Por Susan Zimmermann
NewColdWar
Traducción y comentarios de Fernando Moyano
Según el historiador húngaro Tamás Krausz la izquierda de Europa del Este está en un estado lamentable. Sin embargo, el pensamiento crítico no.
P: En una entrevista en el otoño de 1997, hiciste un análisis crítico de la situación de la izquierda en Hungría y Europa del Este. ¿Cómo ves la situación hoy en día, más de 25 años después de los cambios políticos en Europa del Este?
TK: Desde el cambio de los sistemas políticos en 1989/1991, los regímenes políticos en Hungría y otros países de Europa del Este han sufrido varias metamorfosis. Como predijimos, la tendencia general ha sido la aparición de los sistemas políticos autoritarios.
Durante mucho tiempo, la esfera de la sociedad civil ha sido tragada por la política, pero esto no es simplemente como logro de los sistemas políticos nacionalistas y autoritarios. Las organizaciones que habían surgido durante el periodo de transición e inmediatamente después y que se veían a sí mismas como motores de movimientos sociales, han perecido, por lo que hoy en día sólo las organizaciones de derecha muestran algunas de las características de los movimientos sociales. Aquellos sectores de la sociedad civil que son críticos al sistema político y se aferran en principio al objetivo a largo plazo de la lucha por el contra-poder social, son muy débiles y no están en condiciones de unir sus fuerzas.
Llama la atención lo insignificante e impotente de los movimientos de protesta contra la dictadura del capital que aparecen en Europa del Este. Desde el desmoronamiento del movimiento obrero clásico, ninguna parte de Europa occidental ha visto la aparición de un movimiento anti-sistémico o anti-capitalista del pueblo trabajador. La disminución radical de la afiliación sindical viene ocurriendo en toda Europa. La internacional del capital está funcionando, la de los trabajadores no. Últimamente, esta situación se ilustra con especial claridad en el tema de la migración.
P: ¿Qué hay de nuevo en el régimen de Orbán en Hungría y cuál es la situación de la oposición parlamentaria? [Víctor Orbán, Primer Ministro de Hungría desde 2010, y también de 1998 a 2002, conservador, partido Fidesz, Unión Cívica Húngara, en alianza con el Partido Popular Demócrata Cristiano]
TK: En 2010, la derecha política llegó al poder con una mayoría de dos tercios. Además, el 20% de los parlamentarios pertenecen a un partido de la extrema derecha, Jobbik (que significa tanto "los de la derecha" como "los mejores"). Se puede considerar como una oposición del lado del gobierno. Este resultado de las elecciones, que puede atribuirse en gran medida a las políticas ciegamente neoliberales del ministro presidente anterior, el nuevo rico Ferenc Gyurcsány, han traído a Hungría el "síndrome de Polonia" [enfermedad congénita que afecta el desarrollo muscular, hipoplasia o aplasia]. La derecha política reúne más del 80% de los escaños parlamentarios.
Hoy en día en 2016, se ve que Jobbik está tratando de convertirse en un lobo con piel de cordero. En el parlamento se ha alejado de su retórica antisemita y se está preparando para las próximas elecciones de 2018. El Partido Socialista Húngaro (Magyar Szocialista) y los dos partidos más pequeños que se han separado de él, Juntos (Együtt) y la Coalición Democrática liderada por Gyurcsány (Demokratikus Koalició), están considerando la posibilidad de incluir a Jobbik en posibles combinaciones de coalición a fin de tener una oportunidad de presionar a la actual coalición de Democristianos y el Fidesz bajo presidencia de Viktor Orbán.
El secreto de Orbán no consiste simplemente en el hecho de que se ha instalado un régimen autoritario que utiliza la retórica nacional-populista culpando a Bruselas por los problemas de Hungría. El secreto de su "triunfalismo húngaro" consiste en que ha sido capaz de lograr el poder real. A través de su política de concentración de poder, Orbán ha conseguido hacerse con el control de prácticamente todos los medios electrónicos. Con una arrogancia que recuerda a Goebbels, se ha propuesto una nueva formación ideológica de toda la sociedad húngara, y aparentemente la mayoría es partidaria de políticas nacionalistas y xenófobas. Esta retórica política se está extendiendo a toda Europa. La contribución de Orbán en esto es inconfundible. Con la ayuda de la entrega de las propiedades del Estado, Orbán ha conseguido crear una nueva "oligarco-burguesía" fiel a él, y que ha sofocado casi todas las expresiones de la resistencia política o social; incluso a anulado de hecho el derecho de huelga. La nueva Constitución húngara de 2010 marca una ruptura definitiva con la tradición democrática burguesa. El sistema político posterior a 1989. Se ha cerrado definitiva y herméticamente a la izquierda, permanece abierto a la derecha en el sentido de restauración del espíritu de neo-Horthyismo. [Miklós Horthy: político filo-fascista, militar de origen noble, que encabezó la reacción que derrocó al breve gobierno revolucionario de Béla Kun, 1919, y fue "regente del reino" hasta 1944, en que aun siendo aliado de los nazis éstos invadieron Hungría y lo derrocaron]
P: ¿Qué tipo de resonancia ha tenido la llegada de refugiados en la política en la política de Orbán?
