El populismo dadivoso, ambiguo y asistencialista de Lula formó parte del neopopulismo latinoamericano que ha impulsado agendas económicas neoliberales
Por José Rafael López Padrino -
Oct. 13, 2016 La Razón
El ascenso al poder de Luiz Inácio Lula da Silva, el carismático ex presidente del Sindicato de los Metalúrgicos de Sao Bernardo, generó grandes expectativas, pues parecía ser una alternativa real de poder transformador en un país donde de los 174 millones de brasileños, 54 millones de ellos sobreviven con menos de 2 dólares diarios.
La llegada en enero de 2003 al Palacio del Planalto de un líder nordestino de origen popular, supuso un importante recambio en la composición social de las elites políticas brasileñas.
A partir de la asunción de Lula, el aislamiento, la condición de minoría y la lucha contra viento y marea de la izquierda brasileña quedaban en el pasado.
Sin embargo, las esperanzas transformadoras del gobierno de Lula se fueron disipando producto de la combinación de políticas macroeconómicas conservadoras, y de programas coactivos y demagógicos como la “Bolsa de Familia“.
Programas populistas que lejos de romper con el círculo perverso de la pobreza, estaban orientados a crear una relación de patrocinio entre el presidente Lula y los más pobres del país con fines puramente electorales.
A estos desaciertos económicos-sociales se sumó el florecimiento de una corrupción galopante que terminó carcomiendo la base moral del gobierno.
Lula utilizó su carisma para cegar a los brasileños ante la apropiación del aparato estatal por una elite ligada al PT, lo utilizó también para consolidar un electorado cómplice con la corrupción, y permisivo con las violaciones éticas-morales que se daban en su gobierno.
Pretendió transformarse en el segundo “padre de los pobres”, al mejor estilo de Getulio Vargas.
El populismo dadivoso, ambiguo y asistencialista de Lula formó parte del neopopulismo latinoamericano que ha impulsado agendas económicas neoliberales (pago de la deuda externa, flexibilización laboral, trato preferencial al capital transnacional, impuestos regresivos, endeudamiento irresponsable, profundización del extractivismo, etc.) pero maquilladas con un discurso falaz y embaucador a fin de justificar sus fechorías.
Neopopulismo providencial, victimista y corrupto que domesticó y conculcó la independencia de los trabajadores y de los movimientos sociales castrando sus reivindicaciones socio-económicas.
Las masas brasileñas han vuelto a retroceder ante la realidad de un populismo hueco y maniqueo, preñado de desaciertos económicos, y fundamentado en falsas promesas libertarias.
Obviamente el desgaste provocado por 13 años en el poder, junto a los sistemáticos errores y actos de corrupción paraestatal le han pasado factura al PT.
La recesión económica en Brasil ha provocado más de 12 millones de desempleados, la pobreza se ha incrementado, y la corrupción salpica al PT, incluyendo a Lula, a Dilma, así como a muchos otros dirigentes del partido.
Los comicios municipales celebrados el pasado 2/10/2016, tras la destitución de la ex presidenta Dilma Rousseff (31/08/2016), evidencian el peor descalabro electoral del PT en las últimas dos décadas.
El PT conquistó 251 alcaldías, menos de la mitad de las 635 alcaldías que obtuvo en 2012 y de casi desaparecer en las mayores ciudades del país.
Además, considerando las 93 mayores ciudades de Brasil, que tienen cerca del 37 % de los electores, el PT puede conseguir otras cuatro alcaldías en la segunda vuelta, con lo que obtendría menos de la tercera parte de los 17 gobiernos municipales en grandes ciudades que obtuvo en las municipales de 2012.
Además, recordemos que el PT había conquistado nueve capitales regionales en 2004, cinco en 2008, cuatro en 2012 y se quedará con entre una y dos a partir de enero de 2017.
Según los escrutinios, el PT sólo gobernará en Río Branco, en el minúsculo estado amazónico de Acre. El PT perdió hasta en su gran bastión histórico la ciudad Sao Paulo, la mayor de Brasil.
La izquierda brasileña se ha desdibujado ideológicamente y no ha sido capaz de saber enfrentar el gran problema de la corrupción.
El neopopulismo latinoamericano está condenado históricamente al fracaso. Sus contradicciones ideológicas, sus prácticas clientelares, sus abusos confiscatorios a la diversidad, y desprecio a la convivencia democrática lo hacen inviable.
Son los fabricantes de falsas esperanzas e ilusiones del siglo XXI.
