La cuestión española
Por volver sobre la comparación con España, en 1936 fueron las «premisas» de una revolución las que fueron devoradas por la guerra. En Rojava, la guerra vino primero, y por desgracia, no hay nada que anuncie que esté a punto de surgir de ella una revolución «social»
Gilles Dauvé Publicado en Posta Portenia en 2015
Desde aquel informe compañero del proletariado de Kurdistán del que hablo en la primera nota sobre Rojava, se ha ido confirmando una tenebrosa alianza imperialista detrás de la llamada “revolución de Rojava”, en donde participan desde las izquierdas libertarias a sectores de la extrema derecha europea [1], que van dejando los campos históricos entre las clases sociales y sus intereses, cada vez más incuestionablemente claros. La mentira de la revolución en Rojava funciona como anzuelo de la guerra imperialista, de la misma manera que el antifascismo español en los 30, luego de exterminar al proletariado revolucionario, reclutó para el imperialismo (yanqui, ruso, inglés…) y su guerra mundial.
Por otra parte algunos compañeros me escriben y me insisten en aclarar que el nacionalismo kurdo siempre fue imperialista (apoyado en general por las grandes potencias), que los revolucionarios en Kurdistán siempre opusieron el internacionalismo al nacionalismo kurdo, como contrapusieron el clasismo frente a todo tipo de populismo o partidos populares. El nacionalismo es siempre parte del imperialismo. Al respecto es fundamental recordar que el nacionalismo Kurdo fue cómplice de todas las invasiones imperialistas en la región. En Irak la invasión yanqui impuso al jefe nacionalista y populista kurdo Talabaní como presidente del país, de la misma forma que el nacionalista kurdo Barzaní (padre e hijo) siempre fue la carta del Pentágono, Israel y la OTAN.
Lo que sucede con lo “nacional” sucede también con lo “popular”. Cuanto más se habla de popular (“lucha popular”, “ejército popular”, “participación popular”),dirigiéndose al proletariado en lucha, más se consolidan las alianzas de guerras contra tal o cual fuerza, más se desarma al proletariado buscando utilizarlo como carne de cañón en la guerra imperialista.
Con estos elementos digamos claramente que el paralelismo entre la llamada “revolución” de Rojava y la República Española de los años 30, no es en sí lo que nos parece mal, sino que lo que me parece esencial es denunciar como se usa ese paralelismo para llevar al proletariado a ser carne de cañón de los intereses imperialistas. Lo que se busca con esa propaganda es alinear y militarizar al proletariado en todo el Medio Oriente detrás de la vieja ALIANZA FRENTE POPULISTA e IMPERIALISTA que condujo a la Guerra denominada: Segunda Guerra Mundial
Están presentes las mismas fuerzas que ganaron la guerra imperialista y que controlan el mundo: la vieja y putrefacta burguesía occidental y judeocristiana unificada con el leninismo estalinista y trotskista de todo el planeta. Nada más coherente con esa alianza que, como en España CONTRA LA REVOLUCIÓN, darle algunos toquecitos de populismo, feminismo, autogestionismo y estatismo libertario
También en España, la burguesía del campo antifascista (la mismísima de los campos de concentración en Rusia y de los bombardeos de Hiroshima, Nagasaki, Dresde…) supo para ello cooptar (dándoles puestos en los gobiernos locales y luego nacionales), a las organizaciones de trabajadores que habían sido más radicales: la CNT-FAI, el POUM, las Juventudes Libertarias, las organizaciones trotskistas, etc. La ideología del Estado confederal y de la confederación democrática como supuesta alternativa al Estado, que hoy esgrime tanto la vieja burguesía clásica como los estalinistas del PKK, junto a los libertarios modernos, también es clásica de esa recuperación y, en alguna manera, en la España del 36 unificaba la central de trabajadores que se definía a sí misma como Confederación con el Estado Catalán (o mejor dicho los Estados Catalanes) con Companys a la cabeza, que fue un verdadero ideólogo del confederalismo democrático en su cruzada antifascista [2]
