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Nicaragua: políticos e intelectuales opositores llaman a ejercer "abstención activa"

"Consideramos como un deber moral y una obligación patriótica, repudiar la mascarada electoral que ensaya la dictadura", indicó, en un documento, el denominado "Grupo de los 27".

Un grupo de personalidades nicaragüenses, encabezado por los poetas Ernesto Cardenal y Gioconda Belli, y opositores al Gobierno de Daniel Ortega, repudiaron hoy (09.08.2016) la "mascarada electoral" que se realizará en los comicios de noviembre, en las que el actual mandatario busca su cuarto mandato y tercero de forma consecutiva.

En el documento, leído por el empresario de radio Fabio Gadea –el segundo candidato presidencial más votado en los comicios pasados–, el denominado "Grupo de los 27" aseguró que "no hay por quién votar" debido a que el Gobierno no garantizó un proceso electoral "transparente" y excluyó de la contienda a la principal fuerza de oposición.

"Si por miedo al voto ciudadano cierran la puerta a la democracia, entonces tenemos el deber y el derecho de abrir otra, grande y con resultados contundentes: la resistencia pacífica expresada en la abstención activa", subrayó el informe.

Proceso "viciado"

A juicio de ese grupo, no votar en este proceso "viciado" es "positivo" y "conveniente" para el futuro, y a la vez, exhortaron a las organizaciones gremiales, políticas y sociales del país a unir esfuerzos para oponerse pacíficamente a las "pretensiones dinásticas del régimen".

La principal coalición opositora de Nicaragua, afectada por una serie de fallos judiciales, decidió no participar en las próximas elecciones.

Entre los miembros de "Los 27" figura Enrique Zelaya (alias "doctor Henry"), ex jefe de la "contra" que combatió al primer Gobierno de Ortega en la década de 1980. "En 1990 nosotros desmovilizamos de la montaña a 15.000 hombres porque nos prometieron paz y elecciones vigiladas, justas y transparentes. Hay que evitar que se repita la guerra porque este país no podría resistir" otro conflicto armado, advirtió.

Además de Ernesto Cardenal, Gioconda Belli y Enrique Zelaya, firmaron el manifiesto Fabio Gadea, el embajador de Nicaragua en Washington durante el primer régimen sandinista (1979-1990), Carlos Tünnermann, los exdiputados opositores Carlos Langrand y Edipcia Dubón, exfuncionarios del Gobierno de Enrique Bolaños (2002-2007) y disidentes sandinistas, entre otros.

FEW (dpa, EFE)10/8/16

 

Gioconda Belli: "Ortega y su esposa mandan absolutamente"

¿Quiénes son "los 27" intelectuales y políticos opositores que llaman al "abstencionismo activo" en las elecciones presidenciales de Nicaragua? DW habló con una de ellos, la novelista y poetisa Gioconda Belli.

A Gioconda Belli se le conoce, sobre todo, como poetisa y novelista. Se le recuerda, también, como luchadora antisomocista, ex militante y ex funcionaria del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Pero Belli se desligó del "Frente" en 1994, cuando se convenció de que "Daniel Ortega estaba tratando de usurpar el poder para sí mismo".

Junto a otros prominentes escritores nicaragüenses como Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez, Belli apoyó en lo sucesivo al Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y ha criticado abiertamente al Gobierno de Ortega, últimamente, como Cardenal, desde el llamado "Grupo de los 27".

DW: ¿Qué une a "los 27", entre los que aparecen nombres como el suyo o el de Cardenal, pero también el de Enrique Zelaya, exjefe de la "contra" que combatió al sandinismo en la década del 80?

Gioconda Belli:  El grupo se formó a partir de una memoria que había, de 1974, cuando un grupo de organizaciones se juntaron para sacar un comunicado que decía "¡No hay por quién votar!", a partir de una elección de (Anastasio) Somoza. Se decidió que había que revivir esa memoria, puesto que estábamos enfrentados con una situación similar, cuando Daniel Ortega cerró las oportunidades para que hubiese una observación electoral independiente y también porque se canceló la personalidad jurídica de la fuerza de oposición más importante del país, el Partido Liberal Independiente (PLI), segundo en las elecciones de 2011.

