Boris Kagarlitsky - Rabkor - http://rabkor.ru/columns/editorial-columns/2017/05/08/france-crossed-rubicon/
Francia eligió como presidente a Macron (*).La palabra "elegir" no es muy apropiada en circunstancias en que una parte significativa de los franceses se negaron deliberadamente a votar, mientras que otros votaron pero sin entusiasmo, sin tampoco ninguna simpatía por el candidato, que se les impone como el menor de los males.
Sin embargo la victoria de Macron no sólo no significa el final de la crisis socio-política en la Unión Europea, marca el comienzo de una nueva fase aún más dramática de la crisis.Lo ocurrido irreversible: los círculos gobernantes hicieron claramente una elección a favor de continuar el curso actual a cualquier precio. No hay concesiones al humor público que lo vayan a poner en peligro. Y se ofrecerán nuevos cambios tácticos en la decisión de dejar todo como esté. Esto conducirá a aún más amargas luchas y conflictos más duros que serán imposibles de resolver en el marco de las instituciones tradicionales.
En este sentido, el Rubicon se ha cruzado.Y no sólo para Francia, sino para todo el continente.
Desde 2016, el sistema neoliberal se enfrenta a un reto de rebelión de las masas de votantes, que tomaron la forma de movimientos populistas de derecha y de izquierda.Aunque a derecha e izquierda los políticos que expresan el estado de ánimo de la protesta no están dispuestos a unirse ni siquiera en acciones tácticas, sus partidarios a nivel de base, se mueven de manera diferente. El estado de ánimo de protesta de las masas no son emitidos en forma de bloques ideológicos, y por lo tanto se movilizan durante el curso, siguiendo lo que es en el momento más fuerte tácticamente y pueda tener una mayor posibilidad de éxito.
El hecho de que estas tendencias mayoritariamente de derecha, habla no solo del estado de ánimo público y sus fluctuaciones, también de la cobardía y la corrupción de los políticos predominantes de la izquierda, que están perdiendo incluso al ganar las elecciones. El más revelador en este sentido resultó ser el ejemplo de Grecia, donde el partido Syriza ganó un referéndum para luego implementa la misma política contra la que llamó a luchar
El efecto Syriza tendrá impacto sobre la izquierda en Europa occidental durante mucho tiempo, hasta que no se produzca en gran escala en completo barrido de partidos y líderes que encarnan las políticas de adaptación al sistema, y el movimiento llegue a un nuevo escenario en que el discurso políticamente correcto de la izquierda liberal no pueda echar raíces.
A su vez, la élite de Europa y EE.UU., a diferencia de la izquierda, han aprendido de los acontecimientos del año pasado.En contraste con los círculos gobernantes rusos que ni de su experiencia ni de la de los aprenden nada, los intereses financieros de la Unión Europea se dieron cuenta de que había una situación política cualitativamente nueva, que requiere un cambio radical del enfoque. Las inesperadas derrotas en referéndum en el Reino Unido e Italia y la elección de Donald Trump en Estados Unidos no pasaron sin dejar rastro. Políticamente, 2017 comenzó con una revancha de las élites neoliberales. En Estados Unidos la administración Trump fue bloqueada en el Congreso por una coalición informal de demócratas y republicanos, y al mismo tiempo la mayoría republicana continúa implementando la legislación de medidas de austeridad, sin atreverse a llegar a una ruptura con su propio partido. Como Trump no tenía una estrategia propia, asumió una serie de compromisos y esto resultó en la práctica en una parálisis de poder.
En paralelo, el experimento político más importante se llevó a cabo en Francia.Ante la poderosa ofensiva del populismo anti-liberal expresado no sólo en el éxito del Frente Nacional de Marine Le Pen, también en un repentino aumento en la popularidad de Jean-Luc Mélenchon, que levantó demandas parecidas pero desde la izquierda, los círculos gobernantes decidieron sacrificar sus organizaciones políticas tradicionales, socialistas y republicanos, haciendo la apuesta por un nuevo candidato, Emmanuel Macron.
En estas elecciones Francia vio algo hasta ahora casi sin precedentes: el populismo liberal. Macron es una especie de monstruo de Frankenstein, un proyecto político diseñado artificialmente por los medios de comunicación, con un programa ecléctico armado de recorte de consignas y demandas de los diferentes partidos, que tiene un solo propósito y una sola función: ganar la elección a cualquier precio
Si lo entendemos primaria y primitivamente al populismo como la disposición irresponsable a prometer cualquier cosa a cualquiera, Macron es la encarnación más pura del populismo, casi en su "tipo ideal" de Max Weber
En menos de un año, su figura creció desde cero, por la enorme inyección financiera para una campaña de una escala sin precedentes en los medios de comunicación. Macron era antes casi desconocido, y eso ha jugado un papel positivo porque no estaba desacreditada como parte del viejo sistema político que llevo a la revuelta que promovía Marine Le Pen.