Como concreción de nuestra crítica, tomamos el artículo de Raúl Zibechi: “Kurdistán, confederalismo democrático” que expone que lo que sucede Rojava hoy, imitando a Greber. Según explica “los vericuetos de la memoria y de la consciencia” lo conducen a la España de la década del 30. Lo primero que salta a la vista, en lo que dice Zibechi y sus vericuetos, es que se esconde el análisis de clases, tampoco se ataca a la propiedad privada, ni al Estado, como dicen los compañeros internacionalistas en Kurdistán que cité en la contribución anterior. Por el contario, se levanta el populismo, las barricadas y comunas igualitarias, sin hablar de las contradicciones de clase, y se asimila abiertamente la revolución a la guerra, todo absolutamente coherente con la coalición imperialista de ayer y de hoy. Aquí va su presentación:
“Cuando recibimos noticias de la resistencia kurda en Kobanê y en los otros dos cantones autónomos en la región de Rojava, los vericuetos de la memoria, y de la conciencia, nos remiten a la guerra y la revolución españolas. Aquellas comunas igualitarias de Zaragoza, las dignas barricadas y la autogestión en Barcelona, el grito de Buenaventura Durruti en la defensa de Madrid: ‘Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones, y ese mundo está creciendo en este instante’.Encuentro varias semejanzas, que hacen al núcleo de los procesos de cambio: el pueblo armado, organizado en batallones populares; el papel destacado de las mujeres en todos los ámbitos y niveles de la acción colectiva; el autogobierno con amplia participación; el hecho de que estos cambios emergen durante una guerra, o sea, en una situación extremamente crítica para la supervivencia”
“Guerra y revolución españolas”, en esa “frasecita”, se condensa la más grosera de las distorsiones y falsificaciones. No es que no sea correcto el paralelismo entre Kurdistán hoy y la España de los años 30, sino que, como quien no quiere la cosa, como al disimulo, se pone la guerra y la revolución del mismo lado de la barricada, cuando estaban en lados totalmente opuestos. En realidad, la guerra no fue la aliada de la revolución, como sostenía el estalinismo, sino que fue el método general de liquidación de la revolución española en la década de los 30. La contradicción imperialista e intercapitalista fue utilizada contra la lucha histórica del proletariado en España.
El antifascismo fue la clave de la imposición del terrorismo de Estado. Si todo terminó en una gran masacre intercapitalista en España, fue justamente por esa confusión deliberada entre guerra y revolución, cuando en realidad el proletariado siempre había luchado por su revolución y la burguesía impuso la guerra contra ella y, en última instancia, logró que la guerra se comiera a la revolución. No es que las situaciones de Rojava y España no tengan nada que ver, sí que tienen. En ambos casos se trata de transformar un cuestionamiento de la sociedad del capital en una situación de frente popular, nacional e imperialista para la guerra entre fracciones del capital; en ambos casos la guerra entre potencias liquida la lucha por la revolución social.
Recordemos solo un poquito ese proceso, para dejar bien claro que lo que lo que defiende Zibechi no es la revolución sino la contrarrevolución y la guerra imperialista. Y para ello tomamos las frases mismas que Zibechi utiliza.
1) “el pueblo armado, organizado en batallones populares” constituyó en realidad la liquidación de las organizaciones autónomas del proletariado (que venían de triunfar), la sumisión del proletariado, actuando contra la propiedad privada y la burguesía como clase, a los intereses populares. Esos batallones terminaron siendo regimientos del Estado burgués (militarización de las milicias).
2) “el papel destacado de las mujeres en todos los ámbitos y niveles de la acción colectiva”; la mujer armada en el ejército popular y republicano se utilizó masivamente para destruir las organizaciones clasistas del proletariado… y a aquellas que no lo aceptaban las metían presas y las torturaban.
3) “el autogobierno con amplia participación” se redujo en realidad a la cooptación, por el Estado burgués republicano, de representantes provinciales y luego estatales de todos los partidos de origen proletario (CNT/FAI, POUM...)… ¡Terminaron como Ministros de Estado!