En este caso no son organizaciones gremiales. Son personas que han tenido una posición crítica con relación al Gobierno de Ortega. Y sí, hay de todo. Hay gente que estuvo en la "contra", en la oposición, en el sandinismo. Las cosas han cambiado en Nicaragua y nos encontramos con enemigos del pasado que tienen posiciones similares a las nuestras, que somos gente de izquierda que no estamos satisfechos con la forma en que está procediendo este Gobierno, porque está aboliendo toda la institucionalidad del país.

¿Qué esperan obtener con el "abstencionismo activo" que promueven?

El abstencionismo activo tiene que conducir a llamados a la población. Como no hay observación electoral, nos hemos constituido en un grupo que va a tratar de pronunciarse frente a diferentes atropellos a la libertad que existen en el país en estos momentos. Entre los atropellos está el hecho de haber descalificado a toda la oposición que tenía más posibilidades de sacar un buen número de votos (que sacó más del treinta por ciento en las elecciones pasadas).

Dentro de una maniobra hecha a través de la Corte Suprema de Justicia, le quitaron la personalidad jurídica al PLI, en el que una coalición grande se iba a juntar para poder participar en las elecciones, y lo sustituyeron por unos grupos que no tienen ningún peso ni representatividad política en el país en este momento. Aquí históricamente se les ha dicho "zancudos" a esos grupos, iguales a los que usaba Somoza para hacer parecer que existía una oposición, pero es una oposición totalmente irrelevante, infiltrada, montada y financiada por el Frente Sandinista.

"Los 27" hablan de la "mascarada electoral que ensaya la dictadura". ¿Cómo describiría usted el estado de la democracia a las puertas de las elecciones en Nicaragua?

El estado de la democracia está muy golpeado por una centralización del poder que ha roto la división Estado-Partido, que ha dominado todas instituciones de poder en Nicaragua: el Consejo Supremo Electoral está controlada por Daniel Ortega, la Corte Suprema de Justicia, el Ejército, la Policía, la Contraloría, todas las instituciones que deberían supervisar al Ejecutivo y crear un control y balance de poder están anuladas.

El resultado es que se está violando la Constitución, que se empezó a violar cuando Daniel Ortega se reeligió por segunda vez, pese a que en la Constitución estaba declinado ese derecho. No se podía acceder a una reelección continua sino que había que esperar un período. Él hizo una demanda y −con este dominio que tiene sobre la Corte Suprema−, como "cualquier ciudadano tiene derecho a elegir y ser electo", apeló contra la Constitución y la Corte Suprema le dio el derecho a reelegirse, violentó a la propia Constitución del país. Por eso nosotros hablamos de una situación que se parece a la situación que tenía Nicaragua durante el régimen de Somoza.

¿"Los 27" comparan al Gobierno de Ortega con la dictadura de Somoza?

Yo personalmente pienso que es diferente, que no es la misma cosa en términos de represión, de manejar, por ejemplo, al Ejército contra la propia población. Eso no se ha dado todavía. Ha habido momentos en que ha habido represión de la policía hacia la ciudadanía. Han expulsado del país a varias personas. Yo no lo compararía en términos represivos con el régimen de Somoza, pero en términos institucionales están creando una situación similar.

El grupo habla también de las "pretensiones dinásticas del régimen"...

Sí, este es un Gobierno donde el presidente y su esposa concentran todo el poder y se ha pasado a las bases esta idea de que son ungidos por la Historia y por Dios para estar en el poder. Y en ese sentido es que yo comparo la situación que tenemos ahora con una idea monárquica, de monarquía absoluta, no de una monarquía constitucional, porque están concentrando el poder a un nivel tan intenso que Ortega y su esposa manda absolutamente en el país... O sea, "el Estado soy yo", de Luis XIV, es más o menos lo que está pasando aquí.

Ernesto Cardenal ha descrito a Daniel Ortega como "un traidor de los ideales del héroe Augusto César Sandino". ¿Cómo describe usted hoy a Ortega, el hombre y el político?

Daniel Ortega es una personalidad compleja que pienso que tiene una profunda inseguridad y miedo de que exista una oposición conformada en el país. Nosotros creemos que tiene que ver un poco con su relación con Venezuela, que está viendo lo que pasa cuando hay una oposición con arraigo y posibilidad de optar a cargos públicos. Entonces parece que él decidió que no hubiese oposición en Nicaragua, "cortarla por lo sano".

