“Lo que causa problema no es tanto lo que la gente ignora, como lo que sabe y no es verdad”
“Ninguna preferencia si el gato es blanco o negro, si caza ratones es un buen gato”
Quién dijo lo anterior?, ya veremos. O como lo dijera quien fuera bien calificado de contrarrevolucionario, derechista, reformista y corrupto, por sus prácticas autoritarias, represivas, antimarxistas e inhumanas, tal como lo demostró en la masacre despiadada de aproximadamente 3.000 estudiantes, cerca de 10.000 heridos, centenares de arrestados -y la manipulación de la información nacional e internacional-, en la Plaza de Tiananmen el cuatro de junio del año 1.989 en Pekín, China, donde utilizó con crueldad la violencia y el crimen contra la población inerme y pacífica. Nos estamos refiriendo al renegado Deng Xiaoping (Xixián), que hiciera famosa su frase :
“Gato blanco, gato negro da igual, lo importante es que cace ratones”
Y tenía la suficiente razón este reformista y traidor de la revolución marxista en China, al promulgar dicha sentencia, que entre otras cosas, la plagió a principios de la década de los años sesenta, de uno de los cuadros de un famoso artista chino (Liantado Chen), obra en la cual “había un gato blanco y otro negro y una inscripción que decía:”, tal cual reza la frase mencionada en el comienzo del anterior párrafo
Decimos que tenía razón al propalar esa aparente inspiración, pues, la esencia de las cosas no la determinan las formas. Menos cuando se trata de un escrito, pues en éste lo importante es su contenido de fondo, el fundamento del mismo está en su entraña, en su argumento ideológico y político. Tampoco lo determinante de un cuerpo es lo bello o lo feo, entre otras cosas, porque éste es un adjetivo caprichoso; ni lo caracteriza el color, de ahí que a Barack Obama no lo hace pueblo el color de su piel, él sigue pensando desde la Casa Blanca o desde su ‘cambuche’ igual que el burgués Donald Trump, y no como quisiéramos que pensara y actuara desde el Poder o desde su vida cotidiana.
Y mucho menos, la propiedad o la cualidad de la cosa, radica en el tamaño de la misma. Ni lo positivo o lo negativo de las cosas dependen de las cándidas y altruistas intenciones como las veamos, sino del destino para lo que están destinadas y de la forma como las llevemos a la práctica, si erramos, pues nos toca conformarnos como el dicho: paila, y si acertamos, pues a lo bien. Es decir, el meollo de un objeto o de un ente, está en que tenemos que verle lo vital o lo primordial, y poco o en nada, o en la medida, nos debería importar la apariencia, el estilo, el perfil, etcétera, ya que estas características en su mayoría son hueras o si se quiere, cuando mucho superfluas. Mejor dicho, como dice el internauta José Ignacio Perier:“Lo verdaderamente importante de las cosas es que sirvan y tengan utilidad para lo que han sido creadas.”
Agreguemos nosotros, que sin importar cuál o quién fue su autor. Lo importante, desde nuestra concepción, es que esa ‘cosa’ genere para el pueblo, una conveniencia, es decir, que sirva para el desarrollo de nuestro proceso en mente, sin importar si es mucho o poco, o si su provecho se da en un campo en el que no nos esperábamos ese aporte.
Guardando las proporciones, pero tratando de hacer una cuasi analogía con respecto a lo que veníamos comentando en los párrafos anteriores, decimos lo que decimos en ellos, por cuanto pareciera que estuviéramos condicionados en rechazar o en abrigar las cosas, más por su aspecto amorfo o por su silueta bien determinada, que por la propiedad cualitativa y fundamental de las mismas. Es decir, nos asalta la duda si a algunas personas su parte genética les determina calificar o diferenciar lo bueno de lo malo, lo grande de lo chico, etcétera.
De la misma manera, Por qué nos tenemos que ablandar o amargar, por el hecho de que el capitalismo a través de sus gobiernos desastrosos, haga algo por enmendar el grave daño que le causan a la naturaleza?. Bienvenido ese interés llevado realmente a la práctica, por resarcir las graves lesiones causadas a la vida, al universo todo. Igualmente, qué nos importa que determinada frase, propósito realizado u orientación positiva para la humanidad, la haya dicho equis o ye personaje, por siniestro que éste sea, si ese ‘producto’ favorece a los pueblos y a la naturaleza?.