4) “el hecho de que estos cambios emergen durante una guerra, o sea, en una situación extremamente crítica para la supervivencia” es, absolutamente cierto, que en ambos casos la situación es extremadamente crítica, pero o bien se va hacia la revolución (atacándose a la propiedad privada y el Estado burgués) o se somete al proletariado a los intereses de la guerra imperialista y, en ese caso, se avanza hacia la contrarrevolución y la guerra como se hizo en España
En todo lo que Zibechi dice, se está “olvidando” de lo central: que para transformar la revolución en guerra, como logró hacer la república española con la colaboración franquista, había que “RENUNCIAR A TODO….menos a la victoria” en la guerra imperialista. En julio de 1936, el proletariado armado se había negado a renunciar a su revolución y había ganado, en la calles, frente a la contrarrevolución, en mayo/junio del 37 la república española utilizó todo el terror de Estado para desarmar la última barricada en Barcelona e imponer la guerra por doquier, “todas las armas contra el fascismo”. Luego de esa “gran victoria” y como carne de cañón de la burguesía solo conoció derrotas: la sumisión del proletariado a la guerra solo podía conducir a SU DERROTA. La república fue la clave de la contrarrevolución en España, primero desarmándolo y reprimiéndolo, luego conduciéndolo a la derrota imperialista y los campos de concentración
La terminología misma del policlasismo de los Zibechi esconde en realidad el antagonismo de clases y el choque consecutivo:
“Aquellas comunas igualitarias de Zaragoza. Esconde que se buscaba liquidar el enfrentamiento histórico a la propiedad privada y sustituirlo por el derecho burgués igualitario al mismo ritmo que se transformaba la resistencia proletaria en Frente de guerra.
“las dignas barricadas”esconde que una cosa fueron las barricadas que se había levantado desarmando a la república burguesa para enfrentar a los milicos y otras muy diferente fueron las barricadas que resultaron de su transformación trincheras republicanas obedeciendo al Estado burgués.
La autogestión en Barcelona esconde la recuperación burguesa brutal entre la organización de la producción durante los primeros días bajo el proletariado armado y la gestión de la producción organizada por la república burguesa gestionada por los sindicatos totalmente integrados al Estado.
En efecto, entre la lucha social e histórica del proletariado en España y el hecho de que fuera integrado por medio de los batallones populares (¡con gran participación femenina!) en el grandioso ejército de la república española, hay un enorme choque social. La renuncia a la lucha contra el capital, la renuncia a “ir por el todo” [3] condujo a la brutal represión republicana y a la liquidación sangrienta de la lucha autónoma del proletariado revolucionario..., antes de su destrucción física generalizada en la guerra entre fuerzas capitalistas.
Esa brutal contrarrevolución, que en el fondo es tan clara como en todas partes, el triunfo del Estado frente al proletariado armado, se produce fundamentalmente entre julio 1936 y mayo/junio 1937. Las banderas del Estado son las que levanta Zibechi, lo popular (la lucha antifascista), lo “nacionalista” kurdo (o catalanista), la incorporación de la mujer a la guerra, el autogobierno (colaboracionismo), la autogestión (cooptación de los trabajadores en la dirección de las empresas para ponerlas al servicio de la guerra)
Programáticamente las cosas fueron muy claras y explícitas. En julio de 1936, el proletariado armado enfrenta a las tropas criminales dirigidas por el general Franco y gana grandes batallas contra ellas. Se llega así a un momento que todos los protagonistas reconocen como el momento decisivo (fines de julio 1936), en donde existen dos caminos totalmente opuestos: o se “va por el todo” y se ataca a todo el Estado burgués y se destruye la propiedad privada de los medios de producción; o bien se acepta la propuesta de ese mismo Estado de colaborar con él ( incluyendo la gestión empresarial que los patrones abandonaban) de formar un frente antifascista y se parte a la guerra de frentes que ese Estado quería imponer
La contraposición entre “ir por el todo” y el colaboracionismo frentista era de vida o muerte, las barricadas tienen solo dos lados (¡ello se terminó de confirmar en la liquidación de las barricadas proletarias de mayo 1937!) La salida hacia el frente de Zaragoza (¡que también apologetiza Zibechi!) implicaba la renuncia a “ir por el todo”.