La prisión de Cunha y la Lava Jato
Esquerda online, 20-10-2016
Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa
Eduardo Cunha amaneció tras las rejas. Por orden del juez Sergio Moro, el ex presidente de la Cámara de Diputados tiene prisión preventiva desde este miércoles (19 de octubre). Acusado de corrupción, lavado de dinero y envío clandestino de recursos al exterior. Cunha fue detenido en el estacionamiento de su apartamento funcional, en Brasilia.
La prisión provocó estremecimientos en el Palacio del Planalto. El temor es que Cunha “abra el pico” y delate a pesos pesados del gobierno Temer. Al final, quien no se acuerda del audio de Romero Jucá: “Michel (Temer) y Eduardo Cunha”.
El “currículo” de Eduardo Cunha
Las pruebas de corrupción con el ex-deputado del PMDB son hartas y describen un largo camino de crímenes variados, dilapidación del patrimonio público e impunidad vergonzosa.
Solamente el patrimonio de Cunha, en cuentas secretas localizadas en Suiza, es de R$ 7,5 millones. Además, el arquitecto del golpe parlamentario ostenta, probadamente, diversas empresas de fachada, decenas de autos importados, mansiones lujosas y cuentas bancarias que suman centenas de millones de reales.
Lo que llama la atención, cuando observamos el notable currículo del maleante, es la blandura con que la Justicia lo trató por tanto tiempo. Pesa sobre el ex diputado graves denuncias de corrupción desde cuando presidia la Teleri en el gobierno de Collor. A lo largo de su trayectoria, Cunha fue intermediario de grandes grupos empresariales. Esto es, por detrás del bandido de saco y corbata, había empresarios poderosos obsesionados por la rapiña del patrimonio público.
Además de corrupto contumaz, Cunha trilló una carrera política asociada al odio a las mujeres, a los LGBT´s y a los negros. En reacción a los proyectos del ladrón machista, decenas de miles de mujeres tomaron las calles en todo el país bajo la consigna “Fuera Cunha”, lo que fue conocido como la “primavera feminista”.
Por todo eso, Eduardo Cunha debe, sí, estar entre rejas. Y más: todo su patrimonio debería ser confiscado y re-invertido en las áreas sociales.
Sin embargo, la prisión de Cunha, en manos del juez Sérgio Moro, en nada altera el carácter selectivo de la Lava Jato. En realidad, es probable que la detención del ex diputado, ejecutada en un momento en que la Operación pasa por serios cuestionamientos, sea parte de una maniobra orquestada para disfrazar sus verdaderos objetivos.
¿Viva la Lava Jato?
La intención de la mayoría de la clase dominante es que la operación Lava Jato sea vista por la población como una operación imparcial para “salvar el país de la corrupción”. Bajo la lanza desteñida del Justiciero Juez Sergio Moro, que surge en la escena como héroe nacional, un nuevo Brasil, limpio y justo, estaría emergiendo. La “Justicia” burguesa se eleva, así, como portadora de la redención nacional delante de la desmoralización de la política.
De ese modo, el sufrimiento del pueblo brasilero en las filas de los hospitales, en la amargura del desempleo, con los indecentes salarios y en la indignante condición de la educación pública, no sería responsabilidad de la ganancia de los capitalistas, del ajuste fiscal y del retiro de derechos sociales, no.
El capitalismo no será corrupto e injusto por naturaleza. Al contrario, con una “Justicia” fuerte, dotada de poderes de excepcionales y arbitrarios, inclusive con la autoridad de eliminar garantías democráticas individuales, el país estaría entrando en el rumbo cierto.
En rigor, la Lava Jato es parte de la construcción de una salida reaccionaria a la crisis política. Con el debilitamiento del Congreso y del Poder Ejecutivo (Gobierno Federal), el poder Judicial y la Policía Federal ganaron mayor relevancia y pasaron, cada vez más, a arbitrar y protagonizar la vida política del país.
De modo que el poder judicial brasilero, que no es electo por nadie e históricamente figura como un aparato conservador y reaccionario, bajo el manto de la “imparcialidad”, asume poderes especiales (autoritarios) en este momento.
Más allá de eso, se esconde en la Lava Jato intereses económicos. Empresas constructoras extranjeras quieren sustituir a las corruptas constructoras nacionales. Las multinacionales del petróleo quieren saquear el patrimonio y las reservas de la Petrobrás. Quiere decir corruptas, la Lava Jato es, también, expresión de luchas entre sectores de la clase dominante por el pillaje de la riqueza nacional.
La correcta lucha contra la corrupción capitalista no puede llevar a la izquierda socialista a capitular frente a la Justicia burguesa y a la Lava Jato.
Cunha merece cárcel, por eso, no lamentamos su detención. No obstante, es preciso ver más allá de las apariencias y tener el coraje de enfrentar el “sentido común”. La espada de la “Justicia” de Moro lleva consigo una carga reaccionaria