TK: Para Orbán, la cuestión de los refugiados ha sido muy conveniente ya que le permitió un llamado a "auto-protección nacional" a fin de completar su demagogia anti-globalista, que sustenta ideológicamente su política de concentración de poder. Ha usado a los refugiados como cabezas de turco, como el nuevo enemigo, culpándolos del desempleo y la delincuencia, el terrorismo y la inseguridad existencial. En cuanto a la búsqueda de chivos expiatorios, los gitanos y los judíos han sido relegados a un segundo plano. La retórica anticomunista y el adoctrinamiento ideológico son más fuertes que nunca. De acuerdo con las encuestas de opinión, el 80% de la población apoya la política anti-refugiados de Orbán. El régimen está ocultando y oscureciendo sistemáticamente el papel de la OTAN en hacer de estas personas exiliados. Con la ayuda del sistema de manipulación, la población está siendo intimidada y toda la sociedad se está desmoralizado y enfeudalizando.
P: Has hablado en varias ocasiones de una alianza entre "atlantismo liberal" y la extrema derecha - ¿qué es lo que quieres decir con esto?
TK: Desde 2010 he hecho hincapié en que el régimen de Orbán no puede ser derrotado en la forma clásica de las elecciones parlamentarias. Sólo un movimiento social de las masas, una insurrección popular puede expulsar a este régimen. Los liberales y neoliberales húngaros se han negado a reconocerlo. Mientras tanto, los gobiernos occidentales han llegado a un acuerdo con Orbán, prácticamente se han unido en torno a él, porque en Hungría y en la mayoría de los otros países de Europa del Este, la sumisión a los dictados de Bruselas de austeridad y reformas se combina con una política exterior pro-Atlántica radical. EE.UU. definitivamente se ha instalado militarmente en Europa del Este, una ampliación constante de sus bases militares estratégicas anti-rusas. Se hace diciendo que contribuye a la defensa de la democracia contra el sistema ruso autoritario. Sin embargo, al actuar de esta manera, los EE.UU. y la OTAN están proporcionando legitimidad de los sistemas autoritarios de la región. En todas partes estos sistemas autoritarios se determinan por las relaciones del capitalismo oligárquico. La economía de Rusia y su sistema de poder están bajo presión y aislados militar y económicamente, por los países centrales, y de esa motivación se aplica incluso al régimen pronazi de Ucrania.
P: ¿Es esa actitud parlamentarista responsable de la falta de una alternativa de izquierda en Europa del Este?
TK: El hecho de que la oposición húngara esté incluso dispuesta a aliarse con la extrema derecha nos dice mucho acerca de su falta de compromiso con la democracia ni de sinceridad de su deseo de progreso social. La oposición no tiene intención de cambiar el hecho de que el sistema esté cerrado a la izquierda y abierto a la derecha. En Europa del Este, las fuerzas para el verdadero progreso en el marco conceptual y político de la democracia se han agotado, si es que alguna vez realmente existían. Después de los cambios de 1989, incluso hasta mediados de la década de 1990, todavía era posible plantear que el Este alcanzase a Occidente o incluso lo superase, pero nadie compra ya este tipo de discurso de las elites.
Incluso a los quioscos de Hungría se los llama hoy "puntos nacionales de venta". En Ucrania, el régimen gansteril pronazi se ha embarcado de hecho en el asesinato en masa; en Letonia hay apoyo público a la glorificación de las Waffen-SS; en Hungría un rufián del Fidesz llamado Lezsák quiere erigir una estatua pública al político antisemita de la era Horthy, Pál Teleki. En nuestra parte del mundo, se falsifica la historia en base a la rusofobia, el antisemitismo, el anti-islamismo y la xenofobia.
P: En este contexto impactante, ¿podría decirnos algo más sobre el estado de los movimientos sociales en Hungría?
TK: Inicialmente, la izquierda anti-sistémica en Hungría y Europa del Este tuvo grandes esperanzas en los movimientos sociales como nueva base de la resistencia anticapitalista. Recordamos bien nuestras ideas originales, que formulamos en Budapest y Viena, Moscú y París, Praga y Liubliana. Creíamos que, en oposición al estalinismo y a la restauración capitalista, una alternativa a ambos podría desarrollarse en base a la auto-organización de la sociedad civil como un contra-poder social. Este fue el concepto tertium datur, la tercera posibilidad.