Las cosas no las podemos rechazar por el hecho de que las hayan manifestado o realizado zutanos, perencejos, menganos o fulanos, sino por el contenido de las mismas, y en cierta medida, por el destino o el resultado que den o que puedan dar. Quiere decir lo anterior, si tales elementos van en detrimento de la sana convivencia social, o si son lesivas para nuestro entorno natural, pues simplemente, deberán ser rechazadas ipso facto y con resolución. En el caso de un gobierno, no lo combatimos porque lo encabeza Pedro, Luis o Jacinto, sino por su práctica dictatorial, represiva y despiadada en contra de las grandes mayorías empobrecidas, o sea, si éste hunde o no el pedal de la ignominia, el sarcasmo, el engaño y el crimen contra el pueblo desarmado, pacífico, trabajador y deseoso de justicia. Es en este aspecto donde debemos ver si la cosa es beneficiosa o no, si es práctica o no, si sirve o si no sirve, a los intereses del pueblo o de la naturaleza, si aporta o no aporta buen camino para las nuevas generaciones.
Por lo tanto, consideramos que lo importante es concentrarnos en valorar los propósitos políticos e ideológicos, analizando la situación concreta que nos rodea, para saber, si de acuerdo a nuestras capacidades justas y conscientes, esas propuestas son realizables o no, o sea, si podemos materializar en la práctica tales propuestas. En tal caso, hay que hacerlo sin vacilaciones, de manera seria, y así, estaremos dando un paso unido y eficaz en contra de tanta confusión, y mentira y de excesiva desunión dentro de las filas de los diferentes sectores populares, productos estos desafueros, tanto del sector burgués como de los que alardean de ser vástagos y defensores del pueblo en el seno de la mal llamada izquierda.
Conociendo nuestras limitaciones, podemos emprender tareas realizables; y conociendo y analizando nuestro entorno, sabremos si nuestras deficiencias soportan el peso de la realidad concreta y real, con el fin de no estrellarnos como caballos desbocados. De tal manera que haciendo cada uno un juicio a nuestro YO, así podremos profundizar colectivamente en las metas a alcanzar, tanto a corto, mediano como a largo plazos.
Es decir, tenemos que partir de nuestras capacidades, nos tenemos que reconocer nosotros mismos, para saber en cuál de los flancos somos más débiles, con el fin de superar constantemente nuestro nivel en todo sentido (como teóricos, como prácticos y como personas), buscando siempre la especialización de uno para no terminar de todero, por no decir de mediocre. Y una de esas especializaciones es precisamente la transformación del YO, para que así podamos contribuir a transformar la sociedad, y de esta forma, de seguro aportaremos a eso que hemos llamado revolución. De lo contrario, sólo seremos tilín tilín y de aquello nada.
Recordemos una vez más lo que nos dice el señor Perier, con respecto a la fijación sobre la cosa en concreto,“Os propongo participar de la obsesión por privilegiar la esencia de las cosas, facilitando los procesos y organizaciones tanto como esté en nuestras manos. Os aseguro que obtendremos los mejores resultados a nuestro alcance.”
Lo anterior se trae a colación, por cuanto pareciera, casi siempre, que si las cosas políticas que se presentan no van adornadas con el mejor estilo del premio nobel de literatura, o con una etiqueta en representación de la organización más famosa, o no las firma el señor del curubito corrupto que comparte asiento con nuestros ‘honorables’ padres de la patria, sencillamente, sucede lo que le pasa al pobre y zoquete pretendiente, aquel que echa suspiros y piropos combinados con baba áspera, a la fámula que sueña vivir en fantasiosos palacetes, y que camina con paso flirteo y sinuosa, como si fuese por las nubes ataviadas de terciopelo: NO LE PARAN NI CINCO DE BOLAS
Decimos estos disparates, porque el pueblo pareciera amnésico pero además anestesiado. Pues es inimaginable el grado de inconsciencia que lo embarga, no solo frente a las dificultades que lo aquejan, sino peor aún, con respecto a las desgracias que golpean a sus semejantes; y con relación a la crisis de efecto invernadero que lastima a la naturaleza que nos prodiga vida, ni hablar
Es importante decir que una buena parte de la población, si no toda, socialmente ha heredado y aceptado el hábito de la bajeza, de la mentira, de la sumisión, de la pereza. No olvidemos que nos hemos desarrollado en un mundo burgués, y éste, es sinónimo de depravación, y ese veneno, infortunadamente, ha mellado o incidido en nuestro cerebro, a unos más a otros menos, pero ha lesionado nuestras neuronas así nos empecinemos en no aceptarlo o en decir lo contrario. Así mismo, una de las armas letales de la burguesía, la mentira, es la madre de la corrupción; y la corrupción es correspondiente del todo vale, y equivalente con todo el andamiaje que hace que vivamos actualmente en una pocilga de egoísmo, de individualismo, de mezquindad, de apariencia huera, de ruindad, de odio, de miedo, de envidia, de acelere insulso, de ignorancia, de destrucción de la naturaleza y del decoro del pensamiento humanizado, por decir lo menos.
