Por otros modos de abordar la rica historia regional
Daniel Tirso Fiorotto
Los esfuerzos, la claridad y las luchas pocos difundidas de Tomás Cóceres y Encarnación Benítez, en las orillas del Paraná y el Uruguay, rescatados por el estudioso Mauricio Castaldo
Con un relato apasionado y no desprovisto de ironías, el profesor Mauricio Castaldo ofreció una visión no clásica de una época llamada “anarquía entrerriana”, posterior a la muerte de Francisco Ramírez, y aprovechó ese ejemplo para sugerir nuevas formas de conocer y enseñar nuestra historia.
El docente y sindicalista del Foro Artiguista, que acostumbra tender lazos entre el pasado y el presente, brindó detalles de la vida y la obra de Tomás Cóceres y otros dirigentes similares, que opusieron resistencia a las imposiciones del poder despótico.
Los tagüé
En el texto disponible en la página http://actividadentrerios.blogspot.com.ar, bajo el título “Tomás Cóceres, el rebelde de María Grande contra la Entre Ríos rivadaviana”, Castaldo recupera nombres un tanto perdidos en la historia que suele pasar de batalla en batalla, de general en general, sin detenerse en las luchas colectivas y las expresiones de los de abajo.
Cóceres y otros como él se rebelan varias veces contra los especuladores, los centralistas, el despotismo. Esas rebeldías concluyen, en este caso, en la muerte violenta que llega para escarmiento
El gobernador Solas –apunta Castaldo- “pone mano dura y el primero de agosto de 1828 Cóceres y Santa María son fusilados en Nogoyá. El voluble de Solas pensó que así terminaba con la rebeldía que fue tagüé antes de los tagüé, y que continuó de distintas formas y continuará, porque el espíritu político de la tierra puede estar dormido, pero siempre está latente y hay momentos en los que despierta con fuerza”.
(Tagüé evoca, según Roque Casals, una expresión correntina para apodar a los entrerrianos barbudos, a quienes no les entraban balas por el “pelo duro”, durante las guerras fratricidas de los tiempos de Pascual Echagüe).
“Esos panzaverdes, bien tagüé –agrega Castaldo- llevaron al propio Urquiza -casi 30 años después- a hacer de Paraná la capital de la Confederación Argentina, esos tagüé ayudaron a defender Paysandú y se negaron a ir a la infame Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay revolucionario. Esos tagüé cimarrones y revolucionarios ajusticiaron al propio Urquiza cuando volvió a darle la espalda al pueblo, y se la jugaron por Entre Ríos, y por una República Federal justa y solidaria, con el otro López Jordán, con Ricardo López Jordán hijo allá por 1870”.
“Ese espíritu panzaverde ha resistido y resiste como puede las entregas y transas del poder, que igualmente nos ha hecho mucho, mucho daño. Ese espíritu del pueblo profundo que está harto de estar ‘coparticipado’, es decir jodido, por las especulaciones del poder político y económico concentrado y asociado, y sus migajas miserables. Ese espíritu militante entrerriano, litoraleño y sudamericano que hoy más que nunca plantea, a la par de la solidaridad con los que más lo necesitan, defender nuestra tierra y parar los desmontes, los envenenamientos, los represamientos, la segregación urbana y social, como así también parar la impunidad que nunca rinde cuentas, porque el agua hoy nos llegó hasta el cuello”, afirma el estudioso.
En común
“Ese espíritu de resistencia y de lucha, hoy tal vez disperso, pero vivo, que necesita una coordinación, una organización, una plataforma plural común de los afectados por el ajuste, la entrega y el saqueo, una acción colectiva directa y autónoma más fuerte y el desarrollo, paso y paso, desde abajo, confederal y democráticamente, de una Entre Ríos en Común emancipada, para una Argentina, una Sudamérica y un mundo en común”.
“León Solas, como todos los políticos de su clase, terminó sin pena ni gloria. Fue y vino, y cambió muchas veces de vereda en la lucha política. De acompañar a Hereñú en el triunfo federal en El Espinillo en 1814 a jugar con los unitarios más burgueses, corruptos y criminales -entre otros, con el Montes de Oca también repudiado en la popular ‘Antigua Litoralera’-. Jugó con Rivadavia y con Rosas, qué más da, era parte funcional del surgimiento de la oligarquía porteña y sus socios. La historia y la política están llenas de estos miserables políticos y militares ‘transas’ que al final no fueron a ningún lado políticamente, pero que hicieron grandes daños al pueblo, porque el pueblo no se supo defender como debía”.
“El estanciero, político y militar unitario Solas terminó expropiado por Rosas y Urquiza. Murió sin pena ni gloria en Paysandú en 1841, tal vez creyendo todavía lo que habrán dicho algunos alcahuetes y cómplices: ‘León estás para más, estás para más’, capaz le habrán dicho, y él se habrá muerto -como otros- soñando sus sueños políticos corruptos e infames, arrecostado en alguna palmera”.