En la práctica, fue el principio del fin no solo de la revolución, sino de la misma autonomía del proletariado. Durruti junto con otros dirigentes históricos de la CNT (Federica Montseny, Abad de Santillán, Marianet….), impondrán, por mayoría, la renuncia a ir por el todo y la marcha hacia el frente en milicias para “liberar la ciudad de Zaragoza”. La discusión se realiza en todos los organismos del proletariado (armado) que hacen temblar a la burguesía coaligada, la imposición del frentismo se concreta en que, dejando intacto al Estado burgués, se marcha a la guerra en Zaragoza en defensa del Estado republicano. Durruti pretenderá, al principio, mantener un cierto nivel de autonomía con respecto al Estado, pero poco a poco será evidente que, en nombre de la guerra y el antifascismo, se liquidará totalmente la autonomía de aquellas milicias proletarias. Desde aquella partida hacia el frente, hasta la “defensa de Madrid”, Durruti y los suyos renunciarán absolutamente a todo, en los hechos en nombre de la guerra.
Siempre se discutió si Durruti había dicho o no, la famosa frase que los historiadores estalinistas le atribuyen “renunciaremos a todo menos a la victoria”, pero lo que no cabe dudas es que, en la práctica, se fue alineando totalmente con el frente popular y el antifascismo; y que de la autonomía proletaria de las milicias, cuando lo matan, ya no quedaba gran cosa: a prepo se las había militarizado y se les había impuesto la disciplina militar republicana. Las organizaciones oficiales del proletariado fueron dispersadas, desarmadas, militarizadas….hasta su transformación total en regimientos del Ejercito Oficial
El propio Durruti se mostraría cada vez más arrepentido de aquella renuncia a ir por el todo y sus contradicciones con la retaguardia barcelonesa fue cada vez más agudas, pero jamás dejó de aceptar el disciplinamiento republicano. Siempre se quejó de que, desde Barcelona, no le enviaban las armas que necesitaba, como si ignorase que el Estado solo quisiera desarmar al proletariado (¡como si el Estado burgués existiese para otra cosa que para imponer ese monopolio del armamento!), pero luego fue aceptando el sometimiento total a la militarización republicana impuesta, principalmente, por los leninistas dirigidos desde Moscú (¡la importancia de los agentes de Stalin en la tortura y masacre de resistentes nunca fue un secreto!)
El POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) no hizo nada diferente, siempre dijo que se opondría a la sumisión a la república burguesa y a la militarización, pero terminó aceptando (contra sus propias bases y minorías internacionalistas) hasta los reglamentos mismos de la militarización de las milicias y arrestando a resistentes y desertores. En todo caso, cuando se produce la famosa defensa de Madrid, a la que Zibechi hace referencia, Durruti no representaba en absoluto la resistencia proletaria sino el militarismo republicano, contra el que luchaban los revolucionarios y anarquistas consecuentes
¡Nunca se supo bien si quienes asesinaron a Durruti fueron los estalinistas, los franquistas o los militantes consecuentes de la CNT que se decían traicionados! Por eso se habla de tantas muertes posibles.
Claro que esa liquidación y traición (exactamente esa fue la palabra usada en los plenos de la CNT en donde se renunció a “ir por el todo”) no se hizo pacíficamente. La liquidación del proletariado armado se hizo no solo gracias a la cooptación estatal de la dirección de la CNT, que terminó aceptando el frentismo, sino de una represión cada vez más abierta de los sectores proletarios consecuentes. Sí, la guerra de frente y la formación de batallones populares, que tanto se propagandea hoy Zibechi y compañía, implicaron cárcel, tortura, desaparición de quienes siguieron “yendo por el todo”
En esa idílica Barcelona autogestionaria, la república, y principalmente el autodenominado leninismo bolchevique, actuó sin piedad contra todo aquel que siguiera hablando de revolución social. Textualmente fue prohibiéndose toda referencia a la lucha proletaria contra el Estado
El antifascismo, desde el principio, se impuso arrestando a proletarios y asesinando a quienes hablaban de revolución. En la Cataluña autogestionaria, se desaparecía a los compañeros y se los torturaba en casas ocupadas para esos efectos, decenas de miles de combatientes fueron aprisionados por los milicos antifascistas. Cuando fueron imponiendo la consigna “todas las armas al frente”, que en los hechos significaba reimponer el monopolio terrorista de Estado, todo grupo proletario fue sistemáticamente desarmado y exterminado por el Terror de Estado
El antifascismo, el militarismo, el terror de Estado y la consecuente guerra imperialista transformaron a España en un cementerio. A su vez, ello fue el prólogo indispensable de la “Segunda” gran carnicería mundial. Quién liquidó al proletariado armado no fue el franquismo, eso es mentira. Fue la república burguesa, y su brazo ejecutor, fueron los leninistas bolcheviques. ¿Sabe Zibechi que es esto lo que defiende para Rojava, con sus Batallones Populares?
