y las ejecuciones de «traidores», «ladrones», «bandidos» y «traficantes», como eran denominados los luchadores, no impidió que se extendiera el asociacionismo proletario y se dieran a conocer grupos como Vanguardia Obrera, Revolución Permanente, Autonomía de Combate, Perspectiva Comunista y Grupo de Acción Comunista, éste último probablemente el más interesante. Es preciso recordar que del otro lado de la frontera, los islamistas iraníes del Partido Dawa, ya con la guerra contra Irak finalizada, hablaba de la población refugiada en los pantanos como una «masa sin principios, anarquistas, ateos y saboteadores que beben whisky y hacen el amor en los lugares sagrados». Entre mayo y diciembre del año 1990, durante la ocupación de Kuwait por el ejército iraquí y ante el inminente estado de guerra y las condiciones que ello genera, se produjo una gran resistencia contra los despidos, la supresión de días de fiesta, los días de trabajo gratis para servir a la patria, las horas extras, la reducción de la cantidad de comida en las cantinas, la disminución salarial y el reclutamiento forzoso
Trabajadores municipales, de la construcción, mosaicos, plástico, yeso, tejido, obras públicas, transporte, electricidad, azufre y de la energía nuclear realizaron manifestaciones, huelgas, ocupaciones, expropiaciones e incendios de fábricas y símbolos del capitalismo en Basora, Arbil, Masul, Tuzkurmato, Tikrit, Kirkuk, Bagdad y Sulemania. Allí, miles de mujeres proletarias protagonizaron manifestaciones contra la guerra inminente, unas trescientas fueron detenidas y luego ejecutadas por la Guardia Republicana. Cuando se produjo el enfrentamiento armado contra los aliados, las deserciones se volvieron masivas y quedó demostrado que se había estado preparando desde meses antes. En Bagdad, y muchas otras ciudades, circulaban soldados que escapaban a sus mandos, utilizando todo tipo de triquiñuelas, como falsos salvoconductos o vistiéndose de civiles
En muchas casas se les daba alimentos y cobijo. Las trincheras iraquíes contra los Aliados fueron las tumbas de muchos proletarios apresados —o que ya estaban antes en prisión—. Los que intentaban huir de ellas, eran asesinados por la Guardia Republicana, que se mantuvo fiel a Saddam Hussein y ejerció como guardián castrense del sistema capitalista, y los que permanecieron fueron enterrados por los tanques y los bulldozers de los Aliados en la «gloriosa» campaña del desierto. El doble ataque al proletariado será respondido con levantamientos en distintas ciudades. En marzo de 1991, en Sulemania, se producirá una de las insurrecciones proletarias más importantes de las últimas décadas
Cabe destacar el rápido armamento proletario (lanzagranadas, fusiles, pistolas), el ataque y destrucción de cárceles, comisarías y sedes baazistas, así como la creación de comités insurreccionales denominados shoras. La palabra Shora, que significa consejo o soviet, es de origen iraní y hace referencia a la lucha que hubo en Irán en 1978 y 1979. A pesar de que hubieron consignas nacionalistas desde el primer momento —« ¡Fuera las fuerzas de ocupación del Kurdistán!», « ¡Viva la autodeterminación de la nación kurda!»…— el nacionalismo organizado kurdo no tuvo un papel relevante en la gestación y posterior realización de aquella insurrección, pero sí, en su dispersión y apaciguamiento
Algunas de las consignas más escuchadas el 7 y 8 de marzo fueron: « ¡Levántate y combate!», « ¡Demos nuestra sangre por el éxito de la revolución!» « ¡Continuemos! ¡No la dilapidemos!» e « ¡Igualdad de derechos para hombres y mujeres!». Cabe destacar la implicación de proletarias en las asambleas y lucha callejera. Otras consignas iban dirigidas a la defensa de la organización y autonomía proletaria: « ¡Todo el poder a los shoras!», « ¡Formad vuestros propios consejos!», « ¡Traed las mercancías y la comida expropiada, las distribuiremos aquí!», « ¡Haced de los shoras vuestra base para la lucha a largo plazo!»… A pesar de que hubo cierta extensión de la lucha (Arbil, Kadar, Koya, Shantlana, Duwok y Zakho), en abril la revuelta fue finalmente aplastada. Los Aliados dejaban que los helicópteros de la Guardia Republicana de Saddam Hussein pasaran por su territorio para ir a bombardear las ciudades insurrectas. El pánico se adueñó de Sulemania. Ante esta situación muchos proletarios empezaron a refugiarse en las montañas