En 2008 ya le había quitado la personalidad jurídica al Movimiento Renovador Sandinista, un partido que formamos en 1996 los que nos salimos del Frente Sandinista en 1994. Ese partido se ha tenido que aliar con el Partido Liberal Independiente para tener opción a usar una casilla electoral. Pero ahora al PLI le quitaron su casilla. Le quitaron su casilla al Partido de Acción Ciudadana. Han dejado sin voz y sin voto a la oposición.

¿Cómo se describe usted, a sus 67 años, en esta Nicaragua, frente a este FSLN y este Ortega?

Me defino como una persona que sigue empeñada en lograr lo que queríamos lograr cuando hicimos la revolución: un país democrático, un país progresista, un país que tuviera una Justicia fiel a nuestros principios. Pero también hemos evolucionado, no podemos comparar el sandinismo que triunfó en 1979 con las aspiraciones sandinistas que hemos tenido después.

Después de la derrota electoral (en 1990) hubo un examen de conciencia. Había pasado la perestroika, había caído el Campo Socialista. Un grupo de nosotros planteó una democratización profunda del partido y una adaptación a una izquierda más moderna y más democrática, internamente y hacia afuera.

Ahí ocurrió el gran choque que tuvimos con Daniel Ortega, porque él todavía tiene la ideología de esa izquierda del 60 y 70, que todavía piensa en la "dictadura del proletariado"; aunque ha sido muy hábil en lograr una gran coalición con el sector económico más fuerte (que tiene mucho miedo de hablar porque cree que va a perder los privilegios que Ortega le ha concedido)

¿O sea que Ortega no tiene que temer a lo que Nicolás Maduro llama, en Venezuela, "la guerra económica"?

Depende, porque cuando se cierran todas las avenidas políticas, empieza a crearse un sentimiento de incertidumbre alrededor de qué es lo que la clase política va a hacer, y eso va a afectar sin duda su matrimonio con la clase económica dominante... Puede ser que Ortega se esté preparando también para el cese de la ayuda económica de Venezuela hacia Nicaragua, que eran 3.500 millones de dólares. Eso va a afectar también a la economía del país.

*El último manifiesto del llamado "Grupo de los 27" está firmado por: Ernesto Cardenal, Adolfo Bonilla, Fabio Gadea Mantilla, Gioconda Belli, Carlos Tunnermann Bernheim, José Luis Velásquez Pereira, Frank Lanzas, Enrique Zelaya (Doctor Henry), Edmundo Jarquín, Gabriel Álvarez Arguello, Sofía Montenegro, Sergio Boffelli Acosta, Cirilo Antonio Otero, Julio Icaza Gallard, Edipcia Dubón, Monique Ninette Blanco Sarria, Roger Arteaga, Enrique Sáenz, Azahalea Solís, Carlos Langrand Hernández, Michele Najlis, Alejandra Castillo, Moisés Julián Castillo Soza, José Antonio Peraza Collado, Octavio Ortega, Ana Margarita Abaunza Sedda. En los anteriores firmaba también Vidaluz Meneses, recientemente fallecida.

DPA12/8/16

Ya vimos esa película

SERGIO RAMÍREZ

Publicado en La Prensa, jueves 11 de agosto. 2016

La periodista Sylvia Colombo de la Folha de Sao Pablo, me pregunta en una entrevista en relación a  Nicaragua, si estoy de acuerdo con la reelección indefinida. Por supuesto que no. Una reelección es democrática en un régimen democrático, pero la reelección indefinida nunca es democrática. Daniel Ortega ha sido el único candidato de su partido desde 1984, o sea a lo largo de más de 30 años, y con este nuevo periodo que va a ganar en noviembre, porque ya está decidido de antemano que va a ganar, habrá estado en la presidencia por 25 años. Y no es que en 2021, dentro de cinco años, no vaya a presentarse otra vez como candidato.

Los verdaderos partidos de la oposición han sido eliminados por sentencia de la Corte Suprema, que le es fiel políticamente, y la oposición parlamentaria ha sido expulsada de la Asamblea Nacional por orden del Consejo Supremo Electoral, sometido también a él de manera incondicional. No queda un solo poder del estado que no esté alineado ni institución pública independiente.

Los observadores internacionales para estas elecciones han sido rechazados bajo el calificativo presidencial de “sinvergüenzas”. En estas listas de indeseables queda la Organización de Estados Americanos, la Unión Europea, y el Centro Carter de Estados Unidos.

No se trata de un capricho, ni de un desplante.  En el fondo lo que se rechaza son las elecciones mismas. Ortega no cree en la democracia representativa, cree en el partido único, como lo ha dicho públicamente no una vez, una de esas en una larga entrevista para la televisión oficial de Cuba. 