De hecho, en Hungría las organizaciones y redes anticapitalistas y anti-sistémicas están profundamente divididas entre sí. Podemos distinguir tres corrientes.
La Izquierda Unida Húngara, Magyar Egyesült Baloldal (MEBal), reúne a grupos como ATTAC Hungría, Fundación Foro Social de Hungría, y pequeñas asociaciones como la asociación de tiempo libre de los trabajadores de Franzensstadt, un área de Budapest. La mayor parte de sus promotores y activistas son intelectuales marxistas. Al igual que grupos similares en Europa Occidental y Rusia, esta red no se plantea, por ahora, la fundación de un partido político, se centra en proyectos sociales que tienen el propósito de servir a la defensa de las clases más bajas. El número de miembros y seguidores puede ascender a unos pocos cientos. En declaraciones públicas, Mebal hace hincapié en su rechazo de la fundación de nuevos partidos políticos en las condiciones actuales, ya que considera que es imposible para la izquierda radical llegar a ninguna parte por medios parlamentarios sin capacidad financiera ni infraestructura, y sobre todo sin un amplio apoyo popular.
La segunda corriente significativa es el partido Izquierda Verde (Zöld Baloldal). Es una asociación de Partido de los Trabajadores Húngaros 2006 (Magyarországi Munkáspárt 2006, miembro de la Izquierda Europea) y el grupo de Izquierda Verde. El partido participó en las elecciones de 2010 y 2014, sin embargo, pero no pudo armar una lista propia de candidatos en ningún lugar. Del mismo modo, en las elecciones para los consejos locales, rara vez han logrado presentar sus propios candidatos. En estos casos, el partido hace un llamamiento a sus simpatizantes para que voten ya sea al Partido de los Trabajadores, o su desgajamiento, el Partido de los Trabajadores 2006.
El tercer campo de la izquierda anti-sistémica consiste en grupos anarquistas y anarco-comunistas, que disputan entre sí. Atacan tanto el Estado como cualquier forma tradicional de organización política. Esta área tiene la idea de la izquierda como subcultura política. Eventos que trasciendan en la prensa liberal son más importantes para ellos que la acción de masas. Los representantes de este sector se ven a sí mismos como antifascistas y antirracistas.
Todos estos grupos están conectados a tradiciones anti-capitalistas de la región, los cuales, a través de la auto-organización de la sociedad quieren desconectarse de capitalismo. Esas tradiciones se remontan a los años de 1945-1956, y más tarde Solidarnosc en Polonia, y a 1905, 1917 y 1989-1991 en Rusia y la Unión Soviética, a los consejos de trabajadores y comités autoorganizados que iban tras la socialización de la propiedad estatal. Pero bajo la presión del orden global neoliberal y la restauración capitalista en Europa del Este, es muy difícil volver a estos experimentos radicales de la sociedad civil. Mientras tanto, incluso en el año 2016, 60 años después de la insurrección de 1956, el Estado húngaro invierte mucha energía en negar la memoria de 1956. [Los consejos obreros tomaron control de Budapest en octubre de 1596, hasta la invasión soviética]. Una campaña de propaganda nunca vista antes, incluyendo mega-conferencias universitarias, están expandiendo el programa de "entendimiento nacional" del Fidesz con su mensaje de legitimar el sistema actual. Al mismo tiempo, desde 1989, la tradición de los consejos de trabajadores de 1956 está siendo completamente ocultada o falsificada. Esto sirve como una evidencia más de la extrema debilidad del movimiento obrero y sindical incluso 25 años después.
P: ¿Ves la posibilidad de que las cosas puedan tomar un mejor giro desde la perspectiva de la izquierda?
TK: La cuestión clave es si es o no posible en la situación de hoy construir "centros organizados" de anticapitalismo. No se trata de la construcción de un aparato burocrático. La idea de una organización en red, que ya aparece en los escritos de Lenin, tiene una cierta tendencia, tanto en un ideológico-teórico como en un sentido práctico-político, ya que busca los puntos débiles del sistema capitalista. Los grupos y movimientos actuales que rechazan cualquier forma de organización basada en la disciplina no logran entender lo que los socialdemócratas rusos ya habían entendido hace un siglo. En aquel entonces, la revolución política - lo que en nuestros días ya no es posible - comenzó a partir de un "centro organizado"
Hoy en día, la explotación capitalista en Europa se organiza de una manera diferente, la crisis tiene una estructura diferente; Por lo tanto, los "centros organizados" también tienen que tomar una forma diferente de aquellos de los tiempos de Lenin. Un movimiento anticapitalista potente es imposible sin un movimiento obrero. En una situación en la que el capital y el Estado mantienen alejados de manera efectiva a los movimientos sociales de los lugares de trabajo, es de particular importancia que los intentos organizativos involucren la esfera del trabajo.
