La tarde que me enteré de su partida, momentos antes estuve revisando una vieja libreta de direcciones; y como cosas del destino, por decir de alguna forma, lo primero que al azar abrí fue el teléfono que en un momento dado Mario me dejó para contactarme con una persona para agilitar algunos trámites. No di importancia al asunto; pero sonreí, ya que me trajo a la memoria algunas de las opiniones que Mario tenía sobre esta persona, como 'no te hagas muchas ilusiones. Me reí al recordarlo, se cumplió la profecía.
Quizás esta fue una forma que Mario, El Golpeado, quiso dejarme como último mensaje. Típico de Mario, y sus bromas.
Conocí a Mario en Buenos Aires, compartí con él y otros compañeros momentos muy agradables además de momentos militantes con compas que venían de Uruguay, Perú, y con uruguayos en Buenos Aires.
Que puedo decir de este muy pintoresco compañero?, que fue siempre fiel a los principios de su lucha, fiel a sus amigos, bonachón, que le gustaba cocinar y lo hacía muy bien.
Mario como muchos otros/as sufrió muy particularmente la desilusión el desbande del MLN-Tupamaros. Especialmente de un "compañero" por el cual él hubiese dado la vida. Y eso lo afectó.
Todos/as los que conocimos a Mario escuchamos historias, acontecimientos de la vida militante de Mario.
Pero Mario era mucho más. Sabía de amistad, compañerismo, solidaridad.
Mario, El Golpeado, guardaba un corazón tierno, que quería disfrazar con dureza, pero llegado el momento, sin darse cuenta, lo mostraba a aquellos que lo querían ver. Yo lo pude comprobar.
En algún tiempo difícil que pasé en Buenos Aires, Mario vino a verme en repetidas ocasiones. Andaba con poco dinero así que caminaba a pesar que no estaba muy cerca, a pesar que su salud, y traía unas galletitas, un chocolate, cosas pequeñas, pero importantes. Pequeñas cosas, a la vez muy grandes.
La última vez que nos encontramos en un boliche cerca de su casa, tomamos un café con medias lunas, hablamos.
Me encontré con un Mario triste, tranquilo, un Mario diferente. Me preocupó y se lo comenté a los compañeros.
Los dos sabíamos que esa era la última vez que nos encontraríamos, sin mediar palabra lo sabíamos
Nos despedimos con un fuerte y prolongado abrazo. Cuidate, dejá de fumar, que el cigarrillo mata. Fueron sus palabras de despedida. Cuidate tú también, ta.
Lo vi irse calle arriba, con paso cansado. Me lo quedé mirando hasta que dobló la esquina.
Aquella vez no fue un adiós, hoy no lo es tampoco. Mario, El Golpeado, estará presente en mis recuerdos, en mi corazón. Y sé que de tanto en tanto algún recuerdo suyo me visitará y me hará sonreír.
Si discrepé con él, por supuesto que sí. Si alguna vez me irritó, oh sí!. Pero Mario era Mario, y no podías estar enojado con él por mucho tiempo.
Donde estés compa, estoy segura que andarás preparando alguna comilona, unas empanadas fritas que eran una delicia.
Mario, lo que nunca te dije fue gracias debidamente, no te dije que había descubierto tu gran corazón, que fuiste buen amigo, compañero y que a pesar de discrepancias fuiste un hombre entero que dejó lo mejor.
Te quiero Mario. Gracias a la vida por ponerte en mi camino