Otras maneras
“Hasta aquí nuestro repaso introductorio de las rebeliones protagonizadas por Tomás Cóceres y otros luchadores en esa etapa de la historia entrerriana, argentina y sudamericana. Hemos intentado realizar una doble lectura reflexiva y sintomática del trabajo clásico e imprescindible de Beatriz Bosch”, dice el profesor Castaldo.
“Una lectura detallada y lineal junto a una lectura y una interpretación, una hermenéutica, crítica, dialéctica y entre líneas, un estudio de la subalternidad, sólo introductorio y a nuestra humilde manera”.
“Creemos que es necesario avanzar en otra manera de estudiar y enseñar nuestra historia. La historia de fechas, gobiernos y caudillos debe dar paso a la historia de la compleja lucha política, social y cultural de clases. Necesitamos avanzar en el desarrollo de otra epistemología, otra forma de conocer, de construir el conocimiento de nuestra historia, y de otra pedagogía, otra manera de enseñarla. Una epistemología y una pedagogía diferentes implican otra semiótica, otro discurso, otro análisis y otras imágenes de nuestro devenir”.
“Reproducir los conceptos de la historiografía tradicional, aunque sea críticamente, sigue siendo operar en los marcos del poder. Hablar que la etapa de 1821-1832 (desde la muerte de Ramírez hasta la llegada al poder de Pascual Echagüe) es la etapa de la ‘anarquía entrerriana’ es reproducir un concepto epistemológica e ideológicamente falso y estrecho originado por el poder dominante. Mejor es estudiar a fondo y pensar. No hubo tal ‘anarquía’ porque a-narquía significa etimológicamente ‘sin gobierno’ y gobernantes lamentablemente hubo, y de terror. No hubo tal ‘anarquía’ porque el socialismo anarquista o el comunismo anarquista implican, en teoría política, la gestión pública y común de la riqueza y la más amplia democracia directa. No estuvimos ni cerca en esa época, salvo tal vez en algún fogón de Cóceres y sus paisanos cerca de Río Grande”.
“Podemos analizar las cosas, pensar y definir la época con otro título. Uno más adecuado, más concreto, puede ser -por ejemplo- ‘La lucha política y social en Entre Ríos en la Era del Cuadrilátero Rivadaviano y Rosista’. Las metáforas, las ironías, la creatividad comunicativa crítica, pueden ser parte valiosa de una nueva manera de estudiar, pensar y enseñar la dinámica y la complejidad de nuestra historia”.
“Los cambios y acontecimientos históricos, ¿los logró la movilización solitaria de caudillos y ‘próceres’ o los logró la movilización revolucionaria de los pueblos?”, se pregunta al final.
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El ejemplo del Pardo Encarnación Benítez
Castaldo había rescatado, en un artículo similar anterior (y siguiendo al historiador oriental Gonzalo Abella), la obra del Pardo Encarnación Benítez, que en la otra banda del río Uruguay hizo cumplir los propósitos distribucionistas de José Artigas, expresados en el reglamento provisorio de 1815.
A propósito, recordó una carta histórica de Benítez a Artigas, de la que se acaban de cumplir 200 años, y es importante conocer.
“El pueblo profundo en lucha –dice Castaldo-, superó incluso a su general Artigas. Las revoluciones y los cambios políticos e históricos los hacen los pueblos conscientes, organizados, movilizados, decididos y activos, no los próceres de cartulina, afiche o gigantografía estafadora y desmovilizadora. El ejemplo más destacado –sigue Castaldo- aquí de la potencia de la lucha popular es el del Pardo Encarnación Benítez, ese moreno que era lugarteniente de Artigas y que emprendió el reparto de tierras entre la gente del pueblo, a pesar de que los cabildantes y hacendados todavía ‘patriotas’ se quejaron formalmente de Encarnación ante el propio Artigas. El cabildo montevideano no dejaba avanzar con la reforma a Encarnación y éste decidió escribirle a Artigas, a su cuartel de Purificación, al norte de Paysandú, para pedirle y exigirle (!) definiciones. La caracterización social del proceso revolucionario y de las especulaciones conservadoras -y el doble standard- de los hacendados ‘patriotas’ que hace Encarnación en esa carta política caliente (2 de enero de 1816) al Protector es extraordinariamente clara y profunda, y le reclama a Artigas, que aclare si es cierto que el propio General acuerda con los cabildante suspender el reparto de las tierras de los malos europeos Albines”.
“Artigas definió políticamente a favor de Encarnación. Le avisaba el Pardo a Artigas que, si no se entregaban las estancias de Albin al pueblo en lucha ‘se iba a abrir margen a una revolución peor que la primera’ (Azcuy Ameghino). El Pardo fue asesinado por los portugueses invasores el 26 de mayo de 1818, pero al igual que Andresito y tantas otras figuras populares de la Liga Federal, nos mostraron que el camino de la esperanza en acción y la transformación realmente liberadora está en la acción directa, consciente, organizada y federada del movimiento popular. Si la primera vez no alcanzó, la segunda debe contar con más organización, más planificación, más solidaridad confederada, más decisión y más acción”, concluye el docente mariagrandense.