Sin embargo, esto es un problema más complicado. Las organizaciones anti-sistémicas de hoy ni siquiera llegan a los jóvenes trabajadores, y ni siquiera le han dado prioridad a lograrlo. La organización capitalista del trabajo ha traído la fragmentación de la resistencia organizada de la clase obrera, y la conciencia de la clase obrera está siendo dominada por las estructuras de manipulación del sistema.
P: ¿Puedes verle perspectiva política a los intentos de la izquierda de superar el nacionalismo?
TK: Con su hostilidad hacia la UE y el euro, el romanticismo nacional no conduce hacia la izquierda, conduce a toda la región hacia un tipo de populismo nacional encarnado por Viktor Orbán. En comparación con la UE, el Estado nacional no presenta ninguna característica progresista, y más buen ofusca la lucha entre diferentes partes de la burguesía, y para algunos en la izquierda esto remplaza el pensamiento sobre trascender el capitalismo. Del mismo modo, la forma romántica del comunismo no tiene ninguna solución adecuada para esos experimentos sociales que apuntan a la trascendencia global del capitalismo. No hay perspectiva sin una resistencia social generalizada.
Sin duda, nuestra tarea hoy es la creación de las condiciones previas para los "centros organizados", y sería un gran error si simplificásemos indebidamente nuestro análisis de la situación ignorando la diversidad del activismo social y político. Lo peor son las argumentaciones que caen en ofensas innecesarias entre los diferentes grupos. En términos de estrategia política, es evidente que los costos de la solución la tienen que pagar el capital. El núcleo de la cuestión consiste en que se privilegia la producción de ganancias, hay que ocupar los lugares de trabajo, no sólo Wall Street. Esto se dice fácil pero es complicado en la práctica. Los trabajadores tienen que elegir sus propios representantes, desde abajo hacia arriba. Podemos aprender de la historia de las revoluciones y de las obras de Marx, Luxemburgo, Lenin, Gramsci y otros cómo esto puede funcionar.
P: ¿Hay algo que se pueda ver fundamentalmente diferente de lo de hace 20 años? ¿La historia de los últimos 20 años no enseñó nada?
TK: Tengo una visión más compleja de la historia del socialismo de Estado en Europa del Este y del período de transición que el de 1989. En el espíritu del humanismo, digo hoy como entonces que ninguna disculpa del sistema capitalista es aceptable, pero he aprendido a entender mejor hasta qué punto el sistema capitalista se basa en la forma de pensar de las personas. Por desgracia, todas las "profecías" negativas que se hicieron en 1989 se han cumplido desde el principio de los 90; no puede decirse lo mismo de mis predicciones optimistas. Muchos amigos y compañeros que se han distanciando del socialismo de estado, tiraron todas las tradiciones culturales progresistas socialistas. Rechazo esto como un error sectario. La más comprensiva la tradición de la cual podemos orientar la movilización contra el capitalismo, mejor.
Para mí, el cambio de los sistemas políticos y todo lo que ha sucedido después, ha demostrado que desde un punto de vista teórico, metodológico y político, vale la pena sostener consistentemente a Marx y la tradición marxista revolucionaria con su mensaje anti-estalinista y anticapitalista.Después de 1989, el objetivo realista ha sido garantizar la supervivencia de pensamiento anti-sistémico, anticapitalista, y creo que hemos hecho una cierta contribución a ello. No es mucho, pero al menos no es nada.
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Tamás Krausz, nacido en 1948, es profesor historiador y universitario en la Universidad Eötvös Loránd de Budapest. Su monumental obra 'Reconstrucción de Lenin. Una biografía intelectual' fue galardonado con el Premio Memorial Alemán, una traducción al inglés fue publicada en 2015 por Monthly Review Press. Una reseña en inglés del libro está aquí.
http://rogerannis.com/review-reconstructing-lenin-intellectual-biography/
Su investigación incluye la historia de la Unión Soviética hasta la Segunda Guerra Mundial, que cubre la historia del Partido Bolchevique y las vidas y carreras de Lenin y Stalin.
Krausz es una figura clave en la izquierda anticapitalista en Hungría. En los años 1988/89, participó en la fundación de la Asociación de la izquierda alternativa (Baloldali Alternativa Egyesülés), una organización de varios cientos de intelectuales, que tenía por objeto la realización del socialismo del autogobierno. Krausz se convirtió en uno de los fundadores de una plataforma política dentro del Partido Socialista Húngaro, definida como anticapitalista y anti-estalinista, y más tarde asumió el Nombre de la Asociación de la izquierda (Baloldali Tömörülés). Entre 1989 y 2009, Krausz fue el vicepresidente de esta plataforma interna del partido. En abril de 2009, abandonó el Partido Socialista Húngaro. Krausz es un editor fundador de la Eszmélet, una revista trimestral para la crítica social y cultural. Fue fundada en 1989 y es la única revista de Hungría de teoría marxista.