La insurrección no había llegado a extenderse por todo Irak; en Oriente Medio el proletariado apenas hacía gestos de rebelión y en el resto del mundo se limitaba a hacer algunas manifestaciones contra la Guerra del Golfo sin hacerse eco de las insurrecciones proletarias en Irak. La prensa internacional se limitó a intoxicar hablando de la revuelta como una disputa entre los nacionalistas kurdos, ninguneando el combate por la transformación social. Pocos fueron los que comprendieron que la causa fundamental de la breve duración de la guerra fue el derrotismo revolucionario del proletariado en Irak. Los Aliados permitieron el mantenimiento en el poder de Saddam Hussein ya que percibieron que seguía siendo el garante necesario para el mantenimiento del orden en la región
Al mismo tiempo el Estado Iraquí veía en los nacionalistas kurdos enemigos menores con los que podía negociar, en comparación con los insurrectos. No es de extrañar entonces que los campos de refugiados organizados por la ONU estuvieron controlados por el Frente Kurdo. La desmoralización entre los insurrectos fue total. Aunque eso no impidió que durante la campaña de Naciones Unidas que proponía: «cambia tu fusil por comida», un pequeño grupo proletario intentara matar a Madame Mitterrand, cara visible de la campaña humanitaria que perseguía el desarme de los insurrectos de las montañas del Kurdistán. De los balances realizados por los militantes que protagonizaron la insurrección queremos destacar las siguientes frases:
«El Frente Kurdo contraatacó por medio de su estación de radio y comenzó a caracterizar a los shoras como organizaciones ilegales, no autorizadas y compuestas por provocadores y anarquistas. Asegurando que el Frente Kurdo es la cabeza de las masas y que los shoras solo sirven para sembrar el desorden». «El movimiento reaccionario chiita formó, en el sur de Irak y con el objetivo de desacreditar y manipular a los Shoras obreros radicales, su propio ‘shora Islá- mico’. En el Kurdistán, los nacionalistas no dudaron en utilizar toda la fuerza necesaria para contrarrestar las asociaciones obreras. Dispararon sobre los huelguistas, amenazaron a sus dirigentes, protegieron y armaron a los patrones y difundieron a través de los órganos de información que las reivindicaciones obreras eran hechas por anarquistas y profesionales del desorden. Este antagonismo entre las fuerzas nacionalistas y los shoras obreros determinó el clima político en el Kurdistán […]. La contraofensiva militar del régimen, la alianza entre los nacionalistas kurdos y el gobierno central no podrá borrarse de la memoria y de la actividad de los obreros». «No pudimos mostrar las conexiones entre estas oposiciones burguesas (nacionalistas kurdos, árabes, chíitas…) y las fuerzas del imperialismo mundial, y esto sobre todo en la práctica. Es cierto que desde siempre hemos definido a los nacionalistas y a los chíitas como dos movimientos sociales burgueses, pero en la práctica no hemos respetado este análisis». «Los proletarios tienen que combatir la presión de las fuerzas de la policía imperialista de las Naciones Unidas en el Kurdistán y en el Sur, dado que estas fuerzas no solamente no ayudan al pueblo, sino que al contrario, ponen en práctica las políticas capitalistas de destrucción de las fuerzas revolucionarias»
Para finalizar este breve apéndice, queríamos reproducir aquí el cartel internacional difundido la primera semana de marzo del año 1993. Ese cartel se enmarcó dentro de las tareas que nuestra clase asumió en el marco de la lucha proletaria en Irak. No se trataba de «solidarizarse con» los proletarios en Irak, sino de actuar conjuntamente para afirmar nuestra misma lucha, nuestros mismos intereses, la misma comunidad, la misma fuerza para enfrentar y hacer imposible la tentativa burguesa de reprimirnos «paquete por paquete». Este cartel fue realizado y asumido en diversos idiomas (inglés, español, francés, kurdo, árabe, alemán,…) por grupos y militantes de diversos países bajo la firma puntual de Proletarios Internacionalista /45
El mismo fue pegado, en los muros de diferentes ciudades de Irak, Inglaterra, Francia, Bélgica, Alemania, España, Argentina…
45 Con los años dicha firma se consolidaría como una expresión del proceso de centralización de grupos y militantes revolucionarios repartidos por el mundo. Queremos aclarar de todas formas, para evitar toda concepción formalista, que Proletarios Internacionalistas no es más que una de las expresiones de ese proceso de centralización.
Proletarios Internacionalistas