Todos hablan en contra de la corrupción, pero pareciera que ésta es mala mientras los frutos de ella no redunden en beneficio de quien aparentemente dice combatirla, dice no admitirla, no compartirla, ni alcahuetearla. Tal es el caso de quienes en este momento no hacen parte del actual gobierno, pero que ya gobernaron, y en su momento de ejercer su mandato tanto local, departamental como nacional, la corrupción llegó a niveles inimaginables para el conocimiento del pueblo ingenuo, y hasta hoy, muchos de esos niveles aún están por descubrir, para que los responsables sean investigados y juzgados de modo imparcial y de acuerdo a las leyes colombianas.
Todos los defensores del Sistema capitalista, desde los politiqueros netos de la burguesía, como los de la mal llamada izquierda, así como los voceros de los diferentes medios de comunicación paraestatal, en teoría se rasgan las vestiduras alardeando sus puntos de vista contra la avalancha de corrupción coyuntural, pero apenas tienen la oportunidad de gozar de ella, no dudan un segundo en compartir las ‘mieles’ que les prodiga esa práctica maleva, fruto de sus mentes descompuestas inhumanas y antinaturaleza.
Por ello, es que NO son capaces de dar una salida contundente y eficaz, para poner fin a la práctica desgraciada y devastadora de la corrupción, toda vez que la corrupción es inherente al Sistema capitalista, es decir, a la ideología burguesa; y tales vocingleros tienen una mentalidad corroída hasta la médula, o sea, su ideología burguesa jamás les permitirá actuar de otra manera diferente al engaño, a la mentira, a la depravación, a lo descompuesto: a la corrupción. Conclusión, mientras exista, mientras impere el Sistema perverso del capitalismo, será imposible exterminar la práctica nociva e inconveniente de la corrupción.
Toda la educación que recibimos desde niños en el presente régimen político, es burguesa, y ésta está minada de frustraciones, del todo vale, de la mentira, de discriminación, de prepotencia, de odio, de mezquindad, de egoísmo, de individualismo, etcétera. Pero claro, con las excepciones individuales que analizan con dignidad, y asimilan un pensamiento libre, independiente, y entonces su actuar también es disertante y disidente, decoroso y ejemplar; pero infortunadamente, eso se da en un porcentaje sumamente mínimo dentro del pueblo.
De modo que todo el problema de la causa de la corrupción, está en la educación que recibimos, sobre todo del pésimo ejemplo que nos dan los mal llamados honorables padres de la patria. Es decir, la raíz de la corrupción está en cada uno de nosotros, y claro, la sustenta las leyes burguesas acomodadas para los de ruana, y todo el andamiaje del Estado injusto, explotador y criminal que impera.
Entonces al ser formados siempre con esa educación producto de una ideología descompuesta, esas raíces de todo lo malo, entre otras las de la corrupción, quedan enquistadas en nuestra mente y de paso quedamos programados para ser proclives a la malignidad, a la corrupción, y a todo tipo de bandidaje que nos pone de modelo la sociedad enferma de tanta depravación.
Para no caer en la tentación de la práctica de la corrupción, tenemos que asimilar los principios de la ideología humanizada; ésta y solo ésta siempre le permitirá al individuo actuar de manera decorosa, solidaria, colectiva, honesta, pulcra, y nos permite tener una visión futurista de construcción de una sociedad justa, libre, en paz, en donde reine la dignidad, que infortunadamente, hoy escasea por todos lados.
Indudablemente es una tarea a largo plazo, de generación en generación, pero que está dentro de la ‘utopía’ realizable, de quienes guardamos la esperanza de construir un mundo mejor y por eso soñamos despiertos.
Hoy en día, qué otro ejemplo podemos recibir de los actuales gobernantes que no tienen una mentalidad independiente, libre, digna y soberana, sino que dependen del control que ejercen sobre ellos el Sistema capitalista, Sistema que lo único que genera es muerte por doquier en todo sentido, y que produce todo tipo de tropelías producto de su fundamento que es la mentira y una ideología putrefacta?.
