Uruguay ha logrado el récord mundial de pozo más profundo en el lecho del mar, y con espíritu olímpico además ya que ese pozo no nos reportará ninguna utilidad material: se hizo para buscar petróleo, y petróleo no hay. Esas cosas pasan, pero lo singular acá ha sido la actitud con la que se ha encarado tanto el emprendimiento como su resultado.
Un criterio de sensatez elemental diría que, si se trata de encontrar petróleo, esto ha sido un fracaso. Si ese objetivo en sí es correcto o no lo es, si Uruguay debe buscar y explotar petróleo, si eso es necesario y conveniente, y en función de qué, qué problemas puede traer etc. es otra discusión. La "política petrolera" del país se ha empezado a discutir, es necesario intervenir porque es un tema importante. Pero esto de tratar de ABSTRAER esa discusión del hecho básico de si HAY O NO HAY petróleo...
Lo más llamativo no es entonces la prospección realizada ni su resultado ni la política que tendría el país, sino la actitud con la que se pretende tener una política. Que no es exclusivamente del gobierno, ya que, en su esencia, nadie la ha cuestionado. ¿Qué queremos decir con esto?
Antes que nada, la explotación del petróleo entra de lleno en la coyuntura que vive la humanidad en el planeta, que determina que se deban buscar imperiosamente fuentes de energía ALTERNATIVAS a los combustibles fósiles. Uruguay suscribe y defiende los acuerdos internacionales para terminar el calentamiento global. Por tanto hay algo que no cierra, o bien esa posición es de boca para afuera, o esa política petrolera es una total incoherencia
Por supuesto, la cosa no siempre es tan simple. Hay casos en que un país NO TIENE MÁS REMEDIO que recurrir a combustibles fósiles como fuente de energía porque no dispone de fuentes alternativas. Pero el caso de Uruguay es exactamente el contrario. Uno de los principales logros de este último tiempo es la transición hacia la generación eléctrica por fuentes alternativas, que, complementadas con la hidráulica, pueden cubrir la totalidad de las necesidades del país, dejando atrás la pesada dependencia de fuentes externas de combustibles fósiles.
Por eso, para justificar la apuesta al petróleo el discurso oficial recurre a dos puntos:
- No se lo usaría para la generación eléctrica sino para el transporte.
Ese planteo pretende ignorar que TAMBIÉN en transporte terrestre la tendencia mundial es dejar atrás el motor de combustión interna; podemos ver día a día pasos grandes o pequeños en esa dirección en el mundo, y algunos también en el país. El caso más contundente es que este mismo gobierno, cuando plantea la buscar la inversión extranjera directa en un gran proyecto -muy discutible-, la tercera planta de celulosa, y asume la necesidad de un salto en infraestructura de transporte, se propone recurrir al ferrocarril (y damos por hecho que sería de trenes eléctricos porque otra cosa en este tiempo no tendría sentido) tratando de corregir el abandono de décadas que este medio de transporte ha tenido.
El 40% de nuestra matriz energética sigue siendo térmica, y es así porque tres quintos de ese 40 corresponden a un transporte caótico, anticuado, caro, y contaminante. La solución no está en ahondar el problema
- Uruguay no haría emisiones dañinas por la explotación de petróleo, solamente exportaría a otros países, obteniendo el beneficio de esa exportación.
Aquí hay varios aspectos. Queda claro que no existe ninguna lealtad real a los acuerdos de control del cambio climático, ya que aunque la contaminación que no haga Uruguay la harían los clientes de Uruguay con ese petróleo exportado por Uruguay, porque si no es así no se podría exportar nada. Pero aun desde esa actitud cínica de tener un planteo ambientalista de boca para afuera pero todo lo contrario en los hechos, queda aún pendiente el problema de esa política concreta enfrentada a los hechos crudos del crudo. Vamos a eso.
Aun si hubiese petróleo y fuese rentable exportarlo en crudo ¿por cuánto tiempo sería? Según la argumentación que en su momento dio el entonces Director de Cambio Climático -el mundo al revés- Ramón Méndez, la oportunidad estaría dada ya que "por suerte" los acuerdos de Paris todavía prorrogarían al menos otros diez años la reducción obligatoria de gases efecto invernadero.