En todo caso, es hacia eso que apuntan hoy las fuerzas imperialistas en toda la región de Medio Oriente y en particular en Rojava, toda sumisión a los batallones o al ejército popular (con feminismos y ecologismos comprendidos) y libertario tiene ese mismo objetivo. Por eso, es tan importante denunciar el mito de la Revolución de Rojava y sus tentativas de popularizar o españolizar la cosa. El nacionalismo kurdo funciona como agente del imperialismo y, en la popularización de la cosa, le parece ideal el modelo español: a principios de la década del 30 los proletarios atacaban por doquier al capital y al Estado, a fines de 1937 quienes lo hacían habían sido desaparecidos o se encontraban presos o en el exilio. Se caminaba inexorablemente hacia el modelo mismo que enarbola Zibechi, el de la contrarrevolución y la guerra imperialista.
Lo del confederalismo democrático de Ocalan es presentado, por Zibechi, como una novedad, pero cuando uno va a ver el contenido, ni por el lado de la democracia, ni por el lado del confederalismo hay ninguna novedad, es exactamente igual que lo popular. Simplemente digamos que el confederalismo, históricamente, ha pretendido distinguirse del federalismo por ser todavía más descentralizado, es decir por asegurar una mayor autonomía para cada una de las estructuras autónomas, pero es evidente que en el capitalismo ese tipo de estructura ha funcionado en todas partes, porque corresponde perfectamente con la sociedad de la mercancía y la libertad total de propiedad privada, que hace que el verdadero elemento de centralización no sea la política sino el mercado y la ley del valor, como confirman los “compañeros internacionalistas”, reunidos en Paris, para el Kurdistán
En todo caso, esa palabreja de confederalismo ha sido utilizada hasta el cansancio, por todo tipo de organizaciones más o menos estatales, desde estructuras que dicen representar a los trabajadores y/o al trabajo (Confederación General del Trabajo de la República Argentina…o la Confederación Nacional de Trabajadores de España) hasta Estados, como verificamos en base a la larga lista que nos presenta Wikipedia [4]…
Sí, contrariamente a la mitología “libertaria” a la moda (que no tiene nada que ver con lo que fue el anarquismo histórico), no puede caber dudas de que los Estados no dejaron de ser Estados, por más confederalistas que se declaraban. Reafirmemos que la CNT española, que había sido históricamente una organización muy contradictoria (con elementos clasistas pero adonde siempre predominó el sindicalismo y el socialismo burgués, por ejemplo gracias a la dirección de Pestaña), cuando pasó directamente a integrarse al Estado burgués y represor, en el periodo 1936/37, hasta que sus representantes llegaron a los Ministerios y diseñaron los campos de concentración republicanos, el confederalismo, no sirvió para un carajo: bien al contrario, todas las decisiones se tomaron desde arriba, desde los Ministerios mismos y el Estado burgués (¡exactamente lo mismo puede decirse del confederalismo democrático de la burguesía catalana y su Generalidad!)
La más trágica de ellas fue, en complicidad con el Estado estalinista, el desmantelamiento de las barricadas en mayo de 1937 (promovido por Federica Montseny, Abad de Santillán y, hasta quien había resistido en el 36 al antifascismo: García Olivier) que permitió que se desencadenara todo el terrorismo de Estado republicano.