Viendo los resultados electorales, el experimento fue un éxito.El único problema es que luego de las elecciones, ni el proceso económico objetivo ni lucha social cesarán. Aunque por el objetivo de Macron y la comunidad financiera que lo respalda sea evitar cualquier cambio, dejar todo como está no será posible. En este contexto de conflictos no resueltos y la crisis sistémica en curso, las políticas de austeridad no solo deberán continuar sino que también se profundizarán. Las medidas antisociales iniciadas por el gobierno de Francois Hollande, serán reemplazados por una política aún más radical, en la misma dirección. Es poco probable que a los franceses les guste eso.
El gobierno de Macron, que no se basa en partidos poderosos y de masas, o en fuerzas o movimientos sociales, en realidad está colgando en el aire. El apoyo del capital financiero y los medios de comunicación puede ser un factor decisivo para ganar una elección, pero no lo suficiente para llevar a cabo un gobierno. Se tendrá que basar, por una parte en los restos de las antiguas fuerzas políticas, ya desacreditadas, y por otra parte, recurriendo a métodos cada vez más autoritarios para llevar a cabo el desmantelamiento gradual de las instituciones republicanas y democráticas.
Sin nadie para proteger estas instituciones más que Marine Le Pen ya que, con la excepción de Jean-Luc Mélenchon, los políticos de izquierda están desacreditados por su apoyo Macron
Y no sólo en la segunda vuelta - durante todo el ciclo electoral de 2017, en realidad no ocultaron el hecho de que su único propósito es proteger el orden existente ante la amenaza del Frente Nacional.Fueron ridículas las declaraciones de los líderes de los partidos comunista y socialista, llamando a todos a apoyar en las elecciones Macron para, a continuación, iniciar una lucha decisiva con él. La reacción de la clase obrera en Francia ante tal comportamiento de "sus" partidos mostró un trasiego hacia el Frente Nacional
El curso siguiente de los hechos no hará sino exacerbar la polarización, anulando a la izquierda liberal, condenándola a la marginación.En el futuro se ve solamente a Jean-Luc Mélenchon que logró escapar de esta trampa, aunque sigue siendo una gran pregunta hasta que punto será capaz de continuar el triunfo logrado en la primera vuelta de las elecciones presidenciales.
Marine Le Pen y sus seguidores son hoy la principal fuerza de oposición en Francia. Pese a que no pudo llegar al Elíseo, el logro de su campaña fue superar la idea de su candidatura y su partido son una fuerza nacionalista marginal, por fuera de la política seria sin ninguna posibilidad en la lucha por el poder.
Con el apoyo recibido en las elecciones, las fuerzas combinadas de todos los demás partidos no alcanzarán para excluir al Frente Nacional en el Parlamento.
La perspectiva de la izquierda en estas circunstancias depende de si mismo Jean-Luc Mélenchon, o cualquiera de los otros políticos de izquierda puedan, no sólo para consolidar su posición como líder del nuevo movimiento, sino también sobre si serán capaces de tener un diálogo con los votantes de Marine Le Pen.
La lógica de la resistencia a la política antisocial de Macron dicta esa necesidad, algo que también es obvio para el votante común de derecha, e impensable para los intelectuales de izquierda
De hecho, son los intelectuales liberales los que, junto con las burocracias partidarias, los que controlan las estructuras de los partidos de izquierda, siendo los defensores más fieles del orden existente, en lo que representan no sólo los intereses generales de la burguesía, sino también los del sector más reaccionario y más irresponsable de la clase dominante
La irresponsabilidad social de los financieros y la soberbia despectiva de los intelectuales hacia las masas se complementan perfectamente.
Superar la influencia de los intelectuales políticamente correctos y su discurso es el problema principal, de la solución de esto depende la supervivencia de la izquierda como fuerza política. Si este problema no se resuelve, la tarea de defensa de los valores republicanos, los derechos sociales de los franceses y las tradiciones democráticas, dependerían en última instancia del Frente Nacional. Entonces la reactivación de la izquierda europea tendrá que hacerse en otros países, y en circunstancias políticas completamente diferentes.
(*) Del lunfardo, macró grande, gran proxeneta. NT