Nosotros los actuales humanos, dadas las condiciones sociales mezquinas en que nos hemos desarrollado, que son de naturaleza burguesa, somos evasivos o ambiguos al cambio de mentalidad y de comportamiento sano, solidario, humanizado; y la mayoría de las veces, cuando hacemos un aparente cambio de mentalidad y de acción (hasta hoy, dada la formación egoísta e individualista producto del Sistema imperante totalitario), ocurre que -casi siempre- se cede por conveniencia. He ahí el valor incalculable de quienes nos llevan ‘años luz’ en su proceso de transformación de pensamiento humanizado, -o comunista que es lo mismo-, tanto de los que gestaron procesos transformadores y ya no están, como con los que actualmente no dan el brazo a torcer ante tanta indolencia, tanto del Estado injusto como con los que son indiferentes ante éste.
Para un ignorante e indiferente con el dolor ajeno y con la realidad concreta y real que lo rodea, le es más llamativo y conmovedor lo fantástico, la mentira, la magia y la mafia, que dedicarle tan solo un momento a la reflexión, al análisis y al razonamiento de la soga que cada vez también le cercena su propio cuello. Este comportamiento inaceptable desde todo punto de vista, indiscutiblemente es el germen del masoquismo y de la resignación o mansedumbre pagana, que genera holgura en los sátrapas tiranos de la tierra.
Por ejemplo, la sociedad colombiana es supremamente conformista, amnésica, resignada, confusa, descompuesta, enferma y apática a pelear por sus derechos más elementales. Tanto, que del conjunto de los obreros, escasamente el tres por ciento (3%) se encuentra organizado, pero infortunadamente, ese escaso porcentaje se encuentra encabezado por dirigentes conversos, vendidos. Podríamos decir que su estado es de absoluta depravación, aunque suene tétrico. Pero su naturaleza no es tal por los cascos, por su base social. Es decir, su avanzado estado de malignidad no es producto de una ranilla de pueblo, sino de una meningitis burguesa sin cura alguna, a no ser, por la guillotina que le propine organizadamente, el hoy aletargado y desmemoriado pueblo.
O sea, la peste que contagia y carcome al pueblo no es culpa del propio pueblo, sino de quienes gobiernan y siempre han hecho de los recursos del país sacos rotos; de nuestra cultura donde han sabido combinar el todo vale que significa extrema corrupción. En síntesis, amalgama de inconsciencia y resignación, putridez de la sociedad colombiana que encabezan en palacio, en el congreso, en los gobernadores, en los diputados, en los alcaldes, en los concejales, y así hasta llegar al indigente. Este es el grado asimétrico de la corrupción hedionda que pulula por doquier en nuestra maravillosa Colombia.
Por supuesto que esa descomposición también llega al empleado, al portero, pero estos no son los todopoderosos de la catástrofe hecatómbica de la depravación colombiana sino las víctimas directas, y por ende, que esa cadena llega y arropa también hasta el barrendero. Pero hay que aclarar, indudablemente existen las excepciones en todos los niveles, pero siempre en proporción desigual, al punto que entre más arriba, la excepcionalidad desaparece, ya que la metástasis de la podredumbre cobija a toda la casta privilegiada de alta alcurnia.
Así como los guerreristas le han causado graves males a la humanidad y al conjunto de la madre naturaleza, por todas las destrucciones tanto individuales como masivas a través de sus armas destructoras químicas, y a la naturaleza por su contaminación radiactiva producto de sus bombas letales antihumanas y antivida, de la misma manera, los pacifistas han hecho del dolor generado por el Poder perverso, explotador, opresor y criminal de esos guerreristas, un estado de inconsciencia y masoquismo dentro de los diferentes sectores de las sociedades; masoquismo y sadismo que han traído como consecuencia la permisividad y la resignación de los pueblos, ante los vejámenes acometidos por los depravados guerreristas defensores del Sistema capitalista.
Aunque la no violencia debería ser el comportamiento homogéneo de todos los seres humanos, lamentablemente por el origen y la existencia de la división del trabajo y su consecuente resultado, la división de la sociedad en estamentos, en sectores, en clases, esto indiscutiblemente trae inmerso el uso de la fuerza, de la violencia. En los unos, por su obstinación en aplicar su ideología y su método macabro, para sostenerse en el Poder de manera consuetudinaria, irrazonable y desaforada, donde ejercen todas las formas criminales habidas y por haber, para reprimir, para explotar y para execrar a sus vasallos, recurriendo a métodos extremadamente desastrosos e inaceptables por cualquier ser viviente. Y los otros, o sea el pueblo, recurre a la utilización de la violencia justa, para precisamente liberarse de las atrocidades acometidas las veinticuatro horas de todos los años por los señores que tienen el perverso Poder capitalista.