En realidad, en toda esa apología que hace Zibechi de la “revolución” que nos vende la burguesía internacional sobre Rojava, no hay ningún otro elemento a destacar. Al contrario, es más de lo mismo cuando incursiona y compara Rojava con México y equipara el confederalismo democrático de Rojava con los gobiernos autónomos locales de los “zapatistas” (una vez más ¡pobre Zapata!) modernos diseñados por el Subcomandante Marcos. También en México, ese proyecto, no partió de históricas luchas proletarias sino que también se confirma como una estructuración de colaboración de clases, de afirmación del capitalismo, de apología del Ejército Mexicano y de participación activa en los cuerpos represivos como en la propia Policía
En cuanto al artículo de Zibechi, podríamos citar cada párrafo y denunciar su contenido por canalización hacia el capital y el Estado, por liquidación de la autonomía proletaria y subordinación a la política capitalista antifascista; pero esta vez me contentaré con retener solo la última parte, cuando Zibechi reduce la perspectiva al antifascismo histórico y cita apologéticamente a Eric Hobsbawm [5]
“Rojava merece toda nuestra atención, todo nuestro apoyo y la disposición de ánimo de aprender, que es lo poco que podemos hacer a distancia. Estamos atravesando un periodo particular de la historia, muy similar al de las dos guerras mundiales, cuando varios imperios fueron desguazados, cuando sobrevinieron las grandes revoluciones, pero también el reparto de los restos de esos imperios entre las potencias coloniales.?
Mirando retrospectivamente, Eric Hobsbawm resaltaba la importancia de la Revolución española, convertida en un frente de batalla central contra el fascismo. Fue, en su opinión, la causa más noble del siglo pasado, como señala en su Historia del siglo XX: “Para muchos de los que hemos sobrevivido es la única causa política que, incluso retrospectivamente, nos parece tan pura y convincente como en 1936”. Es lo mejor que puede decirse de una revolución”
Como vemos, el horizonte político de “la revolución” de Hobsbawm/ Zibechi es el ANTIFASCISMO, la “causa más noble” es la que llevó a todas las masacres subsecuentes hechas por quienes ganaron la guerra. Lo que les parece más importante de la “revolución española, es que deje de serlo y se adapte a la guerra, que se convierta” en un frente de batalla central contra el fascismo”
¡A cuantos proletarios hubo que masacrar para que renunciasen a la lucha por su revolución y fueran al frente de batalla! Lo más duro fue desarmar a todos, y cada uno, de los grupos y milicias proletarias, sacarles las armas (Negrin: “todas las armas al frente”) e imponerle la militarización, y a estos sociólogos es lo que le parece ¡la máxima realización!
Remarquemos, para terminar, que fue y es el ANTIFASCISMO como fuerza real histórica. Como vimos, había sido quien liquidó la revolución proletaria contra el capital y el Estado en el período 36/37, el que impuso el terror de Estado y aseguró lo que luego fue el alineamiento en frentes interimperialistas en la “guerra civil” en España, con más de un millón de muertos. Pero más internacionalmente, el antifascismo ya era el capitalismo internacional, el imperialismo francés, británico, ruso, yanquis unificados…. Fue ese mismo antifascismo, él que ganó la “Segunda” guerra mundial y el responsable exclusivo de todo lo que pasó después, desde las masacres en Asia, el napalm en Vietnam, Laos y Camboya, los campos de concentración estalinistas, el terrorismo del Estado de Israel, las atrocidades de los yanquis en todo el mundo, los escuadrones de la muerte en el Cono Sur hasta la imposición generalizada de los milicos y el terrorismo de Estado por doquier.
No puede olvidarse que el “antifascismo”, y la reescritura de la historia de ese campo en la guerra como los “buenos de la película”, es lo que permitió, consolidó y dio un fundamento ideológico a todas las atrocidades cometidas desde entonces en nombre de ese mismo antifascismo [6]: tortura y desaparición de seres humanos, bombardeo de civiles, guerra química, campos de concentración, bombas atómicas, napalm…
Por último, quiero subrayar que el artículo de Zibechi es un artículo muy bien escrito, como saben hacer los propagandistas del sistema y, como nos han acostumbrado, en todas las apologías de la “revolución de Rojava” Además, cumple con todas las normas a la moda de la publicidad dominante y, como pasa en todas las recuperaciones y liquidaciones de la revolución hacia el populismo, usa a las mujeres armadas como señuelo sexo publicitario hacia el reclutamiento en el ejército popular (guerra imperialista), como hiciera el ejército de Estados Unidos durante las décadas del 80 y 90 del siglo XX, y también para ganar adhesión internacional
Ricardo
[1] Solo para ser comprendido utilizo eso de derecha e izquierda que evidentemente, desde su origen (“revolución francesa”) confunde más de lo que describe de la realidad. No encontré otra forma de exponer esa alianza de libertarios y estalinistas con los que un día antes calificaban de “extrema derecha” y/o “fascistas”.