"Por suerte" los acuerdos imprescindibles para la supervivencia de nuestra especie en el planeta siguen siendo saboteados, "por suerte" la contaminación continúa, "por suerte" los intereses económicos involucrados en la explotación del petróleo siguen llevando al mundo a la catástrofe, opinión de quien era nuestro Director de Cambio Climático. Si traducimos esa demencia, viene a ser: como ese tren que va directo al abismo no desvía su rumbo todavía, tenemos tiempo de subirnos y aprovechar para ser socios menores, por un rato, de esos mismos intereses que nos llevan al abismo.
Aun aceptando ese planteo demencial, el tema es cuánto tiempo necesitamos todavía para subirnos al tren. Encontrar petróleo, montar toda la estructura extractiva, ponerla en marcha, y todavía después AMORTIZARLA, suponiendo que el plazo restante por el que seguiría viviendo ese negocio -porque en el "mejor" de los casos, o sea el peor, igual seguiría siendo un negocio a término- fuese suficiente como para recuperar la inversión y sacar luego alguna ganancia que justificase la locura
Aún en aquel momento en que se creía que la empresa francesa Total encontraría petróleo, esa ecuación de plazos era una completa especulación. Sin embargo, hasta ese sueño terminó
Más aun, si la empresa Total tiene algo de pericia en la materia podemos suponer que apuntó la búsqueda al sitio más probable, y si allí no encontró recursos explotables, difícil es que quiera buscar en otros ni tampoco ha manifestado interés, ¿y qué otros inversores podrían venir con este panorama, y por qué lo harían?
Si cuando había incertidumbre de encontrar petróleo en la plataforma marina pero al menos había ciertas esperanzas ya el negocio era una especulación incierta, ahora no tiene el menor sentido.
Sin embargo el gobierno pone a mal tiempo buena cara y encuentra otra forma de abordar el problema. Dice que de todo esto se puede extraer un resultado positivo, ya que no petróleo. Y ese resultado es mostrar la seriedad del país en ofrecer seguridad para las inversiones extranjeras, inversiones extractivas directas que no serán rentables, seguridad para un extractivismo responsable no contaminante, que no es contaminante ya que nada extrae. Luego de Aratirí era necesario un mensaje de optimismo, si el caballo te tira hay que montar de nuevo de inmediato. Se hace entonces una operación de marketing para salir a vender la cáscara vacía.
Porque cuando no se tiene nada solo queda huir para adelante. El gobierno ha jugado todos los boletos a las patas del caballo extractivista, y ya no le queda otra que seguir soñando con que el caballo llegue algún día a la meta.
El cambio en la matriz productiva; se hizo A PESAR de la política del Ministerio de Industria Energía y Minería. Peor que sin planificación, planificando al revés. En el camino de planificar al revés, la regasificadora resultaba un récord difícil de superar. La apuesta al petróleo off shore es una locura diferente, tiene la supuesta ventaja que si hubiese petróleo allí, no habría que importarlo como al gas, ventaja compensada con otros inconvenientes mayores a los del gas.
Pero en todo caso cada una de estas dos locuras tiene su absurdo propio, y podría optarse por uno u otro. ¡Pero se opta por los dos! En cualquiera de ellos el problema es encontrar un mercado para la exportación. Entonces ¡la idea no es encontrar una solución sino duplicar el problema! Buscarle un mercado a la regasificadora y otro redundante al pozo petrolero, y así Uruguay compite con Uruguay.
Y en este punto resulta asombroso que ni la oposición ni el movimiento social ni nadie hayan salido a enfrentar esto con un planteo claro de NO PETRÓLEO. Si hubiese petróleo, un planteo así encontraría dificultades, porque el caballito de batalla de la promoción del extractivismo es siempre la "creación de fuentes de trabajo". Y muchas veces cuesta salir a pelear batallas que ya se ven como perdidas. Pero en este caso no hay petróleo. Es la estrategia extractivista la que viene al piso por sí misma. Viene a ser como la "dificultad" para ganar que encontró la selección uruguaya cuando a Argentina le expulsaron un hombre.
"El hombre que aró en el mar" es el título de un cuento de Arthur Clarke. Alguien inventa una "criba molecular" que se monta a la propulsión de un yate para filtrar del agua, al surcar el mar, todos los minerales valiosos que éste contiene. Pero el costo del procedimiento superaba varias veces el valor obtenido, y el que le compra el yate al inventor termina descubriendo que lo estafaron. A Clarke le hubiese gustado escribir "El país que aró en el mar"