Parece ser que el Frente Amplio se olvidó rápidamente del procesamiento y condena del ex director de Casinos, Juan Carlos Bengoa por fraude y coimas, y ahora mira para el costado cuando el actual jerarca de esa repartición, Javier Chá, admitió alegremente que todos los años es invitado por empresarios privados que suministran “slots” al Estado a visitar una feria en Las Vegas, la meca del juego y de la corrupción en Estados Unidos.
La confesión no generó reacciones en el gobierno, en donde se sostuvo que en la medida en que Chá informó a sus jerarcas de sus viajes estaría exonerado de responsabilidad, pero es muy claro que el caso está explícitamente prohibido por el Estatuto del Funcionario, cuando dispone que los empleados públicos no pueden “solicitar o recibir cualquier obsequio, gratificación, comisión, recompensa, honorario o ventaja de terceros, para sí o para otros, por los actos específicos de su función, excepto atenciones de entidad razonable que se realicen por razones de amistad, relaciones personales o en oportunidad de las fiestas tradicionales en las condiciones que los usos y costumbres las admitan.”
Es clarísimo que el señor Chá violenta el Estatuto, pero a la vez violenta el sentido común, porque quienes le invitan —pagando pasajes aéreos en clase ejecutiva, y solventando estadías en los más lujosos hoteles— son quienes además aprovechan los servicios del Estado, tras adjudicaciones que fueron en su momento muy polémicas, ya que siendo Chá Director, durante el gobierno anterior, concedió los servicios sin licitación
Para colmo, el señor Chá sostuvo que esto “es normal”, que se hacía antes —precisamente por el procesado Bengoa— y que quienes lo acusan tejen cuentos de viejas chismosas. El jerarca no sólo comete irregularidades notorias, sino que —además— le toma el pelo a la opinión pública.
Otro exceso similar es el que se produjo en ANCAP, donde el presidente del ente, José Coya, autorizó el pago de una multa por U$S 3,1 millones a una empresa que no llegó a brindar ningún servicio pero que amenazó con hacer un juicio a la administración. El asunto es muy oscuro y complejo, ya que, según la prensa, la empresa beneficiada es propiedad de un dirigente político del Frente Amplio, amigo del vicepresidente Sendic.
La compañía asesora, EXOR, es representada en Uruguay por el dirigente de la Vertiente Artiguista y ex diputado suplente del Frente Amplio Alejandro Steineck, quien propuso en 2011 hacerse cargo de la ingeniería financiera para cobrar más rápidamente la deuda que mantenía la venezolana PDVSA con ANCAP. Las gestiones iníciales no prosperaron, pero habrían contado con el aval verbal dado por Sendic, por entonces presidente de ANCAP. Pero luego hubo una resolución de ANCAP incluyendo al banco venezolano BANDES como intermediario, por lo que EXOR le hizo un juicio al ente por U$S 20 millones. Sendic y Coya zafaron de ese entuerto porque los servicios jurídicos de ANCAP entendieron que la administración ganaría esa demanda. Pero “el amigo”, el dirigente frenteamplista insistió con Sendic y obtuvo nuevamente su apoyo, el que no se concretó por lo que hubo una segunda demanda. Como los abogados de ANCAP entendieron que, a diferencia de la primera, esta segunda instancia podría perderse ante la Justicia, el Directorio, muy suelto de cuerpo, se adelantó a pagar al empresario la multa de más de tres millones de dólares. Todo muy clarito y transparente, ¿verdad?
Pero estos nuevos e inadmisibles excesos no deberían llamar la atención en un país en el que el hoy senador Mujica, siendo Presidente, justificó que un empresario privado, amigo suyo y correligionario político, se hiciera cargo —sin licitación alguna— de la intermediación entre el Estado uruguayo y el venezolano para canalizar la cuantiosa gama de negocios entre ambas partes. Mujica intentó quitarle entidad al asunto, sosteniendo que la intermediación es un trabajo como cualquier otro pero olvidó explicar que el empresario beneficiado, Omar Alaniz, es amigo suyo y militante del MPP, y accedió al formidable negocio “a dedo”, sin que el gobierno hiciera un llamado público previo o una licitación.
“A dedo” el señor Mujica resolvió darle a un amigo, a costas del Estado, una formidable oportunidad comercial y el Frente Amplio no dijo nada.
Quiere decir que, lamentablemente para el país y para su futuro, la coalición gobernante no sólo ya no le “corta las manos” a nadie, sino que ha guardado cuidadosamente en el archivo su otrora intención de ser guardiana de la moral. El Frente Amplio no sólo abandonó la sustancia, sino hasta las formas, el mínimo pudor que los gobernantes deben mantener aunque sea por temor a ser enjuiciados por la opinión pública
Los dirigentes frentistas que hoy ocultan esos hechos tan graves o miran para el costado, se han dejado llevar por la soberbia provocada por sus triunfos electorales, pero deberían saber a esta altura que acá, como en Argentina o en cualquier otro país, todo cambia o puede cambiar rápidamente, dado que las denuncias sobre irregularidades y casos de corrupción vienen acumulándose de modo lamentable y alarmante
Correo de los Viernes 606 4/12/15