El masoquista carece de conciencia, lo mismo sucede con el pacifista, en éstos escasea la capacidad práctica de lucha social colectiva, son faltos de reflexión, de entendimiento político e ideológico y de resolución de lucha reivindicativa, y para combatir el mal generado por los poderosos del mundo o por cualquier otro coercitivo y arbitrario.Esa es la antípoda ideología que el proletariado debe combatir sin descanso y con suma resolución y consciencia, amparado en la ciencia viva de la teoría revolucionaria del marxismo-leninismo-maoísmo.
Reconozcámoslo o no, vivimos intoxicados de un gigantesco grado de inconsciencia combinado con inocultables escalones de oscurantismo, esencialmente en los aspectos político e ideológico; desconocimiento y torpeza que se manifiestan al asumir ideales y posiciones estúpidas de creencia y sumisión, en lugar de esforzarnos un tanto y echar mano de la herramienta racional, de la disensión, de la disertación y del análisis concreto, con el fin de erradicar de una vez por todas, los innumerables males que nos impiden convivir en armonía y con dignidad.
He ahí la diferencia con que actuamos los revolucionarios y los comunistas auténticos; pues uno de nuestros principios es el apego a la verdad, a la aplicación y a la defensa de ésta, tanto en la teoría como en la práctica, ya que ella es sinónimo de pundonor, de rectitud, de honestidad. Es decir, nuestro comportamiento siempre debe ser íntegro, como reflejo de nuestra ideología proletaria revolucionaria.
No en vano quienes luchamos por un mundo nuevo, tenemos como premisa la sentencia que dice:“solo la verdad nos hará libres”. Ese es y así debe ser siempre nuestro quehacer, leal a los principios humanizados. Lo anterior, independientemente de que al llevar a la práctica nuestro compromiso, erremos. Eso es otro cuento, pero a pesar de ello, hay que decir que así como ilusión y esperanza son diferentes, así mismo, error es diferente de falta; el primero es fortuito (inesperado, circunstancial), mientras que la falta es adrede, premeditada, calculada, maleva, cínica.
Indiscutiblemente, para enmendar todas estas desavenencias y desventajas expuestas, afortunadamente, contamos con una de las armas más poderosas que las mismas bombas más letales: la propaganda. Ésta llevada a la práctica correctamente, y difundida dentro del seno del pueblo de manera impecable, juega su papel que, -además de imprescindible dentro del curso de la lucha de clases-, es el de jugar una tarea de capital importancia en el campo de la educación política e ideológica, fundamentalmente.
La propaganda bien utilizada, llevada a la práctica de manera clara, elegante y correcta, se convierte en una herramienta poderosa, muy influyente, para que como revolucionarios y comunistas, defensores de la gran meta social, eduquemos al pueblo para orientarlo por el camino del decoro, de la verdad y de la lucha hacia la construcción de Poder Popular, con el fin de conquistar el Poder político, militar, ideológico y cultural, a largo plazo; y por supuesto, como arma vital para la construcción de la nueva sociedad, integrada por humanizados transformados, fundamentalmente en el aspecto ideológico, que defiendan verdaderamente la vida y la madre naturaleza.
A través de la propaganda y en el fragor de la constante lucha contra los patrones y contra el Estado injusto, mentiroso y criminal, preparamos y cualificamos las mentes proletarias capaces de consolidar cada vez más el proceso revolucionario, que indefectiblemente alcanzará una etapa más avanzada de la larga meta comunista: la sociedad científica sin clases sociales, así sea a milenios de años.
Terminemos diciendo que, es el pueblo empobrecido y endeudado, las grandes mayorías que siempre han tenido que soportar toda clase de discriminación, el único que puede empezar a ponerle el ‘tatequieto’ a los degenerados politiqueros vengan de donde vengan; y tiene que hacerlo organizándose de diferentes formas, y qué mejor para ello, que apoyarse en la juventud pensante, para que sea ésta la que jalone un proceso de verdadero cambio en las riendas del Poder colombiano.
Además, es importante ser reiterativos prácticos en la lucha frontal contra la corrupción, porque mientras más hagamos claridad acerca de su resultado devastador, tendremos viva la esperanza en el seno del pueblo, por construir una sociedad justa, soberana, libre y en paz. Pero también, poco a poco, generación tras generación, se asimilará de manera consciente, la magnífica enseñanza de orientarnos bajo la lupa de la realidad concreta, con eso así, habremos desechado con decisión y firmeza infinidad de mitos
ABRIL 2017