[2] En la ideología confederalista el plural es importante. Para la reaccionaria burguesía catalana, que Companys representaba, la República era la confederación de “Estados federados correspondientes a sus naciones integrantes titulares de las soberanías y de amplias prerrogativas”. Estas son las declaraciones de Companys a un periódico francés: “Ya somos en realidad una confederación…El futuro no podrá desmentir las conquistas federalistas, ya que habrán sido la base de la resistencia y el factor de la victoria”.
[3] “Ir por el todo”, significaba, para el proletariado de toda la península Ibérica, el luchar por la revolución social total y, consecuentemente, no aceptar ninguna propuesta de la izquierda burguesa del PS, del PC, de los libertarios burgueses como Federica Montseny (o algo más tarde Abad de Santillán) y los periódicos oficiales de la CNT. Había sido la consigna de décadas de levantamientos insurreccionales anteriores, de ocupaciones de pueblos, quemas de iglesias, ataques a la propiedad privada, incendios de billetes de banco, liquidación de agentes policiales y patronales…, y sobre todo de la red de asociaciones de toda la península al grito de UHP: “Uníos hermanos proletarios”.
[4] Antigua Confederación Suiza (1291–1798); Ciudades Confederadas del Valle del Cauca (1811–1815);Confederación Alemana del Norte (1867–1871); Confederación Argentina (1835-1862); Confederación de Canadá; Confederación de Centroamérica(1842); Confederación del Ecuador(1824); Confederación del Rin(1806–1813); Confederación Gaya (42–532); Confederación Germánica (1815–1866);Confederación Granadina (1858–1863); Confederación Maratha (1674–1818); Confederación Perú-Boliviana(1836–1839);Estados Confederados de América (1861–1865); Federación Árabe de Irak y Jordania (1958);Federación de Repúblicas Árabes (1972–1977);Irlanda confederada 1642–1651; Liga Hanseática; Reino de Dinamarca y Noruega (1536–1814) (confederadas en unión personal); República Árabe Unida(1958–1961); República de las Dos Naciones (1569-1795); Senegambia (1982-1989); Serbia y Montenegro(2002-2006); Unión de Kalmar (1397–1523) (confederadas en unión personal); Unión entre Suecia y Noruega (1814–1905) (confederadas en unión personal); Imperio Austrohúngaro (1867–1918) (confederados en unión personal)
[5] Hobsbawm fue un ideólogo académico socialdemócrata que perteneció toda su vida al partido “trabajista” e imperialista británico, que como tantos se decía “marxista” pero que nunca defendió las tesis de Marx contra el trabajo o contra el Estado, sino que al contrario adhirió al estalinismo en el apogeo del terrorismo de Estado ruso (1936). Es decir fue un típico “marxista” burgués. Nada más coherente entonces que contra la lucha secular del proletariado por su autonomía de clase, Hobsbawm haya sido un militante activo y un ideólogo del antifascismo Estatista e imperialista.
[6] Si aceptamos lo que las fuerzas dicen de sí mismas, debiéramos creernos en lo que dicen los Zibechi/Hobsbawm que el antifascismo surgió para combatir el fascismo. Por supuesto que eso es una gran mentira. Sostengo la clásica posición proletaria e internacionalista, de quienes nunca se sometieron al antifascismo, según la cual el antifascismo es una creación del Estado burgués internacional (¡que en muchos casos, como en España, precede al propio “fascismo” hasta modelarlo!), contra la lucha autónoma del proletariado, por su revolución. Su objetivo fue y es asustar con el cuco del “fascismo”, como si fuese una política externa al propio Estado (¡cuando en realidad es creada por él), para imponer la política capitalista, estatista, militarista e imperialista de quienes hicieron y ganaron la Guerra Mundial y dividieron el mundo en Yalta: los Estados de Estados Unidos, Rusia e Inglaterra (y Francia).