De modo que para él las elecciones son un mal necesario, y por eso no les quiere dar relevancia, mientras no sean hechas desaparecer del todo en la Constitución. Las quiere lo más parecido a las viejas elecciones de Europa Oriental, donde la oposición queda reducida a un porcentaje mínimo que sólo representa a los desadaptados sociales.

La institucionalidad funcionaba a medias en Nicaragua, pero hoy ha dejado de funcionar del todo por una serie de medidas que aún tienen perplejos a los expertos políticos que no se atrevían a decidirse si esta era una democracia limitada, un gobierno autoritario, o simplemente una dictadura. Hoy queda claro ante el más benévolo de esos analistas, que se trata de un régimen camino del partido único, a la usanza más obsoleta, fruto de la nostalgia trasnochada por los desaparecidos sistemas del llamado socialismo real que se hundieron con la caída del muro de Berlín.

Y al mismo tiempo, es una autocracia familiar como las que hemos conocido en el pasado en América Latina y claro está, en carne propia en la misma Nicaragua, regímenes que vuelven siempre a resucitar. Para que no queden dudas, Ortega ha escogido a su propia esposa, Rosario Murillo, como candidata a la vicepresidencia. La siempre oportuna Corte Suprema ya había dictaminado desde antes que el parentesco entre esposos no es ningún impedimento constitucional. La alternabilidad en el poder, las elecciones libres, las libertades democráticas, escritas en la Constitución, han desaparecido de la vida real. Vivimos en un país virtual.

La oposición real y creíble ha quedado eliminada. Han sido inscritos para las elecciones 17 partidos políticos pero todos son de membrete, como los que existían en los países de Europa Oriental en tiempos soviéticos. A los candidatos a presidente que competirán con Ortega nadie los conoce porque han sido sacados de la manga. En Nicaragua estos candidatos a presidente, y a diputados, son llamados “zancudos” porque solo buscan chupar la sangre del presupuesto, ya que ganan prebendas para prestarse al juego, entre ellas las codiciadas curules.

El régimen se había válido hasta ahora de su alianza con la empresa privada, que aprendió a no temer al discurso virulento de Ortega en contra del imperialismo yanqui, el capitalismo y la oligarquía vendepatria. La regla de oro de esta relación era que los asuntos políticos quedaban excluidos de las agendas económicas. Hoy está alianza empieza a mostrar sus fracturas cuando las cámaras empresariales protestan por las medidas arbitrarias que quitan la representación parlamentaria a la oposición, y eliminan de la contienda electoral a los partidos independientes.

El justo temor de los empresarios es que el clima de estabilidad económica conseguido hasta ahora se deteriore, y que las inversiones extranjeras resulten ahuyentadas, lo mismo que la cooperación financiera internacional, que es clave. Hasta ahora ha existido un clima de negocios favorable, con moderadas tasas de crecimiento y baja tasa de inflación,  con la inapreciable ayuda de las remesas de los emigrantes, cuyo monto sigue creciendo.

El gobierno ha repartido dádivas gracias al dinero del petróleo venezolano, que ya se agotó, pero la estructura desigual no cambia. El número de pobres no ha disminuido, más del 40% de la población vive con menos de dos dólares al día, y más del 70% depende de un trabajo informal. 

Y según las revistas financieras, Nicaragua es el país centroamericano donde el número de millonarios ha crecido más en los últimos años. Es un raro socialismo este, donde  el número de pobres no disminuye y crece el número de millonarios salidos de la nada.

Qué porcentaje de la población respalda realmente a Ortega sigue siendo un misterio sin descifrar, porque las encuestas que buscan complacerlo no son confiables. Hay encuestas de encuestas. Una reciente de Borge y Asociados, los únicos que acertaron en que los sandinistas perderíamos las elecciones de 1990, muestran a Ortega con un 40% de respaldo. Es alto, pero lejos de la cuasi unanimidad que él pretende.

De todas maneras, las elecciones del mes de noviembre tendrán un candidato único, y ya hay un ganador de antemano que pretende sacar más del noventa por ciento de los votos, y dominar la Asamblea Nacional sin ninguna clase de voces disidentes. Una Asamblea que votará a mano alzada. 

Ya hemos visto esa película. Y ya sabemos cómo termina.

Cali, agosto 2016

Sitio oficial
www.sergioramirez.com